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	<title>Recuerdo de Lubitsch | ENFASEREM - Blogs elnortedecastilla.es</title>
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		<title>Recuerdo de Lubitsch | ENFASEREM - Blogs elnortedecastilla.es</title>
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		<pubDate>Sat, 09 Feb 2013 10:37:07 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Eduardo Roldán</dc:creator>
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<html><head><meta http-equiv="content-type" content="text/html; charset=utf-8"></head><body><p><strong><a href="/enfaserem/wp-content/uploads/sites/14/2013/02/Samson-Raphaelson-09-e1360405999464.jpg"><img loading="lazy" class="alignleft size-full wp-image-675" title="Samson-Raphaelson-09" src="/enfaserem/wp-content/uploads/sites/14/2013/02/Samson-Raphaelson-09-e1360405999464.jpg" alt="" width="150" height="179"></a>Samson Raphaelson</strong> ha pasado a la historia como el autor de <em>El cantor de jazz</em>, una obra tan desproporcionadamente célebre como previsible, y que a la todavía sugestionable edad de 28 años atrajo sobre él las manos del dólar hollywoodiense y le puso en contacto, entre otros, con <strong>Ernst Lubitsch</strong>, junto al que escribiría ocho películas, entre ellas joyas como <em>Un ladrón en la alcoba</em>, <em>El bazar de las sorpresas</em>, <em>Ángel </em>o <em>El diablo dijo no</em>, bien guiones originales o adaptaciones de obras teatrales ajenas, aunque en Lubitsch las adaptaciones casi siempre terminen siendo más originales que el original. Pese a esta prolongada relación laboral ―de casi dos décadas―, la personal entre Raphaelson y Lubitsch no superó nunca la distancia de la buena educación, imprescindible para una colaboración fructífera, hasta que el primer amago de muerte en Lubitsch hizo darse cuenta a Raphaelson de la verdadera naturaleza de la relación. Como cualquier escritor, Raphaelson solo supo lo que sabía ―lo que sentía por Lubitsch― cuando se puso a escribirlo. Luego se arrepentiría del panegírico que escribió tras este primer amago, se avergonzaría incluso al confesarle Lubitsch que lo había leído, pero el germen estaba ahí, y ese sería el sustrato sobre el que años más tarde escribiría <em>Amistad, el último toque Lubitsch</em> crónica apretada de ese trayecto y ese reconocimiento que publica originalmente como artículo único en <em>The New Yorker</em> con motivo del nonagésimo aniversario del nacimiento del maestro alemán.</p>
<div class="voc-advertising voc-adver-inter-text hidden-md hidden-lg voc-adver-blogs-entries"></div><p><a href="/enfaserem/wp-content/uploads/sites/14/2013/02/amistad-estampa-e1360406047368.jpg"><img loading="lazy" class="alignleft  wp-image-676" title="amistad-estampa" src="/enfaserem/wp-content/uploads/sites/14/2013/02/amistad-estampa-e1360406047368.jpg" alt="" width="148" height="216"></a>La edición de la editorial )intermedio( completa el artículo de Raphaelson con un &gt; a cargo del traductor ―excelente traductor―, <strong>Pablo García Canga</strong>. Este glosario ocupa la segunda mitad del volumen y es casi tan largo como el artículo en sí. Inicialmente el lector es probable que lo reciba con reticencia: surge la sospecha de que el único motivo para incluirlo es el de armar un volumen lo suficientemente extenso ―pese a su brevedad― como para justificar la venta. ¿Si no, por qué lo de &gt;? Asimismo, cuando se llega a él uno se pregunta el motivo de que no hayan incluido en el texto del artículo el número de cada entrada a que hace referencia el glosario, pues el volver al texto sin la referencia hace muy cansina la búsqueda. Bien, nada de esto importa. Como los prólogos de <strong>Sartre</strong> que eran más extensos que la obra que comentaban, este prólogo a posteriori es en muchos sentidos más interesante que el artículo que lo precede. Casi se diría que el artículo es una excusa para el glosario. ¿Innecesario? Tan innecesario como irresistible. Es un texto autónomo, irónico y delicioso, y en el que la ausencia comentada de referencias al texto no se echa en absoluto en falta: la galería de apuntes biográficos, parciales y novelados, que lo conforman se lee del tirón como un fascinante juego de espejos. Como ejemplo valga la entrada dedicada a <strong>Josef</strong> (<strong>von</strong>) <strong>Sternberg</strong>.</p>
<div class="voc-advertising voc-adver-inter-text hidden-md hidden-lg voc-advertising-mobile-ready"></div><p>Y como ejemplo del trabajo de traducción desarrollado por García Canga en la primera parte, valga la nota de que a GC no se le olvida incluir la preposición &gt; antes del verbo &gt; cuando quiere expresar un sentido de probabilidad (deber + inf. supone obligación; deber de + inf., probabilidad), omisión tan común que uno había llegado a pensar que habían cambiado la norma.</p>
<p>La edición es cuidada y discreta y sencilla, y solo cabe señalar un par de descuidos ortográficos (un &gt; aquí que no tiene valor interrogativo ni exclamativo y que se acentúa, un &gt; allá que se parte al final del renglón tras la primera ele [&gt;]) que si no empañan en absoluto el conjunto, sí que deberían corregirse en las ―esperemos― próximas ediciones, sobre todo porque en un texto tan breve destacan ―casi seguro injustamente― más que en un tocho de mil páginas. Siempre resulta de agradecer la publicación de textos de vocación marginal, sobre todo si la publicación está hecha con mimo. Aplauso pues para la editorial )intermedio( por haber comenzado a aplicar en papel este principio, que en su fantástico catálogo de DVD ya tiene más que demostrado.</p>
<p style="text-align: right;">(<em>La sombra del ciprés</em>, 9/2/2013)</p>
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