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	<title>ENFASEREMconsumo &#8211; ENFASEREM</title>
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	<description>bloc digital de Eduardo Roldán - actualidad, libros, cine y otros placeres y días</description>
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		<title>Regalos</title>
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		<pubDate>Sat, 08 Jan 2022 11:26:26 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Eduardo Roldán</dc:creator>
		                		<category><![CDATA[Actualidad]]></category>
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		<description><![CDATA[Quien regala se regala. El problema es acertar. Hacer un regalo fallido —y en el momento de la entrega se percibe si lo ha sido— es como recibir el impacto de un bumerán tras haberlo lanzado. Y el dolor del impacto se agrava si el regalado finge le ha gustado o lo tolera sin ganas, [&#8230;]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Quien regala se regala. El problema es acertar. Hacer un regalo fallido —y en el momento de la entrega se percibe si lo ha sido— es como recibir el impacto de un bumerán tras haberlo lanzado. Y el dolor del impacto se agrava si el regalado finge le ha gustado o lo tolera sin ganas, por esa errónea y asentada creencia de que el cambio del regalo va a ofender al donante. Pero ofende más una aceptación tibia y envarada que un rechazo o un cambio, porque con la aceptación te están llamando ciego y sordo, insensible.</p>
<p>Solo que por el escalofrío del acierto seguimos insistiendo en el riesgo. Escalofrío más encendido cuando el regalado y acertado un niño, aunque, por lo general, menos duradero que cuando un adulto; a los niños los desbordan a regalos —en ocasiones, casi literalmente los entierran en ellos—, y el escalofrío personal de inmediato es desplazado por otro (y este a su vez, y etcétera).</p>
<p>En estas fechas, junto con la fiebre adquisitiva, no dejan, parejas, de alzarse voces contra ella: la Navidad ha degenerado en una excusa para el consumo, y el consumo en una forma de la rutina que ya ni se disfruta. Cabe preguntarse qué fiesta no es una fiesta para el consumo, en este capitalismo globalizado que nos permea, capaz de ir enganchando una fiesta o excusa con otra con la soltura y la fiabilidad de un retratista de playa. No importa el motivo, el capitalismo es capaz de dotarle de un brillo que nos lo hace irresistible, o difícilmente, aun cuando, si se analiza con un poco de distancia, nos debería ser por completo ajeno, indiferente.</p>
<p>Dicho lo cual, no deja de hacer ilusión que en ciertos días se acuerden de uno con un detalle.</p>
<p style="text-align: right;">(<em>El Norte de Castilla</em>, 5/1/2022)</p>
<p>@enfaserem</p>
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		<title>Luz</title>
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		<pubDate>Thu, 10 Dec 2020 10:25:13 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Eduardo Roldán</dc:creator>
		                		<category><![CDATA[Actualidad]]></category>
		<category><![CDATA[Columnas opinión]]></category>
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		<description><![CDATA[Tras los cielos y la tierra, cuenta el Génesis, Dios hizo la luz, y vio que era buena; y separó la luz de las tinieblas, y llamó a la luz día, y a las tinieblas, noche. Luego, tras tierras y mares y plantas y animales, para rematar la faena hizo al hombre y le dio [&#8230;]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Tras los cielos y la tierra, cuenta el <em>Génesis</em>, <strong>Dios</strong> hizo la luz, y vio que era buena; y separó la luz de las tinieblas, y llamó a la luz día, y a las tinieblas, noche. Luego, tras tierras y mares y plantas y animales, para rematar la faena hizo al hombre y le dio señorío sobre el resto de la creación.</p>
<p>Se incline uno por el relato bíblico o por el Big Bang, lo indudable es que la luz es buena. Basta repasar las expresiones más comunes del lenguaje para constatar que se le atribuyen rasgos benéficos, positivos (&lt;&lt;Ver la luz al final del túnel&gt;&gt;, &lt;&lt;No tiene muchas luces&gt;&gt;, etc.). También en los ritos y celebraciones juega la luz un papel central, desde los fuegos artificiales de Año Nuevo hasta las velas de la menorah o el apagado/encendido tras una representación teatral que se aplaude.</p>
<p>Esta peso simbólico da idea del peso real que tiene la luz; no solo es &lt;&lt;buena&gt;&gt;: es imprescindible para la vida. Por ello debería generar mucho más eco —y acciones— el reciente y exhaustivo informe que concluye en la necesidad inmediata (aunque en asuntos ecológicos toda necesidad es inmediata) de reducir la emisión nocturna de luz artificial a las demandas estrictas, debido a las alteraciones biológicas que el consumo actual —piscinas comunitarias, anuncios y logos comerciales, edificios de oficinas…— está produciendo en animales y plantas. El cuco da las horas cuando quiere, las tortugas tiran hacia los neones parpadeantes en lugar de hacia el mar, los árboles no se sacuden las hojas con la serena regularidad de sus ancestros…</p>
<p>Y en el centro de todo ello está el hombre. Se podría llegar a pensar que no forma parte o no le afecta.</p>
<p style="text-align: right;">(<em>El Norte de Castilla</em>, 9/12/2020)</p>
<p>@enfaserem</p>
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		<title>Multinacionales gobernantes</title>
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		<pubDate>Thu, 25 Jan 2018 13:08:31 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Eduardo Roldán</dc:creator>
		                		<category><![CDATA[Actualidad]]></category>
		<category><![CDATA[Columnas opinión]]></category>
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		<description><![CDATA[Ahora que los estados han dejado de ser territorios soberanos dotados de órganos de gobierno para convertirse en marcas, bien puede considerarse a las grandes multinacionales gobiernos de un estado sin fronteras, gobiernos de territorio global/virtual con su propia jerarquía administrativa y sus propias reglas de funcionamiento. La única diferencia sustancial con los partidos territoriales [&#8230;]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Ahora que los estados han dejado de ser territorios soberanos dotados de órganos de gobierno para convertirse en marcas, bien puede considerarse a las grandes multinacionales gobiernos de un estado sin fronteras, gobiernos de territorio global/virtual con su propia jerarquía administrativa y sus propias reglas de funcionamiento. La única diferencia sustancial con los partidos territoriales es que las multinacionales no convocan a la clientela periódicamente para que corroboren o repudien su gestión, sino que la vigilancia que ejerce el cliente es continua, lo que exige a las multinacionales un autoanálisis también continuo, y una renovación de y en los productos ofertados (que esta suela ser apenas una modificación cosmética es otro tema) tan frecuente como sea posible. &lt;&lt;Renovarse o morir&gt;&gt; es la máxima que rige la actuación de estos plurigobiernos, sabedores del ansia insaciable de novedades que tiene el cliente. La otra máxima esencial es que la oferta crea la demanda, y de este modo ellos mismos son los que incentivan el ansia del consumidor, lo que al tiempo repercute en su labor, una manera de obligarse a no dormirse en los activos alcanzados. Y que no pare la rueda.</p>
<p>Quizá ningún gobierno como el gobierno Apple haya llevado más lejos esta filosofía, según les gusta decir. Al extremo de pasar la rueda de rosca. No solo no dejan de ofrecer sino que lo que ofrecen nace condenado, con fecha de caducidad incorporada, para que, por si las dudas, el cliente tenga a la fuerza que votarles otra vez. El casi monopolio absoluto corrompe casi absolutamente. El objetivo es mantenerse en la cima, al precio —literalmente— que sea, y si para ello hay que retorcer la verdad un poco (solo un poco y por omisión), bueno, es en realidad en beneficio del cliente. Funcionan pues como cualquier dictador, que también se veían obligados a veces a tomar decisiones pelín desagradables, un pogromo aquí, una censura allá, pero solo por el bien del pueblo.</p>
<p style="text-align: right;">(<em>El Norte de Castilla</em>, 25/1/2018)</p>
<p>@enfaserem</p>
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		<title>De Greta Garbo a Greta Gerwig</title>
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		<pubDate>Sat, 16 May 2015 11:16:33 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Eduardo Roldán</dc:creator>
		                		<category><![CDATA[Actualidad]]></category>
		<category><![CDATA[Desde la pantalla]]></category>
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		<post_tag><![CDATA[industria audiovisual]]></post_tag>
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		<description><![CDATA[La mujer que como ninguna otra representó la era dorada de Hollywood nació en 1905 y rodó su última película en 1941; la que representa la era digital, en 1983, y es seguro que cuando estas líneas conozcan la imprenta esté rodando alguna mientras prepara la siguiente. Un estreno protagonizado por la primera suponía un [&#8230;]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>La mujer que como ninguna otra representó la era dorada de Hollywood nació en 1905 y rodó su última película en 1941; la que representa la era digital, en 1983, y es seguro que cuando estas líneas conozcan la imprenta esté rodando alguna mientras prepara la siguiente. Un estreno protagonizado por la primera suponía un acontecimiento capaz de compartir con la más reciente decisión presidencial las portadas de los primeros diarios del país; uno que protagonice la segunda pasará tan desapercibido como el coche de un bebé en un centro comercial un sábado por la tarde, aunque tenga interés y venga firmado por un nombre consolidado entre el espectador con ciertas inquietudes. Cuando <strong>Greta Garbo </strong>se quitaba un guante el mundo se detenía. El crítico más curtido en festivales independientes no notaría que quien tiene sentada al lado en el metro es <strong>Greta Gerwig</strong>.</p>
<p><a href="/enfaserem/wp-content/uploads/sites/14/2015/05/garbo-e1431774728895.jpg"><img loading="lazy" class="alignleft size-full wp-image-1027" title="garbo" src="/enfaserem/wp-content/uploads/sites/14/2015/05/garbo-e1431774728895.jpg" alt="" width="240" height="311" srcset="https://static-blogs.elnortedecastilla.es/wp-content/uploads/sites/14/2015/05/garbo-e1431774728895.jpg 240w, https://static-blogs.elnortedecastilla.es/wp-content/uploads/sites/14/2015/05/garbo-e1431774728895-232x300.jpg 232w" sizes="(max-width: 240px) 100vw, 240px" /></a>En los 75 años que median entre el estreno de <em>Margarita Gautier </em>y el de <em>Frances Ha</em>, la manera de producir y consumir cine ha cambiado tanto —en puridad el cambio se ha dado en las últimas dos décadas— que el propio concepto de cine, con todo lo que lleva aparejado desde la génesis de una película hasta su estreno, se ha expandido/pervertido tanto que haríamos mejor en hablar de industria audiovisual (no está lejano el día en que se convoque en las salas a todo aquel que, armado con su consola y su pantalla, quiera participar en el estreno mundial y simultáneo de un videojuego). No es que el imperio se haya desintegrado: el imperio es demasiado listo e insaciable como para permitir algo así; lo que se ha desintegrado es la idea de imperio, la imagen jerárquica, vertical, mítica y angelina que le venía al espectador a la cabeza cuando leía o escuchaba la palabra &#8216;cine&#8217;. Pero el imperio sigue presente, solo que disfrazado y disperso, y precisamente por ese disfraz y esa dispersión, que lo hacen menos identificable e intimidante, manteniendo en gran medida el poder que detentaba.</p>
<p>En los albores de la era digital, el imperio no tardó en comprender que la revolución en curso le obligaba a convivir con un nuevo estamento que, en conjunto, iba a producir muchísimo más que él. Pero tampoco había necesidad de agobiarse de entrada. El imperio tenía reservas suficientes y una inercia de casi un siglo instalada en el inconsciente colectivo como para permitirse esperar hasta ver por dónde discurrían los acontecimientos; no necesitaron mucho tiempo para darse cuenta de que la propia cantidad de material producido era el antídoto más efectivo contra el incremento febril de la oferta disponible: los títulos digitales de producción autónoma se hacían entre sí la guerra involuntaria, sin necesidad de que el imperio interviniese para nada, y aunque inevitablemente de entre ese mar infinito salía de tanto en tanto un producto capaz de alcanzar más repercusión que cualquiera de los generados por el imperio, estos eran tan testimoniales que no merecía la pena embarcarse en una transformación que supusiese el desmantelamiento y reconstrucción de todo el sistema —aparte de que estos bombazos aislados eran triunfos de una vez; el imperio abordaba a sus ingenieros para que hicieran dentro de él su siguiente proyecto (por lo general la secuela del bombazo), y los ingenieros no se resistían al canto crujiente del dólar y a la posibilidad de trabajar con los más sofisticados medios de producción—.</p>
<p>No fue pues la oferta masiva lo que alertó a los herederos del sistema de estudios sino algo más anónimo y escurridizo, un enemigo contra el que emplear las armas económicas y publicitarias tradicionales era solo perder el tiempo y desesperarse. ¿Cómo combatir a alguien que no tiene rostro, que no tiene cuerpo, que no está ubicado en ningún lugar concreto porque se encuentra en todos a la vez? La eclosión de la piratería digital ha supuesto la única amenaza real para la industria cinematográfica en más de cien años de historia. Al lado de la piratería la crisis del 29 fue un parchís con alubias.</p>
<p><a href="/enfaserem/wp-content/uploads/sites/14/2015/05/hollywood-e1431774829466.jpg"><img loading="lazy" class="alignleft size-full wp-image-1028" title="hollywood" src="/enfaserem/wp-content/uploads/sites/14/2015/05/hollywood-e1431774829466.jpg" alt="" width="240" height="135" /></a>Dentro del imperio hubo quien pensó que el público se había vuelto loco: ¿cómo preferir ver una película en una pantalla de dos cuartas por una, con un sonido crisposo y colores sucios, a verla en una sala, por muy gratis que salga? Loco o no, el desagüe no dejaba de crecer y podría llegar a ser imparable: exigía medidas urgentes. Mientras, los piratas, cuya filantropía proveedora no impedía muchas veces que a la vez se llenaran los bolsillos a baldes llenos, proclamaban orgullosos que el Sistema estaba roto y el Imperio derrocado, y que gracias a ellos cualquiera tendría la oportunidad de consumir —<<acceder a>>— contenidos que, antes de su llegada, les habría resultado imposible. Lo cual esconde una mentira. Pues la voracidad insaciable del pirata no discrimina entre objetivos; el pirata se dirige tanto a las producciones de 120 millones como a aquellas cuyo único presupuesto es la ilusión que invierten sus creadores; de hecho, no es que al pirata le dé igual que el sistema se rompa o no: es que prefiere que no lo haga, pues son las películas producidas por los nietos de las <em>majors</em> las que más clientela les proporciona —y si es pirateo para consumo propio son las que con más ganas desean abordar—. Lo que consiguen los piratas no es cargarse el sistema de estudios sino la industria, que es muy diferente, esa industria que sostienen las películas de producción modesta y media, cuya presencia decrece en la misma proporción que crece el desencanto del cinéfilo genuino. Quien quiera hoy producir un largometraje sin la cobertura de una productora de peso solo le queda resignarse o renunciar. Y se suele resignar, y así, como una flor malva en mitad de la autopista, Greta Gerwig.</p>
<p><a href="/enfaserem/wp-content/uploads/sites/14/2015/05/greta-gerwig-e1431774888464.jpg"><img loading="lazy" class="alignleft size-full wp-image-1029" title="greta gerwig" src="/enfaserem/wp-content/uploads/sites/14/2015/05/greta-gerwig-e1431774888464.jpg" alt="" width="240" height="131" /></a>Si Garbo elegía los papeles con el cuidado de un coleccionista de mariposas, si cada uno de sus planos tenía que ser El Plano, cada réplica La Réplica y cada beso El Beso, Greta Gerwig se baña en luz natural, se atropella en diálogos balbuceados más que dichos y con quien cambia más besos es con su gato. Garbo era el instrumento mejor afinado en manos del guionista y del director; Gerwig tiene que hacer lo que la producción vaya demandando, escribir una escena la noche antes, maquillarse, cargar un foco… Esa naturalidad es la que muestra en pantalla y desmonta al espectador, que no sabe si esa chica tiene la técnica más depurada (la técnica más depurada es la técnica invisible) o no tiene ninguna en absoluto, como los niños.</p>
<p>O al menos en sus comienzos era así. Ahora su magnetismo —que es lo que la hermana con Garbo— ha llamado la atención de productoras grandes, y no es imposible que comience a alternar los proyectos marginales con títulos alimenticios. Gerwig ha tenido suerte. Hay muchas otras cuyos talentos se perderán para siempre, pues la ausencia de una industria real, de un futuro posible, les obligará a decir adiós a su sueño. Por entonces, si se mantiene la tolerancia culpable de los gobiernos, todavía habrá piratas faenando.</p>
<p style="text-align: right;">(<em>La sombra del ciprés</em>, 16/5/2015)</p>
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		<title>El tótem</title>
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		<pubDate>Thu, 30 Apr 2015 14:03:02 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Eduardo Roldán</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Sant Jordi supone la liebre de la fiebre primaveral por el libro. Desde Sant Jordi el libro se enarbola —con un fervor unánime e inédito: desde los poderes públicos hasta la prensa y la publicidad—  como una suerte de tótem, un objeto al que se atribuyen una serie de propiedades míticas, áureas, una suerte de [&#8230;]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><a href="/enfaserem/wp-content/uploads/sites/14/2015/04/libro.jpg"><img loading="lazy" class="alignleft size-full wp-image-1016" title="libro" src="/enfaserem/wp-content/uploads/sites/14/2015/04/libro.jpg" alt="" width="220" height="147" /></a>Sant Jordi supone la liebre de la fiebre primaveral por el libro. Desde Sant Jordi el libro se enarbola —con un fervor unánime e inédito: desde los poderes públicos hasta la prensa y la publicidad—  como una suerte de tótem, un objeto al que se atribuyen una serie de propiedades míticas, áureas, una suerte de referente ideal, simbólico y curativo. O sea justo lo que el libro no es, o lo que no debiera ser de entrada. Porque sí, un buen libro nos puede enseñar algo que no sabíamos, puede incluso hacernos vislumbrar la posibilidad de un mundo mejor y convertirse por ello en símbolo de ese mundo, y ciertamente puede tener propiedades que van más allá de las meras informativas y neurológicas, propiedades que nos curan en sentido más amplio, que nos limpian, pero todo esto —y más— viene después. Si es que viene. Entre tantos aderezos al final se nos olvida lo más importante: que los libros, para funcionar, han de seducir al lector. Lo que quiere decir que la lectura es un ejercicio de soledad, y de soledad silenciosa, un ejercicio íntimo que, como todo ejercicio íntimo, se practica mejor sin interferencias del exterior, por muy buena voluntad que tengan estas —o muy mala: también por esta época despierta el sector que enarbola el libro como prueba irrefutable de la agonía sin vuelta atrás de la cultura actual.</p>
<p>El libro es el más paciente de los objetos, y todas estas fiebres estacionales no le importan nada. El libro sabe que algún día alguien, por azar o necesidad o incluso aburrimiento, lo abrirá, y es entonces cuando ha de responder. Alguien: uno solo, pues la lectura es un vis a vis, una relación de a dos, y la chispa surge cuando surge. Tratar de forzarla muy rara vez funciona, y así lo único que el balance de todas las ferias y campañas de promoción de la lectura deja claro es que se compran infinitamente más libros de los que se leen. Pero cuando el ruido cese el libro seguirá esperando dispuesto.</p>
<p style="text-align: right;">(<em>El Norte de Castilla</em>, 30/4/2015)</p>
<p style="text-align: left;"><a title="@enfaserem" href="https://twitter.com/enfaserem" target="_blank" rel="external nofollow">@enfaserem</a></p>
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		<title>Objetos olvidados</title>
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		<pubDate>Fri, 31 Jan 2014 21:55:31 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Eduardo Roldán</dc:creator>
		                		<category><![CDATA[Actualidad]]></category>
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		<description><![CDATA[Dentaduras postizas. Bicicletas plegables. Teclados digitales. Una pierna ortopédica. Una tabla de surf. Una trituradora de papel. ¿Alguien da más? Sí. Un cuadro de Picasso. Y uno de Matisse. No, no se trata de la carta a los Reyes Magos de algún discípulo de Tristan Tzara sino una relación de objetos que el personal se [&#8230;]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><a href="/enfaserem/wp-content/uploads/sites/14/2014/01/objetos-perdidos-e1391205261214.jpg"><img loading="lazy" class="alignleft size-full wp-image-839" title="objetos perdidos" src="/enfaserem/wp-content/uploads/sites/14/2014/01/objetos-perdidos-e1391205261214.jpg" alt="" width="180" height="124" /></a>Dentaduras postizas. Bicicletas plegables. Teclados digitales. Una pierna ortopédica. Una tabla de surf. Una trituradora de papel. ¿Alguien da más? Sí. Un cuadro de <strong>Picasso</strong>. Y uno de <strong>Matisse</strong>. No, no se trata de la carta a los Reyes Magos de algún discípulo de <strong>Tristan Tzara </strong>sino una relación de objetos que el personal se ha ido dejando olvidado en el metro de Nueva York. Y el de Madrid no le anda a la zaga. Se ha llegado a encontrar un cheque por valor de 2 millones incrustado en la junta de una ventanilla. Insisto en que no se trata de sustracciones al amparo del vaivén apretado del vagón sino de olvidos. Desde luego, a cualquiera se nos puede escurrir un guante juguetón, olvidársenos incluso el móvil en el asiento o la mochila debajo del. Pero olvidarse la pierna ortopédica es ya un poco demasié. Y lo de la dentadura… ¿Es que se la sacan para cepillársela (con perdón) delante de todos?</p>
<p>Ha surgido así una suerte de museo subterráneo, dadaísta y mundial que une todas las líneas de metro de las grandes urbes. Me parece la metáfora más ilustrativa de la cultura del sobreconsumo en que vivimos. Tan ilustrativa que más que metáfora es ejemplo. ¿Quién puede dejarse un Picasso en el metro? El que tiene otros tantos colgando en el salón. ¿Quién un teclado digital? El que tiene un piano de cola. Aunque acaso tales olvidos no sean sino aparentes. <strong>Freud</strong> sostenía que los lapsus linguae en realidad no existen y que son manifestación de algún interés oculto, y así a lo mejor estos despistes muestren en realidad el deseo arraigado de desprendernos de unos objetos que en el fondo nos estorban y no nos aportan nada. El objeto nos crea una dependencia que confundimos con la necesidad, y creemos que no podremos vivir sin él, pero en el fondo lo que queremos es eso: abandonarlo y continuar el camino de la vida más ligeros de lastres superfluos. Lo que pasa es que luego Apple saca un nuevo iPhone y se nos olvida el olvido.</p>
<p style="text-align: right;">(<em>El Norte de Castilla</em>, 30/1/2014)</p>
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		<title>La caverna</title>
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		<pubDate>Thu, 20 Sep 2012 17:07:35 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Eduardo Roldán</dc:creator>
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			<content:encoded><![CDATA[<p><a href="/enfaserem/wp-content/uploads/sites/14/2012/09/oferta-e1348160789358.jpg"><img loading="lazy" class="alignleft size-full wp-image-587" title="oferta" src="/enfaserem/wp-content/uploads/sites/14/2012/09/oferta-e1348160789358.jpg" alt="" width="200" height="130" /></a>La realidad imita al arte, como viera tío <strong>Oscar</strong>, y la última, mastodóntica prueba la tenemos hoy en la ansiada apertura del mega/megacentro comercial Rio Shopping, que hace que la caverna descrita por <strong>Saramago</strong> en su magistral novela parezca el modesto empeño empresarial de un grupillo de tenderos. Casi ciento treinta tiendas ―con representación deslumbrante de las marcas más célebres―, casi veinte locales hosteleros, diez salas de cine… Una inversión global de 200 millones de euros que, aseguran, creará 2100 empleos entre inmediatos y derivados. Lo que no han calculado o no dicen es cuántos va a destruir, que previsiblemente alguno habrá, y ojalá no sea así. Varios minoristas de Valladolid han expresado su deseo de que haya una “competencia leal”, lo cual resulta tan cándido como imposible; también en el fútbol la competencia es formalmente leal, pero al final de temporada siempre terminan arriba los mismos. En cualquier caso hay que reconocer la genialidad capitalista de la idea, la inversión de la lógica natural por la que ahora es el objeto el que crea la necesidad y no la necesidad la que busca el objeto. Si a esto se le añade la no menos genial idea de aglutinar en un único espacio necesidad y ocio, la cuadratura del círculo económico está hecha. El ocio constituye hoy un componente tan básico de nuestra existencia diaria como la necesidad, y qué mejor manera de estrenar unas gafas nuevas que viendo la última de <strong>Brad Pitt</strong>. Así, estos centros comerciales han devenido catedrales del consumo, al trascender su función inicial de lugares de avituallamiento y convertirse en focos de ocupación vital. Es mucho más fácil empujar el carrito del niño por las baldosas enceradas de pasillos acristalados y cubiertos que por el asfalto accidentado del parque, y en el parque no pueden adquirirse ofertones 3 x 2. Hemos pasado de ser ciudadanos que consumen a consumidores que votan.</p>
<p style="text-align: right;">(<em>El Norte de Castilla</em>, 20/09/2012)</p>
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		<title>La fe impaciente</title>
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		<pubDate>Thu, 05 Apr 2012 11:31:35 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Eduardo Roldán</dc:creator>
		                		<category><![CDATA[Actualidad]]></category>
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		<description><![CDATA[¿Cómo mantener la fe en un mundo donde el misterio ha sido proscrito como un mal del que, aun sabiendo no se va a curar de ningún modo, es preferible no hablar de él que afrontarlo? Vivimos en el mundo de lo fugaz y lo fragmentario, pero esto no se debe solo a que los [&#8230;]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><a href="/enfaserem/wp-content/uploads/sites/14/2012/04/pensador-e1333625403150.jpg"><img loading="lazy" class="alignleft size-full wp-image-390" title="pensador" src="/enfaserem/wp-content/uploads/sites/14/2012/04/pensador-e1333625403150.jpg" alt="" width="128" height="175" /></a>¿Cómo mantener la fe en un mundo donde el misterio ha sido proscrito como un mal del que, aun sabiendo no se va a curar de ningún modo, es preferible no hablar de él que afrontarlo? Vivimos en el mundo de lo fugaz y lo fragmentario, pero esto no se debe solo a que los elementos que manejamos tengan un periodo de vida tan efímero como un parpadeo, sino que nuestra manera de utilizarlos no nos permite ahondar en su esencia, conocerlos; es nuestro uso el que les da esa vida efímera, no es que su vida lo sea. A diario nos vemos bombardeados —y el verbo comercial es gráficamente preciso: la bomba cae, estalla con un resplandor cegador e instantes después deja un vacío negro de confusión y silencio— con un racimo de novedades alimentarias, telefónicas, televisivas, tecnológicas, editoriales, musicales, informativas, a las que no les prestamos más atención que la que al ruido del camión de la basura cuando pasa por debajo de la ventana. Más que de usar y tirar habría que hablar de usar y olvidar, si es que se puede considerar <<usar>> este ejercicio de picoteo indiscriminado y bulímico. Incluso las materias que por su propia naturaleza necesitan de un tratamiento pausado y paciente, sin el cual no pueden expresarse ni por tanto recibirse —no pueden ser—, se han visto arrastradas por este proceso y obligadas en muchos casos a metamorfosearse en pálidos sucedáneos de lo que son. La psicología se ha reducido a manuales de autoayuda para terminales de aeropuerto, de los que solo se leen la última página, donde aparecen los diez principios a seguir para <<alcanzar el objetivo>> propuesto.</p>
<p>Y también Dios es hoy un artículo de consumo, que se vende por piezas y a la carta en la televisión por cable, un dios diseñado por cada telespectador según sus preferencias. ¿Dónde queda pues la trascendencia, la creencia en el misterio de lo que no podemos ver, ni oír ni deglutir? Tenemos cuatro días de pausa para pensarlo.</p>
<p style="text-align: right;">(<em>El Norte de Castilla</em>, 5/4/2012)</p>
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		<title>Viernes negro</title>
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		<pubDate>Thu, 01 Dec 2011 09:56:46 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Eduardo Roldán</dc:creator>
		                		<category><![CDATA[Actualidad]]></category>
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			<content:encoded><![CDATA[<p>El Día de Acción de Gracias trae anualmente en América otra festividad no menos patriótica y emotiva, el Viernes Negro, algo así como la versión consumista y posindustrial de la peste bubónica medieval; los comerciantes abaratan sus precios hasta niveles irrestibles y la peña, efectivamente, no se resiste. (Los comerciantes siguen, no obstante, haciendo caja, lo que da una idea de cuál es la plusvalía habitual de los productos que ofertan.) A los acostumbrados hurtos, tirones y codazos, este año se ha añadido una innovadora y mucho más radical estrategia de acción: el uso, por parte de una compradora en Los Ángeles, de un espray de pipimienta &#8211; ¿negra, como el propio viernes? No ha trascendido. – sobre los potenciales competidores por hacerse con una consola de videojuegos; resultado: al menos veinte heridos, niños incluidos. La agresora sigue sin ser identificada.</p>
<p><img loading="lazy" class="alignleft" src="//upload.wikimedia.org/wikipedia/commons/thumb/5/57/Black-friday-walmart-bfcom.jpg/225px-Black-friday-walmart-bfcom.jpg" alt="" width="225" height="197" />Cuando lo hagan, a esta mujer habría que ponerle un monumento, por pionera. Por si alguien dudaba de su hegemonía en la vanguardia económica en favor de chinos o japoneses, EEUU ha vuelto a demostrar que sigue marcando tendencias, y obtenido un nuevo matiz del concepto <<capitalismo salvaje>>. El salvajismo no está solo del lado de quienes pretenden enriquecerse a cualquier precio – la tópica expresión resulta ajustadísima en este caso -, sino también de quienes adquirimos los productos, que lo queremos todo y todo ya. Aquel delirante gag de <strong>Martes y Trece</strong> en el que una turba de marujas enfebrecidas arrasaba unos grandes almacenes el día de apertura de rebajas ha sido ampliamente superado por la realidad más inmediata. Ante el previsible lastre que para su desarrollo supondrá la titubeante economía europea, <strong>Obama</strong> se acaba de comprometer a colaborar por fortalecerla; toda ayuda material será bienvenida, pero lo más importante es que nos insufle ese espíritu emprendedor y optimista que la mujer del espray encarna, y que se puede resumir en: gastar es un deber moral.</p>
<p style="text-align: right;">(<em>El Norte de Castilla</em>, 1/12/2011)</p>
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