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	<title>ENFASEREMsoledad &#8211; ENFASEREM</title>
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	<description>bloc digital de Eduardo Roldán - actualidad, libros, cine y otros placeres y días</description>
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		<title>Solitarios</title>
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		<pubDate>Thu, 08 Feb 2018 13:29:27 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Eduardo Roldán</dc:creator>
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		<description><![CDATA[La soledad del corredor de fondo es, además de un buen título, una imagen que concentra y revela la condición esencial/existencial del hombre: nos miramos, nos oímos, nos hablamos, nos tocamos incluso, interactuamos unos con otros de manera virtual o no virtual (ambas son reales: la expresión &#60;&#60;realidad virtual&#62;&#62; es pleonástica), pero en el fondo [&#8230;]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>La soledad del corredor de fondo es, además de un buen título, una imagen que concentra y revela la condición esencial/existencial del hombre: nos miramos, nos oímos, nos hablamos, nos tocamos incluso, interactuamos unos con otros de manera virtual o no virtual (ambas son reales: la expresión &lt;&lt;realidad virtual&gt;&gt; es pleonástica), pero en el fondo no dejamos de ser islas huxleyanas, solitarios que en última instancia no tienen otro lugar al que asirse que sí mismos. Sí, nos miramos; pero nos vemos menos; sí, nos oímos, pero mucho menos nos escuchamos; y con frecuencia el tacto nos hace sentir solo presión, solo mano pero nada más allá o detrás de la mano.</p>
<p>Lo que no quiere decir debamos fomentar el aislamiento, hacer la isla particular de cada uno más lejana, más perdida. La compañía, o la compañía adecuada, hace bien, siquiera porque nos sacude por un rato, o a ratos de un rato, del solipsismo, consciente o no, que arrastramos. Y porque se puede aprender algo, y hasta recibir la brisa de la sorpresa si uno se abandona de verdad. La epidemia de soledad de la que hablan, epidémicamente, los medios estos días ha de recordarse pues que se produce cuando una isla quiere comunicar con otra y la conexión no se produce. Y que no se ciñe solo a los viejos, como el discurso buenista —buenista y a veces ventajista— quiere hacer creer. De hecho los viejos, por haber vivido más y tener más cansada el alma, suelen aceptar la soledad con mayor entereza o naturalidad, como la última etapa de un camino que en buena medida ya han recorrido: por lo menos todavía siguen aquí, no como otros tantos conocidos, tampoco va a ser entonces cuestión de quejarse. Y por cierto que el cultivar la soledad, sea o no corriendo maratones, no debería considerarse, salvo llevado al extremo, preocupante. Si se cultivase más a lo mejor empezábamos a escucharnos.</p>
<p>Ahora el Reino Unido instaura una Secretaría de Estado Contra la Soledad. Suena a ministerio orwelliano.</p>
<p style="text-align: right;">(<em>El Norte de Castilla</em>, 8/2/2018)</p>
<p style="text-align: left;">@enfaserem</p>
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		<title>Ciudadano ejemplar</title>
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		<pubDate>Thu, 26 Jun 2014 17:23:26 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Eduardo Roldán</dc:creator>
		                		<category><![CDATA[Actualidad]]></category>
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			<content:encoded><![CDATA[<p><a href="/enfaserem/wp-content/uploads/sites/14/2014/06/silla-vacía-e1403803307770.jpg"><img loading="lazy" class="alignleft size-full wp-image-927" title="silla vacía" src="/enfaserem/wp-content/uploads/sites/14/2014/06/silla-vacía-e1403803307770.jpg" alt="" width="180" height="239" /></a>Lo de La Pilarica es uno de esos sucesos cuya lectura te desarma por la ilación de los acontecimientos que lo alumbraron. Todos y cada uno de los pasos —el divorcio, el abandono del hogar, el enclaustramiento voluntario, la discapacidad, los pagos puntuales— no pasan de ser vulgares vicisitudes tomadas por separado; en conjunto, conforman un relato tenebroso, atravesado por esa lógica a la vez cotidiana e increíble que tienen las pesadillas. El asombro —el terror— no está tanto en el contenido de las partes como en la infalibilidad de los nexos. Al final queda una sensación de fatalidad abrumadora e invencible, cuando la única fatalidad del relato, mirado con el sosiego que da la distancia —el tiempo también es una distancia—, es la de formar parte de un sistema que permite que un muerto se pudra durante cuatro años en una vivienda urbana sin que nadie se percate. Y han podido ser más. Porque el hallazgo del cadáver se ha debido a la acción de unos señores que pretendían ocupar ilegalmente la vivienda, lo cual podría tener su gracia en una película de <strong>Marco Ferreri</strong>, pero que como noticia en un diario produce una impotencia triste muy grande. Aquí huele a muerto, y no ha sido el pobre fallecido. Si los okupas no hubieran irrumpido, quién sabe hasta dónde se hubiera prolongado la vida administrativa del muerto biológico. Por un lado le ingresaban la pensión y por el otro le cobraban el recibo de la luz. No daba una gota de guerra y cuando le metieron la tasa de basuras tampoco protestó. Un contribuyente ejemplar. La Administración nos querría a todos como este señor: nominales en derechos y puntuales en las obligaciones. Pero en realidad el muerto no es la víctima del relato —murió solo, sí,  pero fue una soledad buscada, que es siempre menos soledad—: la víctima es el hermano que, gastos mediante, no había dejado de buscarlo. ¿Alguien le va a compensar? Mejor que aprenda de su hermano muerto y se quede sentado y calladito.</p>
<p style="text-align: right;">(<em>El Norte de Castilla</em>, 26/6/2014)</p>
<p style="text-align: left;"><a title="@enfaserem" href="https://twitter.com/enfaserem" target="_blank" rel="external nofollow">@enfaserem</a></p>
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		<title>Apunte</title>
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		<pubDate>Mon, 06 Aug 2012 19:10:55 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Eduardo Roldán</dc:creator>
		                		<category><![CDATA[Actualidad]]></category>
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		<description><![CDATA[Ni Norman Mailer, ni Joyce Carol Oates, ni Billy Wilder, ni Truman Capote ni Terenci Moix, tampoco las cabezas y los cuerpos que la trataron más de cerca, Kennedy o Arthur Miller, lograron desentrañar el misterio Marilyn. Misterio que sus escritos íntimos no hacen sino incrementar, y por tanto volverlo más fascinante. El corazón de [&#8230;]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><a href="/enfaserem/wp-content/uploads/sites/14/2012/08/MarilynMonroe03-e1344280223343.jpg"><img loading="lazy" class="alignleft size-full wp-image-544" title="MarilynMonroe03" src="/enfaserem/wp-content/uploads/sites/14/2012/08/MarilynMonroe03-e1344280223343.jpg" alt="" width="99" height="125" /></a>Ni <strong>Norman Mailer</strong>, ni <strong>Joyce Carol Oates</strong>, ni <strong>Billy Wilder</strong>, ni <strong>Truman Capote </strong>ni <strong>Terenci Moix</strong>, tampoco las cabezas y los cuerpos que la trataron más de cerca, <strong>Kennedy </strong>o <strong>Arthur Miller</strong>, lograron desentrañar el misterio <strong>Marilyn</strong>. Misterio que sus escritos íntimos no hacen sino incrementar, y por tanto volverlo más fascinante. El corazón de este misterio radica en el brutal divorcio entre la superficie y el interior, o lo poco del interior que hemos logrado conocer. El ángel blanco en el rostro y el ángel negro —pero negro de sí mismo— por debajo. ¿Por qué nos turba tanto el misterio Marilyn? Quizá porque nos muestra sin disfraces la esencial realidad de que, salvo excepciones, nadie conoce a nadie. Somos islas que de vez en cuando contactamos, sí, pero somos ante todo icebergs: una parte vista y nueve partes ocultas.</p>
<p>&nbsp;</p>
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