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	<title>ENFASEREMCubos con hojas &#8211; ENFASEREM</title>
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	<description>bloc digital de Eduardo Roldán - actualidad, libros, cine y otros placeres y días</description>
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		<title>Conciencia exiliada</title>
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		<pubDate>Mon, 29 Jan 2024 11:07:17 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Eduardo Roldán</dc:creator>
		                		<category><![CDATA[Actualidad]]></category>
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		<description><![CDATA[El narrador y poeta alicantino José Vicente Quirante Rives abandona en su último libro —pero tampoco del todo— el reino de Nápoles, más sentimental/intelectual que geográfico, en el que ha centrado algunos de los más señeros títulos de su obra, y se lanza a novelar la vida del escritor polaco Gustaw Herling-Grudziński, a quien el [&#8230;]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>El narrador y poeta alicantino <strong>José Vicente Quirante Rives</strong> abandona en su último libro —pero tampoco del todo— el reino de Nápoles, más sentimental/intelectual que geográfico, en el que ha centrado algunos de los más señeros títulos de su obra, y se lanza a novelar la vida del escritor polaco <strong>Gustaw Herling-Grudzi</strong><strong>ński</strong>, a quien el lector español acaso conozca por la monumental —en sentido estético y moral— <em>Un mundo aparte</em>, <a href="https://blogs.elnortedecastilla.es/enfaserem/2012/04/28/reportaje-del-horror/" target="_blank" rel="noopener">que en su momento reseñamos en estas páginas.</a></p>
<p><a href="https://static-blogs.elnortedecastilla.es/wp-content/uploads/sites/14/2024/01/un-polaco-en-el-volcán-e1706526246178.jpg"><img loading="lazy" class="alignleft size-full wp-image-2428" src="https://static-blogs.elnortedecastilla.es/wp-content/uploads/sites/14/2024/01/un-polaco-en-el-volcán-e1706526246178.jpg" alt="" width="301" height="301" /></a>La de Herling-Grudziński desmiente el lugar común de que los escritores tienen vidas aburridas, faltas de emociones &lt;&lt;reales&gt;&gt; y casi por completo carentes de &lt;&lt;acción&gt;&gt;. Nacido en una familia judeo-polaca en la Polonia recién creada de los rescoldos de la Primera Guerra Mundial, la invasión por <strong>Hitler</strong> que dio comienzo a la Segunda lo obligó a interrumpir sus estudios y lo llevó a enrolarse en la Resistencia frente a los ocupantes alemanes y soviéticos, hasta que fue apresado por el NKVD y condenado a distintas islas del Archipiélago Gulag, de donde sería condonado a los dos años, pasando a combatir en trincheras y fangos con un empuje y un valor tales —en ocasiones probablemente temerarios— que lo hicieron merecedor de la más alta condecoración del ejército polaco.</p>
<p>Terminada la guerra, Herling- Grudziński retoma su vocación literaria y se afinca en Londres, y funda y edita la célebre revista <em>Kultura</em>, en donde, hasta el cambio de siglo, han publicado los más prestigiosos escritores, intelectuales y críticos del panorama polaco —<strong>Czesław Miłosz</strong>, <strong>Maria Janion</strong>—. Pero a H-G el periodismo no le basta, y &lt;&lt;para que dejen de perseguirle los fantasmas&gt;&gt;, como escribe Quirante Rives, ha de dar salida al libro que el horror del Gulag ha ido macerando en su espíritu, y que ahora, con la libertad —aun la libertad atravesada de desencanto del exilio—, le urge materializar. Quizá fracase, quizá no logre entender el horror —si es que el horror puede entenderse—, pero al menos habrá dejado registro y acallado a los fantasmas, o reducido el volumen de sus gritos. Toma, según relata Quirante Rives, como modelo a <strong>George Orwell</strong>, y por fin a comienzos de los cincuenta el libro es publicado en Inglaterra, con prólogo de <strong>Bertrand Russell </strong>(en Polonia no lo sería oficialmente hasta 1988).</p>
<p><em>Un mundo aparte</em> tal vez no sea el primer testimonio de las atrocidades que se cometieron en los campos de trabajo forzado soviéticos; sí es uno de los más inolvidables, y no solo sobre el Gulag sino, en un plano más general, en lo referente al deseo de poder y a la crueldad del hombre para con el hombre.</p>
<p>Tras su publicación, el escritor polaco termina por afincarse en Nápoles, donde dejará constancia de su pensamiento y de sus días en sus <em>Diarios escritos de noche</em>, cuya selección, <em>El volcán y el milagro</em>, no resultaría del todo inútil que se publicara en español.</p>
<p>El tratamiento que Quirante Rives da a lo aquí esbozado es ante todo vibrante; tal vez el mayor mérito de la novela sea lo engrasado que está ese motor interno que ha de impulsar toda narración —todo texto, en realidad—, pero especialmente la novela. Para ese impulso, QR ha adoptado el presente histórico, del que hace un uso tal que consigue sumergir por completo al lector en la historia; el lector como testigo, sí, pero un testigo casi activo. Contribuye igualmente el emplear capítulos breves, así como otros rasgos de estilo entre los que destacan la sutil adjetivación (&lt;&lt;granítico animal político&gt;&gt;, &lt;&lt;silencios grávidos&gt;&gt;, etc.) y el cambio ocasional de la voz narrativa, de tercera a primera persona pero sin abandonar el tiempo presente, con frecuencia dentro de la misma frase. Como pero, quizá el único se dé en ciertos diálogos, que pecan de narrativos, de explicativos, si bien hay otros donde el intercambio es mucho más sucinto y natural.</p>
<p>En suma, nos encontramos ante una historia apasionante (la de un hombre, pero también la de un siglo), narrada con fuerza y —también— devoción por el personaje principal; una historia que, aparte de divulgar la figura de Herling- Grudziński, merece sin duda leerse por sí misma.</p>
<p style="text-align: right;">(<em>La sombra del ciprés</em>, 27/1/2024)</p>
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		<title>Memorias sincopadas</title>
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		<pubDate>Mon, 11 Dec 2023 12:15:07 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Eduardo Roldán</dc:creator>
		                		<category><![CDATA[Actualidad]]></category>
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		<description><![CDATA[Quizá por su carga mitómana, el jazz es un mundo pródigo en anécdotas, verdaderas y dudosas, cuando no simplemente falsas (suelen ser las más jugosas). Charles Mingus que compraba dos billetes de avión cuando tenía que viajar, para su contrabajo y para él, uno en turista y el otro en primera: en primera sentaba al [&#8230;]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><a href="https://static-blogs.elnortedecastilla.es/wp-content/uploads/sites/14/2023/12/charles-mingus-e1702296525681.jpg"><img loading="lazy" class="alignleft size-full wp-image-2415" src="https://static-blogs.elnortedecastilla.es/wp-content/uploads/sites/14/2023/12/charles-mingus-e1702296525681.jpg" alt="" width="301" height="452" /></a>Quizá por su carga mitómana, el jazz es un mundo pródigo en anécdotas, verdaderas y dudosas, cuando no simplemente falsas (suelen ser las más jugosas). <strong>Charles Mingus </strong>que compraba dos billetes de avión cuando tenía que viajar, para su contrabajo y para él, uno en turista y el otro en primera: en primera sentaba al contrabajo. <strong>Charlie Parker </strong>que de camino al oeste ve desde el coche a una vaca pastando y le pide al conductor que se detenga; se baja del coche, se planta delante de la vaca y se pone a improvisar con una energía digna de una noche en el Birdland con lleno a rebosar. Y tantas otras. Anécdotas que en su gran mayoría se transmiteron durante mucho tiempo de forma oral —como de forma oral se transmitieron las enseñanzas musicales: incontables jazzmen aprendieron más en <em>jam sessions </em>trufadas de humo y alcohol que en las aulas de las escuelas de música—. Así, no es imposible que sea esta conjunción de mitomanía y oralidad lo que haga que, más que escritas, la gran mayoría de las memorias de músicos de jazz parezcan haber sido registradas por escrito, y casi siempre no por el músico sino por un colaborador, un familiar o un autor de su confianza. Además de la oralidad, se nota en los textos la tendencia abrumadora en favor de un estilo no deslavazado pero impresionista, una exposición que da la imagen final del artista y su época a base de la ilación de recuerdos, no de fechas; una cronología con saltos, que la hace más viva, pues con saltos suele funcionar la memoria.</p>
<p>De entre las editadas en español cabe destacar, aparte de las más conocidas de <strong>Billie Holiday </strong>(<em>Lady sings the blues</em>) y <strong>Duke Ellington</strong> (<em>La música es mi amante</em>), las muy poéticas de <strong>Chet Baker </strong>(<em>Como si tuviera alas</em>), las de <strong>Dizzy Gillespie </strong>(<em>To be or not to be bop </em>—título genial—), las indómitas de <strong>Charles Mingus</strong> (<em>Como si fuera un perro</em>) y, sobre todo, <em>Una vida ejemplar</em>, del saxofonista <strong>Art Pepper</strong>, un libro que merece estar no solo en la cima del género memorial-jazzístico sino en cualquier cima.</p>
<p><a href="https://static-blogs.elnortedecastilla.es/wp-content/uploads/sites/14/2023/12/dance-of-the-infidels-1-e1702296026666.jpg"><img loading="lazy" class="alignleft size-full wp-image-2414" src="https://static-blogs.elnortedecastilla.es/wp-content/uploads/sites/14/2023/12/dance-of-the-infidels-1-e1702296026666.jpg" alt="" width="301" height="460" /></a>Con probabilidad, la mayor carencia sea la de las memorias de <strong>Bud Powell</strong>, que no son en realidad de Bud Powell sino de <strong>Francis Paudras </strong>a través del prisma de Bud Powell, y libro en que <strong>Bertrand Tavernier</strong> se basó para la más que notable <em>Alrededor de la medianoche</em>. Titulado <em>La danse des infidèles </em>(o en su versión inglesa, <em>The Dance of the Infidels </em>—<em>La danza de los infieles</em>—), es la recopilación que hace Paudras de la relación que mantuvo con el pianista americano, primero en su imaginación de joven fanático —no espere el lector encontrar un perfil imparcial—, y más tarde en la función que el destino le deparó y su generosidad quiso aceptar, la de ángel de la guarda de Powell en París, a quien acogió en su apartamento —con momentos nada fáciles—, le pagó las facturas del hospital y, en definitiva, le proporcionó, hasta donde le fue posible, estabilidad y consuelo. La muerte de Powell, ya de vuelta en Estados Unidos, a la edad de 41 años, cierra el libro de manera abrupta, seca, sin un párrafo tras el conocimiento de la noticia por el ángel de la guarda francés, apenas la constatación de su dolor inmenso y punto y final.</p>
<p>El retrato que Paudras da de Powell es el de un genio atravesado por la tragedia. La vida del pianista cambió el día en que salió en defensa de su amigo y tutor <strong>Thelonious Monk</strong>, presto a ser detenido, y un policía lo despachó a porrazos. De ahí a las migrañas insoportables y la hospitalización y los electroshocks fue todo uno, y ello repercutió en su legendaria destreza pianística (pero no al punto en que habitualmente se dice, como Paudras no se cansa de subrayar a lo largo del texto). Si a lo dicho se añade la muerte en accidente de tráfico de su hermano pequeño, el también pianista <strong>Richie Powell</strong>, a los 24 años, no es difícil imaginar las ausencias, los súbitos raptos infantiles, la dipsomanía, la resignación de marioneta ante quien se decía su mujer (y a quien Paudras no soportaba)&#8230; Todo lo cual no le hizo perder la conciencia de su genio y del valor de los otros músicos, es decir de la música. En conjunto, el libro es un retrato de una figura contradictoria (muchos genios lo son) y fascinante y —como se ha dicho— un autorretrato desde el prisma de esa figura, además de la crónica de una época con una efervescencia jazzística, sobre todo en Francia, que es probable no se vuelva a repetir.</p>
<p>Por último, no puede dejar de mencionarse un título de reciente aparición: <em>Formation: Building a Personal Canon</em>, las memorias del casi con toda seguridad más importante músico de jazz de los últimos treinta años, el pianista <strong>Brad Mehldau</strong>. A diferencia de las mencionadas, Mehldau sí escribe sus recuerdos, y ha de incidirse en el verbo: es escritura de altos vuelos (la literatura es su otra gran pasión), que relata una vida de tristeza y de dolor, pero también de amistad y de un amor infatigable por el arte. Esperemos que la falta de versión en español se deba a que <em>Formation</em>&#8230; es la primera parte de las memorias, y que cuando Mehldau saque las segundas, se publiquen ambas de golpe. Por esperar que no quede.</p>
<p style="text-align: right;">(<em>La sombra del ciprés</em>, 2/12/2023)</p>
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		<title>&#8216;Ulises&#8217;</title>
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		<pubDate>Fri, 18 Feb 2022 11:08:39 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Eduardo Roldán</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Predijo Joyce que con su novela iba a tener entrenidos a los críticos durante los trescientos años siguientes. De momento han pasado cien y críticos y público seguimos entretenidos. No siempre en el buen sentido; la predicción de Joyce ha cristalizado hoy, más allá de su novela-mar, en una suerte de crítica cultural que se [&#8230;]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Predijo <strong>Joyce</strong> que con su novela iba a tener entrenidos a los críticos durante los trescientos años siguientes. De momento han pasado cien y críticos y público seguimos entretenidos. No siempre en el buen sentido; la predicción de Joyce ha cristalizado hoy, más allá de su novela-mar, en una suerte de crítica cultural que se centra más en el ruido en torno a la obra que en la obra misma. Se cuentan con detalle puntillista los meses que se ha pasado el actor protagonista aprendiendo las argucias de la esgrima para encarnar a un espadachín, o cómo el músico se ha inspirado en <em>El anillo del nibelungo </em>para armar su último collage electrónico, pero de la interpretación y del collage apenas un pulgar para arriba o para abajo en cuatro líneas.</p>
<p>¿Tiene la culpa la sociedad de la información? La sociedad de la información es más bien la sociedad de la saturación. Para informar con precisión hay que discriminar, y la crítica de un libro o un film es —o debería ser— información: información subjetiva, pero información. Ocurre que es mucho más cómodo y más fácilmente atractivo enrollarse con los vicios o miserias personales de un autor que con el por qué de la metáfora o de las armonías disonantes. <em>Ulises</em> es el vértigo de esta realidad: que si <strong>Homero</strong>, que si las penurias económicas de Joyce, que si el texto se puede leer saltándose los capítulos impares o los pares. Pero de por qué los saltos, poco o muy poco. Y es una lástima, porque el texto recompensa. Idealmente, el lector optimizaría el placer si se sumergiese en <em>Ulises</em> sin ninguna referencia previa. Pero esto, en el mundo de datos apretados en que vivimos, sea acaso eso: un ideal imposible.</p>
<p style="text-align: right;">(<em>El Norte de Castill</em>a, 16/2/2022)</p>
<p>@enfaserem</p>
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		<title>Divino Dante</title>
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		<pubDate>Thu, 30 Sep 2021 09:45:39 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Eduardo Roldán</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Sostiene el escritor Martin Amis que un buen criterio para separar el grano literario de la paja de la mercadotecnia es dejar que transcurra un tiempo desde la muerte del autor, y si pasado el tiempo todavía el libro pita, entonces leerlo. Quizá el método es en exceso riguroso, pero también es cierto que no [&#8230;]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Sostiene el escritor <strong>Martin Amis</strong> que un buen criterio para separar el grano literario de la paja de la mercadotecnia es dejar que transcurra un tiempo desde la muerte del autor, y si pasado el tiempo todavía el libro pita, entonces leerlo. Quizá el método es en exceso riguroso, pero también es cierto que no puede ser que cada semana se publique —al menos— una obra maestra, como tratan de hacernos creer muchos suplementos y revistas culturales. Como sea, ciertas obras han pasado holgadamente la criba del tiempo y la muerte del autor, tanto que han dado la vuelta al círculo y nadie las hace caso. Dicho de otro modo, ¿quién, siete siglos después de la muerte de <strong>Dante</strong>, lee hoy la <em>Divinia Comedia</em>? ¿Quién la <em>Ilíada</em>, quién la <em>Odisea</em>? Son obras como soles o lunas, que se dan por supuestas y no se les presta mayor atención.</p>
<p>Estos títulos sintetizan un problema más grave; no es que hoy nadie lea la <em>Comedia</em>, es que apenas se lee nada. Porque ¿quién tiene tiempo para leer? Leer es una actividad tan cardinal que casi da igual lo que uno lea, lo que cuenta es hacerlo. Mejor, claro, si la elección recae en el divino Dante que en el olvidable de turno, pero incluso leyendo al de turno cabe extraer algo positivo. Leer, como el ejercicio para el cuerpo, resulta beneficioso, y quizá correr sea mejor que andar, pero andar es mejor que quedarse en la poltrona. Pero claro, el tiempo —siempre el tiempo— no se puede estirar, y el libro ha de competir con la tele, el videojuego, el guasap y el pódcast, cosas todas que producen retribuciones, descargas sinápticas más inmediatas. Y mientras Dante ahí, en el limbo intocado de la estantería, a la espera de que una mano lo rescate.</p>
<p style="text-align: right;">(<em>El Norte de Castilla</em>, 29/9/2021)</p>
<p>@enfaserem</p>
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		<title>&#8216;Nosotros&#8217;</title>
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		<pubDate>Fri, 19 Feb 2021 11:48:55 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Eduardo Roldán</dc:creator>
		                		<category><![CDATA[Actualidad]]></category>
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		<description><![CDATA[Corre el 1921 y Yevgueni Zamiatin concluye una de las más decisivas novelas-germen jamás publicadas; Nosotros, además del honor de ser la primera obra prohibida por el aparato censor comunista, es abrumadoramente considerada la fundadora de la distopía, ese género un tanto abusado hoy. El de &#60;&#60;visionario&#62;&#62; es así un adjetivo que se le queda [&#8230;]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Corre el 1921 y <strong>Yevgueni Zamiatin</strong> concluye una de las más decisivas novelas-germen jamás publicadas; <em>Nosotros</em>, además del honor de ser la primera obra prohibida por el aparato censor comunista, es abrumadoramente considerada la fundadora de la distopía, ese género un tanto abusado hoy. El de &lt;&lt;visionario&gt;&gt; es así un adjetivo que se le queda corto: un año antes de que <strong>Stalin</strong> ocupase el poder, ya Zamiatin supo ver la deriva catastrófica del pensamiento único; de la falta de privacidad; de la perversión del ideal o la idea, por muy loable que sea, cuando el hombre como sujeto moral deja de ser el faro motor. Los temas que aborda <em>Nosotros</em> tienen hoy una urgencia/vigencia abrumadora, pero no la tendrían menos en los años inmediatos a su escritura, y muchas veces tiene más mérito predecir lo que está a punto de acontencer que lo que acontecerá al cabo de un siglo —aunque la ciencia-ficción no consista en una cuestión oracular—.</p>
<p>Esa resignación de la individualidad (los personajes se identifican por números, no por nombres), unida a la ausencia de intimidad (viven en un mundo de cristal), despiertan de inmediato el paralelismo con la realidad actual en las redes sociales: en lugar de un nombre, un avatar; y en cuanto a la intimidad… Pero ellos —los &lt;&lt;nosotros&gt;&gt; del futuro— saben al menos que no son libres, y hasta están agradecidos, pues la seguridad, a cambio, les ha suprimido la zozobra, la angustia, traído lo más próximo a la felicidad que se pueda esperar. Nosotros, hoy, no disfrutamos siquiera de ese sucedáneo de felicidad, y la libertad que creemos poseer es en gran medida falsa.</p>
<p style="text-align: right;">(<em>El Norte de Castilla</em>, 17/2/2021)</p>
<p>@enfaserem</p>
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		<title>Pere Gimferrer</title>
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		<pubDate>Thu, 25 Jun 2020 07:12:20 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Eduardo Roldán</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Cumple 75 Pere Gimferrer huérfano de Nobel. Los suecos se hacen los tales en lo que al escritor catalán se refiere, y si al final llega, llegará tarde, con el estigma implícito que ello conlleva; la concesión se verá más &#60;&#60;por puro rotacismo&#62;&#62;, según dijera Borges, que por méritos debidos, más por cuota de lengua [&#8230;]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Cumple 75 <strong>Pere Gimferrer</strong> huérfano de Nobel. Los suecos se hacen los tales en lo que al escritor catalán se refiere, y si al final llega, llegará tarde, con el estigma implícito que ello conlleva; la concesión se verá más &lt;&lt;por puro rotacismo&gt;&gt;, según dijera <strong>Borges</strong>, que por méritos debidos, más por cuota de lengua que por el peso de la obra. No sabemos en qué grado este olvido anual aflige o perturba a Gimferrer, aunque uno sospecha que apenas y fugazmente. En cierta ocasión le preguntaron si no le parecía que, envuelto en literatura y cine tanto y desde tan joven, no se habría perdido buena parte del &lt;&lt;drama de la vida&gt;&gt;. Respondía que podría ser, pero que la literatura evita el conductismo. Esta respuesta traza el perfil —marginal— de alguien para quien separar literatura y vida (arte y vida) es como separar el azul y el amarillo de un verde ya mezclado.</p>
<p>Y alude a un malentendido o reproche que lo persigue desde que comenzase a publicar, el de culturalista huero, baúl sin fondo de nombres sin otro fin que el nombre pregonar. Obvia esta postura el hecho cardinal de la palabra como recipiente y motor moral de la escritura. Gimferrer quedará, con o sin Nobel, no por la cantidad de nombres que apila sino por la cualidad con que los teje: es la palabra la que teje el texto y le otorga toda su hondura. La escritura es moral (es escritura), trate de Venecia o del vencido, si la palabra honrada; y esta es la primera enseñanza, que como enseñanza básica solemos olvidar con mayor frecuencia, que extraer de una obra de mérito.</p>
<p style="text-align: right;">(<em>El Norte de Castilla</em>, 24/6/2020)</p>
<p>@enfaserem</p>
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		<title>Harold Bloom</title>
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		<pubDate>Thu, 17 Oct 2019 16:31:43 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Eduardo Roldán</dc:creator>
		                		<category><![CDATA[Actualidad]]></category>
		<category><![CDATA[Columnas opinión]]></category>
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		<post_tag><![CDATA[crítica]]></post_tag>
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		<description><![CDATA[De unos años a esta parte se había puesto de moda desdeñar a Harold Bloom, dinosaurio apolillado y elitista, el más representativo espécimen de un linaje a extinguir. Y acaso fuese inevitable que se tratase de la moda, pues si a algo se dedicó Bloom fue a plantarse contra la moda. Pero en tiempos de [&#8230;]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>De unos años a esta parte se había puesto de moda desdeñar a <strong>Harold Bloom</strong>, dinosaurio apolillado y elitista, el más representativo espécimen de un linaje a extinguir. Y acaso fuese inevitable que se tratase de la moda, pues si a algo se dedicó Bloom fue a plantarse contra la moda. Pero en tiempos de pensamiento único (y esto es una contradicción en términos) y de lo políticamente correcto llevado al rídiculo, una voz libérrima —que tampoco se genuflexiona ante la academia— constituye el blanco ideal, pese al caudal intimidante de su sabiduría (o quizá por este, al desvelar por contraste la pobreza impotente de los argumentos de sus justicieros, que así se irritan y atacan con mayor fe). Estos justicieros confunden igualdad con igualitarismo, y no entienden o no quieren entender que no toda obra merece el tiempo del lector ni que la literatura no es el territorio para ventilar discriminaciones sexuales o étnicas; una obra literaria puede tratar estas cuestiones, por supuesto, pero tales no pueden ser el barómetro primero con el que juzgarla. Bloom aplicó el barómetro contrario, mucho más simple y justo: la obra literaria como artefacto literario, a juzgar según criterios literarios, estéticos. (Dicho así, suena a perogrullo, pero basta echar un ojo al abanico de la crítica para darse cuenta de que ojalá lo fuera). Y recalquemos: la obra, no el autor; HB, al margen también de la corriente mayoritaria, evaluaba títulos, no nombres: así calificó <em>Vineland</em>, de su por lo general admiradísimo <strong>Pynchon</strong>, de &lt;&lt;completo desastre&gt;&gt;.</p>
<p>Este enfoque brutalmente honesto se funda en última instancia en, y quiere subrayar la insustituible necesidad de, la lectura. Su gran legado es la (re)afirmación de que leer es un acto esencialmente creativo. También lo es el ejercicio de la crítica —no un residuo para escritores frustrados y rencorosos— cuando se realiza con la honestidad, profundidad y gracia de este <strong>Charles Laughton</strong> letraherido e irrepetible.</p>
<p style="text-align: right;">(<em>El Norte de Castilla</em>, 17/9/2019)</p>
<p>@enfaserem</p>
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		<title>La alquimia de las letras</title>
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		<pubDate>Sat, 12 Oct 2019 10:18:34 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Eduardo Roldán</dc:creator>
		                		<category><![CDATA[Actualidad]]></category>
		<category><![CDATA[Cubos con hojas]]></category>
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		<description><![CDATA[Miguel Delibes solía definirse como &#60;&#60;un cazador que escribe&#62;&#62;; paralelamente, podemos definir a Primo Levi —ambos autores comparten más de un rasgo— como &#60;&#60;un químico que escribe&#62;&#62;. Levi, de cuyo nacimiento se cumplió un siglo el pasado julio, solo resignó por completo los misterios combinatorios de los elementos químicos por los de las letras al [&#8230;]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><strong><a href="https://static-blogs.elnortedecastilla.es/wp-content/uploads/sites/14/2019/10/primo-levi.gif"><img loading="lazy" class="alignleft wp-image-1857" src="https://static-blogs.elnortedecastilla.es/wp-content/uploads/sites/14/2019/10/primo-levi.gif" alt="" width="231" height="185" /></a>Miguel Delibes</strong> solía definirse como &lt;&lt;un cazador que escribe&gt;&gt;; paralelamente, podemos definir a <strong>Primo Levi</strong> —ambos autores comparten más de un rasgo— como &lt;&lt;un químico que escribe&gt;&gt;. Levi, de cuyo nacimiento se cumplió un siglo el pasado julio, solo resignó por completo los misterios combinatorios de los elementos químicos por los de las letras al cumplir los 57, diez años antes de su oscura muerte. Así pues la química nutrió su literatura desde el comienzo, y si hay un libro del autor turinés donde se perciba el influjo de aquella en su escritura, es este; así como una fórmula química es cristalina en su plasmación pero tiene un abanico de aplicaciones que se multiplica, muchas veces de maneras y hasta límites insospechados por el químico (el azar juega en la ciencia como en las artes), de modo similar la cristalina, casi expositivamente infantil, de inquebrantable voluntad comunicativa prosa de Levi posee muchos más estratos de los que aparenta, y es capaz de convocar imágenes, sensaciones, reflexiones que una lectura superficial no habrían hecho prever.</p>
<p><em>El sistema periódico</em> se publicó en 1975, transcurrida más de una década desde los dos primeros volúmenes de la trilogía-Auschwitz; se ubica pues en el centro de la obra de Levi, en un momento vital en que el autor siente ha alcanzado ese punto donde ya solo el goteo de la muerte de los seres queridos y el posible nacimento de algún nieto le puede producir un cambio, pero son cambios dentro del devenir previsible de las cosas, no cataclismos como el que de joven tuvo que padecer: cambios menores hasta la llegada del cambio final, la propia muerte.</p>
<p>A partir de este remanso existencial —siempre frágil— Levi rememora desde la niñez, con un primer, sensacional capítulo en que aborda la emigración y el asentamiento de sus antepasados judíos en el Piamonte, y que es un ejercicio tan arriesgado y sutil sobre filología como divertido, y que tiene además la función de establecer el tono general del libro. No es la intención de Levi generar ni el desasosiego, ni la incomprensión ni el horror fascinado que en los libros sobre Auschwitz; por contra aquí, con los mismos rasgos estilísticos apuntados, consigue convocar la nostalgia amable, la esperanza por un futuro incierto pero lleno de posibilidades seductoras, y sin orillar el humor más inteligente, que, si no la carcajada —no es su propósito—, provoca una suerte de regocijo templado.</p>
<p><a href="https://static-blogs.elnortedecastilla.es/wp-content/uploads/sites/14/2019/10/el-sistema-periódico.jpg"><img loading="lazy" class="alignleft wp-image-1856" src="https://static-blogs.elnortedecastilla.es/wp-content/uploads/sites/14/2019/10/el-sistema-periódico.jpg" alt="" width="230" height="347" srcset="https://static-blogs.elnortedecastilla.es/wp-content/uploads/sites/14/2019/10/el-sistema-periódico.jpg 650w, https://static-blogs.elnortedecastilla.es/wp-content/uploads/sites/14/2019/10/el-sistema-periódico-199x300.jpg 199w" sizes="(max-width: 230px) 100vw, 230px" /></a>Levi intitula cada uno de los veintiún capítulos con el nombre de algún elemento del sistema, sin respetar el orden periódico, por la mera razón de que en el retazo de vida narrado ese elemento juega algún papel, más o menos incidental. Los capítulos respetan un orden cronológico, a salto de experiencia (solo <em>Plomo</em> y <em>Mercurio</em> son ejercicios de ficción pura, y el autor advierte de que los introduce no por su calidad sino como ejemplo de sus primeros empeños literarios); entre capítulo y capítulo, entre elemento y elemento transcurre un tiempo durante el que Levi se hace más químico y más escritor: una suerte de técnica impresionista, en la que tampoco —gran acierto— se escogen los en teoría episodios álgidos de su existencia, sino aquellos cotidianos, derivados de una anécdota muchas veces menor; lo contrario pues de lo que hacen las <em>biopic</em> al uso de Hollywood, y la decisión que adoptó la maravillosa <em>Booyhood</em>.</p>
<p>La edición de Península es más que correcta, y resuelve con acierto los dilemas tipográficos —cursiva/redonda, comillas…—, aun a costa de las reglas gramaticales: asunto capital en un libro donde el lenguaje, desde el científico hasta el dialecto cerrado, ocupa un lugar tan primordial. No obstante, algún duende en forma de errata se ha colado en el texto (el más grave, en p. 41, un &lt;&lt;sino&gt;&gt; en vez de &lt;&lt;si no&gt;&gt;), que convendría pulir para próximas ediciones. A la traducción, de <strong>Carmen Martín Gaite</strong>, ejemplar a la hora de trasladar los ritmos de la prosa y la voz de Levi, que resuena cercana, a un tiempo modesta y vigorosa, cabe hacerle el solo reproche —y acaso sea un reproche al autor, que en el original lo escribiera así— del empleo repetido de &lt;&lt;deber de&gt;&gt; (sentido de probabilidad) por &lt;&lt;deber [sin “de”]&gt;&gt; (sentido de obligatoriedad).</p>
<p>En conjunto, es de celebrar la edición así de un texto que si es considerada menor dentro del <em>corpus</em> leviano es solo por el peso abrumador de los libros sobre el Lager.</p>
<p style="text-align: right;">(<em>La sombra del ciprés</em>, 11/10/2019)</p>
<p>@enfaserem</p>
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		<title>Memorias tóxicas</title>
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		<pubDate>Thu, 16 May 2019 16:31:18 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Eduardo Roldán</dc:creator>
		                		<category><![CDATA[Actualidad]]></category>
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		<description><![CDATA[Lleva años y años escuchando la misma pregunta —el mismo ruego—, cuándo va a publicar sus memorias, señor Allen, usted que no deja de generar interés, que ha sido de los pocos capaces de crear no solo un personaje sino un icono, usted, que es casi un género literario en sí mismo por la cantidad [&#8230;]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Lleva años y años escuchando la misma pregunta —el mismo ruego—, cuándo va a publicar sus memorias, señor <strong>Allen</strong>, usted que no deja de generar interés, que ha sido de los pocos capaces de crear no solo un personaje sino un icono, usted, que es casi un género literario en sí mismo por la cantidad de libros, de todas las materias, desde la filosofía a la música, que beben de su trabajo…</p>
<p>Y ahora que las tiene escritas, los editores no se dignan siquiera leerlas. Por &lt;&lt;toxicidad&gt;&gt;. La hipocresía como factor condicionante en el capitalismo es un campo que no se ha estudiado con la debida profundidad. Hoy, en la época del magma viscoso del pensamiento políticamente correcto —que ni es pensamiento, ni es político, ni es correcto—, ha adquirido proporciones tan magníficas como descorazonadoras. Nos hemos adherido a la narrativa establecida y lo último que deseamos es que nos derriben del caballo oficial. Que los jueces hayan confirmado que no hubo abuso sexual; que nueve psiquiatras testificasen bajo juramento que <strong>Soon-Yi</strong> estaba influida por <strong>Mia Farrow</strong> cual <strong>Nerón</strong> por <strong>Agripina</strong>; que varios de los otros hijos de Farrow hayan salido en defensa de Allen… Todo esto no importa. Importa la opinión del hijo/hijo —es decir, del hijo de <strong>Frank Sinatra</strong>, según, más que sugerir, parece subrayar la fisonomía—, justiciero ciego, como todo justiciero. El artículo del hijo sobre <strong>Weinstein</strong> tuvo como víctima colateral al cineasta neoyorquino —no diremos que era el objetivo escondido—, y desde entonces el repudio de actores que habían trabajado con él (más hipocresía), y de gente que ha condenado a Allen sin leer las noticias, como antes condenaban sus películas sin verlas.</p>
<p>Así, a Allen no solo lo condenamos en contra del veredicto judicial sino que además le arrebatamos el derecho a la palabra, él que tantas memorables nos ha proporcionado. Eso sí: no dejamos de airear la sacrosanta libertad de expresión, sobre todo en internet, aunque el asunto no tenga relación.</p>
<p style="text-align: right;">(<em>El Norte de Castilla</em>, 16/5/2019)</p>
<p style="text-align: left;">@enfaserem</p>
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		<title>En el laboratorio creador de Ingmar Bergman</title>
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		<pubDate>Sat, 08 Dec 2018 11:10:02 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Eduardo Roldán</dc:creator>
		                		<category><![CDATA[Actualidad]]></category>
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		<description><![CDATA[La primera e inevitable cuestión que al lector se le plantea al aproximarse a Cuaderno de trabajo (1955-1974) es en qué medida el volumen enriquece los ya publicados —y muy conocidos— escritos de memorias del cineasta sueco, La linterna mágica, Imágenes y otros. ¿O se trata por contra de un mero refrito con otro título, [&#8230;]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><a href="https://static-blogs.elnortedecastilla.es/wp-content/uploads/sites/14/2018/12/ingmar-bergman.jpg"><img loading="lazy" class="alignleft wp-image-1698" src="https://static-blogs.elnortedecastilla.es/wp-content/uploads/sites/14/2018/12/ingmar-bergman.jpg" alt="ingmar-bergman" width="300" height="169" srcset="https://static-blogs.elnortedecastilla.es/wp-content/uploads/sites/14/2018/12/ingmar-bergman.jpg 620w, https://static-blogs.elnortedecastilla.es/wp-content/uploads/sites/14/2018/12/ingmar-bergman-300x169.jpg 300w" sizes="(max-width: 300px) 100vw, 300px" /></a>La primera e inevitable cuestión que al lector se le plantea al aproximarse a <em>Cuaderno de trabajo (1955-1974)</em> es en qué medida el volumen enriquece los ya publicados —y muy conocidos— escritos de memorias del cineasta sueco, <em>La linterna mágica</em>, <em>Imágenes</em> y otros. ¿O se trata por contra de un mero refrito con otro título, aprovechando el centenario de su nacimiento? En modo alguno. No solo por el tono empleado sino por el propio contenido. Como apunta <strong>Jan Holmber</strong> (director general de la Fundación <strong>Ingmar Bergman</strong>) en el epílogo, nos encontramos con un Bergman &lt;&lt;menos calculador&gt;&gt; que en sus anteriores libros de memorias, y con uno que esencialmente refiere los métodos para escalar las sucesivas montañas que son los proyectos en que se halla inmerso o se propone acometer.</p>
<p>El periodo explorado abarca desde que Bergman recién ha cumplido los 37 años hasta que cuenta con 56, acaso el más fértil de una de las más fértiles carreras que haya dado el arte europeo en el pasado siglo, y —más asombroso— de una altura pareja a la fertilidad. Sintéticamente, y solo en el plano cinematográfico, podemos resumirlo en el periodo que va de <em>Sonrisas de una noche de verano</em> (pasaporte de B. al reconocimiento internacional) hasta <em>Escenas de un matrimonio</em>, valga decir en el que se gestan y nacen títulos como <em>El séptimo sello</em>, <em>Fresas salvajes</em>, <em>Persona</em> o <em>Gritos y susurros</em>. Y esto, insisto, si nos ceñimos solo a la vertiente fílmica; la teatral, tan por lo común olvidada o desdeñada por el espectador no sueco, no ha sido, con muy buen criterio, omitida en esta edición en español, y si bien ocupa un menor espacio, nos permite armar una imagen más orgánica del artista, por una suerte de alumbramiento recíproco entre ambas (no es descabellado afirmar que Bergman fue antes un hombre de teatro que hizo cine que un hombre de cine que hizo teatro).</p>
<p>O<a href="https://static-blogs.elnortedecastilla.es/wp-content/uploads/sites/14/2018/12/portada-cuadernos-de-trabajo.jpg"><img loading="lazy" class="alignleft wp-image-1700" src="https://static-blogs.elnortedecastilla.es/wp-content/uploads/sites/14/2018/12/portada-cuadernos-de-trabajo.jpg" alt="portada-cuadernos-de-trabajo" width="250" height="397" srcset="https://static-blogs.elnortedecastilla.es/wp-content/uploads/sites/14/2018/12/portada-cuadernos-de-trabajo.jpg 1635w, https://static-blogs.elnortedecastilla.es/wp-content/uploads/sites/14/2018/12/portada-cuadernos-de-trabajo-189x300.jpg 189w, https://static-blogs.elnortedecastilla.es/wp-content/uploads/sites/14/2018/12/portada-cuadernos-de-trabajo-768x1221.jpg 768w, https://static-blogs.elnortedecastilla.es/wp-content/uploads/sites/14/2018/12/portada-cuadernos-de-trabajo-644x1024.jpg 644w" sizes="(max-width: 250px) 100vw, 250px" /></a>tro acierto son las breves notas biográficas con que se abren cada año/capítulo, en las que se bosquejan en uno o dos párrafos lo que a continuación se va a encontrar el lector. En efecto: pese a su condición esencial de instrumentos de trabajo, el director de Upsala inserta en los cuadernos notas puntuales de su vida íntima y cotidiana (casi ninguna de la realidad sociopolítica del momento); en especial las íntimas se imbrican de tal modo con las de trabajo que B. no se molesta siquiera en cambiar de párrafo, y uno puede quedar momentáneamente desorientado: ¿es Bergman quien habla de su amante o es uno de sus personajes? Lo cual supone el incordio volverlo a leer, pero la recompensa de ratificar la sospecha de la inextricable fusión entre su vida y su obra —fusión profunda: más allá de la anécdota doméstica—. En cualquier caso el proyecto en que está inmerso es siempre el faro que más alumbra en las entradas; incluso en las anotaciones que versan sobre su estado físico —el recurrente dolor de rodillas— o psicológico deja entrever o explica cómo uno y otro han afectado a su trabajo, que, se halle Bergman en un extremo del arco anímico o en el otro, rarísima vez orilla. Nos encontramos pues, ante todo, con un diálogo de B. consigo mismo, el registro radiográfico de su proceso creador: apuntes y tratamientos de guion mezclados con intuiciones, consejos, enmiendas —&lt;&lt;Tengo que controlar mis ganas de escribir diálogos&gt;&gt; (p. 109); &lt;&lt;Aúnalo todo ya, aúnalo, joder&gt;&gt; (p. 307), etc.—… que alcanzan su mayor intensidad cuando emplea el imperativo, en una suerte de explosión de autoconciencia crítica: &lt;&lt;Una vieja historia que no se ha renovado. Creo que puedo escribirla dormido. Pues hazlo&gt;&gt; (p. 253).</p>
<p><a href="https://static-blogs.elnortedecastilla.es/wp-content/uploads/sites/14/2018/12/persona-portada.jpg"><img loading="lazy" class="alignleft wp-image-1702" src="https://static-blogs.elnortedecastilla.es/wp-content/uploads/sites/14/2018/12/persona-portada.jpg" alt="persona-portada" width="250" height="381" srcset="https://static-blogs.elnortedecastilla.es/wp-content/uploads/sites/14/2018/12/persona-portada.jpg 450w, https://static-blogs.elnortedecastilla.es/wp-content/uploads/sites/14/2018/12/persona-portada-197x300.jpg 197w" sizes="(max-width: 250px) 100vw, 250px" /></a>La primera referencia a <em>Persona</em> aparece en <em>Cuaderno…</em> en el año 1963-1964; continúa —junto a otros asuntos— hasta el 65, 56 páginas más tarde. El resultado de estas se cristaliza en el guion publicado con el número de catálogo anterior al de <em>Cuaderno…</em>, con un prólogo didáctico y emotivo de <strong>Jonás Trueba</strong>. Es una operación fascinante ver el proceso de transformación de la gavilla de notas en el texto final del guion. Que por otro lado no es un guion en absoluto, o no en el sentido técnico. Carece del formato propio —nombres, acotaciones, etc.—, y cabe leerlo más como una novela breve en presente que como una herramienta de filmación. O al menos si hubiera sido escrito para que la filmase otro; Bergman, miembro de ese puñado afortunado, cada vez más escaso, de cineastas con control absoluto sobre los proyectos propios, escribía en la manera que le era más útil a él, y hacía bien.</p>
<p>En el plano material de la edición, ambos volúmenes resultan ejemplares, con una presentación a la altura del material que contienen, desde la textura del papel a la claridad de la tipografía, pasando por la disposición de los blancos y los párrafos. Mención ineludible merece el excelente trabajo de traducción de <strong>Carmen Montes</strong>; el lector, sin saber sueco, siente que es la voz de Bergman la que escucha, una voz cuyo timbre no fluctúa, ya se manifieste con entusiasmo o desesperación: una voz honda, honesta, entera.</p>
<p>El centenario del nacimiento de Ingmar Bergman ha convocado actos de mayor pompa y eco mediático, pero muy pocos tan enriquecedores como la publicación de este díptico admirable.</p>
<p style="text-align: right;">(<em>La sombra del ciprés</em>, 8/12/2018)</p>
<p style="text-align: left;">@enfaserem</p>
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