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	<title>ENFASEREMcamus &#8211; ENFASEREM</title>
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	<description>bloc digital de Eduardo Roldán - actualidad, libros, cine y otros placeres y días</description>
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		<title>Auschwitz</title>
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		<pubDate>Fri, 31 Jan 2020 17:50:27 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Eduardo Roldán</dc:creator>
		                		<category><![CDATA[Actualidad]]></category>
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		<description><![CDATA[Camus se preguntaba si se podía pensar en otra cosa que no fuera el suicidio. Haciéndose eco, Martin Amis se pregunta si se puede pensar en otra cosa que no sea Auschwitz. Lo que ocurrió en Auschwitz (y Auschwitz vale como símbolo del sistema completo de exterminio) fue de tal magnitud, y de una novedad [&#8230;]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><strong>Camus</strong> se preguntaba si se podía pensar en otra cosa que no fuera el suicidio. Haciéndose eco, <strong>Martin Amis</strong> se pregunta si se puede pensar en otra cosa que no sea Auschwitz. Lo que ocurrió en Auschwitz (y Auschwitz vale como símbolo del sistema completo de exterminio) fue de tal magnitud, y de una novedad tal, que trasciende cualquier intento por apresarlo, tenga intención inmaculada o pervertida, tenga más o menos lucidez; Auschwitz abruma, y cualquier acercamiento exige un ejercicio de humildad inicial, la consciencia de que, a lo sumo, se logrará apresar un retazo, un reflejo del significado último (tampoco importará que alguien no se someta a este ejercicio, el resultado no será más hondo).</p>
<p>Así que ¿qué nos queda? Entre Camus y Amis se extiende el espectro completo de la muerte, como desde el ultravioleta al infrarrojo el del color. Camus contempla la muerte como concentración individual, vértigo del instante insoportable, autonomía rota; Amis como cadena de producción destructiva, como industralización anónima del horror. Pero no son separables, aun cada cual en el extremo del espectro: cada muerte industrial sigue siendo una muerte, un alma y no un número tatuado, y cada suicidio un grito de ayuda que ya no llegará, como los de los gaseados un momento antes de abrirse los conductos. Los suicidios se seguirán dando; Auschwitz, como tal, es probable que no; aunque se sigue, y se seguirá: desde la tortura con picana y lanzamiento al océano hasta el disparo a bocajarro por unas zapatillas de deporte, cada vez que el hombre hace valer su violencia sobre un congénere más débil con resultado de muerte, se da una versión de Auschwitz; que, si toleramos con casi indiferencia, se debe a la cotidianeidad, a la costumbre, a la certeza de que otras muchas se producen sin que tengamos noticia. Acaso la lección a extraer de la efeméride de la liberación sea la de concedernos un momento de reflexión cuando nos topemos con una de estas versiones.</p>
<p style="text-align: right;">(<em>El Norte de Castilla</em>, 30/1/2020)</p>
<p>@enfaserem</p>
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		<title>Rebelde anónimo</title>
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		<pubDate>Thu, 06 Jun 2019 16:25:45 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Eduardo Roldán</dc:creator>
		                		<category><![CDATA[Actualidad]]></category>
		<category><![CDATA[Columnas opinión]]></category>
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		<description><![CDATA[Uno no puede ponerse del lado de los que hacen la historia, sino al servicio de quienes la padecen, dejó dicho Camus. De un lado de la historia están los tanques alineados como obedientes y hambrientas reses de metal; del otro, un hombre solo, solo un hombre: que encara a las reses con quizá más [&#8230;]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Uno no puede ponerse del lado de los que hacen la historia, sino al servicio de quienes la padecen, dejó dicho <strong>Camus</strong>. De un lado de la historia están los tanques alineados como obedientes y hambrientas reses de metal; del otro, un hombre solo, solo un hombre: que encara a las reses con quizá más resignación que conciencia de heroísmo. Un hombre sin nombre, un camusiano sin saberlo, un rebelde que dice &lt;&lt;no&gt;&gt; por el silencioso y atronador método de quedarse parado en el sitio.</p>
<p>De momentos como este se hace también la historia, aun por quienes hasta entonces la han padecido. Son momentos que poseen la fuerza del símbolo, que nos permiten entrever que la historia no tiene por qué ser inercia decadente, y que como los símbolos no podemos determinar su carga de poder real, ni cuándo ni cómo se materializará, ni hasta dónde alcanzará su onda expansiva.</p>
<p>Por desgracia, y pese al rebelde anónimo y otros gritos como el suyo, la historia se suele empeñar en dar la razón al escritor argelino, y de un modo descorazonador: cuando quienes la padecían toman la posición de quienes la venían haciendo, actúan con similar, si no mayor, falta de humanidad y de humanismo. Tal vez salvo la muerte, de la que con tanta frecuencia se vale, el poder sea el más efectivo amnésico que se conoce; alcanzado, el pasado se borra, las promesas se olvidan, el futuro es una naranja que exprimir hasta la corteza y cuanto antes, quién sabe cuándo se volverá el guante a dar la vuelta.</p>
<p>En los treinta años transcurridos desde la heroicidad anónima de Tiananmén, China ha experimentado la eclosión económica más fulgurante de que se tenga noticia. La eclosión de las libertades no materiales no ha seguido, sin embargo, ni remotamente la estela del capital. Y así la rebeldía y la heroicidad son más improbables cada día: la seguridad material las adormece, pues tampoco el ciudadano sabe si mañana otra vez el guante del revés, y ahora al menos un supermercado en cada esquina.</p>
<p style="text-align: right;">(<em>El Norte de Castilla</em>, 6/6/2019)</p>
<p style="text-align: left;">@enfaserem</p>
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		<title>El portero de la ética</title>
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		<pubDate>Sun, 28 Apr 2013 10:50:19 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Eduardo Roldán</dc:creator>
		                		<category><![CDATA[Actualidad]]></category>
		<category><![CDATA[Cubos con hojas]]></category>
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		<description><![CDATA[Puede parecer un obviedad, pero como tantas obviedades se olvida de continuo: el primer deber del intelectual es ser honesto. El intelectual no solo ha de tener un fondo de cabeza bien surtido sino, más importante, la suficiente cintura mental como para admitir la duda, admitir la inseguridad, admitir que se ha equivocado y que [&#8230;]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Puede parecer un obviedad, pero como tantas obviedades se olvida de continuo: el primer deber del intelectual es ser honesto. El intelectual no solo ha de tener un fondo de cabeza bien surtido sino, más importante, la suficiente cintura mental como para admitir la duda, admitir la inseguridad, admitir que se ha equivocado y que su opinión es ahora otra ―es en este último punto donde más intelectuales encallan―, así como la entereza moral para defender sus convicciones, aun si tal defensa le granjea la oposición de quienes supuestamente integran una corriente de pensamiento afín a la suya (aunque ningún intelectual verdadero pertenece, según la concepción expuesta, a corriente alguna, ni estética ni política). En este sentido, hay muy pocos ilustrados que encarnen el calificativo de intelectual como lo encarna <strong>Camus</strong>, capaz de afirmar sin empacho que el partido político al que él pertenecería sería aquel que aglutinase a quienes no están seguros de tener razón, y que prefirió el repudio público de <strong>Sartre</strong> y acólitos a desdecirse de las denuncias contra el marxismo de aparato que exponía en <em>El hombre rebelde</em>. El intelectual pues interroga y se interroga, y es por tanto un permanente insatisfecho. Lo cual no quiere decir que cuando ha alcanzado lo que estima es una verdad no la defienda con suma contundencia (la contundencia no excluye la rectificación).</p>
<p><a href="/enfaserem/wp-content/uploads/sites/14/2013/04/Camus-13-e1367145854934.jpg"><img loading="lazy" class="alignleft size-full wp-image-719" title="Camus-13" src="/enfaserem/wp-content/uploads/sites/14/2013/04/Camus-13-e1367145854934.jpg" alt="" width="200" height="134" /></a>El empeño que recorre la plural obra de Camus es el de intentar atrapar, bien por la vía directa del ensayo o el periodismo, bien por la simbólica de la novela y la pieza teatral, ese puñado escaso de verdades que son constitutivas del hombre en cuanto que hombre y que parten de los atributos que solo el hombre posee (podemos llamar a esta búsqueda existencial o simplemente humana). El origen de esta búsqueda lo expone Camus cuando escribe que el problema primero de la filosofía es el suicidio. Y es que la renuncia voluntaria a la vida es tal vez la decisión más específicamente humana, por cuanto que supone no solo renunciar a lo factual sino a lo posible, y renunciar para siempre. Por muy dolorosas que sean las circunstancias que llevan a alguien a suicidarse, se trata en último término de una decisión libre, pero que a la vez agota la libertad. Desde otro lado, quien decide no tomar esa decisión aun con la creencia de que al final no hay nada y de que en el mientras nada va a cambiar, ¿no está actuando contra sus convicciones, de forma no-ética? ¿O es que en el fondo, aunque no sea consciente, sigue creyendo en el cambio? Dicho de otro modo: ¿por qué <strong>Sísifo</strong> sigue empujando la piedra? En realidad tanto el que decide cortar como el que decide seguir actúan de forma humana; ambas decisiones son, si no igualmente comprensibles, sí igualmente defendibles como producto del ejercicio de la libertad. El compromiso intelectual inevitablemente exige preocuparse por y defender a quienes deciden seguir empujando la piedra, aun si no son capaces de sacudirse la conciencia del absurdo que es empujar y empujar, aun si el propio intelectual lo percibe también como un absurdo. De hecho, el que lo perciba como un absurdo ennoblece moralmente el compromiso, pues supone que no busca recompensa más allá de la preocupación y la defensa.</p>
<p><strong><a href="/enfaserem/wp-content/uploads/sites/14/2013/04/calígula.jpg"><img loading="lazy" class="alignleft size-full wp-image-720" title="calígula" src="/enfaserem/wp-content/uploads/sites/14/2013/04/calígula-e1367146100163.jpg" alt="" width="199" height="190" /></a>Paco Umbral</strong> dijo que la única razón por la que Camus obtuvo más el favor del público que Sartre fue porque escribía en citas. A Umbral le sobraba talento para ser cruel con quien quisiera, pero rara vez era injusto. Es cierto que si de algo peca en ocasiones el estilo de Camus es de sentencioso; pero también que el tipo de obra didáctica ―ojo: no panfletaria ni sermoneadora― de AC se presta a la sentencia contundente. Lo cual no quiere decir que tales contundencias carezcan de brillantez o de verdad, incluso de verdad poética (o sea doble verdad): <<¿Qué quieres?>> <strong>Calígula</strong>: <<Quiero la luna>>. Ya está, el delirio de omnipotencia en tres palabras; esto es poesía destilada, una imagen directa y simple, deslumbrante. Aun sentencioso, lo innegable es la vigencia de los escritos camusianos: fundada en el presente ―en el hoy o en un pasado fuera del tiempo―, que no otro es el tiempo de la ética, la obra de Camus no ha hecho otra cosa que agigantarse con el paso de los años. Podemos preferir a otros, pero lo seguro es que muy pocos han explorado las cuatro o cinco preguntas que en definitiva nos constituyen con la sencillez y la hondura del portero de fútbol metido a escritor. Y eso no pasa de moda.</p>
<p style="text-align: right;">(<em>La sombra del ciprés</em>, 27/4/2013)</p>
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