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	<title>ENFASEREMexilio &#8211; ENFASEREM</title>
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	<description>bloc digital de Eduardo Roldán - actualidad, libros, cine y otros placeres y días</description>
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		<title>Sándor Márai, con el siglo</title>
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		<pubDate>Mon, 25 Nov 2013 20:30:19 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Eduardo Roldán</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Sándor Márai nace y muere con el siglo. El siglo XX comienza con la guerra del 14 y concluye con la caída del Muro de Berlín. Márai nace en el 1900 —es decir que al nacer el siglo él tiene ya edad como para darse cuenta de que algo muy grave está ocurriendo, e interesarse [&#8230;]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><strong>Sándor Márai</strong> nace y muere con el siglo. El siglo XX comienza con la guerra del 14 y concluye con la caída del Muro de Berlín. Márai nace en el 1900 —es decir que al nacer el siglo él tiene ya edad como para darse cuenta de que algo muy grave está ocurriendo, e interesarse por ello— y se suicida, aquejado por la pérdida irreversible del amor, meses antes de que el Muro se derrumbe y Europa, siquiera formalmente, deshaga la oposición, económica pero ante todo psicológica, entre los bloques Este/Oeste —suicidio que es otra prueba más de que el latido del mundo resulta indiferente cuando el latido propio ha dejado de sentirse—. Pertenece pues Sándor Márai a esa estirpe de autores de Centroeuropa y Europa del Este con los que la tradición cultural y filosófica occidental, con el advenimiento y desastre de la Segunda Guerra, pasaría a establecerse, en parte debido al exilio forzoso de muchos de ellos, en Estados Unidos. Es la estirpe de los <strong>Thomas Mann</strong>, <strong>Stefan Zweig</strong>, <strong>Stranvinsky</strong>, su compatriota <strong>Béla Bartók</strong>, <strong>Arnold Schoenberg</strong> y sobre todo <strong>Vladimir Nabokov</strong>, con quien comparte afinidades que hacen de los dos una suerte extraña de hermanos desconocidos. Incluso se parecen físicamente.</p>
<p><a href="/enfaserem/wp-content/uploads/sites/14/2013/11/sándor-márai-e1385410907501.jpg"><img loading="lazy" class="alignleft size-full wp-image-807" title="sándor-márai" src="/enfaserem/wp-content/uploads/sites/14/2013/11/sándor-márai-e1385410907501.jpg" alt="" width="180" height="95" /></a>El origen social y la condición de nómada son los dos factores inseparables y complementarios que determinan el pensamiento, la obra y la actitud vital/moral de Sándor Márai. Burgués desde la cuna, para SM la burguesía es mucho más que un accidente de clase. Un poco paradójicamente, afirma que <<la burguesía fue el mejor fenómeno humano que produjo la cultura occidental moderna, pues fue la burguesía quien creó la cultura occidental moderna>>. Márai pues, a diferencia de tantos, no solo acepta o se resigna a su condición de burgués sino que la defiende. ¿Y en qué consiste esa cualidad específica del burgués? El ser burgués según lo entiende el escritor húngaro nada tiene que ver con no querer mancharse los guantes blancos al comer el hojaldre o al dar la propina al pobre de iglesia. Es algo mucho más radical: la conciencia de la singularidad del hombre —y, a mayores, del escritor—. Nabokov adquiere la misma conciencia por la vía de la aristocracia. Conciencia que no deja nunca de ser crítica —la conciencia no crítica es una contradicción en términos: ceguera—, que no entiende de privilegios adquiridos y denuncia la estupidez de los supuestamente suyos: <<En aquel mundo de burgueses y prosperidad … nadie reparaba en que la pobreza era un problema mucho más grave de lo que podía parecer a simple vista y no se podía resolver por la vía de la caridad.>> Y es que la conciencia nunca puede ser de clase, como tampoco la memoria puede ser <<histórica>>. Conciencia y memoria son atributos individuales y estancos; se pueden compartir solo en el sentido de dar a conocer los propios, pero no en el de ejercitarlos comunalmente.</p>
<p>El segundo y determinante factor fue la condición de nómada. El exilio obligó a SM a tomar quizá la decisión más crucial de su vida: abrazar las lenguas alemana o inglesa o permanecer fiel a su húngara natal. Elige lo segundo, a diferencia de Nabokov y tantos otros, y ello supone un primer suicidio previo al biológico: un suicidio social y minucioso, que progresivamente le hace perder más y más lectores (Sándor Márai no fue un autor sorteado por la fama en vida. Durante el periodo de entreguerras hubo pocos más populares y con mayor presencia en diversos ámbitos, desde la poesía al teatro al —también— periodismo). Pierde lectores pero no pierde voz literaria. Escribir en otra lengua habría sido armar y perpetuar una impostura, que acaso el lector no notase pero que sin duda hubiera notado él. La lengua húngara es así la patria que lo acompaña en el viaje forzado, el trozo portátil de Hungría que se lleva en la valija y en la pluma, sin ocupar espacio. Renunciar al húngaro hubiera sido como renunciar a la memoria, y es esta el gran agente creador de la obra novelística de SM —la que a fin de cuentas más parece interesar en su revival póstumo—. De las vías abiertas por los grandes renovadores del género que trajo el siglo, Marái se abstiene de explorar el lenguaje por el lenguaje, de retorcerlo por el mero placer de ver hasta dónde puede retorcerse sin llegar a la quiebra; sin embargo, e igual que <strong>Proust</strong>, no se conforma con poner el espejo al lado de la vida y contar lo que pasa por el espejo: admite y favorece las interrupciones en la narración para el río de la reflexión interior —que por otro lado también es narración—, y funda las peripecias de sus protagonistas en la memoria. Y esta memoria era una memoria húngara, una memoria en lengua húngara.</p>
<p>Podemos incorporar un tercer factor, complementario, al origen social y al nomadismo, que es la conciencia perpetua de la muerte, agudizada según pasan los años y que atraviesa el conjunto de su obra memorial y novelística. Recomendaría no ceñirse a la segunda. Ambas se enriquecen mutuamente, y el placer adictivo de la lectura se ve multiplicado.</p>
<p style="text-align: right;">(<em>La sombra del ciprés</em>, 23/11/2013)</p>
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		<title>Fuga de cerebros</title>
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		<pubDate>Thu, 27 Dec 2012 10:05:51 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Eduardo Roldán</dc:creator>
		                		<category><![CDATA[Actualidad]]></category>
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		<description><![CDATA[No hablamos aquí de una comedia sin gracia y con una recaudación desproporcionada. Ojalá. Hablamos de una tragedia que día a día se cobra nuevas víctimas de la impotencia y el exilio. Víctimas en su mayoría jóvenes, a las que acusan sin motivos de no recaudar lo suficiente. Ya vemos cómo funciona el asunto: importamos [&#8230;]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><a href="/enfaserem/wp-content/uploads/sites/14/2012/12/RyC1-e1356602714818.jpg"><img loading="lazy" class="alignleft size-full wp-image-657" title="RyC1" src="/enfaserem/wp-content/uploads/sites/14/2012/12/RyC1-e1356602714818.jpg" alt="" width="200" height="145" /></a>No hablamos aquí de una comedia sin gracia y con una recaudación desproporcionada. Ojalá. Hablamos de una tragedia que día a día se cobra nuevas víctimas de la impotencia y el exilio. Víctimas en su mayoría jóvenes, a las que acusan sin motivos de no recaudar lo suficiente. Ya vemos cómo funciona el asunto: importamos las ideas más zafias del cine americano y dejamos que se nos escapen quienes mejores ideas tienen en el ámbito de la Ciencia. Entre otros lugares, a Estados Unidos. Resultaría irónico si no fuera tan triste. <strong>Larra</strong> dijo aquello de que escribir en España es llorar y <strong>Ramón y Cajal</strong> barrió para su campo la frase de don Mariano José y dijo que también investigar era llorar. Las cosas no han cambiado en dos siglos, si acaso para peor; escribir e investigar siguen siendo llorar en lo económico y ahora también en lo social. Ya hemos asesinado minuciosamente las Humanidades de los planes de estudio y ahora estamos asesinando la investigación de los planes de financiación pública. La labor del escritor y la del investigador se semejan en que son labores de tanteo y retracto, de ensayo y error y de final lejano. En puridad, ni una obra ni una investigación se terminan nunca: se abandonan por otra. Y este martirologio incierto que supone la vocación al político no le cabe en la cabeza. El político español no ha entendido nunca que el capital humano es también capital económico; los políticos padecen la enfermedad de la urgencia, la necesidad del rédito instantáneo, y para ellos un señor que se pasa ocho o diez horas al día encerrado en un laboratorio o delante de un teclado es un gasto vacío que hay que recortar como se recorta un tumor pillado a tiempo.</p>
<p>Por desgracia la tragedia no ha terminado; están sembrando nuestra propia defunción intelectual y tecnológica, y en unos años, como con el ladrillo hoy, nos preguntaremos cómo lo permitimos, buscaremos responsables sin encontrar ninguno y los que estén volverán a mirar para otro lado.</p>
<p style="text-align: right;">(<em>El Norte de Castilla</em>, 27/12/2012)</p>
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