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	<title>Pet Sounds | ENFASEREM - Blogs elnortedecastilla.es</title>
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		<title>Pet Sounds | ENFASEREM - Blogs elnortedecastilla.es</title>
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		<pubDate>Thu, 19 May 2016 13:20:59 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Eduardo Roldán</dc:creator>
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<html><head><meta http-equiv="content-type" content="text/html; charset=utf-8"></head><body><p><a href="/enfaserem/wp-content/uploads/sites/14/2016/05/pet-sounds-e1463663974697.jpg"><img loading="lazy" class="alignleft size-full wp-image-1165" title="pet sounds" src="/enfaserem/wp-content/uploads/sites/14/2016/05/pet-sounds-e1463663974697.jpg" alt="" width="240" height="240" srcset="https://static-blogs.elnortedecastilla.es/wp-content/uploads/sites/14/2016/05/pet-sounds-e1463663974697.jpg 240w, https://static-blogs.elnortedecastilla.es/wp-content/uploads/sites/14/2016/05/pet-sounds-e1463663974697-150x150.jpg 150w" sizes="(max-width: 240px) 100vw, 240px"></a>&gt;. De momento han pasado cincuenta, y como clásico que es —el clásico es el moderno perpetuo—, <em>Pet Sounds </em>suena hoy más vital e inventivo que cualquiera de las novedades que se puedan cazar en la radio o pescar en internet. También por clásico, el disco que <strong>Brian Wilson</strong> firmara bajo el seudónimo de los <strong>Beach Boys</strong> se resiste a las etiquetas, desborda las categorías para erigirse en categoría propia, autónoma y separada. Se le puede calificar de acid folk, de pop barroco, de protorrock progresivo… Pero al final solo cabe definirlo tautológicamente: <em>Pet Sounds </em>pertenece a la categoría <em>Pet Sounds</em>. Es ese rarísimo logro artístico: el popurrí con personalidad cohesiva —como es el <em>Ulises</em> de <strong>Joyce</strong>—; la amalgama de voces, instrumentación, ruidos, ecos y demás efectos sonoros se fusionan de manera plenamente orgánica, casi se diría que inevitable, de tal modo que la supresión de uno de los componentes minora siempre el resultado. Y como en las más grandes sinfonías, cada tema —cada movimiento— es un astro singular y disfrutable por sí mismo, pero que escuchado junto al resto y por orden se ve enriquecido, produciendo un cuerpo a la vez plural y singular, un sistema solar con personalidad propia y de fuerzas varias. Cuerpo que es el perfecto equilibrio entre melancolía y esperanza.</p>
<div class="voc-advertising voc-adver-inter-text hidden-md hidden-lg voc-adver-blogs-entries"></div><p>Y es que el formalismo no está reñido con la emoción. En arte al corazón se le alcanza a través de la cabeza, y el obsesivo perfeccionamiento de Wilson no resta ni un ápice de frescura ni de alma a la música. Wilson, como un <strong>Flaubert</strong> o un <strong>Kubrick</strong>, entiende la creación como corrección; parte de un impulso, de un rumor, de una cosquilla, y a través de la exploración alcanza —se aproxima: nunca se alcanza del todo— la forma que ese impulso inicial le demandaba. Cierto: llega un momento en que no hay que tocar más la rosa. Pero es que identificar ese momento es otro atributo del estilo.</p>
<div class="voc-advertising voc-adver-inter-text hidden-md hidden-lg voc-advertising-mobile-ready"></div><p style="text-align: right;">(<em>El Norte de Castilla</em>, 19/5/2016)</p>
<p style="text-align: left;"><a title="@enfaserem" href="https://twitter.com/enfaserem" target="_blank" rel="external nofollow">@enfaserem</a></p>
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