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	<title>Los ricos | ENFASEREM - Blogs elnortedecastilla.es</title>
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		<pubDate>Thu, 22 Sep 2011 19:37:39 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Eduardo Roldán</dc:creator>
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<html><head><meta http-equiv="content-type" content="text/html; charset=utf-8"></head><body><div class="voc-advertising voc-adver-inter-text hidden-md hidden-lg voc-adver-blogs-entries"></div><div class="voc-advertising voc-adver-inter-text hidden-md hidden-lg voc-advertising-mobile-ready"></div><p>Son pocos, cada vez son menos y en el termómetro de la opinión pública vienen a situarse en un punto intermedio entre <strong>Al Capone</strong>, <strong>Jaime de Marichalar</strong> y una piñata de feria; sin embargo, en la intimidad todos aspiramos a ser como ellos. A ser como ellos, es decir a tener lo que ellos tienen. La figura del rico plantea así un problema filosófico que sin incurrir en exceso podemos calificar de existencial.</p>
<p><img loading="lazy" class="alignleft" src="//www.balsas.lt/09/15/1_jenos-doleriai-scanpix_px250.jpg" alt="" width="250" height="170">El rico, en puridad, no es nada aparte de rico. El rico es rico, y no importa el camino que haya seguido para alcanzar ese estadio; no importa si se trata de un rico de lotería, de un rico de nacimiento o de un hombre hecho a sí mismo, por emplear esa expresión americana que tan alegre y tontamente hemos importado (todos los hombres se hacen a sí mismos, sean o no ricos de nacimiento), alguien de clase media o baja a quien la vida le tenía preparado el destino de la riqueza: en el momento en que se convierte en rico, las huellas en el camino se borran a los ojos de los demás, y muchas veces también a los del propio rico, como las barridas en la orilla por el mar. Y es que el dinero es quizá el mayor amnésico que existe; cuando lo tenemos, casi de inmediato comenzamos a olvidar que no hace tanto lo necesitábamos, y solo cuando dejamos de tenerlo nos volvemos a acordar que no siempre lo habíamos tenido. Es también, como se ha sugerido, quizá el mayor uniformador, lo que en el caso de los ricos se agudiza por no pertenecer a ninguna de las masas de los que no lo tienen, tienen un poco o tienen un poco más; se trate de deportista de élite, de presentador del colorín, de empresario textil o de parlamentario, su circunstancia personal se ve oscurecida, arrasada, por la condición de rico, de modo que se produce un trasvase entre lo esencial – qué hace y cómo lo hace, la particularidad de cada cual – y lo accidental – la riqueza -, pasando esta a constituirse en el único elemento definitorio del hombre, que desciende a tipo.</p>
<p style="text-align: right;">(<em>El Norte de Castilla</em>, 22/9/2011)</p>
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