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	<title>ENFASEREMmoral &#8211; ENFASEREM</title>
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	<description>bloc digital de Eduardo Roldán - actualidad, libros, cine y otros placeres y días</description>
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		<title>Seres sintientes</title>
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		<pubDate>Thu, 17 Mar 2022 10:41:03 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Eduardo Roldán</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Los animales ya son considerados en España seres sintientes. Han, pues, escalado en la pirámide de la vida del estrato de cosa al estrato de ser. Dicho así, desconcierta por lo obvio, y parece un ejemplo máximo de que la ley siempre va a rebufo de la realidad más palpable; y lo es, pero más [&#8230;]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Los animales ya son considerados en España seres sintientes. Han, pues, escalado en la pirámide de la vida del estrato de cosa al estrato de ser. Dicho así, desconcierta por lo obvio, y parece un ejemplo máximo de que la ley siempre va a rebufo de la realidad más palpable; y lo es, pero más vale una rectificación tardía que una ley oxidada, por mucho que nos hayamos acostumbrado a ella. Ahora los animales no podrán embargarse o hipotecarse, o ser apartados de uno de los dueños en caso de separación o divorcio. Y es solo el prólogo de otra ley que viene, mucho más proteccionista (si bien no al punto de proteger al toro).</p>
<p>No obstante, esta nueva condición legal plantea problemas inéditos; ¿qué engloba, y cuál, por tanto, es la cobertura que se le debe dar al sentir? ¿Es el sentir de un perro igual al de un gato? ¿&lt;&lt;Meat is Murder&gt;&gt; (Comer carne es asesinato), como cantaban <strong>The Smiths</strong>? Un animal tiene algo de sagrado, lo que tiene de ser vivo, pero la equiparación esencial con el hombre, que es lo que en definitiva demandan los grupos ultraecologistas, supone una aberración jurídica y ante todo moral. El animal es puro, inocente, aun en sus actos más aparentemente sangrantes, incapaz como el hombre del sadismo; pero también incapaz del heroísmo, de entregar su vida por un ser a quien no conoce. El animal es una entidad moral neutra; que el hombre extraiga del animal enseñanzas morales, que el animal lo enriquezca con su modo de conducirse en el plano moral no lo hace un agente activo. Lo cual —por descontado— no quiere decir no haya que extremar su protección y cuidado. Pero un caballo no puede ejercer de senador, por muy purasangre que sea.</p>
<p style="text-align: right;">(<em>El Norte de Castilla</em>, 16/3/2022)</p>
<p>@enfaserem</p>
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		<title>La fisura</title>
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		<pubDate>Wed, 22 Jul 2020 17:07:16 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Eduardo Roldán</dc:creator>
		                		<category><![CDATA[Actualidad]]></category>
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		<description><![CDATA[El Gobierno Trump ha apuntalado otro hito memorable en su currículum al llevar a cabo la primera ejecución federal en 17 años, tras haber reinstaurado la pena de muerte a ese nivel y pese a los cada vez más Estados —aunque uno solo seguiría siendo demasiado— que la están aboliendo/suspendiendo. Hay 61 presos en espera [&#8230;]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>El Gobierno <strong>Trump</strong> ha apuntalado otro hito memorable en su currículum al llevar a cabo la primera ejecución federal en 17 años, tras haber reinstaurado la pena de muerte a ese nivel y pese a los cada vez más Estados —aunque uno solo seguiría siendo demasiado— que la están aboliendo/suspendiendo. Hay 61 presos en espera de la guadaña federal, cabe imaginar que implorando piadosamente al cielo, no menos que jurídicamente al Supremo, por que Trump no repita en noviembre y la futura administración vuelva a meter la guadaña en el desván.</p>
<p>Cuán triste y descorazonador, por lo que muestra de la capacidad del hombre para el cambio y para aprender de sus errores, que a estas alturas de la película sigamos discutiendo si matar administrativamente está bien o mal. &lt;&lt;Bien&gt;&gt; y &lt;&lt;mal&gt;&gt; son términos bastante elásticos, pero llega un momento en que la elasticidad no da más de sí y el concepto se rompe. De hecho, en el presente caso —una excepción— la elasticidad no existe: el concepto es absoluto: está mal y punto, sin enmiendas ni notas al pie. &lt;&lt;Soy inocente&gt;&gt;, ha afirmado el ejecutado antes del chute de pentobarbital, pero la culpabilidad tampoco es un factor en el debate; podría ser culpable y haber asesinado no a tres personas sino a treinta, que la pena igual de insostenible. Cosa esta ante la que la mayoría-anti —también entre el ciudadano más allá de las fronteras estadounidenses— pega un bajón notorio. &lt;&lt;Hombre, yo estoy en contra, pero alguien que se carga a cinco niños…&gt;&gt;.</p>
<p>Y esta fisura original aboca en la ruina del edificio.</p>
<p style="text-align: right;">(<em>El Norte de Castilla</em>, 22/7/2020)</p>
<p>@enfaserem</p>
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		<title>Historia falseada</title>
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		<pubDate>Thu, 04 Apr 2019 13:51:12 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Eduardo Roldán</dc:creator>
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			<content:encoded><![CDATA[<p>&lt;&lt;En el día de hoy, cautivo y desarmado el ejército rojo…&gt;&gt;. 80 años desde la formalización lapidaria de <strong>Franco</strong>, pero parece no han bastado para apagar los rescoldos del rencor. La Santa Transición, tan alabada como modelo de flexibilidad, posibilismo y sentido común por tantos y tantos, vemos ahora que parece no fue tan ejemplar, más bien un paréntesis necesario pero que más pronto o más tarde todos sabían terminaría por quebrar. De momento solo en el discurso, pero cuántas veces las palabras llevan a las acciones. El valle no se toca, el valle sí se toca. Ustedes tienen que pedir perdón; no, son ustedes quienes tienen que pedirlo. Aburren con las batallitas del abuelo; ¿aburrimos? Cómo se nota que no se trata de los suyos. Y así podríamos seguir hasta… Hemos criticado mucho a <strong>López Obrador</strong> por su cruzada por el perdón histórico, pero este juego preelectoral del &lt;&lt;y tú más&gt;&gt; no resulta menos penoso.</p>
<p>Por supuesto, no se trata de olvidar. &lt;&lt;¿Olvida? ¿Quién olvida?&gt;&gt;, saltó <strong>Julio Cortázar</strong> tras escuchar en la radio de los atentados en la olimpiada de Múnich, periodo de (teórica) tregua universal durante el cual los pueblos, según el locutor, olvidaban sus diferencias. Y acota <strong>Pere Gimferrer</strong>: &lt;&lt;Es la pregunta de un moralista&gt;&gt;. A los cabezas de cartel no les mueve en absoluto la moral, pues todos sus alegatos pro/contra están mediatizados hacia el fin de rebañar tantos votos como puedan. Nada les importa que se conozca la historia, que nunca es binaria, nunca blanquinegra. Un pueblo con conciencia crítica de lo que ocurrió —partiendo de la base de que no es posible saber nunca al milímetro qué ocurrió, y que todo o casi todo hecho histórico exige una interpretación— es lo último que quieren los cabezas de cartel, pues eso les arruinaría el discurso simplista y los eslóganes voceados. El seguidismo es mucho más manejable, y si hay que falsear los hechos, adelante. Que es otra forma de inducir al olvido, uno mucho más nocivo y peligroso.</p>
<p style="text-align: right;">(<em>El Norte de Castilla</em>, 4/4/2019)</p>
<p style="text-align: left;">@enfaserem</p>
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		<title>Qué eutanasia</title>
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		<pubDate>Thu, 27 Sep 2018 12:16:58 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Eduardo Roldán</dc:creator>
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		<description><![CDATA[La tramitación de la ley de la eutanasia está dejando, como suele, la descorazonadora e invencible impresión de que aun quienes la defienden no creen en ella. Hay que dejar de marear con subterfugios léxicos y plantar desde el comienzo de qué estamos hablando cuando hablamos de eutanasia. Hablamos de suicidio, de la decisión de [&#8230;]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>La tramitación de la ley de la eutanasia está dejando, como suele, la descorazonadora e invencible impresión de que aun quienes la defienden no creen en ella. Hay que dejar de marear con subterfugios léxicos y plantar desde el comienzo de qué estamos hablando cuando hablamos de eutanasia. Hablamos de suicidio, de la decisión de un hombre de quitarse la vida. Que el suicidio haya de ser asistido no debiera implicar una valoración del grado de sufrimiento del peticionario, pues solo él podría determinarlo, y acaso ni siquiera pueda él; pensar que es posible establecer una escala del dolor para, a partir de ella, valorar si la petición resulta o no apta es como intentar evaluar la belleza de los distintos azules del mar. El dolor es algo totalmente subjetivo, y el hecho mismo de que se haya formulado la petición ya debería ser prueba suficiente de que ese dolor resulta insoportable.</p>
<p>Pero supongamos que en efecto tal escala es posible; o una valoración externa que, con el inevitable resquicio de duda que nunca se podría llegar a suprimir, tuviera un fundamento científico sólido —el dictamen compartido de tres psicólogos o psiquiatras—. En tal caso, ¿qué si el dictamen denegatorio? ¿Dónde la moralidad de impedirle a alguien que no puede valerse por sí mismo que ejerza su derecho más básico, el derecho a la vida? Porque el suicido no es otra cosa que eso; un ejercicio negativo, si se quiere, pero un ejercicio al cabo (la vida nadie la ha pedido, y nadie tiene la obligación de disfrutarla/soportarla). Cierto: la petición acaso sea producto de un periodo de negrura que, con el tiempo, quizá se llegase a aclarar e hiciese al peticionario cambiar de idea. Solo que esta hipótesis pertenece al resquicio insoluble de la duda, y por tanto la denegación no puede fundarse en ella.</p>
<p>La petición de muerte, además de por respeto a la dignidad personal, debería siquiera atenderse por pura misericordia. Pues es ante todo una petición de socorro.</p>
<p style="text-align: right;">(<em>El Norte de Castilla</em>, 27/09/2018)</p>
<p style="text-align: left;">@enfaserem</p>
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		<title>Violaciones varias</title>
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		<pubDate>Fri, 27 Apr 2018 07:17:12 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Eduardo Roldán</dc:creator>
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		<description><![CDATA[La historia ha vuelto a confirmar la sentencia hipócrita, heladora y genial de uno de los más infames forjadores de la historia universal de la infamia. Aquella proferida por Stalin, alguna vez sentida aquí: &#60;&#60;Una muerte es una tragedia; un millón, una estadística&#62;&#62;. La estadística registra que en la India, durante el año 2016, se [&#8230;]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>La historia ha vuelto a confirmar la sentencia hipócrita, heladora y genial de uno de los más infames forjadores de la historia universal de la infamia. Aquella proferida por <strong>Stalin</strong>, alguna vez sentida aquí: &lt;&lt;Una muerte es una tragedia; un millón, una estadística&gt;&gt;. La estadística registra que en la India, durante el año 2016, se cometieron 38.947 violaciones (recalco: registra; añádanse las que engrosan el limbo de las no registradas), más de la mitad con menores como víctimas. Ha tenido que ser el caso de una de esas víctimas, la niña de ocho años <strong>Ashifa Bano</strong>, a quien raptaron, drogaron, violaron en manada, torturaron y finalmente asesinaron una serie de hombres hindúes, el que actualizado a Stalin, pero no agotado, pues que el Gobierno ha decidido que la vía para tratar el problema con eficacia no es otra que implantar la pena de muerte.</p>
<p>Que la decisión se circunscriba a los violadores de menores de 12 años no minora la gravedad de la medida; de hecho, el que las cifras de menores violados sean tan dolorosamente abrumadoras es una de las razones principales para plantarse frente a ella, porque es en los casos extremos donde las convicciones morales se ponen a prueba, y el de la pena de muerte es antes un problema moral que jurídico (como por otro lado el de tantas normas —no solo penales—, pese a la frecuencia con que parece olvidarse, y así se legisla luego). A <strong>Beccaria</strong> le sobran argumentos jurídicos para desmontar la pena capital, pero todos ellos comparten una misma raíz kantiana, universal: la indisponibilidad de la vida ajena. Y, recíprocamente —o paralelamente—, el que los menores víctimas nos hayan de afirmar contra la pena de muerte debería inducir al Gobierno a hacer un esfuerzo de cabeza fría (y no sancionar una ley de este calado a las cuarenta y ocho horas de conocido el pliego policial).</p>
<p>La India tiene una nube de santidades, pero en cuanto a la justicia en este mundo sigue anclada en el Antiguo Testamento.</p>
<p style="text-align: right;">(<em>El Norte de Castilla</em>, 26/4/2018)</p>
<p style="text-align: left;">@enfaserem</p>
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		<title>Artísticos millones</title>
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		<pubDate>Thu, 18 Jan 2018 12:26:20 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Eduardo Roldán</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Desde el urinario de Duchamp sabemos que las dos notas para que un objeto pueda calificarse de artístico son que sea expuesto y que alguien pague por él como tal objeto de arte. Por tanto, el valor artístico de ese objeto tiene una faz doble, a la vez contradictoria y complementaria: la faz estética y [&#8230;]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Desde el urinario de <strong>Duchamp</strong> sabemos que las dos notas para que un objeto pueda calificarse de artístico son que sea expuesto y que alguien pague por él como tal objeto de arte. Por tanto, el valor artístico de ese objeto tiene una faz doble, a la vez contradictoria y complementaria: la faz estética y la faz económica. El urinario de Duchamp, que es tanto &lt;&lt;ironiario&gt;&gt; como urinario, presenta escaso valor estético, por no decir nulo, pero en el plano económico un valor incalculable, y por tanto también incalculable es su valor artístico. ¿Qué indica esto del mundo del arte? Lo primero, que si existe una jerarquía entre las dos faces, es la económica la que mayor peso tiene; lo segundo, que el sentido estético es como un partido de fútbol: cada espectador ve lo que quiere ver; y lo tercero, que las conclusiones uno y dos son por todos —artistas, galeristas, marchantes, compradores— conocidas, y no solo conocidas sino incuestionables.</p>
<p>¿Incuestionables? &lt;&lt;Pagar 382 millones por un cuadro me parece una inmoralidad&gt;&gt;, ha dicho la coleccionista, mecenas y filántropa venezolana <strong>Patricia Phelps de Cisneros</strong>, en el reciente acto de donación de 202 obras de su colección a distintos museos de todo el mundo. El cuadro en cuestión —<em>Salvator Mundi</em>, de <strong>Leonardo da Vinci</strong>— no tiene nada que ver con la afirmación; de hecho, la valentía de esta radica precisamente, en gran medida, en que la obra a la que se refiere pertenece, como su autor, al canon de las intocables.</p>
<p>Pero con toda la honestidad y buena voluntad de doña Patricia, parece un poco ingenuo aliar dinero y moral. El capital no tiene otro punto de referencia que sí mismo; solo busca perpetuarse/multiplicarse, y su fuerza radica en que no tiene límites. Ante una cuestión moral el capital ni siquiera se encoge de hombros. Han sido 382 pero igual podían haber sido 3820. Y sí, se agradece que por lo menos haya alguien que haga notar la locura, pero es la locura no solo del arte sino del mundo.</p>
<p style="text-align: right;">(<em>El Norte de Castilla</em>, 18/1/2018)</p>
<p style="text-align: left;">@enfaserem</p>
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		<title>París</title>
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		<pubDate>Thu, 19 Nov 2015 14:55:12 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Eduardo Roldán</dc:creator>
		                		<category><![CDATA[Actualidad]]></category>
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		<description><![CDATA[París es antes una metáfora que una ordenación urbana. París es tan real para quien no la ha visitado nunca como para quien vive en ella —quizá más—. París es la ciudad del amor, la ciudad de la luz, la ciudad del exilio voluntario. El aura precede a París, y luego barniza la realidad hasta [&#8230;]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>París es antes una metáfora que una ordenación urbana. París es tan real para quien no la ha visitado nunca como para quien vive en ella —quizá más—. París es la ciudad del amor, la ciudad de la luz, la ciudad del exilio voluntario. El aura precede a París, y luego barniza la realidad hasta que la realidad, ay, al cabo se impone.</p>
<p><a href="/enfaserem/wp-content/uploads/sites/14/2015/11/paris-e1447944894884.jpg"><img loading="lazy" class="alignleft size-full wp-image-1095" title="paris" src="/enfaserem/wp-content/uploads/sites/14/2015/11/paris-e1447944894884.jpg" alt="" width="220" height="147" /></a>Atacar París es atacar no un centro de poder fáctico sino el símbolo más visible y genuino del triángulo libertad/igualdad/fraternidad, ese triángulo que el fundamentalismo entiende como una afrenta íntima. Que en Occidente la realización completa del triángulo no se haya dado nunca, que el triángulo periódicamente parezca más una broma de mal gusto que el pilar sobre el que asentar una convivencia con garantías, no le importa al fundamentalismo: el triángulo sigue sosteniendo la realización —y, conviene insistir, armándola en parte—, y atacando la idea la realización se resiente; el fundamentalismo sabe que un muerto en París posee una carga afectiva que no tendría en Sofía o en Bucarest, y por ello lo elige. Sabe también que no es indiferente violar el símbolo de una u otra forma; cuanto mayor el símbolo, más operística la forma. Un lluvia de balas nocturnas o una cadena de explosiones como arbustos de fuego recibirán mucha más atención mediática que el sabotaje de una depuradora de agua, aunque los efectos de esta resulten más catastróficos; y con la atención mediática el mensaje calará más hondo no solo en el ánimo del occidental infiel sino en el del fundamentalista de calle, en el ignorante al que han hecho creer que solo hay un camino hasta la iluminación y que este pasa por la aniquilación de lo extraño.</p>
<p>Pero hay algo de ingenuo en estos ataques, pues un símbolo atacado sale del ataque, tras el cataclismo inicial, más limpio, más fuerte, y el agresor alcanzado. <<Siempre nos quedará París>>, decía <strong>Bogart</strong>, porque si el símbolo es bello, bueno, verdadero, no morirá por mucho fuego que se le aplique.</p>
<p style="text-align: right;">(<em>El Norte de Castilla,</em> 19/11/2015)</p>
<p style="text-align: left;"><a title="@enfaserem" href="https://twitter.com/enfaserem" target="_blank" rel="external nofollow">@enfaserem</a></p>
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		<title>La voz de Robinson</title>
		<link>https://blogs.elnortedecastilla.es/enfaserem/2013/09/21/la-voz-de-robinson/</link>
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		<pubDate>Sat, 21 Sep 2013 21:42:04 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Eduardo Roldán</dc:creator>
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		<description><![CDATA[No necesitó el lector atento más que una novela ―Beatus ille, 1986― para darse cuenta de que se encontraba ante un autor que respiraba a su propio aire, con una propuesta narrativa que se separaba de las tendecias mayoritarias del momento ―garcíamarquismo, minimalismo airado― con tanta discreción como voluntad. Aquella primera novela y la compilación [&#8230;]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>No necesitó el lector atento más que una novela ―<em>Beatus ille</em>, 1986― para darse cuenta de que se encontraba ante un autor que respiraba a su propio aire, con una propuesta narrativa que se separaba de las tendecias mayoritarias del momento ―garcíamarquismo, minimalismo airado― con tanta discreción como voluntad. Aquella primera novela y la compilación de artículos que la precedieron mostraban ya en gran medida los rasgos que iban a informar la obra de <strong>Muñoz Molina</strong>, cuyo impulso básico es una aproximación moral al hecho literario en el sentido más inmediato, material, de la escritura como objeto del acto de escribir, y en el mediato de la escritura como herramienta para la exploración de la realidad. Impulso doble que en el fondo es uno, o al menos debe ser uno; el texto por el texto se termina agotando, estéril, en sí mismo, y la exploración de la realidad por la escritura sin prestar atención al hecho de escribir supone una contradicción que da como resultado unos frutos pobrísimos, planos, evidentes, que podrían haberse obtenido igual con un vistazo superficial de entrada y así al menos ahorrado tiempo. No es accidental que en la obra de Muñoz Molina la idea de isla, ya desde la compilación aludida, sea una presencia constante; la realidad es esa isla y el escritor el náufrago que con curiosidad y cuidado la explora, pese a saber que el misterio de la isla no terminará nunca de revelársele del todo, lo cual no ha de ser óbice sino acicate para recorrerla.</p>
<p><a href="/enfaserem/wp-content/uploads/sites/14/2013/09/antoniomunozmolina-e1379799672481.jpg"><img loading="lazy" class="alignleft size-full wp-image-769" title="antoniomunozmolina" src="/enfaserem/wp-content/uploads/sites/14/2013/09/antoniomunozmolina-e1379799672481.jpg" alt="" width="200" height="122" /></a>La realidad por tanto como isla inagotable, solo que algunos escritores prefieren acotarse a un área restringida, confortable de la isla e ignorar otros territorios o limitarse a tolerarlos con desdén educado, sea el territorio político, sea el científico, sea el de las otras ramas del arte.  El impulso moral que mueve a Muñoz Molina le lleva en cambio a internarse en ellos, también en los que tradicionalmente se han considerado menores, como la fotografía o el jazz, con la curiosidad y la modestia del explorador que sabe que la mayor recompensa de la búsqueda está en la búsqueda misma. Es incluso ―hecho casi inédito en el intelectual patrio― capaz sencillamente de admitir sus ignorancias, aunque las ignorancias de MM sean escasas y cada vez menores. (Ejemplo último de esta curiosidad autónoma y sin linderos es el diálogo que mantendrá en el Hay Festival sobre <strong>Wagner</strong> y <strong>Verdi</strong> y que lleva por título <em>Traducir la música</em>. Inicialmente podemos pensar que si hay una materia intraducible, y en la que el intento de traducirla resulte más inútil, es la música; pero eso: inicialmente. Quién sabe lo que la exploración puede deparar.)</p>
<p>En lo que se refiere a la herramienta con la que explorar la isla, si hay algo por lo que se preocupe Muñoz Molina es por no dejar de afinarla. Dentro inevitablemente de su registro ―al fin y al cabo, cada cual tiene un timbre particular, desde <strong>Mozart</strong> a <strong>Faulkner</strong>―, la voz de MM no ha cedido a la tentación de abandonarse al solipsismo y sigue buscando las maneras más eficaces de comunicar las visiones parciales que de la isla se va formando. Y es que el estilo del escritor no es una cuestión de redactar más o menos pulcramente o de escribir “bonito” (aunque a saber qué significa eso), sino de plasmar lo que se quiere decir de la manera que considere más eficaz, sin concesiones, desde la certidumbre de que siempre se puede expresar de otra y de que su manera no sintonizará con algunos lectores, si es que lo llegan a leer. Es en esa voluntad de estilo donde se cifra la cualidad moral de la escritura, que Muñoz Molina, más allá de que el contenido sobre lo que esté escribiendo sea la denuncia de un exceso terrorista en Cisjordania o una fantasía humorista y borgiana sobre dos señores que se topan en la terminal de un aeropuerto, encarna hoy como muy pocos autores, en una obra forjada paso a paso, línea a línea, sin estridencias, casi en sordina, pero de una autoridad incontestable.</p>
<p style="text-align: right;">(<em>La sombra del ciprés</em>, 21/9/2013)</p>
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		<title>Sombras de un mito</title>
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		<pubDate>Sun, 19 May 2013 10:00:46 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Eduardo Roldán</dc:creator>
		                		<category><![CDATA[Actualidad]]></category>
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		<description><![CDATA[Ya cuando la Fundación Príncipe de Asturias distingue con el Premio de Comunicación y Humanidades a Ryszard Kapuscinski, se cuida de incluir en la motivación del premio una coda final que hace referencia a . Corría el año 2003 y ya por entonces el nombre del mítico reportero (y poeta, y fotógrafo póstumamente público) comenzaba [&#8230;]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><a href="/enfaserem/wp-content/uploads/sites/14/2013/05/kapuscinski-e1368957586942.jpg"><img loading="lazy" class="alignleft size-full wp-image-731" title="kapuscinski" src="/enfaserem/wp-content/uploads/sites/14/2013/05/kapuscinski-e1368957586942.jpg" alt="" width="180" height="195" /></a>Ya cuando la Fundación Príncipe de Asturias distingue con el Premio de Comunicación y Humanidades a <strong>Ryszard Kapuscinski,</strong> se cuida de incluir en la motivación del premio una coda final que hace referencia a <<quienes han tratado de tergiversar su mensaje>>. Corría el año 2003 y ya por entonces el nombre del mítico reportero (y poeta, y fotógrafo póstumamente público) comenzaba a ser objeto de rumores venenosos. Que si fue tenaz colaborador del Servicio Secreto de la Policía Polaca durante la Guerra Fría, sin cuya ala protectora no hubiera podido llegar hasta donde llegó ni tratar con quien trató, y gracias a la cual la competencia con otros periodistas fue simplemente borrada ―con esa eficacia higiénica y brutal que tenían los Servicios Secretos del otro lado del Telón de Acero para borrar competencias―. Que si muchos de los datos que hizo pasar como ciertos no fueron sino fantasías disfrazadas de reportaje. Que si él no respetaba los principios deontológicos que exigía a sus compañeros de profesión. Que si estaba enfermo de egotismo y el objetivo primero que lo movía, como demuestran notorios sucesos biográficos que él se atribuyó y la historia ha demostrado no pudieron ocurrir, no era denunciar una situación injusta sino apilar otro ladrillo en el edificio de su leyenda. Tres años después de la muerte de Kapuscinski, esta nebulosa de rumores, puntillosamente contrastados y dolorosamente ampliados, quedó por fin plasmada en negro sobre blanco con la biografía publicada por <strong>Artur Domoslawski</strong>, uno de los pocos periodistas que conocía de tú a Kapuscinski. Domoslawski ―que recalca en el título de su libro que lo que tiene en manos el lector es un texto de no ficción, no muy sutil puñal con el que distanciarse de y denunciar el modus operandi del reportero biografiado― afirmaba que la colaboración de Kapuscinski con el Servicio Secreto en ningún caso fue nominal ―argumento frecuente de los defensores del mito― sino de activa delación o silencio, según conviniera al régimen.</p>
<p><a href="/enfaserem/wp-content/uploads/sites/14/2013/05/guerrafutbol-e1368957531947.jpg"><img loading="lazy" class="alignleft size-full wp-image-730" title="guerrafutbol" src="/enfaserem/wp-content/uploads/sites/14/2013/05/guerrafutbol-e1368957531947.jpg" alt="" width="180" height="282" /></a> Basta un rápido repaso a la historia del arte y de la ciencia para constatar que Ryszard Kapuscinski no es ―o no sería― el primer autor cuya biografía desmerece su obra. Si su caso presenta verdadero interés se debe a que, por la materia de la obra y por cómo predicó debía tratarse esa materia, y por la manera en que vida y obra están indisolublemente unidas, nos produce un vértigo moral que no se da en, digamos, un <strong>Picasso</strong> misógino o un <strong>Bobby Fischer</strong> racista. Un lector que se acercase virgen a los reportajes de RK ―digamos a <em>Argelia se cubre el rostro</em>, a <em>La guerra del fúbol</em> o a <em>El emperador</em>― casi seguro los calificaría de obras maestras. Pero ese lector, consciente de los recursos literarios empleados por el reportero, no dudaría en ningún momento de que, como exige <strong>Tom Wolfe</strong>, los hechos que está leyendo efectivamente acontecieron. Si la invención no afecta solo a la técnica narrativa sino a la materia narrada, desde ese momento el reportaje queda invalidado. Es más: el resultado del reportaje como pieza de escritura no influye para nada en la valoración; que esté mejor o peor escrito, que se lea con mayor o menor deleite no afecta al hecho central de que existe un vicio de raíz que pudre todo el árbol, por muy deslumbrante que este resulte. Que el acto mismo de narrar influya en el resultado de lo narrado ―no existen los reportajes <<objetivos>>; todos vienen filtrados por la selección de palabras y hechos del autor, y es ahí donde radica la belleza y la magia del oficio― no puede nunca suponer una justificación a la mentira. <strong>Truman Capote</strong> quiso elevar el reportaje a la categoría de arte, colocarlo al mismo nivel que la novela o el cuento, y lo logró, pero lo logró sin falsear la historia; si <em>El duque en sus dominios</em> irritó tanto a <strong>Marlon Brando</strong> no fue por la destreza con que estaba narrado sino porque todo lo que Capote puso en su boca efectivamente había salido de ella.</p>
<p>En cualquier caso, fuera o no respetado por él, el mensaje deontológico que Kapuscinski sintetizó en <em>Los cinco sentidos del periodista</em> y en <em>Los cínicos no sirven para este oficio</em>, y en el que la Fundación Príncipe de Asturias basó su fallo, tiene hoy la misma validez que entonces, y la tendrá siempre. De otra forma el reporterismo se convierte en turbio amarillismo, y el lector en cándido estafado.</p>
<p style="text-align: right;">(<em>La sombra del ciprés</em>, 18/5/2013)</p>
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		<title>La renuncia</title>
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		<pubDate>Thu, 14 Feb 2013 18:41:13 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Eduardo Roldán</dc:creator>
		                		<category><![CDATA[Actualidad]]></category>
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		<description><![CDATA[Joseph Ratzinger ha entendido y aceptado que su ciclo ha terminado, que no puede realizar la función para la que fue elegido con la hondura que considera necesaria. O bien lo único que le pide al acto final de su vida, como el poeta Caballero Bonald, sea mantener lo que le queda de salud y [&#8230;]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><strong><a href="/enfaserem/wp-content/uploads/sites/14/2013/02/ratzinger.jpg"><img loading="lazy" class="alignleft size-thumbnail wp-image-678" src="/enfaserem/wp-content/uploads/sites/14/2013/02/ratzinger.jpg" alt="" width="150" height="150" /></a>Joseph Ratzinger</strong> ha entendido y aceptado que su ciclo ha terminado, que no puede realizar la función para la que fue elegido con la hondura que considera necesaria. O bien lo único que le pide al acto final de su vida, como el poeta <strong>Caballero Bonald,</strong> sea mantener lo que le queda de salud y un poco de silencio, y emplear una y otro en tocar a <strong>Mozart</strong>. O bien las intrigas vaticanas han terminado hastiándolo. ¿Motivos? Casi seguro sean una conjunción de estos y algunos más, probablemente nunca lleguemos a conocerlos todos. Pero en el fondo qué importan los motivos. Ante una decisión así lo único que cuenta es la voluntad de llevarla a cabo, y en una sociedad donde la renuncia es sinónimo de rendición —y rendición sinónimo de falta de carácter y egoísmo—, la decisión de Ratzinger va a suponerle el repudio de una gran parte no ya de los fieles, que se sentirán <<traicionados>> y ofendidos personalmente porque el ex Sumo no se ha resignado con fatalismo católico a aceptar las cosas como vienen, sino de quienes hasta ahora le han criticado sencillamente por ocupar el puesto que ocupaba. Sin embargo renunciar en la cúspide es una acción que solo los más grandes son capaces de llevar a cabo, un acto de afirmación de la identidad personal heroico, y si viviéramos en una sociedad en la que realmente el individuo fuera el centro moral desde el que construir el ordenamiento jurídico, en la que la libertad fuera en verdad un atributo inherente al hombre y no una palabra que pegar en carteles electorales, nadie cuestionaría el movimiento de retiro de Ratzinger. Compárese este movimiento con el estatismo de quienes, pese a las evidencias vergonzantes que los señalan, se niegan a abandonar el escaño o el sillón del Consejo de Administración de turno hasta que los destituyen o la setencia es finalmente firme, después de años y años. Ratzinger, por contra, ha realizado quizá el acto político más subversivo y noble de lo que llevamos de década.</p>
<p style="text-align: right;">(<em>El Norte de Castilla</em>, 14/2/2013)</p>
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