{"id":90,"date":"2011-10-04T19:40:33","date_gmt":"2011-10-04T18:40:33","guid":{"rendered":"http:\/\/blogs.elnortedecastilla.es\/elavisador\/?p=90"},"modified":"2011-10-04T19:40:33","modified_gmt":"2011-10-04T18:40:33","slug":"joan-margarit-un-tiempo-para-la-tristeza-protectora","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/blogs.elnortedecastilla.es\/elavisador\/2011\/10\/04\/joan-margarit-un-tiempo-para-la-tristeza-protectora\/","title":{"rendered":"Joan Margarit: un tiempo para la tristeza protectora"},"content":{"rendered":"<p><a href=\"\/elavisador\/wp-content\/uploads\/sites\/5\/2011\/09\/joan1.jpg\"><img loading=\"lazy\" class=\"alignleft size-medium wp-image-93\" title=\"joan\" src=\"\/elavisador\/wp-content\/uploads\/sites\/5\/2011\/09\/joan1.jpg\" alt=\"\" width=\"300\" height=\"247\" srcset=\"https:\/\/static-blogs.elnortedecastilla.es\/wp-content\/uploads\/sites\/5\/2011\/09\/joan1.jpg 355w, https:\/\/static-blogs.elnortedecastilla.es\/wp-content\/uploads\/sites\/5\/2011\/09\/joan1-300x248.jpg 300w\" sizes=\"(max-width: 300px) 100vw, 300px\" \/><\/a>Sin prisas, \u00abcon las manos a la espalda\u00bb. O en los bolsillos. Tal como aparece, por ejemplo, en la fotograf\u00eda que ilustra su perfil biogr\u00e1fico en la web que lleva su nombre, paseando por la arena de una playa de invierno donde el fulgor del tiempo se resiste a extinguirse frente a la orilla del mar. As\u00ed, con la levedad de un ave de paso, mirando a la muerte cara a cara, pero con inmensa serenidad. Igual que se mira a una vieja amiga que se hubiera instalado en nuestras vidas sin darnos cuenta&#8230; De esta manera se presenta el \u00faltimo libro de <strong>Joan Margarit,<\/strong> \u2018No estaba lejos, no era dif\u00edcil\u2019, en realidad una versi\u00f3n biling\u00fce, publicada por Visor, de \u2018No era lluny ni dif\u00edcil\u2019, que apareci\u00f3 en 2010 en la colecci\u00f3n Ossa Menor de Enciclop\u00e8dia Catalana. A pesar de lo delgado de la escritura de Margarit, que alcanza en este libro la m\u00e1xima precisi\u00f3n expresiva del maestro de c\u00e1lculo de estructuras que nunca ha dejado de ser, resulta apasionante ir confrontando a cada paso el original en catal\u00e1n con la bella propuesta del propio autor en castellano. Aunque desde los a\u00f1os ochenta el poeta ha volcado voluntariamente lo mejor de toda su vitalidad creadora en la lengua catalana, sin duda sus versos conservan en castellano toda la fuerza, la m\u00fasica y el poder de evocaci\u00f3n de su gran poes\u00eda. Una poes\u00eda que se convierte en la mejor compa\u00f1era del hombre que, pasados los setenta, habla de la vejez como de \u00abun tiempo de p\u00e9rdidas prudentes, necesarias\u00bb; un tiempo en el que el amor \u00abpor fin coincide con la inteligencia\u00bb, como acierta a decir en el poema que da t\u00edtulo al libro: \u00abNo estaba lejos, \/ no era dif\u00edcil. Es un tiempo \/ que no me deja m\u00e1s que el horizonte \/ como medida de la soledad. \/ Un tiempo de tristeza protectora\u00bb. Algo que no impide, por otra parte, que este extraordinario arquitecto de la palabra siga vibrando con la aventura de construir la belleza cada d\u00eda, de hablar tambi\u00e9n de t\u00fa a t\u00fa con la poes\u00eda hasta llegar a decir de ella: \u00abCada vez que la toco, \/ me quema, helada, mientras contin\u00fao \/ lo que jam\u00e1s termina: construir\u00bb.<\/p>\n<p>Hay mucho en este libro de sereno fluir del sentimiento entre los flashes de la memoria y la afirmaci\u00f3n, personal y po\u00e9tica, frente a una sociedad \u00abdonde no cuenta ya m\u00e1s que el dinero\u00bb; \u00ablo justo \u2013dice el poeta\u2013 s\u00f3lo para que me compre \/ alguna soledad parecida al amor. \/ Y que quiz\u00e1 sea el amor\u00bb. Y hay mucho tambi\u00e9n, cuando el amor se traduce en \u00abmirar por las ventanas \/ porque el pasado es una fiesta \/ para nosotros solos\u00bb, de b\u00fasqueda de la dignidad del hombre frente al mundo y frente a las horas. Sin duda la dignidad es uno de los grandes protagonistas de este libro lleno de extraordinarias met\u00e1foras y de l\u00facidas enso\u00f1aciones, pero tambi\u00e9n de un profundo arraigo en los m\u00e1s puros principios del ser humano. Tal vez el poeta, como el lector, se queda un rato largo, despu\u00e9s de cada poema, con el eco de sus propias palabras resonando en su coraz\u00f3n y en su conciencia, igual que se queda, en el poema titulado \u2018Cerrando el apartamento de la playa\u2019, el \u00abretrato de la muchacha con los ojos iluminados por una sonrisa\u00bb en la casa vac\u00eda hasta el pr\u00f3ximo verano: \u00abTodo el invierno sola y escuchando el mar\u00bb.<\/p>\n<p>Sobre las incertidumbres de la vida, al final el pu\u00f1ado de peque\u00f1as certezas que atesora la edad madura. Cuando se sabe, sin otro dramatismo que el estrictamente necesario, que \u00abla tierra prometida era la muerte\u00bb, lejos del miedo o la desesperaci\u00f3n lo que surge es un nuevo conocimiento que permite, \u00absin pesadumbre alguna, mirar aquella boca de claridad\u00bb a la que nos acercamos. Algo muy parecido a lo que nuestros mayores llamaban fe, y que en la poes\u00eda de Joan Margarit se torna en sensaci\u00f3n y en conciencia viva y palpitante del destino del hombre: \u00ab<strong>Nietzsche<\/strong> se equivoc\u00f3\u00bb, dice el poeta: \u00abSomos m\u00e1s fuertes \/ cuanto m\u00e1s d\u00e9biles los mitos\u00bb.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Sin prisas, \u00abcon las manos a la espalda\u00bb. O en los bolsillos. 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