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	<title>ENFASEREMliteratura &#8211; ENFASEREM</title>
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	<description>bloc digital de Eduardo Roldán - actualidad, libros, cine y otros placeres y días</description>
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		<title>&#8216;Ulises&#8217;</title>
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		<pubDate>Fri, 18 Feb 2022 11:08:39 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Eduardo Roldán</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Predijo Joyce que con su novela iba a tener entrenidos a los críticos durante los trescientos años siguientes. De momento han pasado cien y críticos y público seguimos entretenidos. No siempre en el buen sentido; la predicción de Joyce ha cristalizado hoy, más allá de su novela-mar, en una suerte de crítica cultural que se [&#8230;]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Predijo <strong>Joyce</strong> que con su novela iba a tener entrenidos a los críticos durante los trescientos años siguientes. De momento han pasado cien y críticos y público seguimos entretenidos. No siempre en el buen sentido; la predicción de Joyce ha cristalizado hoy, más allá de su novela-mar, en una suerte de crítica cultural que se centra más en el ruido en torno a la obra que en la obra misma. Se cuentan con detalle puntillista los meses que se ha pasado el actor protagonista aprendiendo las argucias de la esgrima para encarnar a un espadachín, o cómo el músico se ha inspirado en <em>El anillo del nibelungo </em>para armar su último collage electrónico, pero de la interpretación y del collage apenas un pulgar para arriba o para abajo en cuatro líneas.</p>
<p>¿Tiene la culpa la sociedad de la información? La sociedad de la información es más bien la sociedad de la saturación. Para informar con precisión hay que discriminar, y la crítica de un libro o un film es —o debería ser— información: información subjetiva, pero información. Ocurre que es mucho más cómodo y más fácilmente atractivo enrollarse con los vicios o miserias personales de un autor que con el por qué de la metáfora o de las armonías disonantes. <em>Ulises</em> es el vértigo de esta realidad: que si <strong>Homero</strong>, que si las penurias económicas de Joyce, que si el texto se puede leer saltándose los capítulos impares o los pares. Pero de por qué los saltos, poco o muy poco. Y es una lástima, porque el texto recompensa. Idealmente, el lector optimizaría el placer si se sumergiese en <em>Ulises</em> sin ninguna referencia previa. Pero esto, en el mundo de datos apretados en que vivimos, sea acaso eso: un ideal imposible.</p>
<p style="text-align: right;">(<em>El Norte de Castill</em>a, 16/2/2022)</p>
<p>@enfaserem</p>
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		<title>Dostoyevski</title>
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		<pubDate>Fri, 12 Nov 2021 10:57:54 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Eduardo Roldán</dc:creator>
		                		<category><![CDATA[Actualidad]]></category>
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		<description><![CDATA[Uno ve a Dostoyevski como una suerte de Van Gogh literario, paralelos en su turbulencia, en su irreductible honestidad, en su mezcla de ascetismo artístico, fervor religioso íntimo y compasión por el pobre. Sin embargo el tiempo ha colocado al pintor en la cima de aceptación de que nunca gozó en vida, y al escritor, [&#8230;]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Uno ve a <strong>Dostoyevski</strong> como una suerte de <strong>Van Gogh</strong> literario, paralelos en su turbulencia, en su irreductible honestidad, en su mezcla de ascetismo artístico, fervor religioso íntimo y compasión por el pobre. Sin embargo el tiempo ha colocado al pintor en la cima de aceptación de que nunca gozó en vida, y al escritor, que sí la gozó por periodos, marginado en una suerte de limbo frío y austero. <em>Crimen y castigo</em>, <em>Los endemoniados</em>, <em>Los hermanos Karamázov</em>, son obras que están ahí (si están), pero como está la Espasa de papel y tapas duras: para no abrirlas, aun sabiendo de las probables grandes verdades que encierran. En un mundo polarizadoramente blanquinegro, donde los matices de pensamiento brillan por su ausencia más y más, y donde rara vez se admite el tener dudas, el universo contradictorio y tosco de Dostoyevski resulta tan extraño como un rabino sin barba. Dostoyevski pelea consigo mismo, trata de sintetizar contrarios, de sacar alguna certeza del caos, sin que la sombra del fracaso lo inhiba al empeño y sin dejar —otro rasgo que lo separa de la actualidad mayoritaria— de reconocer si efectivamente ha fracasado. A dos siglos de su nacimiento, preferimos el libro, tocho o no, fácilmente masticable y digerible, el manual de autoayuda con recetas claras y cortas, el relato sin rincones oscuros ni espejos deformantes.</p>
<p>Y no se debe esta falta de favor general a una reputación inmerecida. Si bien no cabe enmarcar a Dostoyevski entre los grandes formalistas rusos, su estilo es más que eficaz para transmitir lo que pretende. En este caso el problema no radica —aunque no puedan separarse nunca del todo— en las volutas de la sintaxis como en la materia del texto.</p>
<p style="text-align: right;">(<em>El Norte de Castilla</em>, 10/11/2021)</p>
<p>@enfaserem</p>
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		<title>Proust en la pantalla</title>
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		<pubDate>Mon, 27 Sep 2021 09:50:49 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Eduardo Roldán</dc:creator>
		                		<category><![CDATA[Uncategorized]]></category>
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		<description><![CDATA[La revolución copernicana en la novela acontece en torno al advenimiento del cine sonoro: Ulises data de 1922; La señora Dalloway y Al faro, respectivamente de 1925 y 1927; Sartoris y El ruido y la furia, de 1927 y 1929; y El tiempo recobrado, volumen final de En busca del tiempo perdido, se publica el [&#8230;]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>La revolución copernicana en la novela acontece en torno al advenimiento del cine sonoro: <em>Ulises</em> data de 1922; <em>La señora Dalloway</em> y <em>Al faro</em>, respectivamente de 1925 y 1927; <em>Sartoris</em> y <em>El ruido y la furia</em>, de 1927 y 1929; y <em>El tiempo recobrado</em>, volumen final de <em>En busca del tiempo perdido</em>, se publica el mismo año en que se estrena <em>El cantor de jazz</em>, 1927.</p>
<p>La conjunción no es una mera casualidad vacía. El sonido, más allá de eliminar los intertítulos y barnizar las escenas con un fondo de percusión, metales y cuerdas, influye de manera decisiva en las herramientas narrativas del cine (él mismo es una herramienta), al punto de que la versión en pantalla de las grandes obras de la revolución se antoja imposible sin su empleo. Cabe —complicada empresa, pero factible— imaginar una versión muda de <em>Madame Bovary</em> o de <em>Crimen y castigo</em>, pero resulta casi imposible ver cómo se podrían verter cualquiera de los títulos citados sin el abanico de posibilidades —desde la voz en <em>off</em> hasta la escucha de pensamientos o recuerdos de hechos que no se están desplegando en pantalla— que abre el empleo del sonido. Imposible, claro, si se pretende que la versión fílmica conserve el aroma del original literario y no suponga una mera ilustración, más o menos pulida, de la peripecia argumental.</p>
<p>En cualquier caso, aun con el empleo del sonido la adaptación de <strong>Faulkner</strong> o <strong>Virginia Woolf</strong> es un reto mayor que la de <strong>Flaubert</strong> o <strong>Dostoyevski</strong>, y ello por la naturaleza esencialmente fenomenológica, observacional que tiene el cine. ¿Qué equivalente fílmico hay del monólogo interior, cómo trasladar a la pantalla las enroscadas, larguísimas frases de Woolf o <strong>Proust</strong>?</p>
<p><a href="https://static-blogs.elnortedecastilla.es/wp-content/uploads/sites/14/2021/09/marcel-proust-1.jpg"><img loading="lazy" class="alignleft  wp-image-2194" src="https://static-blogs.elnortedecastilla.es/wp-content/uploads/sites/14/2021/09/marcel-proust-1.jpg" alt="" width="300" height="189" srcset="https://static-blogs.elnortedecastilla.es/wp-content/uploads/sites/14/2021/09/marcel-proust-1.jpg 620w, https://static-blogs.elnortedecastilla.es/wp-content/uploads/sites/14/2021/09/marcel-proust-1-300x189.jpg 300w" sizes="(max-width: 300px) 100vw, 300px" /></a>El caso de Proust supone quizá el Everest literario en el problema de la adaptación: por la inagotable riqueza sensorial y reflexiva de su prosa; por lo intrincado de esta; porque todo <em>En busca del tiempo perdido</em> está narrado a través de la lente del subjetivismo, lo que se opone al &lt;&lt;ojo de la cámara&gt;&gt;, naturalmente objetivo; y, desde luego, por la extensión de la obra. No obstante —o acaso debido a— la magnitud del empeño, <em>En busca…</em> no ha dejado de atraer a cineastas, y cineastas de talento, cada cual con su particular manera de acometerlo.</p>
<p>La versión más célebre de todas es también la que menos riesgos toma. <em>El amor de Swann </em>(<strong>Volker Schlöndorff</strong>, 1983) no asume el reto de hallar la correspondencia cinematográfica de Proust, y salda la mayoría de obstáculos mencionados por el eficaz método de dejarlos de lado; no la emprende ni con la subjetividad ni con la extensión, y su <em>Swann</em> —traslación a la pantalla de la segunda parte del primer tomo— es un ejemplo plano de eso que hemos llamado ilustración pulida: un elenco internacional de reconocimiento inmediato (<strong>Jeremy Irons </strong>en el papel de <strong>Swann</strong>, <strong>Ornella Muti </strong>como <strong>Odette </strong>y <strong>Alain Delon </strong>como el <strong>Barón de Charlus</strong>) y una escenografía suntuosa para contar un melodrama sin pellizco. Está puesto en escena con oficio, sin duda, pero deja un regusto desabrido, la sensación de que igual que Proust podría tratarse de <strong>Edith Wharton</strong> y no se notaría la diferencia (de hecho, <em>La edad de la inocencia </em>de <strong>Scorsese</strong> resulta mucho más proustiana).</p>
<p><a href="https://static-blogs.elnortedecastilla.es/wp-content/uploads/sites/14/2021/09/la-cautiva.jpg"><img loading="lazy" class="alignleft wp-image-2189" src="https://static-blogs.elnortedecastilla.es/wp-content/uploads/sites/14/2021/09/la-cautiva.jpg" alt="" width="302" height="170" srcset="https://static-blogs.elnortedecastilla.es/wp-content/uploads/sites/14/2021/09/la-cautiva.jpg 1280w, https://static-blogs.elnortedecastilla.es/wp-content/uploads/sites/14/2021/09/la-cautiva-300x169.jpg 300w, https://static-blogs.elnortedecastilla.es/wp-content/uploads/sites/14/2021/09/la-cautiva-768x432.jpg 768w, https://static-blogs.elnortedecastilla.es/wp-content/uploads/sites/14/2021/09/la-cautiva-1024x576.jpg 1024w" sizes="(max-width: 302px) 100vw, 302px" /></a>En los antípodas de la epidérmicamente fiel versión de Schlöndorff se encuentra <em>La cautiva</em> de <strong>Chantal Akerman</strong>. La cineasta belga prefiere también centrarse en una de las partes de la monumental obra (<em>La prisionera</em>), pero esto es lo único que su propuesta comparte con la del alemán. Akerman utiliza a Proust como trampolín para explorar el tema de los celos, y aquí termina la fidelidad: ubica temporalmente en la actualidad la historia del <strong>Narrador</strong> y <strong>Albertine</strong>, a quienes cambia el nombre (<strong>Marcel</strong> pasa a ser <strong>Simon</strong>, Albertine a ser <strong>Ariane</strong>); elimina cualquiera de las reflexiones sobre el arte o el tiempo de la novela, y el tira y afloja sentimental de los dos protagonistas (<strong>Stanislas Merhar</strong> y <strong>Sylvie Testud</strong>) tiene por momentos más de suspense que de melodrama (con no pocos que recuerdan inevitablemente a <em>Vértigo</em>, si bien Akerman restó importancia al influjo de <strong>Hitchcock</strong>). Esta versión, pese a la traición en las formas, tiene sin embargo un espíritu más cercano a Proust, un pellizco más perturbador.</p>
<p>La tercera y más sugestiva propuesta es la del cineasta chileno <strong>Raúl Ruiz</strong>, a quien no le amilanan ni la extensión ni las innovaciones formales de la novela. En las dos horas y cincuenta minutos de <em>El tiempo recobrado</em> consigue tratar los siete volúmenes mediante un ejercicio de poesía impresionista, de síntesis lírica, en el que el espectador sí siente en parte ese &lt;&lt;algo&gt;&gt; inasible, mezcla de regocijo, asombro y trascendencia, que produce la lectura de Proust. El modo de operar de Ruiz es tanto naturalista como de vanguardia; no orilla el cuidado de la puesta en escena, la delectación por el detalle del brocado o el corsé, pero tampoco se deja ahogar por ellos; con no menos atención y el empleo sorprendente y agudo de recursos fílmicos (flashbacks, voz en <em>off</em>, insertos…) trata de trasponer a la pantalla el mismo acto de creación artística y de la memoria involuntaria (el mundo mental) que experimenta el Narrador, así como de hallar las figuras cinematográficas que correspondan a las figuras y recursos literarios empleados (v.gr., el plano secuencia como trasunto de la frase proustiana).</p>
<p><a href="https://static-blogs.elnortedecastilla.es/wp-content/uploads/sites/14/2021/09/harold-pinter-the-proust-screenplay-2.jpg"><img loading="lazy" class="alignleft wp-image-2192" src="https://static-blogs.elnortedecastilla.es/wp-content/uploads/sites/14/2021/09/harold-pinter-the-proust-screenplay-2.jpg" alt="" width="301" height="158" srcset="https://static-blogs.elnortedecastilla.es/wp-content/uploads/sites/14/2021/09/harold-pinter-the-proust-screenplay-2.jpg 1200w, https://static-blogs.elnortedecastilla.es/wp-content/uploads/sites/14/2021/09/harold-pinter-the-proust-screenplay-2-300x158.jpg 300w, https://static-blogs.elnortedecastilla.es/wp-content/uploads/sites/14/2021/09/harold-pinter-the-proust-screenplay-2-768x403.jpg 768w, https://static-blogs.elnortedecastilla.es/wp-content/uploads/sites/14/2021/09/harold-pinter-the-proust-screenplay-2-1024x538.jpg 1024w" sizes="(max-width: 301px) 100vw, 301px" /></a> ¿Es pues la de Ruiz la versión definitiva? Por suerte, en arte no hay nada definitivo. Y en el caso de Proust y el cine, tal vez menos; pues puede que alguien se decida a filmar el extraordinario guion que <strong>Harold Pinter</strong> escribiera para <strong>Joseph Losey</strong> (quienes colaboraron en tres notables filmes), guion que presenta un enfoque impresionista similar al de Ruiz, pero mucho más fragmentario. Complejo, pero escrito con una claridad encomiable, leerlo es en buena medida ver la película —sin que haya apenas indicaciones de cámara, o más bien sin que se note que las hay—. Pero esta visión, disfrute inmenso, no basta, al contrario: azuza el deseo de que se materialice. Sin embargo este es uno de esos proyectos en el limbo —como el <em>Napoleón</em> de <strong>Kubrick</strong> o el <em>Cosecha roja </em>de <strong>Bertolucci</strong>— ante los que, ay, se tiene la sospecha de que ahí se quedará.</p>
<p style="text-align: right;">(<em>La sombra del ciprés</em>, 17/9/2021)</p>
<p style="text-align: left;">@enfaserem</p>
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		<title>Pere Gimferrer</title>
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		<pubDate>Thu, 25 Jun 2020 07:12:20 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Eduardo Roldán</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Cumple 75 Pere Gimferrer huérfano de Nobel. Los suecos se hacen los tales en lo que al escritor catalán se refiere, y si al final llega, llegará tarde, con el estigma implícito que ello conlleva; la concesión se verá más &#60;&#60;por puro rotacismo&#62;&#62;, según dijera Borges, que por méritos debidos, más por cuota de lengua [&#8230;]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Cumple 75 <strong>Pere Gimferrer</strong> huérfano de Nobel. Los suecos se hacen los tales en lo que al escritor catalán se refiere, y si al final llega, llegará tarde, con el estigma implícito que ello conlleva; la concesión se verá más &lt;&lt;por puro rotacismo&gt;&gt;, según dijera <strong>Borges</strong>, que por méritos debidos, más por cuota de lengua que por el peso de la obra. No sabemos en qué grado este olvido anual aflige o perturba a Gimferrer, aunque uno sospecha que apenas y fugazmente. En cierta ocasión le preguntaron si no le parecía que, envuelto en literatura y cine tanto y desde tan joven, no se habría perdido buena parte del &lt;&lt;drama de la vida&gt;&gt;. Respondía que podría ser, pero que la literatura evita el conductismo. Esta respuesta traza el perfil —marginal— de alguien para quien separar literatura y vida (arte y vida) es como separar el azul y el amarillo de un verde ya mezclado.</p>
<p>Y alude a un malentendido o reproche que lo persigue desde que comenzase a publicar, el de culturalista huero, baúl sin fondo de nombres sin otro fin que el nombre pregonar. Obvia esta postura el hecho cardinal de la palabra como recipiente y motor moral de la escritura. Gimferrer quedará, con o sin Nobel, no por la cantidad de nombres que apila sino por la cualidad con que los teje: es la palabra la que teje el texto y le otorga toda su hondura. La escritura es moral (es escritura), trate de Venecia o del vencido, si la palabra honrada; y esta es la primera enseñanza, que como enseñanza básica solemos olvidar con mayor frecuencia, que extraer de una obra de mérito.</p>
<p style="text-align: right;">(<em>El Norte de Castilla</em>, 24/6/2020)</p>
<p>@enfaserem</p>
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		<title>Delibes, visionario</title>
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		<pubDate>Thu, 12 Mar 2020 10:30:17 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Eduardo Roldán</dc:creator>
		                		<category><![CDATA[Actualidad]]></category>
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		<description><![CDATA[En el año de los cien de su nacimiento se cumplen también diez —hoy— del día de la muerte de Delibes. ¿Y que habría pensado el maestro de la actual realidad? Históricamente nada surge de la nada, y aunque ya en 2010 podían detectarse indicios del presente, habría que ser un visionario para predecir el [&#8230;]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>En el año de los cien de su nacimiento se cumplen también diez —hoy— del día de la muerte de <strong>Delibes</strong>. ¿Y que habría pensado el maestro de la actual realidad? Históricamente nada surge de la nada, y aunque ya en 2010 podían detectarse indicios del presente, habría que ser un visionario para predecir el sentido con que se han desarrollado. Sin embargo, algunos de los peligros y lacras que soportamos recorren, de forma directa o con la horma de la ficción, su obra como una savia infatigable, y en este sentido sí cabe inferir algunas certezas.</p>
<p>Así, que entre sus mayores desazones se encontraría la del cambio climático. Sobre la sobreexplotación (valga la insistencia) de la naturaleza no dejó de advertir; ahora pretendemos poner en práctica acciones de urgencia, como los estudiantes remolones pretenden meterse todo el tocho en la víspera, pero como los remolones es muy probable que no lleguemos. Pretendemos o decimos que pretendemos, porque ¿quién está dispuesto a consumir menos? Este es el elefante que los tratados internacionales no tratan, ni tampoco las charlas de café. Otro asunto que tampoco dejó de denunciar jamás fue el del empobrecimiento de la palabra, especialmente en las grandes urbes, y hoy que el mundo es una sola urbe cuya divisa de cambio es la palabra, cabría esperar un mayor cuidado en su empleo, pero desde el &lt;&lt;lenguaje inclusivo&gt;&gt; hasta la publicación de noticias, <em>fake</em> o no <em>fake,</em> con faltas de ortografía como lápidas en el ánimo, vemos que cuidado relativo. La fotocopia genética, la marea migratoria producto del hambre, el envejecimiento poblacional, el separatismo… Habría por supuesto otros muchos asuntos, pero que apuntan todos al hecho central de defender la dignidad del hombre: no gregario, no ultratecnificado, no cosificado.</p>
<p>¿Hemos pues progresado en estos diez años, por utilizar un término al que también dio Delibes más de una vuelta? Bueno, está claro que más deprisa vamos; otra cosa es que avancemos más.</p>
<p style="text-align: right;">(<em>El Norte de Castilla</em>, 12/3/2020)</p>
<p>@enfaserem</p>
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		<title>Harold Bloom</title>
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		<pubDate>Thu, 17 Oct 2019 16:31:43 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Eduardo Roldán</dc:creator>
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		<description><![CDATA[De unos años a esta parte se había puesto de moda desdeñar a Harold Bloom, dinosaurio apolillado y elitista, el más representativo espécimen de un linaje a extinguir. Y acaso fuese inevitable que se tratase de la moda, pues si a algo se dedicó Bloom fue a plantarse contra la moda. Pero en tiempos de [&#8230;]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>De unos años a esta parte se había puesto de moda desdeñar a <strong>Harold Bloom</strong>, dinosaurio apolillado y elitista, el más representativo espécimen de un linaje a extinguir. Y acaso fuese inevitable que se tratase de la moda, pues si a algo se dedicó Bloom fue a plantarse contra la moda. Pero en tiempos de pensamiento único (y esto es una contradicción en términos) y de lo políticamente correcto llevado al rídiculo, una voz libérrima —que tampoco se genuflexiona ante la academia— constituye el blanco ideal, pese al caudal intimidante de su sabiduría (o quizá por este, al desvelar por contraste la pobreza impotente de los argumentos de sus justicieros, que así se irritan y atacan con mayor fe). Estos justicieros confunden igualdad con igualitarismo, y no entienden o no quieren entender que no toda obra merece el tiempo del lector ni que la literatura no es el territorio para ventilar discriminaciones sexuales o étnicas; una obra literaria puede tratar estas cuestiones, por supuesto, pero tales no pueden ser el barómetro primero con el que juzgarla. Bloom aplicó el barómetro contrario, mucho más simple y justo: la obra literaria como artefacto literario, a juzgar según criterios literarios, estéticos. (Dicho así, suena a perogrullo, pero basta echar un ojo al abanico de la crítica para darse cuenta de que ojalá lo fuera). Y recalquemos: la obra, no el autor; HB, al margen también de la corriente mayoritaria, evaluaba títulos, no nombres: así calificó <em>Vineland</em>, de su por lo general admiradísimo <strong>Pynchon</strong>, de &lt;&lt;completo desastre&gt;&gt;.</p>
<p>Este enfoque brutalmente honesto se funda en última instancia en, y quiere subrayar la insustituible necesidad de, la lectura. Su gran legado es la (re)afirmación de que leer es un acto esencialmente creativo. También lo es el ejercicio de la crítica —no un residuo para escritores frustrados y rencorosos— cuando se realiza con la honestidad, profundidad y gracia de este <strong>Charles Laughton</strong> letraherido e irrepetible.</p>
<p style="text-align: right;">(<em>El Norte de Castilla</em>, 17/9/2019)</p>
<p>@enfaserem</p>
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		<title>Max Brod</title>
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		<pubDate>Thu, 20 Dec 2018 12:28:36 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Eduardo Roldán</dc:creator>
		                		<category><![CDATA[Actualidad]]></category>
		<category><![CDATA[Columnas opinión]]></category>
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		<post_tag><![CDATA[opinión pública]]></post_tag>

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		<description><![CDATA[Medio siglo no ha bastado para modificar la imagen que en el momento de su muerte se tenía de Max Brod. Si acaso, para limarla aun más y reducirla a tres palabras, las tres orbitando sobre el nombre de Franz Kafka como satélites menores alrededor del Sol: albacea, amigo, traidor. Tres palabras para una vida, [&#8230;]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Medio siglo no ha bastado para modificar la imagen que en el momento de su muerte se tenía de <strong>Max Brod</strong>. Si acaso, para limarla aun más y reducirla a tres palabras, las tres orbitando sobre el nombre de <strong>Franz Kafka</strong> como satélites menores alrededor del Sol: albacea, amigo, traidor. Tres palabras para una vida, aunque a veces una vida no dé ni para tres palabras. Lo triste en el caso de Brod es que la suya dio para muchas más. Abogado, escritor, activista político, compositor musical… Ejercicios que practicó no como diletante sino con ese empeño metódico admirable que caracteriza a tan grande proporción del pueblo judío. Y con éxito, además; Brod obtuvo algunos de los más prestigiosos premios en lengua alemana, con una obra vasta y plural; hoy, el acceso a esta está prácticamente vedado para quien no conozca la lengua.</p>
<p>Pero no solo se le ha arrebatado el nombre en cuanto que autor autónomo sino que, en una suerte de esquizofrenia aguda, sido acusado de traición al héroe, cuando sin esa —supuesta— traición el héroe jamás habría llegado a ser tal. Brod se cansó de repetir que la petición de Kafka no fue formal y que él le dijo siempre que no iba a hacerle caso y no quemaría los manuscritos; pero sin testigos, se le sigue acusando de querer hacerse un nombre a costa de Kafka. Cosa que Brod no necesitaba, pues ya lo tenía; el que no lo tenía era Kafka. Y además, si tanta angustia le producía a este la publicación póstuma de sus escritos, ¿por qué no los quemó él mismo? Brod (de paso: fue su trabajo de edición el responsable en gran medida de poner a Kafka donde está) supo ver al genio en el amigo, y no solo eso: inmoló su obra y su persona en favor de la de aquel, en un harakiri de generosidad incomparable, incluso con la sospecha de que le lloverían paraguazos.</p>
<p>No estaría de más que alguien se decidiese a publicar las tres o cuatro obras centrales del Brod al margen de Kafka, y así quizá se comenzase a reconsiderar el valor de su gesto.</p>
<p style="text-align: right;">(<em>El Norte de Castilla</em>, 20/12/2018)</p>
<p style="text-align: left;">@enfaserem</p>
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		<title>Superviviente</title>
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		<pubDate>Sat, 15 Sep 2018 12:44:22 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Eduardo Roldán</dc:creator>
		                		<category><![CDATA[Cubos con hojas]]></category>
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		<description><![CDATA[&#160; La gente no quiere que les arregles la vida. Nadie quiere que les solucionen sus problemas. Sus dramas. Sus congojas. Ni quieren resueltas sus historias. Ni sus líos. Porque ¿qué les quedaría? Solo lo desconocido, grande y aterrador. (…) Hicimos el test de Stanford-Binet para establecer la edad de mi cerebro. Hicimos el Wechsler. [&#8230;]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><a href="https://static-blogs.elnortedecastilla.es/wp-content/uploads/sites/14/2018/09/superviviente.jpg"><img loading="lazy" class="wp-image-1532 aligncenter" src="https://static-blogs.elnortedecastilla.es/wp-content/uploads/sites/14/2018/09/superviviente.jpg" alt="superviviente" width="235" height="364" srcset="https://static-blogs.elnortedecastilla.es/wp-content/uploads/sites/14/2018/09/superviviente.jpg 310w, https://static-blogs.elnortedecastilla.es/wp-content/uploads/sites/14/2018/09/superviviente-194x300.jpg 194w" sizes="(max-width: 235px) 100vw, 235px" /></a></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>La gente no quiere que les arregles la vida. Nadie quiere que les solucionen sus problemas. Sus dramas. Sus congojas. Ni quieren resueltas sus historias. Ni sus líos. Porque ¿qué les quedaría? Solo lo desconocido, grande y aterrador. (…) Hicimos el test de Stanford-Binet para establecer la edad de mi cerebro. Hicimos el Wechsler. Hicimos el inventario ultifase de personalidad de Minnesota. El inventario clínico multiaxial de Millon. El inventario de depresión de Beck.</p>
<p>La asistente lo supo todo de mí excepto la verdad.</p>
<p>Simplemente, no quería que me arreglasen.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Da igual si limpias una mancha, o un pez o una casa; a uno le gusta siempre pensar que así se hace del mundo un lugar mejor, pero en realidad permites que las cosas vayan a peor. A veces piensas que si trabajas mejor y más rápido podrás contener el caos, pero un día vas y mientras cambias una bombila del patio de cinco años de duración te das cuenta de que solo cambiarás esa bombilla como máximo diez veces más antes de morir. (…) Siquiera una vez, me gustaría demostrar que sé hacer mejor las cosas. Sé hacer más que ir tapando huecos. El mundo podría ser mucho mejor que este con el que nos conformamos. Lo único que hay que hacer es preguntar.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>—¿Alguien más?</p>
<p>—Un jardinero —me dice. Agita la botellita de laca con tapa larga y blanca junto a su oreja. Con la otra mano revuelve las fichas para encontrar una. Levanta la carpeta para que vea la ficha de registro del cliente número 134, sobre el que se ha estampado en rojo ALTA. Y detrás la fecha.</p>
<p>El sello es una reliquia de un programa de pacientes internos en un hospital. En otro programa, ALTA significaba que el paciente volvía a casa. Ahora significa que el paciente está muerto. Nadie quería encargar un sello en el que pusiera MUERTO. La asistente me lo contó hace unos cuantos años, cuando los suicidios se reanudaron. Polvo somos, en polvo nos convertiremos. Así se reciclan las cosas.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>La verdad es que uno puede quedar huérfano una y otra vez.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Puedo ver el sol por la ventana del baño; intenta demostrarnos que todos somos idiotas. Lo único que hay que hacer es echar un vistazo alrededor.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Tanto da la dirección en la que vaya, no tengo nada que perder.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Puesto que el cambio es constante, empiezas a pensar si la gente desea la muerte porque es la única manera de acabar algo de verdad.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Imaginad cómo os sentiríais si toda vuestra vida se convirtiese en un trabajo que no soportáis.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Ya sabéis el refrán: no importa cuánto sepas.</p>
<p>Lo importante es <em>a quién</em> conoces.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>El momento no era el adecuado, fui mintiéndome a mí mismo, y el momento lo es todo.</p>
<p>Además…</p>
<p>La eternidad se me iba a hacer larguísima.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&lt;&lt;Todos sabemos cómo acaban la vida y las películas porno. La diferencia es que la vida <em>empieza</em> con el orgasmo&gt;&gt;.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>El mundo entero es un desastre a punto de suceder.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Y hay muchas cosas que quisiera cambiar, pero no puedo. Ya está todo hecho. Ahora no es más que una historia.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Tít: <em>Superviviente</em></p>
<p>Autor: Chuck Palahniuk</p>
<p>Editorial: Muchnick Editores</p>
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		<title>Pedro Páramo</title>
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		<pubDate>Fri, 31 Aug 2018 10:46:01 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Eduardo Roldán</dc:creator>
		                		<category><![CDATA[Cubos con hojas]]></category>
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		<description><![CDATA[&#160; Todo parecía estar como en espera de algo. &#160; —Aquí no hay dónde acostarse —le dije. —No se preocupe por eso. Usted ha de venir cansado y el sueño es muy buen colchón para el cansancio. &#160; El reloj de la iglesia dio las horas, una tras otra, una tras otra, como si se [&#8230;]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><a href="https://static-blogs.elnortedecastilla.es/wp-content/uploads/sites/14/2018/08/pedro-páramo-e1535712253747.jpg"><img loading="lazy" class="wp-image-1525 alignnone" src="https://static-blogs.elnortedecastilla.es/wp-content/uploads/sites/14/2018/08/pedro-páramo-e1535712253747.jpg" alt="pedro páramo" width="261" height="413" /></a></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Todo parecía estar como en espera de algo.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>—Aquí no hay dónde acostarse —le dije.</p>
<p>—No se preocupe por eso. Usted ha de venir cansado y el sueño es muy buen colchón para el cansancio.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>El reloj de la iglesia dio las horas, una tras otra, una tras otra, como si se hubiera encogido el tiempo.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Allá arriba un cielo azul y detrás de él tal vez haya canciones; tal vez mejores voces… Hay esperanza, en suma.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>—¿Se siente mal?</p>
<p>—Mal no, Ana. Malo.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>—¿Cuántos pájaros has matado en tu vida, Justina?</p>
<p>—Muchos, Susana.</p>
<p>—¿Y no has sentido tristeza?</p>
<p>—Sí, Susana.</p>
<p>—Entonces, ¿qué esperas para morirte?</p>
<p>—La muerte, Susana.</p>
<p>—Si es nada más eso, ya vendrá. No te preocupes.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>El silencio volvió a cerrar la noche sobre el pueblo.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Tít.: <em>Pedro Páramo</em></p>
<p>Autor: Juan Rulfo</p>
<p>Editorial: Círculo de Lectores</p>
]]></content:encoded>
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		<title>De viaje por Europa del Este (y II)</title>
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		<pubDate>Wed, 08 Aug 2018 09:49:13 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Eduardo Roldán</dc:creator>
		                		<category><![CDATA[Cubos con hojas]]></category>
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		<post_tag><![CDATA[nuevo periodismo]]></post_tag>

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		<description><![CDATA[&#160; Uno se da cuenta desde el primer momento de que la vida es dura, de que se ha sufrido mucho con las grandes catástrofes y de que hay un drama nacional de minúsculos problemas domésticos. &#160; … los feroces bigotes de Stalin… &#160; Los hornos crematorios están al final de un sistema de tres [&#8230;]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><a href="https://static-blogs.elnortedecastilla.es/wp-content/uploads/sites/14/2018/08/de-viaje-por-europa-del-este.jpg"><img loading="lazy" class="wp-image-1516 aligncenter" src="https://static-blogs.elnortedecastilla.es/wp-content/uploads/sites/14/2018/08/de-viaje-por-europa-del-este.jpg" alt="de-viaje-por-europa-del-este" width="219" height="373" srcset="https://static-blogs.elnortedecastilla.es/wp-content/uploads/sites/14/2018/08/de-viaje-por-europa-del-este.jpg 340w, https://static-blogs.elnortedecastilla.es/wp-content/uploads/sites/14/2018/08/de-viaje-por-europa-del-este-176x300.jpg 176w" sizes="(max-width: 219px) 100vw, 219px" /></a></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Uno se da cuenta desde el primer momento de que la vida es dura, de que se ha sufrido mucho con las grandes catástrofes y de que hay un drama nacional de minúsculos problemas domésticos.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>… los feroces bigotes de Stalin…</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Los hornos crematorios están al final de un sistema de tres cuartos; el primero es una pequeña sala de baño con dos docenas de duchas. Cuando las comisiones de la Cruz Roja Internacional inspeccionaban el campo los nazis les mostraban aquellos cuartos inocentes para convencerlas de la organización de la higiene. Uno no se explica cómo esas comisiones no se daban cuenta de que no había tubos de desagüe. Nunca salió agua por esas duchas: salió gas venenoso mientras las finanzas de Hitler alcanzaron para esos lujos. Después salió sencillamente el humo de los hornos crematorios conectados al sistema de duchas. El segundo es una cámara refrigerada. Se calcula que en determinado momento los nazis ejecutaban 250 personas por día. Los hornos crematorios no daban abasto. Aún en invierno, los cadáveres tenían que esperar el turno en su purgatorio refrigerado. La única diferencia entre un horno crematorio y un horno de pan es la puerta blindada. En Auschwitz están todavía las parihuelas en que metían a asar los cadáveres. La operación duraba una hora. Los encargados de los hornos la ocupaban jugando al póquer, como esperan las señoras jugando canasta a que se dore el pollo. La diferencia es que el humo de los cadáveres se escapaba por las duchas para asfixiar doce personas más. Era una progresión geométrica: tres cadáveres proporcionaban el material para producir doce.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>El atroz cientificismo de los nazis se aprecia muy bien en Auschwitz. Las salas de cirugía donde los médicos de Himmler hacían sus experiencias de esterilización humana son impecables. Hay —intacto— un laboratorio de elaboración de sustancias humanas. Por una puerta entraba un hombre vivo y por la otra salía el bagazo. Adentro quedaba todo lo que una pesona tiene de materia prima. Se organizó una próspera industria de cuero humano, de textiles de cabellos humanos, de derivados de la manteca humana. En Austria vi un enorme pedazo de jabón de pino adornado con flores. Alguien tenía motivos para creer que aquel jabón era de su tío. En Auschwitz hay una exposición de estos artículos y uno comprende que esa industria siniestra tenía un excelente porvenir en el mercado: una maleta fabricada con cuero de hombre es de una calidad superior. Yo no creía que un hombre sirviera para tanto, que sirve inclusive para hacer maletas.</p>
<p>Los polacos no dan cifras. Se limitan a mostrar. Cuando uno ve esas cosas y sabe que tiene que contarlas por esrito, comprende que tiene que pedirle permiso a Malaparte. Hay una galería de vitrinas enormes llenas hasta el techo de cabellos humanos. Una galería llena de zapatos, de ropa, de pañuelitos con iniciales bordadas a mano, de las maletas con que los prisioneros entraban a ese hotel alucinante y que tiene todavía etiquetas de hoteles de turismo. Hay una vitrina llena de zpatitos de niños con herraduras gastadas en los tacones; botitas blancas para ir a la escuela y porrones de botas de los que antes de morir en campos de concentración se habían tomado el trabajo de sobrevivir a la parálisis infantil. Hay un inmenso salón atiborrado de aparatos de prótesis, millares de anteojos, de dentaduras postizas, de ojos de vidrio, de patas de palo, de manos sin la otra mano con un guante de lana, todos los dispositivos inventados por el ingenio del hombre para remendar al género humano.</p>
<p>Yo me separé del grupo que atravesó en silencio la galería. Estaba moliendo una cólera sorda porque tenía deseos de llorar.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Es comprensible que en la Unión Soviética los trenes no sean sino hoteles ambulantes. La imaginación humana tiene dificultades para concebir la inmensidad de su territorio. El viaje de Chop a Moscú, a través de los infinitos trigales y las pobres aldeas de Ucrania, es uno de los más cortos: cuarenta horas. De Vladivostok —en la costa del Pacífico— sale los lunes un tren expreso que llega a Moscú el domingo en la noche después de hacer una distancia que es igual a la que hay entre el ecuador y los polos. Cuando en la península de Chukotka son las cinco de la mañana, en el lago de Baikal, Siberia, es la medianoche, mientras en Moscú son todavía las siete de la tarde del día anterior. Esos detalles proporcionan una idea aproximada de ese coloso acostado que es la Unión Soviética, con sus 105 idiomas, sus 200.000.000 de habitantes, sus incontadas nacionalidades de las cuales una vive en una sola aldea, veinte en la pequeña región de Daguestán y algunas no han sido todavía establecidas y cuya superficie —tres veces los Estados Unidos— ocupa la mitad de Europa, una tercera parte de Asia y constituye en síntesis la sexta parte del mundo, 22.400.000 kilómetros cuadrados sin un solo aviso de Coca-Cola.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Los moscovitas —de una espontaneidad admirable— manifestaban una resistencia sospechosa cuando se insistía en visitar sus casas. Muchos cedían: el hecho es que ellos creen que viven muy bien y en realidad viven muy mal.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Pregunté:</p>
<p>—¿Un hombre puede tener cinco apartamentos en Moscú?</p>
<p>—Naturalmente —me respondieron—. Pero ¿cómo diablos puede hacer un hombre para vivir en cinco apartamentos a la vez?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>No se venden revistas y periódicos del exterior, salvo algunos de los partidos comunistas europeos. Es indefinible la sensación que produce hacer un chiste sobre Marilyn Monroe y que la ocurrencia se quede en las nubes. Yo no encontré un soviético que supiera quién es Marilyn Monroe.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Stalin sentó las bases de una estética que los críticos marxistas —entre ellos el húngaro Georg Lukács— empiezan a demoler. El director de cine más famoso en los medios especializados —Sergio Eisenstein— es desconocido en la Unión Soviética: Stalin lo acusó de formalista.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>La explicación parece radicar en que la Unión Soviética, en cuarenta años de revolución, decidió dedicar todos sus esfuerzos, toda su potencia de trabajo, al desarrollo de la industria pesada, sin prestar mayor atención a los artículos de consumo. Así se entiende que hayan sido los primeros en lanzar al comercio de la navegación aérea internacional el avión más grande del mundo, mientras la población tiene problemas de zapatos. Los soviéticos que se esforzaban por hacernos entender estas cosas, hacían un énfasis especial en el hecho de que aquel programa de industrialización en grande escala había sufrido un accidente colosal: la guerra. Cuando los alemanes invadieron la Unión Soviética, el proceso de industrialización estaba llegando a su punto culminante en Ucrania. Por allí entraron los nazis. Mientras los soldados se encargaban de frenar la invasión, la población civil, en una de las grandes movilizaciones de la historia, desarmó pieza por pieza el sistema industrial de Ucrania. Fábricas enteras fueron transportadas a Siberia, el gran traspatio del mundo, donde se las reconstruyó apresuradamente y se las puso a producir a marchas forzadas. Los soviéticos piensan que aquella mudanza espectacular retrasó en veinte años la industrialización.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Cuando yo entraba en los bares el tableteo se convertía en denso rumor. Nadie quiso hablar. Pero cuando la gente se calla —por miedo o por prejuicio— hay que entrar a los sanitarios para saber lo que piensa.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Tít.: <em>De viaje por Europa del Este</em></p>
<p>Autor: Gabriel García Márquez</p>
<p>Ed.: Penguin Random House</p>
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