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	<title>ENFASEREMdrogas &#8211; ENFASEREM</title>
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	<description>bloc digital de Eduardo Roldán - actualidad, libros, cine y otros placeres y días</description>
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		<title>Muertos prematuros</title>
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		<pubDate>Mon, 08 Apr 2024 09:25:37 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Eduardo Roldán</dc:creator>
		                		<category><![CDATA[Actualidad]]></category>
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		<description><![CDATA[Aunque puede sostenerse que toda muerte es prematura en un sentido existencial —incluso la de un centenario—, las vidas que truncan la realización de una o varias promesas factibles son más prematuras que otras. En arte esto se siente de manera especial —¿qué habría alumbrado Mozart si no hubiera muerto a los 35 años, qué [&#8230;]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Aunque puede sostenerse que toda muerte es prematura en un sentido existencial —incluso la de un centenario—, las vidas que truncan la realización de una o varias promesas factibles son más prematuras que otras. En arte esto se siente de manera especial —¿qué habría alumbrado <strong>Mozart</strong> si no hubiera muerto a los 35 años, qué <strong>Jimi Hendrix</strong> si no a los 27?—, y en jazz, quizá incluso más que en el rock, el número de muertos prematuros es tal que casi se tiene la tentación sombría de pensar que el morirse temprano va con el oficio, una circunstancia que puede o no tocarte, como te puede tocar el dar con un mánager honesto o con un ventajista, con un bajista zurdo o diestro. <strong>Charlie Parker </strong>y <strong>Billie Holiday </strong>representan, por la excelencia de su arte, el epítome de los prematuros, pero la nómina de estos incluye nombres tan seminales como los de <strong>Lee Morgan </strong>—asesinado—, <strong>Eric Dolphy </strong>—una diabetes no diagnosticada— o <strong>John Coltrane</strong>. Coltrane podría desde luego incluirse en la cima Parker/Holiday, y si no lo hacemos es porque las muertes prematuras en jazz están atravesadas, en muchos de los casos, por las arenas movedizas de la droga (al genio místico del saxofón también le succionaron durante un tiempo, pero él pudo escapar).</p>
<p><a href="https://static-blogs.elnortedecastilla.es/wp-content/uploads/sites/14/2024/04/sonny-clark-e1712568110990.jpg"><img loading="lazy" class="alignleft size-full wp-image-2444" src="https://static-blogs.elnortedecastilla.es/wp-content/uploads/sites/14/2024/04/sonny-clark-e1712568110990.jpg" alt="" width="301" height="301" /></a>El (ab)uso de la droga llegó a cotas de casi —o quizá sin casi— epidemia en los cuarenta, con el auge del bebop; no había la información que hay ahora, y la droga era con frecuencia vista como la vía para la revolución musical: si Parker se drogaba y tocaba así, había que drogarse para tocar como Parker; luego, cuando el músico se daba cuenta de que la droga no ayudaba, de que Parker tocaba como tocaba no gracias a sino a pesar de la heroína, ya era casi siempre tarde, y entonces la muerte prematura por sobredosis o problemas de salud derivados del consumo. <strong>‘Fats’ Navarro</strong>, <strong>Sonny Clark</strong>, <strong>Paul Chambers</strong>, <strong>Richard Twardzik</strong>&#8230; son nombres cuyos logros llevan en no pocas ocasiones al aficionado a preguntarse, como con Hendrix o Mozart, qué habrían podido alcanzar si no hubieran tentado los paraísos artificiales de las sustancias ilícitas.</p>
<p>Pero la droga no es solo una epidemia de los 40/50; todavía en la década de los noventa se dieron ejemplos, y en sus recientes memorias <strong>Brad Mehldau</strong> —el ejemplo más señero— se pregunta por qué varios de sus amigos no músicos murieron por sobredosis y él no, cuando llegó a perder el conocimiento más de una y más de dos veces (y estando solo); pese a conocerse en toda su crudeza los efectos de la droga, todavía se seguía consumiendo, en algunos casos para aliviar el estrés de la vida en la carretera y por conseguir contratos en los clubes, en otros como recreación ocasional (hasta que dejaba de serlo).</p>
<p><a href="https://static-blogs.elnortedecastilla.es/wp-content/uploads/sites/14/2024/04/kenny-kirkland-e1712568196411.jpg"><img loading="lazy" class="alignleft size-full wp-image-2445" src="https://static-blogs.elnortedecastilla.es/wp-content/uploads/sites/14/2024/04/kenny-kirkland-e1712568196411.jpg" alt="" width="301" height="302" /></a>Un último ejemplo que sintetiza lo expuesto hasta ahora, muerto en 1998 a los 43 años, y que quizá no venga tan de súbito a la mente pero que es de justicia mencionar, es el del pianista <strong>Kenny Kirkland</strong>. Kirkland ha quedado como acompañante (solo tiene un disco a su nombre), pero acompañante de tales músicos —no solo de jazz: <strong>Sting</strong>, <strong>Joni Mitchell</strong>, <strong>Youssou N’Dour</strong>&#8230;— que basta un rápido repaso para darse cuenta de que hay ahí un maestro y no un advenedizo por cuajar. En jazz, sus dos mayores valedores fueron <strong>Wynton</strong> y sobre todo <strong>Branford Marsalis</strong>, junto a quien participó en ocho discos, entre ellos el que ahora cumple veinticinco años desde su publicación, <em>Requiem</em>, última grabación de Kirkland antes de morir, trabajo memorable y una puerta única a lo que su pianismo podría haber deparado.</p>
<p><em>Requiem</em> puede no ser la más pulida grabación que el oyente encuentre; de título dado por Marsalis tras conocer de la muerte de su colega y amigo, compila los temas según fueron registrados meses antes de lo que iba a ser su versión definitiva, tras haberlos trabajado en los escenarios de distintas giras. Pero es justamente esta falta de acabamiento una de sus cualidades mayores, la música tiene una franqueza y un regocijo —pese a la melancolía que impregna temas como <em>A Thousand Autumns</em>— de altísima intensidad, y el conjunto es una de las más satisfactorias muestras que pueden encontrarse de jazz en formación clásica de cuarteto (saxofón más sección rítmica) en toda la década de los noventa y aun de otras.</p>
<p>Aun lo dicho hasta ahora, no debería olvidarse en cualquier caso que si bien las adicciones han cercernado o acortado las vidas de tantos jazzistas de mérito, lo que no cabe sino lamentar, en todo caso lograron dejar un legado siempre vivo, capaz de procurar nuevas sensaciones en cada escucha.</p>
<p style="text-align: right;">(<em>La sombra del ciprés</em>, 6/4/2024)</p>
<p>@enfaserem</p>
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		<title>Solsticio alcohólico</title>
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		<pubDate>Thu, 21 Jun 2012 15:23:11 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Eduardo Roldán</dc:creator>
		                		<category><![CDATA[Actualidad]]></category>
		<category><![CDATA[Columnas opinión]]></category>
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		<description><![CDATA[La noche invita al paseo solitario, la noche invita al silencio y la reflexión, la noche invita incluso al sueño. Pero también con la noche caen las máscaras diurnas de las costumbres y las rutinas, aflora el otro, el yo nocturno que no quiere tener memoria ni deseo, no acordarse del día pasado ni pensar [&#8230;]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><a href="/enfaserem/wp-content/uploads/sites/14/2012/06/alcohol-e1340292007557.jpg"><img loading="lazy" class="alignleft size-full wp-image-487" title="alcohol" src="/enfaserem/wp-content/uploads/sites/14/2012/06/alcohol-e1340292007557.jpg" alt="" width="220" height="146" /></a>La noche invita al paseo solitario, la noche invita al silencio y la reflexión, la noche invita incluso al sueño. Pero también con la noche caen las máscaras diurnas de las costumbres y las rutinas, aflora el otro, el yo nocturno que no quiere tener memoria ni deseo, no acordarse del día pasado ni pensar en el que viene, y solo estar, ser, en el momento, en el presente de la noche que quisiera eterna. Y para alcanzar ese estado ayuda rodearse de almas afines, ayudan esos catalizadores del olvido que son las drogas y la música. Llegar a una entente entre los ejércitos de Morfeo y los ejércitos de Baco es un problema cuya resolución resulta más complicada que hallar un telepredicador libre de fanatismo. Problema general de cada fin de semana, alcanza su éxtasis en la noche de San Juan, que quizá por ser la más corta del año parece concentrar y liberar de golpe todo el ansia acumulada del invierno, y así <strong>León de la Riva</strong> —tampoco se le puede culpar de pesimismo— ya ha advertido resignadamente que <<más de un coma etílico va a haber>>. Si la concordia entre ejércitos es imposible, y no se quiere privar a ninguno de sus derechos respectivos al sueño o a la juerga, entonces la única salida sería la separación taxativa de cuarteles, o sea habilitar un espacio fuera de la ciudad para la juerga. Pero tal solución es inviable —dónde, y qué dirían los hosteleros urbanos—, así que solo queda esperar que los soldados de Baco se comporten. Igual que defiende el derecho a la diversión, uno defiende el derecho inalienable al suicidio en cualquiera de sus formas, allá cada cual; pero lo mínimo que cabe pedir es la delicadeza de no meter ruido ni salpicar, sangre o vómito, que la calle también es de los que se quedan en casa. Al final, como casi siempre, la apuesta recae en el individuo, y la libertad sin responsabilidad es como jugar con cartas marcadas: al resto de la mesa no le hace gracia, y más vale que no te pillen.</p>
<p style="text-align: right;">(<em>El Norte de Castilla</em>, 21/6/2012)</p>
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		<title>Los Andes, capital Tudela</title>
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		<pubDate>Wed, 14 Nov 2007 10:36:59 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Eduardo Roldán</dc:creator>
		                		<category><![CDATA[Columnas opinión]]></category>
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		<description><![CDATA[O La Coruña, o Tarragona, o Algeciras o Nápoles o Rotterdam. O cualquiera de las fosas nasales en forma de puerto por las que la Península y Europa se abastecen de la mercancía más codiciada en lavabos de afters y fiestas privadas, en espejos de mano donde no mirarse, donde buscarse no en el reflejo [&#8230;]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>O La Coruña, o Tarragona, o Algeciras o Nápoles o Rotterdam. O cualquiera de las fosas nasales en forma de puerto por las que la Península y Europa se abastecen de la mercancía más codiciada en lavabos de <em>afters</em> y fiestas privadas, en espejos de mano donde no mirarse, donde buscarse no en el reflejo del cristal sino en el subidón del polvo blanco. La pasada semana el titular cayó en Tudela, sí, pero igual podía haber caído en cualquiera de las localidades mencionadas o en otras. Los 55 kilos de coca incautados pueden sonar rotundos tras la primera, ávida lectura; pero representan sólo la cima de un iceberg mucho más profundo y en nada anecdótico.</p>
<p><img loading="lazy" class="alignleft" src="//profile.ak.fbcdn.net/hprofile-ak-snc4/276450_226045654106818_2472514_n.jpg" alt="" width="180" height="135" />Estos 55 kilos blancos no eran sino acciones en polvo por valor de más de 7 millones de euros en el mercado de esquinas y bares, según la tasación policial. El dinero no conoce de fronteras y sus disfraces aun menos, y la subterránea y mundial situación presente tiene su origen ahí, como tantas cosas. Dicho de otro modo, los mayores defensores de la legislación actual son los propios traficantes, que ven cómo sus cuentas corrientes no dejan de engordar, igual que son los nacionalistas más acérrimos quienes desean que las cosas sigan como están &#8211; según denuncia <strong>Félix de Azúa</strong> en su último artículo -, pues en una hipotética independencia no podrían disfrutar ni de lejos de los privilegios que hoy poseen.</p>
<p>Poco ha cambiado el cuadro en casi cien años. <strong>Al Capone</strong> cimentó su fortuna moviendo camiones de ginebra y whisky de Las Vegas a Chicago, bendita Ley Seca, y en esas seguimos; no sólo el modus operandi y las estructuras organizativas siguen en esencia iguales, también la casi nula eficacia de la ley permanece similar. Como en los felices 20, en que cualquiera podía destilar licor casero en la bañera de su madre (y así salía, que muchos se quedaban en el sitio tras el primer trago), hoy los paraísos artificiales siguen al alcance de todo aquél con algo de suelto en el bolsillo. Y tal vez se deba empezar por ahí, por el último eslabón de la cadena, que es a la vez el motor de todo el tinglado.</p>
<p>Si droga siempre va haber, si siempre va a haber demanda, y mientras la legislación vigente se mantenga va a seguir habiendo mafias proveedoras – estas tres premisas nadie las niega -, ¿por qué ningún gobierno se plantea seriamente un cambio de enfoque? Demos por supuesto que no existen intereses solapados. Entonces se concluye que el motivo único ha de ser el miedo a la reacción de los propios ciudadanos, que se darían al vicio sin recato. Pero la tutela estatal, también la sanitaria, debería configurarse a partir del núcleo irreductible de la libertad de los sujetos a su cargo. Libertad que incluye el derecho a hacerse daño a uno mismo siempre que se circunscriba a ese ámbito estricto, al de uno solo (en este sentido, preferiría tener un vecino adicto y silencioso que un vecino voceón, como de hecho tengo). El derecho a la vida, como cualquier otro, nos guste o no, conlleva ínsito la posibilidad de no ejercerlo, bien de golpe – suicidio -, bien poco a poco, metódica, dosificadamente.</p>
<p>Tampoco queda claro ese supuesto estallido de nuevas adicciones si se adoptase otra vía distinta de la exclusivamente policial. Al principio casi seguro se incrementarían las pruebas y los enganches, pero una vez pasada la etapa inicial el consumo poslegalización tendería casi con seguridad a estabilizarse en los niveles de hoy. Sólo que sin mafias de oro ni otra miseria que la personal de la adicción de cada uno.</p>
<p style="text-align: right;">(<em>El Norte de Castilla</em>, noviembre de 2007)</p>
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