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	<title>ENFASEREMmarilyn &#8211; ENFASEREM</title>
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	<description>bloc digital de Eduardo Roldán - actualidad, libros, cine y otros placeres y días</description>
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		<title>Apunte cine &#8211; El príncipe y la corista</title>
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		<pubDate>Sat, 27 Jun 2015 10:52:44 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Eduardo Roldán</dc:creator>
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			<content:encoded><![CDATA[<p><a href="/enfaserem/wp-content/uploads/sites/14/2015/06/el-príncipe-y-la-corista-e1435402235341.jpg"><img loading="lazy" class="alignleft size-full wp-image-1051" title="el príncipe y la corista" src="/enfaserem/wp-content/uploads/sites/14/2015/06/el-príncipe-y-la-corista-e1435402235341.jpg" alt="" width="240" height="135" /></a>En <em>El príncipe y la corista</em> se nota la presencia venérica de un escritor, lo cual siempre es de agradecer; no tanto la visible de un director. Resulta teatral en el sentido menos cinematográfico del término —cuando <strong>Olivier</strong> se empeña en borrar los rasgos teatrales es justamente cuando estos más brillan y denuncian su origen—, y tiene un problema esencial: que la química de opuestos solo funciona a ráfagas; todo el proyecto —lo que se ve en pantalla y lo que queda fuera de esta— se articula en torno a la idea de un dualismo de signo contrario, que se desglosa en distintos dualismos menores: actor shakespeareano/actriz de método; personalidad severa/personalidad mundana; príncipe/corista; reflexión/intuición; prestigio académico/favor popular; seguridad patológica en el arte propio/inseguridad patológica en el arte propio, etc. El que la idea que el público tiene de algunos de estos conceptos no se ajuste a su contenido real —fuera de la pantalla— o al contenido que en esta se muestra, no solo no impide sino que parece avivar el juego. En pantalla, la corista encarna el polo positivo y el príncipe el negativo, y como polos contrarios que son surge la atracción desde el principio, si bien es una atracción en la que cada polo baila con frecuencia por su lado: los dos siguen el mismo compás, los dos atienden a la misma melodía, pero la pareja en conjunto no aporta nada extra a lo que cada uno por separado. <strong>Marilyn</strong> es capaz de no incurrir en el cliché asignado, y proporciona una de las interpretaciones más matizadas de su carrera, no solo aguantando sino superando en muchos intercambios al casi siempre sobrevalorado actor inglés. Muy sabiamente, <strong>Rattigan</strong> deja en suspenso el final —<<No sabes la de cosas que pueden pasar en dieciocho meses>>—, que adquiere así una doble cualidad, de nuevo contraria, de resignación/esperanza, y que retrospectivamente confiere a la obra una capa de melancolía que enriquece el aspecto cómico, predominante y más inmediatamente perceptible, mostrado hasta entonces.</p>
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		<title>Apunte</title>
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		<pubDate>Mon, 06 Aug 2012 19:10:55 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Eduardo Roldán</dc:creator>
		                		<category><![CDATA[Actualidad]]></category>
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		<description><![CDATA[Ni Norman Mailer, ni Joyce Carol Oates, ni Billy Wilder, ni Truman Capote ni Terenci Moix, tampoco las cabezas y los cuerpos que la trataron más de cerca, Kennedy o Arthur Miller, lograron desentrañar el misterio Marilyn. Misterio que sus escritos íntimos no hacen sino incrementar, y por tanto volverlo más fascinante. El corazón de [&#8230;]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><a href="/enfaserem/wp-content/uploads/sites/14/2012/08/MarilynMonroe03-e1344280223343.jpg"><img loading="lazy" class="alignleft size-full wp-image-544" title="MarilynMonroe03" src="/enfaserem/wp-content/uploads/sites/14/2012/08/MarilynMonroe03-e1344280223343.jpg" alt="" width="99" height="125" /></a>Ni <strong>Norman Mailer</strong>, ni <strong>Joyce Carol Oates</strong>, ni <strong>Billy Wilder</strong>, ni <strong>Truman Capote </strong>ni <strong>Terenci Moix</strong>, tampoco las cabezas y los cuerpos que la trataron más de cerca, <strong>Kennedy </strong>o <strong>Arthur Miller</strong>, lograron desentrañar el misterio <strong>Marilyn</strong>. Misterio que sus escritos íntimos no hacen sino incrementar, y por tanto volverlo más fascinante. El corazón de este misterio radica en el brutal divorcio entre la superficie y el interior, o lo poco del interior que hemos logrado conocer. El ángel blanco en el rostro y el ángel negro —pero negro de sí mismo— por debajo. ¿Por qué nos turba tanto el misterio Marilyn? Quizá porque nos muestra sin disfraces la esencial realidad de que, salvo excepciones, nadie conoce a nadie. Somos islas que de vez en cuando contactamos, sí, pero somos ante todo icebergs: una parte vista y nueve partes ocultas.</p>
<p>&nbsp;</p>
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