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	<title>ENFASEREMconcierto &#8211; ENFASEREM</title>
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	<description>bloc digital de Eduardo Roldán - actualidad, libros, cine y otros placeres y días</description>
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		<title>Color local, color universal</title>
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		<pubDate>Sun, 07 Apr 2013 10:05:27 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Eduardo Roldán</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Con la actuación del cuarteto liderado por el saxofonista vallisoletano José Luis Gutiérrez se cruzó ayer el ecuador de la octava edición del Festival Jazz Lava Castilla y León, tras las previas el miércoles y el jueves de la big band Modulando y del quintento vocal Coda. El cuarteto  salió al  escenario de la Sala [&#8230;]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><a href="/enfaserem/wp-content/uploads/sites/14/2013/04/descarga-e1365328712214.jpg"><img loading="lazy" class="alignleft size-full wp-image-708" title="descarga" src="/enfaserem/wp-content/uploads/sites/14/2013/04/descarga-e1365328712214.jpg" alt="" width="300" height="106" /></a>Con la actuación del cuarteto liderado por el saxofonista vallisoletano <strong>José Luis Gutiérrez </strong>se cruzó ayer el ecuador de la octava edición del Festival Jazz Lava Castilla y León, tras las previas el miércoles y el jueves de la big band Modulando y del quintento vocal Coda. El cuarteto  salió al  escenario de la Sala Concha Velasco del Laboratorio de las Artes de Valladolid con la ardua papeleta de colmar las enormes expectativas que el concierto había creado y que el aplauso de bienvenida no hizo sino subrayar. En efecto, muchas veces el público más difícil de satisfacer es el que queda más cerca del artista.</p>
<p>No tardaron ni un par de compases los cuatro músicos en agarrar el toro por los cuernos y con el desplante de quien sabe muy bien lo que hace y hacia donde se dirige —aunque quienes lo rodean no lo sepan, e incluso no se cohíban de mostrar el escepticismo que sienten—, dieron comienzo a su intervención con una suerte de prólogo actoral en el que la pareja formada por José Luis Gutiérrez y el baterista/percusionista <strong>Lar Legido </strong>ya mostraron los primeros indicios de los muy variopintos sonidos que estaban por llegar, desde el girar de pelotas de pimpón en una ensaladera hasta los lamentos infantiles salidos de las bocas de plástico de juguetes aplastables con <a href="/enfaserem/wp-content/uploads/sites/14/2013/04/iberjazz-e1365328787779.jpg"><img loading="lazy" class="alignleft size-full wp-image-709" title="iberjazz" src="/enfaserem/wp-content/uploads/sites/14/2013/04/iberjazz-e1365328787779.jpg" alt="" width="300" height="185" /></a>forma de animales, y en general del tono de la actuación. Como él mismo reconoció a mitad del concierto, JLG ha sido siempre un músico que ha privilegiado la creación en el escenario a la creación en estudio, acaso por la creencia de que la espontaneidad musical brota y fluye con más vigor delante de un grupo de cabezas indefinidas que entre cuatro paredes acorchadas y con auriculares puestos. No supone esto, desde luego, que las grabaciones no resulten cuidadas ―mimadas incluso―, pero es en ese plus que se da en el tú a tú entre el intérprete y el oyente, en ese pálpito especial que tienen los recitales en vivo, con todo el riesgo de pifia ocasional que conllevan, donde el soplador vallisoletano se siente más a gusto y a la vez donde más a tumba abierta se expone. Y si hemos hablado antes de actuación, ha de entenderse esta en el sentido más amplio, pues lo que en la noche de ayer acontenció en el LAVA rebasó los límites de lo estrictamente musical para internarse ocasionalmente en los territorios de la <em>performance</em> e incluso el <em>happening</em>. Todo el espectáculo pareció concebido de antemano para dar un recital que sacudiera y sorprendiera al —y se quedara grabado en la memoria del— público que llenó el recinto casi por completo. Y no hay duda de que lo logró, si bien, paradójicamente, el único pero que podría ponérsele fue que toda la puesta en escena dio la sensación de estar un punto demasiado preparada, y que esa preparación mediatizó y opacó en ocasiones la creación musical, que a fin de cuentas es lo más importante en un concierto.</p>
<p>En lo puramente musical, JLG ha bautizado su interesantísima propuesta sonora con el nombre de Iberjazz, si bien la realidad excede con mucho la fuente de los sonidos llamémosles ibéricos y bebe de otros folclores en apariencia lejanos pero que, en manos de estos músicos, se revela comparten un corazón similar. No se trata solo de meter el ritmo de un paso doble o de un fandango con unos exóticos arpegios, o de aflamencar porque sí una escala menor disminuyendo el segundo grado en un semitono; el objetivo es justamente el contrario: trascender el folclore mediante el folclore, y así transmitir más directamente ese sustrato íntimo, indefinible y universal que es lo que determina si una música merece la pena o no ser escuchada. El cuarteto presentó distintos temas de su último trabajo (<em>Fruit salad</em>), y se mostró en todo momento cohesionado y, más importante, con todavía un largo camino por recorrer. A destacar el magistral dominio que demostró Gutiérrez de ese instrumento diabólico que es el saxo soprano y el impecable pulso del contrabajista <strong>Marco Niemietz</strong>, tan flexible como imaginativo. Concierto notable y desde luego difícil de olvidar.</p>
<p style="text-align: right;">(<em>El Norte de Castilla</em>, 8/4/2013)</p>
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		<title>Bop de oficio</title>
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		<pubDate>Sat, 28 Jan 2012 18:51:45 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Eduardo Roldán</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Con un aforo felizmente más poblado que en ocasiones anteriores, la Sala Borja de Valladolid acogió el pasado jueves el concierto del cuarteto del saxo alto Jesse Davis (Nueva Orleans, 1965), quien presentó su bop de altas revoluciones acompañado por la que es su sección rítmica patria favorita: Joan Monné al piano y el contrabajo [&#8230;]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><a href="/enfaserem/wp-content/uploads/sites/14/2012/01/jesse_davis-e1327776259321.jpg"><img loading="lazy" class="alignleft size-full wp-image-284" title="jesse_davis" src="/enfaserem/wp-content/uploads/sites/14/2012/01/jesse_davis-e1327776259321.jpg" alt="" width="150" height="100" /></a>Con un aforo felizmente más poblado que en ocasiones anteriores, la Sala Borja de Valladolid acogió el pasado jueves el concierto del cuarteto del saxo alto <strong>Jesse Davis</strong> (Nueva Orleans, 1965), quien presentó su <em>bop</em> de altas revoluciones acompañado por la que es su sección rítmica patria favorita: <strong>Joan Monné</strong> al piano y el contrabajo y la batería de cuyo arte ya pudimos disfrutar en el concierto que en la Borja diera el saxo tenor <strong>Scott Hamilton</strong>, <strong>Ignasi González</strong> y <strong>Esteve Pi</strong>.</p>
<p>El recital comenzó con un homenaje a <strong>Tete Montoliú</strong>, con quien Davis compartió escenario en más de una ocasión como <em>sideman</em> y a quien calificó, no sin razón, de gran, gran, gran músico. La vía elegida para el homenaje fue uno de los ídolos de Tete, el inagotable <strong>Thelonious Monk</strong>, a quien el saxo de Davis barnizó con los primeros de los —muchos— ecos parkerianos que ofrecería a lo largo de la noche. El cuarteto enlazó el blues con el <em>funky</em> y el <em>soul-jazz</em>, con la composición del pianista de Filadelfia <strong>Bobby Timmons</strong> <em>This here</em>, uno de esas melodías construida a partir de <em>riffs</em> infecciosos ante las que es imposible tanto mantener quieto el pie como no sonreír; Davis recordó con ella al que acaso sea, junto a Parker, su otra gran influencia musical, el orondamente irremplazable <strong><em>Cannonball</em> Adderley</strong>. Lo cual, por supuesto, no es en modo alguno insólito en un saxo alto. El conocimiento del legado de Parker y Adderley es por contra requisito imprescindible para quien decide hacer del alto su compañero de vida y trabajo; el problema surge si se considera que ese conocimiento es condición suficiente para el completo desarrollo de la personalidad musical propia, cuando es solo condición necesaria, una falla en la que no pocos se han quedado, y en la que algunos que la han superado siguen de vez en cuando volviendo a caer. En general, la actuación del protagonista, sin dejar de ser disfrutable, dio la sensación de resultar una faena de oficio; es innegable el dominio de Davis del instrumento —ese uso flexible de la embocadura, esa digitación vertiginosa—, su caudal sonoro —el micro le sobraba—, pero en raras ocasiones transmitió el abandono que ha de exigírsele a un solista, y más aun a un volcánico solista de <em>bop</em>, como lo prueban el uso excesivo de <em>licks</em> y citas con que salpicó sus intervenciones.</p>
<p>Los ánimos se templaron con una balada de <strong>Jimmy Dorsey</strong> que supuso el marco idóneo para disfrutar del poder solista de Joan Monné, sin duda uno de los momentos más emotivos de la velada. Como acompañante, lo de Monné fue una clase magistral sin descanso, fuese cual fuese el tempo y el color del tema; al saxo de Davis supo leerlo —conducirlo y enriquecerlo— sin interponerse jamás en su camino, casi como si de un <strong>Wynton Kelly</strong> redivivo se tratase. Con un toque tan seguro como delicado, a Monné no le hace falta salirse del sector central del teclado salvo cuando la situación, como en el solo que comentamos, lo pide: tiene técnica de sobra para correr escalas arriba y abajo de las ochenta y ocho, pero no se trata de epatar al personal porque sí; se trata de tener el buen gusto de tocar lo que corresponde en cada momento, de escuchar al compañero y responder en consecuencia.</p>
<p>El <em>Evidence</em> de Monk, <em>Fallen feathers</em> (<strong>Quincy Jones</strong>) y <em>Eternal triangle</em> (<strong>Sonny Stitt</strong>) completaron un recital que recibió muchos aplausos, y hasta aullidos, de aprobación, que se vieron recompensados con una jugosa propina latina.</p>
<p style="text-align: right;">(<em>El Norte de Castilla</em>, 28/1/2012)</p>
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		<title>Jazz de ayer, hoy y siempre</title>
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		<pubDate>Fri, 16 Dec 2011 11:46:00 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Eduardo Roldán</dc:creator>
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		<description><![CDATA[En un recinto con quizá más claros que los que la ocasión merecía, la Sala Borja de Valladolid acogió anoche el concierto del cuarteto liderado por el veterano saxo tenor estadounidense Scott Hamilton (Providence, 1954). Con una discografía que abarca más de tres décadas y un centenar de títulos, Hamilton es hoy una de esas [&#8230;]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>En un recinto con quizá más claros que los que la ocasión merecía, la Sala Borja de Valladolid acogió anoche el concierto del cuarteto liderado por el veterano saxo tenor estadounidense <strong>Scott Hamilton</strong> (Providence, 1954). Con una discografía que abarca más de tres décadas y un centenar de títulos, Hamilton es hoy una de esas venerables e indiscutidas figuras que han alcanzado, tanto en los frentes de aficionados y críticos como en el de músicos, el status de mito; un status logrado a base de infinitos kilómetros de asfalto, sesiones de grabación y buen hacer.</p>
<p><img loading="lazy" class="alignleft" src="//jazztimes.com/images/content/articles/0008/8904/scotthamilton1_span3.jpg?1317734242" alt="" width="180" height="128" />A Valladolid acudió con la formación que lo acompaña en la última de sus grabaciones, registrada también en directo, hace ahora justo un año, en el club Jamboree de Barcelona, y que en primicia presentaron sobre las tablas de la Sala Borja: cuarteto clásico de saxo tenor como pito único y sección rítmica de piano (<strong>Gerard Nieto</strong> — espléndida mano derecha —), contrabajo (<strong>Ignasi González</strong> — estupendo solista además de acompañante, con una afinación perfecta —) y batería (<strong>Esteve Pi</strong> — sobrio y alegre al tiempo).</p>
<p>El repertorio abarcó todos los palos del abanico jazzístico clásico, que es el viento que el espectador espera escuchar cuando Hamilton se lleva el saxofón a la boca — las piruetas melódicas del <em>free-jazz</em> quedan al margen de su apuesta sonora —. La banda abrió con el <em>standard</em> de <strong>Cole Porter</strong> <em>What is this thing called love</em> para acto seguido, sin abandonar los años 20, atacar la pieza del pianista de <em>stride</em> <strong>James P. Johnson</strong> <a title="old fashioned love en directo" href="http://www.youtube.com/watch?v=VrAPldtQJFI" target="_blank" rel="external nofollow"><em>Old fashioned love</em></a>, suficientes para dejar claro sus incontestables argumentos jazzísticos: un <em>swing</em> infatigable e irresistible y sobre todo una cohesión tan segura como elástica, que otorga a la banda ese plus esencial en jazz según el cual la suma de las partes es &#8211; ha de ser &#8211; siempre superior a las partes consideradas individualmente, por mucho brillo que estas tengan. Tras dar cuenta de un <em>blues</em> que supuso uno de los momentos álgidos de la velada, la balada <em>You are too beautiful</em>, de <strong>Richard Rogers</strong>, fue el caramelo para que el líder se abandonase, y donde los ecos del vibrato de <strong>Ben Webster</strong> más se dejaron oír en su sonido, tradicionalmente el nombre al que se asocia al saxofón de Hamilton; sin embargo, su fraseo fluido y sinuoso, esa aparente facilidad que nada tiene de fácil y un tono no tan rotundo como el de Webster lo emparentan antes con <strong>Al Cohn</strong> o <strong>Zoot Sims</strong>, legendarios <<brothers>> de la cuerda de saxos de la orquesta de <strong>Woody Herman</strong> a la que años más tarde pertenecería el propio Hamilton. Hasta el guiño latino &#8211; <em>Bésame mucho</em> &#8211; y navideño &#8211; <em>White Xmas</em> &#8211; tuvieron cabida antes de la propina.</p>
<p>En resumen, jazz de ayer, hoy y siempre, disfrutable y accesible. En el público, aplausos y bravos generales.</p>
<p style="text-align: right;">(<em>El Norte de Castilla</em>, 16/12/2011)</p>
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