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	<title>ENFASEREMhay festival segovia &#8211; ENFASEREM</title>
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	<description>bloc digital de Eduardo Roldán - actualidad, libros, cine y otros placeres y días</description>
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		<title>La voz de Robinson</title>
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		<pubDate>Sat, 21 Sep 2013 21:42:04 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Eduardo Roldán</dc:creator>
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		<description><![CDATA[No necesitó el lector atento más que una novela ―Beatus ille, 1986― para darse cuenta de que se encontraba ante un autor que respiraba a su propio aire, con una propuesta narrativa que se separaba de las tendecias mayoritarias del momento ―garcíamarquismo, minimalismo airado― con tanta discreción como voluntad. Aquella primera novela y la compilación [&#8230;]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>No necesitó el lector atento más que una novela ―<em>Beatus ille</em>, 1986― para darse cuenta de que se encontraba ante un autor que respiraba a su propio aire, con una propuesta narrativa que se separaba de las tendecias mayoritarias del momento ―garcíamarquismo, minimalismo airado― con tanta discreción como voluntad. Aquella primera novela y la compilación de artículos que la precedieron mostraban ya en gran medida los rasgos que iban a informar la obra de <strong>Muñoz Molina</strong>, cuyo impulso básico es una aproximación moral al hecho literario en el sentido más inmediato, material, de la escritura como objeto del acto de escribir, y en el mediato de la escritura como herramienta para la exploración de la realidad. Impulso doble que en el fondo es uno, o al menos debe ser uno; el texto por el texto se termina agotando, estéril, en sí mismo, y la exploración de la realidad por la escritura sin prestar atención al hecho de escribir supone una contradicción que da como resultado unos frutos pobrísimos, planos, evidentes, que podrían haberse obtenido igual con un vistazo superficial de entrada y así al menos ahorrado tiempo. No es accidental que en la obra de Muñoz Molina la idea de isla, ya desde la compilación aludida, sea una presencia constante; la realidad es esa isla y el escritor el náufrago que con curiosidad y cuidado la explora, pese a saber que el misterio de la isla no terminará nunca de revelársele del todo, lo cual no ha de ser óbice sino acicate para recorrerla.</p>
<p><a href="/enfaserem/wp-content/uploads/sites/14/2013/09/antoniomunozmolina-e1379799672481.jpg"><img loading="lazy" class="alignleft size-full wp-image-769" title="antoniomunozmolina" src="/enfaserem/wp-content/uploads/sites/14/2013/09/antoniomunozmolina-e1379799672481.jpg" alt="" width="200" height="122" /></a>La realidad por tanto como isla inagotable, solo que algunos escritores prefieren acotarse a un área restringida, confortable de la isla e ignorar otros territorios o limitarse a tolerarlos con desdén educado, sea el territorio político, sea el científico, sea el de las otras ramas del arte.  El impulso moral que mueve a Muñoz Molina le lleva en cambio a internarse en ellos, también en los que tradicionalmente se han considerado menores, como la fotografía o el jazz, con la curiosidad y la modestia del explorador que sabe que la mayor recompensa de la búsqueda está en la búsqueda misma. Es incluso ―hecho casi inédito en el intelectual patrio― capaz sencillamente de admitir sus ignorancias, aunque las ignorancias de MM sean escasas y cada vez menores. (Ejemplo último de esta curiosidad autónoma y sin linderos es el diálogo que mantendrá en el Hay Festival sobre <strong>Wagner</strong> y <strong>Verdi</strong> y que lleva por título <em>Traducir la música</em>. Inicialmente podemos pensar que si hay una materia intraducible, y en la que el intento de traducirla resulte más inútil, es la música; pero eso: inicialmente. Quién sabe lo que la exploración puede deparar.)</p>
<p>En lo que se refiere a la herramienta con la que explorar la isla, si hay algo por lo que se preocupe Muñoz Molina es por no dejar de afinarla. Dentro inevitablemente de su registro ―al fin y al cabo, cada cual tiene un timbre particular, desde <strong>Mozart</strong> a <strong>Faulkner</strong>―, la voz de MM no ha cedido a la tentación de abandonarse al solipsismo y sigue buscando las maneras más eficaces de comunicar las visiones parciales que de la isla se va formando. Y es que el estilo del escritor no es una cuestión de redactar más o menos pulcramente o de escribir “bonito” (aunque a saber qué significa eso), sino de plasmar lo que se quiere decir de la manera que considere más eficaz, sin concesiones, desde la certidumbre de que siempre se puede expresar de otra y de que su manera no sintonizará con algunos lectores, si es que lo llegan a leer. Es en esa voluntad de estilo donde se cifra la cualidad moral de la escritura, que Muñoz Molina, más allá de que el contenido sobre lo que esté escribiendo sea la denuncia de un exceso terrorista en Cisjordania o una fantasía humorista y borgiana sobre dos señores que se topan en la terminal de un aeropuerto, encarna hoy como muy pocos autores, en una obra forjada paso a paso, línea a línea, sin estridencias, casi en sordina, pero de una autoridad incontestable.</p>
<p style="text-align: right;">(<em>La sombra del ciprés</em>, 21/9/2013)</p>
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		<title>Arianna Huffington o la revolución en curso</title>
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		<pubDate>Sat, 22 Sep 2012 11:10:37 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Eduardo Roldán</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Descendiente de una de esas estirpes de emigrantes griegos cuya voluntad espartana, como nos enseñó Elia Kazan, ayudó en gran medida a construir la América que hoy conocemos, Arianna Huffington (nacida Stassinopoulos) es una de las mayores responsables y más destacadas protagonistas de la revolución periodística digital. La cabecera que lleva su nombre, lanzada al [&#8230;]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><a href="/enfaserem/wp-content/uploads/sites/14/2012/09/arianna-e1348311904691.jpg"><img loading="lazy" class="alignleft size-full wp-image-590" title="arianna" src="/enfaserem/wp-content/uploads/sites/14/2012/09/arianna-e1348311904691.jpg" alt="" width="200" height="120" /></a>Descendiente de una de esas estirpes de emigrantes griegos cuya voluntad espartana, como nos enseñó <strong>Elia Kazan</strong>, ayudó en gran medida a construir la América que hoy conocemos, <strong>Arianna Huffington</strong><strong> </strong>(nacida <strong>Stassinopoulos</strong>) es una de las mayores responsables y más destacadas protagonistas de la revolución periodística digital. La cabecera que lleva su nombre, lanzada al interminablemente creciente océano de internet en mayo de 2005, se ha hecho merecedora en apenas siete años del Premio Pulitzer, siendo el primer medio nacido de la Red en obtenerlo, logro que justifica más que sobradamente la presencia de Huffington en el Hay Festival de Segovia, donde debatirá a dos con <strong>Juan Luis Cebrián</strong> sobre <<Periodismo y Política>>.</p>
<p>De biógrafa de mitos a gurú de los medios de comunicación de masas, el camino ideológico recorrido por Arianna Huffington ha sido el de una polemista incansable con distintos trajes ―ensayista, comentarista político, conferenciante, mujer de―, camino que presenta el muy infrecuente hecho de haber ido virando hacia la izquierda una vez sobrepasado su ecuador. Si lo habitual en el hombre es que según envejece se vaya volviendo más conservador ―lo cual es incluso biológicamente lógico: según ve que la muerte se acerca, con más angustia se aferra a lo que le queda―, AH, sin que sus posiciones políticas hoy se sitúen precisamente en el sector más radical del ala izquierda, se distancian desde luego de las que mantuvo en sus comienzos. AH ha pasado de considerar el movimiento feminista de los setenta como los delirios de una pandilla de histéricas a presidir/dirigir una plataforma que los republicanos temen como a una plaga bíblico-digital que no deja de expandirse (la versión española de la plaga ha llegado este verano). La caída del caballo ideológico ultraconservador de AH tuvo lugar a finales de los 90, y la llevó incluso a probarse el traje de candidato, pero tras su fallido intento por pasarse al otro lado, se dio cuenta de que resultaba más útil como periodista, con todas las ramificaciones/connotaciones que a un nivel de tal influencia tiene el término, que como actor de la cosa pública. (Cierto que no hay canto de sirena más sugestivo que el del Poder, y acaso en un futuro no muy lejano vuelva a emprender la carrera electoral.) Este viraje ideológico ―ya digo que dentro de los parámetros americanos, o sea un viraje relativo― es en cualquier caso motivo de aplauso, porque el estatismo recalcitrante suele ser síntoma de anquilosamiento mental y porque ha dado como fruto un periódico digital cuya lectura no da vergüenza.</p>
<p><a href="/enfaserem/wp-content/uploads/sites/14/2012/09/Huffington-Post-e1348311945635.jpg"><img loading="lazy" class="alignleft  wp-image-591" title="Huffington-Post" src="/enfaserem/wp-content/uploads/sites/14/2012/09/Huffington-Post.jpg" alt="" width="180" height="180" srcset="https://static-blogs.elnortedecastilla.es/wp-content/uploads/sites/14/2012/09/Huffington-Post.jpg 300w, https://static-blogs.elnortedecastilla.es/wp-content/uploads/sites/14/2012/09/Huffington-Post-150x150.jpg 150w" sizes="(max-width: 180px) 100vw, 180px" /></a>La pregunta por tanto es: ¿qué tiene <em>The Huffington Post</em> que no tengan los demás? ¿Por qué él el Pulitzer y el prestigio (ese otro Pulitzer, más verdadero) y no otros tantos? Las razones son fundamentalmente dos: que respeta el medio y que respeta el oficio. Razones que cualquier neófito daría por supuestas en un periódico digital, pero que no lo son en absoluto. THP ha sido el único, o en cualquier caso el primero y mejor, que ha conseguido el abrazo del medio y el oficio. Por un lado, se vale de las herramientas que proporciona internet  ―artículos sin los límites de espacio de la página impresa, atractivos contenidos audiovisuales y de diseño, interactividad con el lector―, superando así a muchos medios que se limitan a repetir en la pantalla, y que pierden en el trasvase al hacerlo, los contenidos de sus páginas; por otro, no ha dejado que el medio haya erosionado el pilar básico que ha de exigirse al periodismo, y que es el rigor de contenido y de estilo. Parece que publicar en internet da carta blanca al “todo vale”, y que si el documento viene de la Red tiene bula para decir lo que quiera y como quiera. El principio todopoderoso que mediatiza cualquier publicación digital es el de la Información Instantánea, conocer el dato y conocerlo ya, y si para ello hay que sacrificar nimiedades como la redacción, la acentuación o la exposición coherente, bueno, es un tributo pequeño a pagar. Al comparar la edición digital de muchos diarios con su edición de papel, el fiel se sigue inclinando todavía del lado del papel, pese a que todos estemos de acuerdo en que la prensa digital es no ya el futuro sino el presente. El gran acierto de THP ha sido el de hacerse con una plantilla de colaboradores que ha pasado, por así llamarlo, este filtro de rigor, y que al hacerlo no ha olvidado de dónde viene ni adónde se dirige. <em>The Huffington Post</em> lleva como lema <em>The Internet Newspaper</em> (<<El periódico de internet>>), y ciertamente se ha ganado ese trono autoconcedido.</p>
<p style="text-align: right;">(<em>La sombra del ciprés</em>, 22/09/2012)</p>
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