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	<description>bloc digital de Eduardo Roldán - actualidad, libros, cine y otros placeres y días</description>
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		<title>Videla</title>
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		<pubDate>Thu, 24 Mar 2016 19:31:09 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Eduardo Roldán</dc:creator>
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			<content:encoded><![CDATA[<p><a href="/enfaserem/wp-content/uploads/sites/14/2016/03/videla-e1458847708368.png"><img loading="lazy" class="alignleft size-full wp-image-1140" title="videla" src="/enfaserem/wp-content/uploads/sites/14/2016/03/videla-e1458847708368.png" alt="" width="240" height="316" srcset="https://static-blogs.elnortedecastilla.es/wp-content/uploads/sites/14/2016/03/videla-e1458847708368.png 240w, https://static-blogs.elnortedecastilla.es/wp-content/uploads/sites/14/2016/03/videla-e1458847708368-228x300.png 228w" sizes="(max-width: 240px) 100vw, 240px" /></a>El mundo es bipolar y no hay nada que hacerle, blanco y negro, River Plate o Boca Juniors, Norte y Sur, militares y civiles, democracia o dictadura, vida o muerte. En cinco años se puede cambiar un país si se posee la voluntad, si se extermina la duda de raíz antes de que asome, cambiar para bien, pues no todo cambio ha se ser hacia delante. El fin, sí, justifica los medios. Porque responder uno solo responde ante Dios. El buen militar no cuestiona la jerarquía y Dios es la primera cabeza del triángulo, el alfa y el omega del orden por establecer, y si uno ha sido el elegido por Dios, es su deber moral ejecutar Su Voluntad de la manera más completa que pueda, aun en contra de la humanidad ciega, aun en contra del Papa ciego. Uno responde solo ante Dios, y el sacrificio del subversivo, del infiel, del marxista no es sino una consecuencia colateral de la misión encomendada, la unidad territorial y espiritual de la Nación; el elegido no puede volver la cara ante su deber, volverla supondría no acatar el mandato divino y así traicionarlo a Él. ¿Derechos humanos? ¿Cómo plantearse siquiera el oponer los derechos humanos, mutables y parciales, frente al Derecho Divino? La desaparición, la tortura y el asesinato son solo vías sumarias que habilitan a que el infiel sea juzgado por el Juez Mayor, por el Juez Infalible. Ante quien por cierto también el elegido responderá. La vida no es un valor absoluto: Dios nos la da para dotarla de contenido, para —justamente— dignificarla. Por ello a los chicos hay que orientarlos desde que nacen, enseñarlos a identificar el germen subversivo que se agazapa en libros y canciones, sus tácticas reptiles y su canto seductor. Dios, Patria y Hogar: ¿puede haber misión más loable? Desde luego, no es tarea fácil. La horda no descansa y por tanto el elegido tampoco. ¿La Historia? Qué le importa al elegido si lo absolverá o no la Historia. Volvería a repetir sus acciones sin dudarlo un instante. Con la ayuda de Dios.</p>
<p style="text-align: right;">(<em>El Norte de Castilla</em>, 24/3/2016)</p>
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		<title>Wikipedia</title>
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		<pubDate>Thu, 25 Jun 2015 18:50:05 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Eduardo Roldán</dc:creator>
		                		<category><![CDATA[Actualidad]]></category>
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		<description><![CDATA[Wikipedia nació con voluntad planetaria y horizontal, accesible y comunal, palpitante y correctora. Wikipedia quiso abolir las fronteras del espacio y la historia, las fronteras del dinero y la clase, y lo ha conseguido. Wikipedia es un monumento al altruismo que sin embargo, ay, como muchas veces ocurre con el altruismo, abarca más aprieta. Wikipedia [&#8230;]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Wikipedia nació con voluntad planetaria y horizontal, accesible y comunal, palpitante y correctora. Wikipedia quiso abolir las fronteras del espacio y la historia, las fronteras del dinero y la clase, y lo ha conseguido. Wikipedia es un monumento al altruismo que sin embargo, ay, como muchas veces ocurre con el altruismo, abarca más aprieta. Wikipedia no es que contenga errores —también los contiene el Espasa—, es que contiene demasiado. Hoy tardamos el mismo tiempo en ir a la cocina a por un vaso de agua que en conocer el año en que <strong>García Márquez</strong> publicó <em>Crónica de una muerte anunciada </em>o el presupuesto anual del Departamento de Defensa de Estados Unidos. Otra cosa es que interese conocer tal presupuesto. Porque lo que Wikipedia da en inmediatez lo quita en intensidad, necesidad y fondo. El tener la certeza de que siempre la búsqueda obtendrá inmediata recompensa nos hace más propensos a la búsqueda sin preocuparnos ni por discriminar la búsqueda ni por dar una dirección a la respuesta. Buscamos por buscar, y en el momento de encontrado, olvidamos lo buscado. Y no nos importa, pues sabemos que <<en Wikipedia está todo>>, y que podremos recurrir tantas veces como queramos, que Wikipedia seguirá dando. De este modo vamos resignando la memoria clic a clic, haciendo de Wikipedia el custodio de la memoria universal, que crece y crece a medida que la nuestra disminuye, y con la memoria el conocimiento verdadero (conocer es recordar en gran medida, y no solo platónicamente).</p>
<p>¿Pero es Wikipedia culpable? Wikipedia es inocente como es inocente un cuchillo, que sirve para cortar pan o cortar la yugular según quien lo empuñe. Wikipedia ha materializado el sueño enciclopédico de la Ilustración, pero lo ha materializado virtualmente. Depende de nosotros asentarlo, el ir más allá del dato por el dato, el abrir y leer <em>Crónica…</em> y no quedarse en 1981. Wikipedia merece el Princesa de Asturias, pero para cooperar hay que poner de parte nuestra.</p>
<p style="text-align: right;">(<em>El Norte de Castilla</em>, 25/06/2015)</p>
<p style="text-align: left;"><a title="@enfaserem" href="https://twitter.com/enfaserem" target="_blank" rel="external nofollow">@enfaserem</a></p>
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		<title>Apunte</title>
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		<pubDate>Fri, 18 Apr 2014 21:11:13 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Eduardo Roldán</dc:creator>
		                		<category><![CDATA[Actualidad]]></category>
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		<description><![CDATA[Si en un sueño nos hubieran dicho que habría un solo hombre que alcanzaría la inmortalidad, muchos hubiéramos soñado/pensado en él, como si esa condición que algunos de sus personajes rozaron no fuera imposible para quien los creó. No ha sido así, por supuesto, lo malo de los sueños es que tarde o temprano uno [&#8230;]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Si en un sueño nos hubieran dicho que habría un solo hombre que alcanzaría la inmortalidad, muchos hubiéramos soñado/pensado en él, como si esa condición que algunos de sus personajes rozaron no fuera imposible para quien los creó. No ha sido así, por supuesto, lo malo de los sueños es que tarde o temprano uno tiene que abrir los ojos, como tarde o temprano llega un día en que uno los cierra para siempre. Se ha repetido casi con exceso en las horas siguientes a su muerte que <strong>García Márquez</strong> ha alcanzado la inmortalidad gracias a su obra, y aunque no es ni mucho menos el primer creador —no solo escritor— de quien se ha dicho esto, el poder de seducción que tiene aquella, capaz de aglutinar tantas y tan dispares sensibilidades, de generar una adhesión casi universal y sin matices, hace que en su caso el tópico parezca menos tópico, casi una apreciación novedosa. No obstante cabe preguntarse: ¿inmortalidad? En un mundo ávido de información, en el que hemos permutado la memoria por unos y ceros, donde lo que es al instante siguiente es menos o ya no es, hasta una obra de la frondosidad de la de García Márquez corre el peligro de perderse por el desagüe del olvido. Y eso que ni siquiera <strong>Francisco Umbral</strong> dejó un vacío comparable.</p>
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		<title>Sándor Márai, con el siglo</title>
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		<pubDate>Mon, 25 Nov 2013 20:30:19 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Eduardo Roldán</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Sándor Márai nace y muere con el siglo. El siglo XX comienza con la guerra del 14 y concluye con la caída del Muro de Berlín. Márai nace en el 1900 —es decir que al nacer el siglo él tiene ya edad como para darse cuenta de que algo muy grave está ocurriendo, e interesarse [&#8230;]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><strong>Sándor Márai</strong> nace y muere con el siglo. El siglo XX comienza con la guerra del 14 y concluye con la caída del Muro de Berlín. Márai nace en el 1900 —es decir que al nacer el siglo él tiene ya edad como para darse cuenta de que algo muy grave está ocurriendo, e interesarse por ello— y se suicida, aquejado por la pérdida irreversible del amor, meses antes de que el Muro se derrumbe y Europa, siquiera formalmente, deshaga la oposición, económica pero ante todo psicológica, entre los bloques Este/Oeste —suicidio que es otra prueba más de que el latido del mundo resulta indiferente cuando el latido propio ha dejado de sentirse—. Pertenece pues Sándor Márai a esa estirpe de autores de Centroeuropa y Europa del Este con los que la tradición cultural y filosófica occidental, con el advenimiento y desastre de la Segunda Guerra, pasaría a establecerse, en parte debido al exilio forzoso de muchos de ellos, en Estados Unidos. Es la estirpe de los <strong>Thomas Mann</strong>, <strong>Stefan Zweig</strong>, <strong>Stranvinsky</strong>, su compatriota <strong>Béla Bartók</strong>, <strong>Arnold Schoenberg</strong> y sobre todo <strong>Vladimir Nabokov</strong>, con quien comparte afinidades que hacen de los dos una suerte extraña de hermanos desconocidos. Incluso se parecen físicamente.</p>
<p><a href="/enfaserem/wp-content/uploads/sites/14/2013/11/sándor-márai-e1385410907501.jpg"><img loading="lazy" class="alignleft size-full wp-image-807" title="sándor-márai" src="/enfaserem/wp-content/uploads/sites/14/2013/11/sándor-márai-e1385410907501.jpg" alt="" width="180" height="95" /></a>El origen social y la condición de nómada son los dos factores inseparables y complementarios que determinan el pensamiento, la obra y la actitud vital/moral de Sándor Márai. Burgués desde la cuna, para SM la burguesía es mucho más que un accidente de clase. Un poco paradójicamente, afirma que <<la burguesía fue el mejor fenómeno humano que produjo la cultura occidental moderna, pues fue la burguesía quien creó la cultura occidental moderna>>. Márai pues, a diferencia de tantos, no solo acepta o se resigna a su condición de burgués sino que la defiende. ¿Y en qué consiste esa cualidad específica del burgués? El ser burgués según lo entiende el escritor húngaro nada tiene que ver con no querer mancharse los guantes blancos al comer el hojaldre o al dar la propina al pobre de iglesia. Es algo mucho más radical: la conciencia de la singularidad del hombre —y, a mayores, del escritor—. Nabokov adquiere la misma conciencia por la vía de la aristocracia. Conciencia que no deja nunca de ser crítica —la conciencia no crítica es una contradicción en términos: ceguera—, que no entiende de privilegios adquiridos y denuncia la estupidez de los supuestamente suyos: <<En aquel mundo de burgueses y prosperidad … nadie reparaba en que la pobreza era un problema mucho más grave de lo que podía parecer a simple vista y no se podía resolver por la vía de la caridad.>> Y es que la conciencia nunca puede ser de clase, como tampoco la memoria puede ser <<histórica>>. Conciencia y memoria son atributos individuales y estancos; se pueden compartir solo en el sentido de dar a conocer los propios, pero no en el de ejercitarlos comunalmente.</p>
<p>El segundo y determinante factor fue la condición de nómada. El exilio obligó a SM a tomar quizá la decisión más crucial de su vida: abrazar las lenguas alemana o inglesa o permanecer fiel a su húngara natal. Elige lo segundo, a diferencia de Nabokov y tantos otros, y ello supone un primer suicidio previo al biológico: un suicidio social y minucioso, que progresivamente le hace perder más y más lectores (Sándor Márai no fue un autor sorteado por la fama en vida. Durante el periodo de entreguerras hubo pocos más populares y con mayor presencia en diversos ámbitos, desde la poesía al teatro al —también— periodismo). Pierde lectores pero no pierde voz literaria. Escribir en otra lengua habría sido armar y perpetuar una impostura, que acaso el lector no notase pero que sin duda hubiera notado él. La lengua húngara es así la patria que lo acompaña en el viaje forzado, el trozo portátil de Hungría que se lleva en la valija y en la pluma, sin ocupar espacio. Renunciar al húngaro hubiera sido como renunciar a la memoria, y es esta el gran agente creador de la obra novelística de SM —la que a fin de cuentas más parece interesar en su revival póstumo—. De las vías abiertas por los grandes renovadores del género que trajo el siglo, Marái se abstiene de explorar el lenguaje por el lenguaje, de retorcerlo por el mero placer de ver hasta dónde puede retorcerse sin llegar a la quiebra; sin embargo, e igual que <strong>Proust</strong>, no se conforma con poner el espejo al lado de la vida y contar lo que pasa por el espejo: admite y favorece las interrupciones en la narración para el río de la reflexión interior —que por otro lado también es narración—, y funda las peripecias de sus protagonistas en la memoria. Y esta memoria era una memoria húngara, una memoria en lengua húngara.</p>
<p>Podemos incorporar un tercer factor, complementario, al origen social y al nomadismo, que es la conciencia perpetua de la muerte, agudizada según pasan los años y que atraviesa el conjunto de su obra memorial y novelística. Recomendaría no ceñirse a la segunda. Ambas se enriquecen mutuamente, y el placer adictivo de la lectura se ve multiplicado.</p>
<p style="text-align: right;">(<em>La sombra del ciprés</em>, 23/11/2013)</p>
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		<title>Barnes crepuscular</title>
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		<pubDate>Sat, 16 Mar 2013 12:31:33 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Eduardo Roldán</dc:creator>
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		<description><![CDATA[El sentido de un final supone el último estadio de lo que podríamos calificar etapa crepuscular de Julian Barnes, etapa que, con el paréntesis de Arthur &#038; George, se remonta hasta La mesa limón y se completa con Nada que temer y Pulso. Tras haberse aproximado al asunto con el vehículo en apariencia más elusivo [&#8230;]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><em><a href="/enfaserem/wp-content/uploads/sites/14/2013/03/julian-barnes.jpeg"><img loading="lazy" class="alignleft  wp-image-695" title="julian barnes" src="/enfaserem/wp-content/uploads/sites/14/2013/03/julian-barnes.jpg" alt="" width="150" height="150" /></a>El sentido de un final</em> supone el último estadio de lo que podríamos calificar etapa crepuscular de <strong>Julian Barnes,</strong> etapa que, con el paréntesis de <em>Arthur &#038; George</em>, se remonta hasta <em>La mesa limón</em> y se completa con <em>Nada que temer</em> y <em>Pulso</em>. Tras haberse aproximado al asunto con el vehículo en apariencia más elusivo del relato corto —en la primera y tercera obra citadas— y en apariencia más frontal de las memorias —en la segunda—, ahora Barnes opta por el camino intermedio de la novela en primera persona. Como sugieren los títulos, <<el asunto>> a tratar es la muerte.</p>
<p>Muerte que ha sido una constante en la obra de Barnes desde la inicial <em>Metroland</em>, y que en esta etapa final camina siempre, con los dedos más o menos entrelazados, de la mano de la memoria. En <em>El sentido de un final</em> esta unión resulta más apretada que nunca. La novela está narrada en dos partes por un sexagenario moderadamente voluptuoso; en la primera expone brevemente —el conjunto no va más allá de las 186 páginas, con muchos espacios y grandes caracteres— los años de formación mediante la selección de una serie de acontecimientos que sientan las b<a href="/enfaserem/wp-content/uploads/sites/14/2013/03/el-sentido-de-un-final-e1363436800115.jpg"><img loading="lazy" class="alignleft  wp-image-696" title="el sentido de un final" src="/enfaserem/wp-content/uploads/sites/14/2013/03/el-sentido-de-un-final.jpg" alt="" width="160" height="244" /></a>ases para la búsqueda, más activa físicamente, que tendrá lugar en la segunda parte. Selección que por fuerza es gran medida arbitraria, pues la memoria siempre lo es. Hablamos aquí de la memoria proustiana, esa que la voluntad puede convocar solo hasta cierto grado, y que revela sus imágenes más verdaderas —que más tarde nos damos cuenta eran las más verdaderas— de forma espontánea. El origen de la búsqueda de la segunda parte es el suicidio del más inteligente de sus tres amigos, quien además mantuvo, con consentimiento del narrador, una relación con la primera novia de este; el detonante es un diario dejado en legado que la ex no quiere entregarle. Así, el objetivo inmediato —hacerse con el diario— supone a su vez otra búsqueda, la de reordenar, y por tanto entender, el pasado, esos hechos presentados en la primera parte que de a poco van adquiriendo nueva luz, en ocasiones una nueva luz más oscura. No es ocioso el que el propio narrador sea historiador de profesión, y muy consciente además de que la memoria muchas veces falsea los hechos que acontecieron; no deja de apuntar <<o al menos así lo recuerdo>>, <<así se me aperece>>, etc. El problema de la veracidad histórica se plantea pues desde el comienzo, y al hacer a su protagonista a la vez historiador y memorialista, y consciente de sus carencias, Barnes parece alinearse con quienes consideramos que la expresión, tan actual, de <<memoria histórica>> es sencillamente una aberración.</p>
<p>Acaso pueda pensar el lector que va a encontrarse con una lectura depresiva. No hay tal. El rescoldo que deja <em>El sentido de un final</em> no resulta sombrío. Este Barnes crepuscular es un hombre que mantiene la esperanza, que asume que en el tercer acto de la vida la sorpresa es posible —y el descubrimiento, y la vibración del amor—, que asume que la espera no supone conformismo erosivo y que no tiene por qué desesperar. Igualmente el humor, un río que, como la muerte, recorre la obra de Barnes desde el comienzo, no se abandona en <em>El sentido</em>…, y la sonrisa (<<—La historia es un bocadillo de cebolla cruda, señor. —¿Por qué razón? —Repite, señor. Eructa. Lo hemos visto una y otra vez este año.>>) no deja de asomar aquí y allá. El de Barnes es un humor inglés en el mejor sentido: irónico, con un punto de melancolía, con un punto de acidez, con un punto —también— de compasión por el objeto humorizado.</p>
<p>Para concluir apuntemos que <em>El sentido de un final </em>obtuvo en 2011 el más codiciado premio de las letras inglesas, el Booker. No puedo afirmar que la concesión sea justa porque desconozco el resto de novelas finalistas, y si no <<inventar la rueda>>, como dijo <strong>Jay McInerney</strong> que Barnes hacía en cada novela, sí consigue algo más importante: que resulte memorable.</p>
<p style="text-align: right;">(<em>La sombra del ciprés</em>, 16/3/2013)</p>
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		<title>Gabo en blanco</title>
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		<pubDate>Thu, 14 Jun 2012 13:35:38 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Eduardo Roldán</dc:creator>
		                		<category><![CDATA[Actualidad]]></category>
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		<description><![CDATA[Aseguran los escasos afortunados que lo tratan que el maestro ya no los reconoce. Aseguran que repite las mismas, educadas, blancas preguntas una y otra vez, con la misma emoción y curiosidad por saber la respuesta que se le ha dado dos minutos antes, como un pez infantil que te mirase de plano y humilde. [&#8230;]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><a href="/enfaserem/wp-content/uploads/sites/14/2012/06/gabriel-garcia-marquez-e1339680748630.jpg"><img loading="lazy" class="alignleft size-full wp-image-481" title="gabriel-garcia-marquez" src="/enfaserem/wp-content/uploads/sites/14/2012/06/gabriel-garcia-marquez-e1339680748630.jpg" alt="" width="139" height="200" /></a>Aseguran los escasos afortunados que lo tratan que el maestro ya no los reconoce. Aseguran que repite las mismas, educadas, blancas preguntas una y otra vez, con la misma emoción y curiosidad por saber la respuesta que se le ha dado dos minutos antes, como un pez infantil que te mirase de plano y humilde. Aseguran que no es capaz de citar los títulos de sus novelas, esas a las que ha dedicado su vida y que millones de lectores en todo el mundo llevan más de medio siglo fatigando incansables, siempre a la espera de una sorpresa que saben terminará surgiendo, quizá en ese pasaje que tienen subrayado y han leído mil veces. Es así de triste: la más perfecta prosa en castellano del siglo, la más imitada, la más inimitable, la más querida, es incapaz de recordarse. <strong>García Márquez</strong> ha logrado sortear el ogro del cáncer pero no el desagüe del alzhéimer. Así, el último gran proyecto literario de su vida, la trilogía de sus memorias, quedará trunco, reducido a un solo volumen cuya cita de apertura reza: <<La vida no es la que uno vivió, sino la que uno recuerda y cómo la recuerda para contarla>>. Es decir: que la falta de memoria es la muerte en vida, porque al perder la memoria el hombre pierde su identidad. <strong>Marcel Proust</strong> ha sido con casi toda seguridad el escritor que más hondamente ha buceado en las aguas de la memoria, en sus mecanismos, sus caprichos y sus subterfugios. Demostró con una magdalena y una taza de té que la memoria que cuenta es la memoria involuntaria, pues es esta la que de verdad ha retenido lo que merece la pena retener, y es a la que se refiere García Márquez en la cita comentada. Pero para despertar la memoria involuntaria, incluso para despertar la memoria falsa, la de recuerdos creados, es necesario contar con memoria; Proust quizá lo dio por supuesto porque la suya era excepcional. La de Gabo torna blanca día a día, otra víctima de una plaga que marchita el mundo y que es quizá lo que uno más teme.</p>
<p style="text-align: right;">(<em>El Norte de Castilla</em>, 14/6/2012)</p>
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