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	<title>ENFASEREMmuerte &#8211; ENFASEREM</title>
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	<description>bloc digital de Eduardo Roldán - actualidad, libros, cine y otros placeres y días</description>
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		<title>Muertos prematuros</title>
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		<pubDate>Mon, 08 Apr 2024 09:25:37 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Eduardo Roldán</dc:creator>
		                		<category><![CDATA[Actualidad]]></category>
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			<content:encoded><![CDATA[<p>Aunque puede sostenerse que toda muerte es prematura en un sentido existencial —incluso la de un centenario—, las vidas que truncan la realización de una o varias promesas factibles son más prematuras que otras. En arte esto se siente de manera especial —¿qué habría alumbrado <strong>Mozart</strong> si no hubiera muerto a los 35 años, qué <strong>Jimi Hendrix</strong> si no a los 27?—, y en jazz, quizá incluso más que en el rock, el número de muertos prematuros es tal que casi se tiene la tentación sombría de pensar que el morirse temprano va con el oficio, una circunstancia que puede o no tocarte, como te puede tocar el dar con un mánager honesto o con un ventajista, con un bajista zurdo o diestro. <strong>Charlie Parker </strong>y <strong>Billie Holiday </strong>representan, por la excelencia de su arte, el epítome de los prematuros, pero la nómina de estos incluye nombres tan seminales como los de <strong>Lee Morgan </strong>—asesinado—, <strong>Eric Dolphy </strong>—una diabetes no diagnosticada— o <strong>John Coltrane</strong>. Coltrane podría desde luego incluirse en la cima Parker/Holiday, y si no lo hacemos es porque las muertes prematuras en jazz están atravesadas, en muchos de los casos, por las arenas movedizas de la droga (al genio místico del saxofón también le succionaron durante un tiempo, pero él pudo escapar).</p>
<p><a href="https://static-blogs.elnortedecastilla.es/wp-content/uploads/sites/14/2024/04/sonny-clark-e1712568110990.jpg"><img loading="lazy" class="alignleft size-full wp-image-2444" src="https://static-blogs.elnortedecastilla.es/wp-content/uploads/sites/14/2024/04/sonny-clark-e1712568110990.jpg" alt="" width="301" height="301" /></a>El (ab)uso de la droga llegó a cotas de casi —o quizá sin casi— epidemia en los cuarenta, con el auge del bebop; no había la información que hay ahora, y la droga era con frecuencia vista como la vía para la revolución musical: si Parker se drogaba y tocaba así, había que drogarse para tocar como Parker; luego, cuando el músico se daba cuenta de que la droga no ayudaba, de que Parker tocaba como tocaba no gracias a sino a pesar de la heroína, ya era casi siempre tarde, y entonces la muerte prematura por sobredosis o problemas de salud derivados del consumo. <strong>‘Fats’ Navarro</strong>, <strong>Sonny Clark</strong>, <strong>Paul Chambers</strong>, <strong>Richard Twardzik</strong>&#8230; son nombres cuyos logros llevan en no pocas ocasiones al aficionado a preguntarse, como con Hendrix o Mozart, qué habrían podido alcanzar si no hubieran tentado los paraísos artificiales de las sustancias ilícitas.</p>
<p>Pero la droga no es solo una epidemia de los 40/50; todavía en la década de los noventa se dieron ejemplos, y en sus recientes memorias <strong>Brad Mehldau</strong> —el ejemplo más señero— se pregunta por qué varios de sus amigos no músicos murieron por sobredosis y él no, cuando llegó a perder el conocimiento más de una y más de dos veces (y estando solo); pese a conocerse en toda su crudeza los efectos de la droga, todavía se seguía consumiendo, en algunos casos para aliviar el estrés de la vida en la carretera y por conseguir contratos en los clubes, en otros como recreación ocasional (hasta que dejaba de serlo).</p>
<p><a href="https://static-blogs.elnortedecastilla.es/wp-content/uploads/sites/14/2024/04/kenny-kirkland-e1712568196411.jpg"><img loading="lazy" class="alignleft size-full wp-image-2445" src="https://static-blogs.elnortedecastilla.es/wp-content/uploads/sites/14/2024/04/kenny-kirkland-e1712568196411.jpg" alt="" width="301" height="302" /></a>Un último ejemplo que sintetiza lo expuesto hasta ahora, muerto en 1998 a los 43 años, y que quizá no venga tan de súbito a la mente pero que es de justicia mencionar, es el del pianista <strong>Kenny Kirkland</strong>. Kirkland ha quedado como acompañante (solo tiene un disco a su nombre), pero acompañante de tales músicos —no solo de jazz: <strong>Sting</strong>, <strong>Joni Mitchell</strong>, <strong>Youssou N’Dour</strong>&#8230;— que basta un rápido repaso para darse cuenta de que hay ahí un maestro y no un advenedizo por cuajar. En jazz, sus dos mayores valedores fueron <strong>Wynton</strong> y sobre todo <strong>Branford Marsalis</strong>, junto a quien participó en ocho discos, entre ellos el que ahora cumple veinticinco años desde su publicación, <em>Requiem</em>, última grabación de Kirkland antes de morir, trabajo memorable y una puerta única a lo que su pianismo podría haber deparado.</p>
<p><em>Requiem</em> puede no ser la más pulida grabación que el oyente encuentre; de título dado por Marsalis tras conocer de la muerte de su colega y amigo, compila los temas según fueron registrados meses antes de lo que iba a ser su versión definitiva, tras haberlos trabajado en los escenarios de distintas giras. Pero es justamente esta falta de acabamiento una de sus cualidades mayores, la música tiene una franqueza y un regocijo —pese a la melancolía que impregna temas como <em>A Thousand Autumns</em>— de altísima intensidad, y el conjunto es una de las más satisfactorias muestras que pueden encontrarse de jazz en formación clásica de cuarteto (saxofón más sección rítmica) en toda la década de los noventa y aun de otras.</p>
<p>Aun lo dicho hasta ahora, no debería olvidarse en cualquier caso que si bien las adicciones han cercernado o acortado las vidas de tantos jazzistas de mérito, lo que no cabe sino lamentar, en todo caso lograron dejar un legado siempre vivo, capaz de procurar nuevas sensaciones en cada escucha.</p>
<p style="text-align: right;">(<em>La sombra del ciprés</em>, 6/4/2024)</p>
<p>@enfaserem</p>
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		<title>Bill Evans</title>
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		<pubDate>Thu, 17 Sep 2020 17:16:55 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Eduardo Roldán</dc:creator>
		                		<category><![CDATA[Actualidad]]></category>
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			<content:encoded><![CDATA[<p>&lt;&lt;El suicidio más largo de la historia&gt;&gt; concluyó como caen las hojas de otoño en el estándar de <strong>Joseph Kosma</strong> que tantas veces versionó: sin sorpresa y sin estruendo. Tampoco lo hubo conocido el hecho. Hubo, sí, incomprensión soterrada, incluso un rescoldo de rabia hacia el propio muerto, por cómo la manera en que decidió vivir adelantó sin duda la aparición de la muerte. El jazz no es desde luego un ámbito ajeno a la adicción: tampoco a la belleza. Si el caso de <strong>Evans</strong> sigue, cuarenta años después, produciendo perplejidad, no se debe tanto a la incapacidad del aficionado por conciliar en la misma figura esos dos conceptos, sino a que la figura los llevó al extremo, y además escapaba del molde en que se supone ha de encajar el adicto; puede entenderse en un negro criado en el Bronx que toca el saxofón de oído, no en un pianista blanco de formación clásica y clase media que estudia por gusto a <strong>Jung</strong>, filosofía platónica y religiones orientales, y que además lleva gafas.</p>
<p>Pero Evans siempre respiró en tres por cuatro, o sea a su aire: no por ir a la contra, sino porque sentía que ese era su camino; y a su camino se dedicó, sin dejar de explorarlo, mimarlo y pulirlo como el jardinero con su jardín de atrás. Quiere decirse que su inmensa influencia se dio —y no ha dejado de darse— de algún modo a pesar suyo (va más allá de las 88 teclas, y hasta más allá del jazz).</p>
<p>¿Habría hoy, en nuestro mundo enfermo de urgencia, hueco para su enfoque paciente y minucioso? La pregunta es quizá huera; lo seguro es que él, artista verdadero, no se resignaría a fingir su voz.</p>
<p style="text-align: right;">(<em>El Norte de Castilla</em>, 16/9/2020)</p>
<p>@enfaserem</p>
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		<title>Cansancio vital</title>
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		<pubDate>Thu, 13 Feb 2020 17:21:07 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Eduardo Roldán</dc:creator>
		                		<category><![CDATA[Actualidad]]></category>
		<category><![CDATA[Columnas opinión]]></category>
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			<content:encoded><![CDATA[<p>Hasta hoy, el requisito había sido el de padecer un sufrimiento insoportable, una enfermedad sin vuelta atrás: y haberlo solicitado con insistencia y templanza, y tras un doble filtro médico y el asenso último, peldaño final, de una comisión. Solo entonces podía el solicitante obtener el adiós. Entre los a favor de la eutanasia —recordatorio: mayoría— una ampliación del abanico de supuestos no se había planteado. Pero Países Bajos —donde la eutanasia es legal desde 2002— respira diferente, y el restringir el adiós a una etiología intolerable del dolor les viene pareciendo desde hace unos años justamente eso, intolerable, o al menos discutible; por lo que ahora la sanción legislativa quizá se amplíe al cansancio de vivir, a quien considere ha dicho todo lo que tenía que decir y completado su ciclo.</p>
<p>¿Debe el Estado permitirlo? La casi seguro primera consecuencia sería el incremento de la tasa de suicidios; no se dice nunca —tabú-tabú— cuando se informa de la última masacre en un centro comercial y se echa, con no poca razón, la culpa a la venta libre de armas, pero muchas más vidas se arrebatan por fuego propio que por ajeno en EEUU. Pastilla o pistola en la mesilla, la fácil disponibilidad crea su propia atracción en momentos de agonía. Por supuesto, el tamiz de filtros para conceder la pastilla no es menos férreo que para la eutanasia, pero, sobre todo desde el lado del evaluador, las situaciones no son equiparables, y ante el cansancio vital ajeno las dudas, qué duda cabe, más hondas. ¿Cómo evaluar algo tan íntimo? ¿Dónde establecer el límite? Sin embargo, la propia dificultad de la evaluación, la insistencia del cansado y la trascendencia de la petición demuestran que el deseo de adiós no es ilusión pasajera. Acaso resulte incomprensible, pero cómo oponerse, en base a qué. No se trata de &lt;&lt;facilitar&gt;&gt; la muerte a demanda; se trata de asumir la libertad ajena —que es la propia—, y de admitir que ciertas situaciones nos desbordan.</p>
<p style="text-align: right;">(<em>El Norte de Castilla</em>, 13/2/2020)</p>
<p>@enfaserem</p>
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		<title>Auschwitz</title>
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		<pubDate>Fri, 31 Jan 2020 17:50:27 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Eduardo Roldán</dc:creator>
		                		<category><![CDATA[Actualidad]]></category>
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		<description><![CDATA[Camus se preguntaba si se podía pensar en otra cosa que no fuera el suicidio. Haciéndose eco, Martin Amis se pregunta si se puede pensar en otra cosa que no sea Auschwitz. Lo que ocurrió en Auschwitz (y Auschwitz vale como símbolo del sistema completo de exterminio) fue de tal magnitud, y de una novedad [&#8230;]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><strong>Camus</strong> se preguntaba si se podía pensar en otra cosa que no fuera el suicidio. Haciéndose eco, <strong>Martin Amis</strong> se pregunta si se puede pensar en otra cosa que no sea Auschwitz. Lo que ocurrió en Auschwitz (y Auschwitz vale como símbolo del sistema completo de exterminio) fue de tal magnitud, y de una novedad tal, que trasciende cualquier intento por apresarlo, tenga intención inmaculada o pervertida, tenga más o menos lucidez; Auschwitz abruma, y cualquier acercamiento exige un ejercicio de humildad inicial, la consciencia de que, a lo sumo, se logrará apresar un retazo, un reflejo del significado último (tampoco importará que alguien no se someta a este ejercicio, el resultado no será más hondo).</p>
<p>Así que ¿qué nos queda? Entre Camus y Amis se extiende el espectro completo de la muerte, como desde el ultravioleta al infrarrojo el del color. Camus contempla la muerte como concentración individual, vértigo del instante insoportable, autonomía rota; Amis como cadena de producción destructiva, como industralización anónima del horror. Pero no son separables, aun cada cual en el extremo del espectro: cada muerte industrial sigue siendo una muerte, un alma y no un número tatuado, y cada suicidio un grito de ayuda que ya no llegará, como los de los gaseados un momento antes de abrirse los conductos. Los suicidios se seguirán dando; Auschwitz, como tal, es probable que no; aunque se sigue, y se seguirá: desde la tortura con picana y lanzamiento al océano hasta el disparo a bocajarro por unas zapatillas de deporte, cada vez que el hombre hace valer su violencia sobre un congénere más débil con resultado de muerte, se da una versión de Auschwitz; que, si toleramos con casi indiferencia, se debe a la cotidianeidad, a la costumbre, a la certeza de que otras muchas se producen sin que tengamos noticia. Acaso la lección a extraer de la efeméride de la liberación sea la de concedernos un momento de reflexión cuando nos topemos con una de estas versiones.</p>
<p style="text-align: right;">(<em>El Norte de Castilla</em>, 30/1/2020)</p>
<p>@enfaserem</p>
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		<title>Soleimani</title>
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		<pubDate>Fri, 10 Jan 2020 18:33:56 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Eduardo Roldán</dc:creator>
		                		<category><![CDATA[Actualidad]]></category>
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		<description><![CDATA[Ni una huella dactilar ni una pieza dental: el anillo que portaba ha tenido que ser el signo para identificar el cadáver dronificado de Qasem Soleimani (el medio para el séquito de nueve no ha trascendido). ¿Brutal? ¿Qué significa &#60;&#60;brutal&#62;&#62; en este contexto? El objetivo se ha cumplido, y más allá de esto, toda especulación [&#8230;]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Ni una huella dactilar ni una pieza dental: el anillo que portaba ha tenido que ser el signo para identificar el cadáver dronificado de <strong>Qasem Soleimani</strong> (el medio para el séquito de nueve no ha trascendido). ¿Brutal? ¿Qué significa &lt;&lt;brutal&gt;&gt; en este contexto? El objetivo se ha cumplido, y más allá de esto, toda especulación solo resulta una pérdida de tiempo.</p>
<p>Hay un conocido dilema ético. &lt;&lt;Usted se encuentra en 1895 en una Viena nocturna, lluviosa y fantasmal. De repente, un desconcertado, perdido niño de cinco o seis años surge de entre las sombras y le pide ayuda. Por cierto: el nombre del niño es <strong>Adolf Hitler</strong>, usted lleva para su defensa personal una pistola cargada en el bolsillo y en ese momento tiene la epifanía, fuera de toda duda, de que ese niño será el responsable de millones de muertes. Usted solo tiene que apretar el gatillo y se salvarían. ¿Lo haría?&gt;&gt;. Para <strong>Trump</strong>, este dilema tiene la misma sustancia que plantearse si habría que poner algún mecanismo corrector al libre mercado; y aun más: el hecho mismo de plantearlo ya resulta indicativo del carácter de quien lo hace. Argüir, como en su momento se hizo con <strong>Sadam Husein</strong> para justificar la invasión de Irak, que el mundo está mejor sin Soleimani es una hipótesis indemostrable. También podría defenderse que estaría mejor sin Trump. O sin cualquier otra persona. ¿Cómo saberlo, en términos tan absolutos y vagos (&lt;&lt;el mundo&gt;&gt;)? Pero en realidad esto no es lo más preocupante; tampoco que el carácter &lt;&lt;preventivo&gt;&gt; del asesinato se funde en otra hipótesis —que Soleimani preparaba un ataque—, ni el haberse ejecutado en territorio de un estado soberano ajeno sin conocimiento de este, ni haberse saltado el trámite del Senado, ni siquiera la ceguera ante las represalias: lo más preocupante es que nos hallamos ante alguien que no se cuestiona los medios para alcanzar un fin, y que es él quien determina si el fin es bueno. Algo que comparte con los extremistas del otro lado.</p>
<p style="text-align: right;">(<em>El Norte de Castilla</em>, 9/1/2020)</p>
<p>@enfaserem</p>
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		<title>Realidad mortal</title>
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		<pubDate>Thu, 21 Mar 2019 14:52:06 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Eduardo Roldán</dc:creator>
		                		<category><![CDATA[Actualidad]]></category>
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		<description><![CDATA[Desde el 2014 el EI se ha valido de las redes sociales para difundir 243 vídeos que suman el asesinato de más de mil personas. Más de la mitad siguen el modelo de alguna película, serie de televisión o videojuego. Los diecisiete minutos largos del vídeo colgado de la masacre de Christchurch no son, pues, [&#8230;]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Desde el 2014 el EI se ha valido de las redes sociales para difundir 243 vídeos que suman el asesinato de más de mil personas. Más de la mitad siguen el modelo de alguna película, serie de televisión o videojuego. Los diecisiete minutos largos del vídeo colgado de la masacre de Christchurch no son, pues, una exposición excepcional. Lo que la hace excepcional es el haber sido registrada en directo. &lt;&lt;La muerte en directo&gt;&gt; presenta una atracción irresistible; así el disparo en la sien del prisionero esposado del Viet Cong en mitad de la calle, como quien pisa una colilla; así la filmación del camarógrafo argentino de su propia muerte en el asalto al Palacio de la Moneda.</p>
<p>También la cuadrilla de Christchurch operó copiando el punto de vista de los videojuegos más populares en el arte de aniquilar zombies, templarios, niños. Es la realidad virtual como generadora de la realidad última, definitiva que es la muerte; la realidad virtual como creador de realidad más poderoso que la misma realidad; la inversión alucinada de las categorías. La muerte simbólica del juego se materializa en el asesinato irreversible, y de esta forma se banaliza. La fama se tiene en el más alto pedestal, pero el solo afán de notoriedad no convence para justificar a la cuadrilla; casi seguro que los asesinos supusieran que pronto —como así ha sido: Utrecht— otro espectáculo de sangre los relegaría de las primeras páginas.</p>
<p>Se ha sugerido que estas noticias, como las de violencia doméstica, producen un efecto contagio y que por tanto deberían prohibirse. Postura tan loable en su intención como discutible en un plano teórico. Porque en el práctico resulta irrealizable: se seguirían conociendo igual, y probablemente de una manera más brutal, sin el —pese a todo— filtro de los medios. Internet es incontenible. Vencidos, solo queda encomendarse, como la embajada española en Utrecht, al corazón de cada cual y pedir que no se compartan ciertas imágenes ni bulos.</p>
<p style="text-align: right;">(<em>El Norte de Castilla</em>, 21/3/2019)</p>
<p style="text-align: left;">@enfaserem</p>
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		<title>Muerte banal</title>
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		<pubDate>Thu, 28 Jun 2018 11:59:29 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Eduardo Roldán</dc:creator>
		                		<category><![CDATA[Actualidad]]></category>
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		<description><![CDATA[César Alonso de los Ríos. Forges. Antonio Mercero. Stephen Hawking y Ursula K. Le Guin. Nicanor Parra y Sergio Pitol, y Philip Roth y Tom Wolfe. John Mahoney, Cecil Taylor. Todos muertos: solo en lo que va de año. ¿Le importa a alguien? Como mucho importa durante el suspiro del recuerdo, mientras nos decimos, &#60;&#60;ah, [&#8230;]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><strong>César Alonso de los Ríos</strong>. <strong>Forges</strong>. <strong>Antonio Mercero</strong>. <strong>Stephen Hawking </strong>y <strong>Ursula K. Le Guin</strong>. <strong>Nicanor Parra </strong>y <strong>Sergio Pitol</strong>, y <strong>Philip Roth </strong>y <strong>Tom Wolfe</strong>. <strong>John Mahoney</strong>, <strong>Cecil Taylor</strong>. Todos muertos: solo en lo que va de año. ¿Le importa a alguien? Como mucho importa durante el suspiro del recuerdo, mientras nos decimos, &lt;&lt;ah, sí, es verdad&gt;&gt;, cuando por azar surge el nombre y alguien en la conversación lo corrobora o —más probable— lo corrobora en Wikipedia. <strong>Hannah Arendt </strong>subtituló su ensayo/reportaje sobre el juicio a <strong>Eichmann</strong>, aquel funcionario obediente, <em>Un estudio sobre la banalidad del mal</em>, y la cosieron a palos por ello. Arendt no dijo —ni pretendía dar a entender— que las muertes imputables a Eichmann fueran banales, vidas intercambiables, el mero producto anónimo y sin diferenciar de una maquinaria eficaz; lo que pretendía —y dijo— fue que si la mediocridad mental de un Eichmann pudo alumbrar una tragedia de proporciones inconcebibles, cualquiera puede, y de ahí la (trágica) banalidad.</p>
<p>Sin embargo, en un sentido cuantitativo la muerte sí es banal: no ha dejado de ocurrirle al hombre, y no dejará nunca de. Y hoy, con el magma informativo de renovación perpetua, a esa banalidad cuantitativa, descriptiva, ha de añadirse la banalidad de grado. No es que la vida de Stephen Hawking tenga más valor que la del vecino del quinto, ni que haya que mantener un luto hermético durante años, por mucho que uno lo haya admirado y dedicado tiempo a su trabajo —tal sería muy peligroso en el plano psicológico—, pero tampoco colocar al mismo nivel de difusión y relevancia, cuando no a un nivel inferior, la muerte del adalid del Nuevo Periodismo y el último corte de pelo de un <em>youtuber</em> sin más oficio que el de grabarse a sí mismo tumbado en un sofá.</p>
<p>Cuando murió <strong>John Coltrane</strong>, <strong>Keith Jarrett</strong> afirmó: &lt;&lt;Todos sentimos un gran vacío&gt;&gt;. Hoy la muerte del admirado, gracias al magma de datos, no trae vacío: trae nada, que es muy diferente.</p>
<p style="text-align: right;">(<em>El Norte de Castilla</em>, 28/6/2018)</p>
<p style="text-align: left;">@enfaserem</p>
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		<title>Egipto ejecutado</title>
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		<pubDate>Thu, 30 Nov 2017 13:13:07 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Eduardo Roldán</dc:creator>
		                		<category><![CDATA[Actualidad]]></category>
		<category><![CDATA[Columnas opinión]]></category>
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		<description><![CDATA[Ciertas sentencias se nos quedan tatuadas para los restos; agazapadas, aguardan el estímulo adecuado para saltarnos de nuevo, por mucho tiempo transcurrido desde la última vez que retornaron. La reciente masacre en Egipto me ha despertado una de ellas, creo ya aparecida aquí: &#60;&#60;Una muerte es una tragedia. Un millón, una estadística&#62;&#62;. Brillante y vergonzante [&#8230;]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Ciertas sentencias se nos quedan tatuadas para los restos; agazapadas, aguardan el estímulo adecuado para saltarnos de nuevo, por mucho tiempo transcurrido desde la última vez que retornaron. La reciente masacre en Egipto me ha despertado una de ellas, creo ya aparecida aquí: &lt;&lt;Una muerte es una tragedia. Un millón, una estadística&gt;&gt;. Brillante y vergonzante afirmación de <strong>Iósif Stalin</strong>. Para el EI, los 305 muertos y más de cien heridos —cuando esto escribo— del atentado en Bir al Abed no son más de trescientas tragedias multiplicadas (pues cada muerte implica, además de la tragedia en sí que es una vida cercenada, otras tragedias en quienes quedaron vivos que tenían relación con ella) sino estadística vacía, una muesca más en la misión a ejecutar, un medio para alcanzar un fin que por otro lado nadie alcanza a ver, si es que el delirio fundamentalista puede quedar satisfecho alguna vez.</p>
<p>Pero aparte del oprobio cuantitativo, el atentado presenta un aspecto que, si no inédito, a esta escala supone un preocupante punto de inflexión: el de que las víctimas no fueran infieles sino no lo bastante fieles. Las dianas se hallaban en una mezquita honrando el día sagrado bajo los principios por los que, en teoría, los asesinos han iniciado la cruzada, no en un despacho de Wall Street jugando al veintiuno con masas de capital ajenas y un whisky en la mano. ¿Dónde establecer la frontera de la fidelidad? Se combate contra alguien que es parte, juez y verdugo, y así la estrategia se embrolla.</p>
<p>Embrollo que no obstante no justifica la promesa de <strong>Abdelfatá al Sisi</strong> de replicar el ataque con una &lt;&lt;fuerza brutal&gt;&gt;. Esto, en un estadista, es inadmisible, por mucha ira —justificada— que en ese momento bulla en su interior. Abdelfatá al Sisi está donde está porque el pueblo espera que respete ciertas formas, recipientes de valores. Entre la frase de sicario del presidente egipcio y el &lt;&lt;sangre, esfuerzo, lágrimas y sudor&gt;&gt; de <strong>Churchill</strong> media un abismo moral.</p>
<p style="text-align: right;">(<em>El Norte de Castilla</em>, 30/11/2017)</p>
<p style="text-align: left;">@enfaserem</p>
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		<title>Cáncer</title>
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		<pubDate>Thu, 04 Feb 2016 18:06:26 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Eduardo Roldán</dc:creator>
		                		<category><![CDATA[Actualidad]]></category>
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		<description><![CDATA[&#60;&#60;Mientras haya vida, habrá cáncer&#62;&#62;. Me topé con la frase en un titular a varias columnas, y es de esas que en el mismo momento de leerlas sabes que te acompañarán por el resto de tu vida (vida con cáncer latente). Pese al formato elegido por el redactor de la noticia, no es una afirmación [&#8230;]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>&lt;&lt;Mientras haya vida, habrá cáncer&gt;&gt;. Me topé con la frase en un titular a varias columnas, y es de esas que en el mismo momento de leerlas sabes que te acompañarán por el resto de tu vida (vida con cáncer latente). Pese al formato elegido por el redactor de la noticia, no es una afirmación escandalosa ni polémica, sino objetiva y honesta; quien la profirió —un investigador de prestigio sin fronteras— se limitó sencillamente a constatar una evidencia que por otro lado cualquiera sabía, como el niño que señaló al rey y dijo que iba desnudo. Han pasado tres años largos y la sociedad prefiere seguir creyendo que al rey lo arropan las más exquisitas telas.</p>
<p>Es otra muestra, acaso la más palpable, del velo opaco que, sin descanso, se extiende cada vez más sobre el tema de la muerte en la esfera cotidiana. La muerte en la esfera cotidiana se ha convertido en una suerte de tabú, de superstición inversa, como si el hablar de ella fuera a convocarla o a acelerar su venida, o como si evitándola se pudiera mantener apartada. Se da así la esquizofrenia brutal de que por un lado se niega la muerte y por otro, en la esfera mediática —desde las noticias de los informativos hasta el cine más banal—, se consume insaciablemente, no ya con normalidad sino con indiferencia. La muerte mediática se percibe como algo despersonalizado, abstracto en gran medida, o algo que &lt;&gt; en general, o sea que les ocurre a los otros, incluso aunque la muerte de esos otros se deba a una causa tan aplicable a nosotros mismos como los accidentes de tráfico. O como el cáncer. ¿Por qué entonces la ley del silencio en la esfera cotidiana? ¿No sería más sano admitir —primer paso para asumir— que somos vulnerables? <strong>Fernando Savater </strong>inició <em>Las preguntas de la vida </em>con el capítulo sobre la muerte, un síntoma envidiable de salud mental. El cáncer es muchas veces una ruleta de la tragedia, pero la táctica del avestruz solo hace el golpe, si llega, más doloroso.</p>
<p style="text-align: right;">(<em>El Norte de Castilla</em>, 4/02/2016)</p>
<p style="text-align: left;"><a title="@enfaserem" href="https://twitter.com/enfaserem" target="_blank" rel="noopener external nofollow">@enfaserem</a></p>
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		<title>Paradoja cruel</title>
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		<pubDate>Fri, 08 May 2015 13:51:44 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Eduardo Roldán</dc:creator>
		                		<category><![CDATA[Actualidad]]></category>
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		<description><![CDATA[Iósif Stalin, cuya descomunal impiedad era solo comparable con su inteligencia, dijo una de las mayores y más agudas atrocidades de la historia: . Cuando llega la catástrofe imprevista y cada día, cada hora, no supone sino otro camión que descargar en la montaña de cadáveres, otra muesca en el cinturón de la muerte, mil, [&#8230;]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><strong><a href="/enfaserem/wp-content/uploads/sites/14/2015/05/nepal-e1431093047388.jpg"><img loading="lazy" class="alignleft size-full wp-image-1021" title="nepal" src="/enfaserem/wp-content/uploads/sites/14/2015/05/nepal-e1431093047388.jpg" alt="" width="220" height="123" /></a>Iósif Stalin</strong>, cuya descomunal impiedad era solo comparable con su inteligencia, dijo una de las mayores y más agudas atrocidades de la historia: <<Una muerte es una tragedia; un millón de muertes, una estadística>>. Cuando llega la catástrofe imprevista y cada día, cada hora, no supone sino otro camión que descargar en la montaña de cadáveres, otra muesca en el cinturón de la muerte, mil, mil doscientos, dos mil quinientos, cuatro mil… tendemos a perder la perspectiva de la magnitud del desastre y, paradoja cruel, comienza a pesar en nuestro ánimo más la estadística que la tragedia. Deberíamos hacer un esfuerzo contra esta tendencia y no olvidar jamás que siete mil cadáveres son siete mil tragedias. Y eso en sentido estricto, pues cada una de ellas seguro que acarrea alguna tragedia más, en aquellos relacionados con el cadáver que se quedaron de este lado: la tragedia económica, la tragedia de la soledad, la tragedia del recuerdo.</p>
<p>Es probable que esta tendencia sea un mecanismo psicológico natural para hacernos soportable el peso de un dolor que de otro modo resultaría paralizante, devastador. La estadística es anestésica, uniformadora y anónima; las cifras no pertenecen a nadie porque todos las manejamos en las más diversas situaciones, y en sí mismas no significan nada: 1, 17, 23, 505: símbolos puros, recipientes por llenar, ceros con otros vestidos. <<Uno>> no es ni mejor ni peor que <<diecisiete>> si no determinamos si hablamos de manzanas o de Comunidades Autónomas, y aun determinándolo cabría discutirlo. Pero la muerte es la única realidad irreversible, y por ello indiscutible; cuando es, es, y los veinte millones de Stalin fueron veinte millones de particulares historias cercenadas. Más allá de las ayudas directas, los muertos de Nepal y similares merecen al menos que de vez en cuando nos demos cuenta de esta cualidad de intransferible que tiene la muerte, por otro lado evidente. Halla o no entre ellos algún español.</p>
<p style="text-align: right;">(<em>El Norte de Castilla</em>, 7/05/2015)</p>
<p style="text-align: left;"><a title="@enfaserem" href="https://twitter.com/" target="_blank" rel="external nofollow">@enfaserem</a></p>
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