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	<title>ENFASEREMsuicidio &#8211; ENFASEREM</title>
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		<title>Hitler, suicida</title>
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		<pubDate>Thu, 30 Apr 2020 07:01:22 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Eduardo Roldán</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Aún hoy, tres cuartos de siglo después, es común la idea de que el suicidio del &#60;&#60;hijo atroz de Versalles&#62;&#62;, como lo denominó Borges, no fue más que un acto de cobardía, el ejemplo más elocuente de la falta de agallas de un hombre forjado en la impostura que no quiso afrontar el bochorno que [&#8230;]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Aún hoy, tres cuartos de siglo después, es común la idea de que el suicidio del &lt;&lt;hijo atroz de Versalles&gt;&gt;, como lo denominó <strong>Borges</strong>, no fue más que un acto de cobardía, el ejemplo más elocuente de la falta de agallas de un hombre forjado en la impostura que no quiso afrontar el bochorno que los juicios por el Holocausto infligirían en su orgullo, y prefirió la salida previa por la puerta de atrás. Ni una uña de épica en el acto, el lógico punto y final de un impotente resentido.</p>
<p>Esta narrativa pasa sin embargo por encima del hecho capital de que el impotente logró que una de las naciones más potentes del mundo lo siguiera en su resentimiento. ¿Fue <strong>Hitler</strong> un loco para quien el destino, en una aberración inédita, quiso dar realidad a su locura? ¿Fue un timador de talento sin igual, preocupado en realidad solo por perpetuarse en el poder de la manera más desmesurada posible, y los judíos la excusa más eficaz para su objetivo? Que estuviese loco no quiere decir que no hubiera método en su locura; el lógico y el loco pueden convivir en la misma psique, y las últimas horas de la vida de Hitler presentan un fatalismo tranquilo que sugiere tenía ya tomada la decisión desde hacía mucho si la coyuntura llegaba a producirse.</p>
<p>Lo cual arrumba la narrativa del cobarde abochornado y sugiere otra, la de un Hitler que creía que su misión lo trascendía, y que se consideraba el primer responsable del fracaso. Narrativa mucho más pertubadora, pues difumina la pátina diabólica y nos recuerda que, como nosotros, al cabo no fue sino un hombre.</p>
<p style="text-align: right;">(<em>El Norte de Castilla</em>, 29/4/2020)</p>
<p>@enfaserem</p>
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		<title>Holanda suicida</title>
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		<pubDate>Thu, 08 Dec 2016 09:09:14 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Eduardo Roldán</dc:creator>
		                		<category><![CDATA[Actualidad]]></category>
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		<description><![CDATA[La ola de cólera —por otro lado previsible— que los justicieros sociales de internet y la radio han levantado tras el anuncio del Gobierno holandés de la posible ampliación de la ley reguladora de la eutanasia, para que abrace a las personas cuyo motor vital ha dejado de bombear aun sin padecer ningún sufrimiento insoportable [&#8230;]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>La ola de cólera —por otro lado previsible— que los justicieros sociales de internet y la radio han levantado tras el anuncio del Gobierno holandés de la posible ampliación de la ley reguladora de la eutanasia, para que abrace a las personas cuyo motor vital ha dejado de bombear aun sin padecer ningún sufrimiento insoportable e irreversible, no hace sino demostrar la necesidad de una regulación así. Que sin embargo se queda corta. En caso de aprobarse, solo podrían solicitar asistencia para poner fin a su vida —repárese en el pronombre: SU vida— quienes hayan alcanzado cierta edad, todavía por determinar pero con intención de que se aplique solo si en la tercera. ¿Y qué pasa con el que tiene cuarenta, o treinta, o veinticinco? ¿Cómo determinar cuánta vida se ha vivido? ¿Es que solo a partir de los 70 se puede considerar una vida completa, o que el vaso del sufrimiento se ha llenado? Los filtros para la concesión —ha de transcurrir un tiempo desde la solicitud, y el dictamen de dos especialistas— son ya suficientes para garantizar que el deseo de poner fin no es producto de un transitorio brote de depresión o angustia y efectivamente se desea morir.</p>
<p>Esta normativa no contribuye al suicidio, como se ha dicho, ni malbarata la vida; al contrario, es garantista con la vida, al menos la vida entendida como ejercicio de la libertad y por tanto de la responsabilidad, la única manera de entenderla. Pues ¿qué otra elección es más libre que la de elegir el momento de la propia muerte? ¿Y en dónde queda la dignidad de una persona a la que se obliga a seguir ejerciendo de continuo algo que no desea y no tendría por qué? Nadie tiene derecho a desenchufar a quien no lo quiere, y por el mismo motivo tampoco a mantenerlo enchufado si no lo desea y carece de los medios para desenchufarse él, se encuentre en una cama de hospital o caminando por la calle.</p>
<p>No es imposible que la cerrazón al debate sobre la muerte se deba al miedo a examinarnos.</p>
<p style="text-align: right;">(<em>El Norte de Castilla</em>, 8/12/2016)</p>
<p style="text-align: left;"><a title="@enfaserem" href="https://twitter.com/enfaserem" target="_blank" rel="external nofollow">@enfaserem</a></p>
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		<title>Attawapiskat</title>
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		<pubDate>Sat, 23 Apr 2016 11:12:00 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Eduardo Roldán</dc:creator>
		                		<category><![CDATA[Actualidad]]></category>
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		<description><![CDATA[El suicidio es el problema filosófico fundamental. Lo era antes de que Camus lo hiciera notar y lo ha seguido siendo desde entonces. El hecho de arrebatarse la vida voluntariamente supone una relativización brutal de la importancia que tienen esos asuntos que en el día a día consideramos esenciales: vida/muerte, ser/no ser. Al final, todo [&#8230;]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><a href="/enfaserem/wp-content/uploads/sites/14/2016/04/attawapiskat-e1461409847260.jpg"><img loading="lazy" class="alignleft size-full wp-image-1153" title="attawapiskat" src="/enfaserem/wp-content/uploads/sites/14/2016/04/attawapiskat-e1461409847260.jpg" alt="" width="240" height="141" /></a>El suicidio es el problema filosófico fundamental. Lo era antes de que <strong>Camus</strong> lo hiciera notar y lo ha seguido siendo desde entonces. El hecho de arrebatarse la vida voluntariamente supone una relativización brutal de la importancia que tienen esos asuntos que en el día a día consideramos esenciales: vida/muerte, ser/no ser. Al final, todo se reduce a esto. Y aunque desde esta perspectiva de absolutos excluyentes habría que considerar que toda vida tiene el mismo valor —y lo tiene: hay un núcleo irreductible, irrenunciable, que todos compartimos, y la razón por la que la pena de muerte resulta imperdonable aun para el mayor criminal—, existen ciertos casos en los que la incomprensión, impotencia y rabia que genera un suicidio “común” se abisman hasta profundidades inconcebibles. En Attawapiskat, pueblo de la boyante Canáda, no distante más de una hora en coche de una de las minas de diamantes más productivas del mundo, se ha decretado el estado de emergencia por la epidemia de suicidios allí desatada; solo el sábado pasado lo intentaron once personas —de una población de 1.800—. Pero lo más aterrador es que la epidemia no ha respetado a los niños. ¿Qué actitud se puede tomar ante niños de nueve, diez, doce años que deciden quitarse la vida? <strong>Lorrie Moore</strong>, en uno de sus geniales cuentos, dice que cuando te informan de que un niño tiene cáncer dan ganas de que todos nos pongamos a encender cigarrillos como descosidos. Pero ante el suicidio ni siquiera queda el autocastigo rebelde del cigarrillo. El suicidio de un niño carece de la base que concede la experiencia, esa base que es el problema al que se refería Camus; lo sentimos como un capricho del destino aun más sádico que el de los accidentes mortales, pues en el niño la experiencia está por formarse, la voluntad —el único requisito esencial— es maleable como un líquido: el niño es su propio verdugo sin saberlo, la víctima inocente de sí mismo. ¿Estado de emergencia? Suena tan inútil.</p>
<p style="text-align: right;">(<em>El Norte de Castilla</em>, 21/4/2016)</p>
<p style="text-align: left;"><a title="@enfaserem" href="https://twitter.com/enfaserem" target="_blank" rel="external nofollow">@enfaserem</a></p>
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		<title>Acosadores</title>
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		<pubDate>Thu, 28 May 2015 18:13:15 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Eduardo Roldán</dc:creator>
		                		<category><![CDATA[Actualidad]]></category>
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		<description><![CDATA[¿Quién es el culpable? ¿El acosador? El acosador, se nos dice, presenta un entorno familiar . ¿El director del centro, que se tomó los indicios a relajo? Pero el director lo niega. ¿La inspectora, que se leyó el informe a vuelahoja? Pero ella asegura que se hizo una idea cabal. ¿El resto de compañeros, que [&#8230;]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><a href="/enfaserem/wp-content/uploads/sites/14/2015/05/instituto-ciudad-de-jaén-e1432836775986.jpg"><img loading="lazy" class="alignleft size-full wp-image-1033" title="instituto ciudad de jaén" src="/enfaserem/wp-content/uploads/sites/14/2015/05/instituto-ciudad-de-jaén-e1432836775986.jpg" alt="" width="240" height="128" /></a>¿Quién es el culpable? ¿El acosador? El acosador, se nos dice, presenta un entorno familiar <<complicado>>. ¿El director del centro, que se tomó los indicios a relajo? Pero el director lo niega. ¿La inspectora, que se leyó el informe a vuelahoja? Pero ella asegura que se hizo una idea cabal. ¿El resto de compañeros, que no se plantaron lopedeveguianamente e hicieron frente al acosador? Pero el derecho penal no puede exigir nunca un comportamiento heroico, y menos a menores. ¿El hacinamiento escolar, que no favorece la convivencia sino la confrontación? Pero mejor escolarizados que en la calle, ¿no? Casi seguro la culpa esté repartida y culpables sean o seamos todos. Lo único en claro es que siempre va a haber amenazas y agresiones, acosadores y acosados. Si el hombre es un lobo para el hombre, el niño tardío, el (pre)adolescente, es un lobo aún más feroz; porque el preadolescente es esencialmente un ignorante, y la ignorancia suele acarrear crueldad. La adolescencia es una enfermedad en la que nos apuntalamos para siempre, en la que vamos forjando a trompicones/tropezones el cuerpo del ego que nos sostendrá/acompañará por unos años —luego madurar consistirá en parte en la disolución minuciosa de ese ego—; en los primeros brotes de la adolescencia el posniño/preadolescente corre el mayor peligro, porque aún el ego no ha comenzado a apuntalarse (la cabeza va después que el cuerpo) y así los estímulos se reciben sin filtro, y la presión del qué dirán, el rechazo o la indiferencia del grupo es un castigo que desde fuera puede parecer ridículo pero que desde dentro aprieta la angustia. El acosador tiene también miedo al rechazo, y por ello se embosca entre afines y busca el objetivo más débil. Y así el acosado, que teme no solo la amenaza directa, se rompe hacia dentro o rompe como un géiser hacia fuera. Esta niña se ha roto hacia dentro. El patrón ha vuelto a repetirse. ¿Alguien tiene alguna idea, aparte del lamento inútil?</p>
<p style="text-align: right;">(<em>El Norte de Castilla</em>, 28/5/2015)</p>
<p style="text-align: left;"><a title="@enfaserem" href="https://twitter.com/enfaserem" target="_blank" rel="external nofollow">@enfaserem</a></p>
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		<title>Stop suicidios</title>
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		<pubDate>Thu, 06 Dec 2012 11:25:10 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Eduardo Roldán</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Solíamos pensar que el suicidio era un asunto de nórdicos ociosos porque la falta de sol los condenaba a quedarse encerrados entre las cuatro paredes y el techo de sus casas. Ahora nos damos cuenta de que por lo menos los nórdicos tienen o tenían casas en las que suicidarse, y que el no tenerla, [&#8230;]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><a href="/enfaserem/wp-content/uploads/sites/14/2012/12/stop-e1354792975751.png"><img loading="lazy" class="alignleft size-thumbnail wp-image-650" title="stop" src="/enfaserem/wp-content/uploads/sites/14/2012/12/stop.png" alt="" width="150" height="150" /></a>Solíamos pensar que el suicidio era un asunto de nórdicos ociosos porque la falta de sol los condenaba a quedarse encerrados entre las cuatro paredes y el techo de sus casas. Ahora nos damos cuenta de que por lo menos los nórdicos tienen o tenían casas en las que suicidarse, y que el no tenerla, el verse privado de pronto de ella, es causa más acuciante y expeditiva que la ociosidad. ¿Nos damos cuenta? El aterrador crecimiento exponencial de los suicios derivados de deshaucios ha sido hasta el momento tratado casi siempre ―abrumado quizá por las mil y una historias de dolor y sufrimiento diarias de los que todavía siguen vivos― más como un daño colateral, casi anecdótico, de la crisis, que como lo que realmente es: el síntoma de una enfermedad social que, debido a su presencia continua, amenaza con asumirse de manera rutinaria, como otro dato negro de los muchos datos negros con que nos topamos cada día. La rutina supone la ruina siempre, y entonces no habría vuelta atrás.</p>
<p>Tampoco ayuda el tratamiento informativo oscurantista que se le concede aún al suicidio. Si la muerte se muestra hoy sin pudor alguno ―en alta definición y a la hora del postre―, el suicidio sigue proscrito como el hijo bastardo de un Papa en la historia oficial del catolicismo. Para <strong>Camus</strong> el suicidio constituía el problema filosófico por excelencia. Camus tenía razón; más aun: si el objetivo de la filosofía es enseñar a vivir bien, el que un hombre se prive voluntariamente de la potencia de bienestar ha de ser considerado un fracaso de la filosofía más que un fracaso del hombre. Fracaso, desahucio, suicidio. Las tres palabras tienen un eco similar, más allá de su carga semántica estricta. Y una vinculación indudable. La raíz de la plaga, hoy, no tiene un vago origen psicológico sino algo tangible, físico, ante lo que no caben filofías abstractas ni velos discretos. Alcanzar cierto estado de equilibrio feliz no es fácil. Hacerlo sin techo y suelo es imposible.</p>
<p style="text-align: right;">(<em>El Norte de Castilla,</em> 6/12/2012)</p>
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		<title>Amanda Todd</title>
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		<pubDate>Sat, 27 Oct 2012 15:59:57 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Eduardo Roldán</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Ahora viene el gobierno de la Columbia Británica y anuncia medidas coercitivas, fulminantes, inminentes contra el acoso cibernético, se planta indignado en el primer lugar de la fila de dolientes y promete más vigilancia, más debate, más control, todo porque no vuelva a repetirse el caso, para que no haya una segunda Amanda, hay que [&#8230;]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><a href="/enfaserem/wp-content/uploads/sites/14/2012/10/amanda1-e1351353435110.jpg"><img loading="lazy" class="alignleft size-full wp-image-624" title="amanda" src="/enfaserem/wp-content/uploads/sites/14/2012/10/amanda1-e1351353435110.jpg" alt="" width="200" height="135" /></a>Ahora viene el gobierno de la Columbia Británica y anuncia medidas coercitivas, fulminantes, inminentes contra el acoso cibernético, se planta indignado en el primer lugar de la fila de dolientes y promete más vigilancia, más debate, más control, todo porque no vuelva a repetirse el caso, para que no haya una segunda <strong>Amanda</strong>, hay que atajar y atacar a los acosadores que se embozan en el anonimato de internet con toda la contundencia de la ley penal, hay que hacerlo y vamos hacerlo, sí, ya lo va a ver el mundo entero. Lo que no reconocen es la inutilidad de su empresa si la acción no es justamente global, mundial. Lo que no reconocen es que ya es demasiado tarde. Lo que no reconocen es que si Amanda no se hubiera suicidado, no les habrían entrado las prisas de la indignación: lo que no reconocen es su parte de culpa.</p>
<p>De momento, quizá la detección del acosador sea imposible, por mucha ayuda que Anonymous y otros ciberadalides de la justicia se ofrezcan prestar. Pero no nos engañemos: lo más trágico del caso de <strong>Amanda Todd</strong> no es la existencia de este cobarde solitario, motor primero de la muerte. La verdadera tragedia radica en la actitud de desprecio, repudio y ataques verbales y físicos que Amanda sufrió por quienes la rodeaban ―y la aislaban― día a día. Cobardes también pero al abrigo del grupo, de la masa, la masa genera odio, cuán fácil es el insulto coreado, el empujón por la espalda que sabe va a ser recibido con risas y aplausos. Y estos sí están identificados o son identificables. ¿A qué espera el gobierno de la CB para proceder contra ellos y abrir una investigación? La de Amanda Todd ha sido la crónica de una muerte anunciada que solo anunció ella, en cartulinas infantiles como gritos de angustia en blanco y negro. Las tres últimas cartulinas de su <a title="vídeo amanda todd" href="https://www.youtube.com/watch?v=vOHXGNx-E7E" target="_blank" rel="external nofollow">petición de ayuda</a> dicen: No tengo a nadie. Necesito a alguien. Me llamo Amanda Todd. Amanda Todd es hoy una entrada de la wikipedia.</p>
<p style="text-align: right;">(<em>El Norte de Castilla</em>, 25/10/2012)</p>
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		<title>Suicidios</title>
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		<pubDate>Thu, 15 Sep 2011 15:00:11 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Eduardo Roldán</dc:creator>
		                		<category><![CDATA[Actualidad]]></category>
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		<description><![CDATA[El INE ha revelado que cada día &#8211; sobre todo cada noche &#8211; se producen nueve suicidios, haraquiris del tallo de una vida que ya no se siente en nada viva: el suicidio, sí, es la primera causa en España de defunción violenta, y España es solo otra víctima de una epidemia, silenciosa y tenaz, [&#8230;]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>El INE ha revelado que cada día &#8211; sobre todo cada noche &#8211; se producen nueve suicidios, haraquiris del tallo de una vida que ya no se siente en nada viva: el suicidio, sí, es la primera causa en España de defunción violenta, y España es solo otra víctima de una epidemia, silenciosa y tenaz, que afecta a todos los países del mundo desarrollado (en el subdesarrollado el hambre no ofrece elección entre matarte o no: actúa sin preguntar). El último intento que ha trascendido ha sido el de la cuidadora de Boecillo, y no creo haya de verse este como un rapto súbito, una decisión sin otra raíz que la inmediata desgracia previa; tales casos, como el de los financieros de Wall Street que de un día para otro del año 29 se vieron arruinados y decidieron que la ventana de su despacho era la única salida para su frustración, resultan marginales y menos representativos; porque igual que el crack del 29 no fue un amanecer negro que surgiera del vacío, rara vez el suicidio es la consecuencia inmediata de un solo revés: se va gestando, va sedimentando de a poco, y las hojas del calendario se vuelven indiferentes y la tristeza es una y sola y total y el cansancio crece y llega un punto en que las fuerzas dicen adiós y solo queda la ventana.</p>
<p>Quienes condenan casi con resentimiento, con fervor religioso las más de las veces, la decisión del suicida y enarbolan un supuesto y absoluto deber de seguir viviendo no han experimentado, para su fortuna, ese dolor. Porque el suicida no decide nada, y por tanto él nada puede hacer por resistirse. El acto del suicidio es un precipitado invencible de tristeza, fatiga y locura debido casi siempre a una enfermedad, y cabría al menos exigir un poco de comprensión post mórtem para con el suicida, fusible de sí mismo. ¿Hasta dónde podemos pues hablar, como solemos, de “muerte voluntaria”? La única voluntad del suicida es una voluntad de paz, y la muerte es el único, trágico camino que puede tomar para llegar a ella.</p>
<p style="text-align: right">(<em>El Norte de Castilla</em>, 15/9/2011)</p>
<p>&nbsp;</p>
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		<title>Autolesiones</title>
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		<pubDate>Thu, 10 Mar 2011 19:24:09 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Eduardo Roldán</dc:creator>
		                		<category><![CDATA[Columnas opinión]]></category>
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		<post_tag><![CDATA[psicología]]></post_tag>
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		<description><![CDATA[Se estima que en torno a un 20% de adolescentes se autolesiona habitualmente, entre los que un sector creciente está comenzando a colgar en la red los resultados de su conducta: su propia imagen después de la lesión. Muñecas rasgadas, muslos o pechos con morados, piel abrasada por la mecha de un zippo o de [&#8230;]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Se estima que en torno a un 20% de adolescentes se autolesiona habitualmente, entre los que un sector creciente está comenzando a colgar en la red los resultados de su conducta: su propia imagen después de la lesión. Muñecas rasgadas, muslos o pechos con morados, piel abrasada por la mecha de un zippo o de una cerilla, todo un muestrario del horror disponible a golpe de clic.</p>
<p><img loading="lazy" class="alignleft" src="//static.wix.com/media/860cef_44399834ed25c1e9491d3dea32f6bfce.jpg_128" alt="" width="85" height="128" />Estos jóvenes no son un producto cultural de una era enferma de atención, como muchos se empeñan, no niñatos ociosos en busca de los cinco minutos de fama a que creen tienen derecho. Son seres frágiles, confundidos, productos culturales solo en el sentido de que también el mundo es frágil y confuso. Si demandan atención no es la atención pornográfica de quien se presta a que lo encierren en un estudio durante meses con cámaras de tv. registrando sus miserias veinticuatros horas al día, no la del a sí mismo calificado de artista, que para demostrarlo es capaz de dispararse en un pie y luego exponer la grabación en un museo. Es la atención que demanda un ser agónico, alguien incapaz de manejar todas las variables que se presentan ante él,  que le generan una impotencia tan abrumadora como difícil de identificar, de darle forma o ponerle nombre. El hematoma o la quemadura son la única salida con que intentan controlar un dolor que no entienden. El dolor psicológico es más difuso, menos controlable que el dolor físico, y mediante la lesión al menos logran acotar – siquiera transitoriamente – los límites de ese dolor, reducirlo a una realidad material, inmediata, visible, que aunque también dolorosa sí pueden controlar, sí saben cómo hacer frente. El exponer sus heridas a los ojos de cualquiera no constituye un acto de egocentrismo sino una petición de ayuda, en algún caso incluso una petición última antes de que su dolor los anegue definitivamente y opten por esa autolesión que no tiene vuelta atrás, el suicidio.</p>
<p style="text-align: right;">(<em>El Norte de Castilla</em>, 10/3/2011)</p>
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		<title>Dimitir de la vida</title>
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		<pubDate>Wed, 24 Sep 2008 19:55:00 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Eduardo Roldán</dc:creator>
		                		<category><![CDATA[Columnas opinión]]></category>
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		<description><![CDATA[En una sociedad cuyo tratamiento de la muerte resulta esquizoide además de hipócrita (no se puede hablar de ella pero sí lucrarse a su costa, estilizándola en videojuegos manga y cine de kétchup), el suicidio se ha convertido no en el problema filosófico por excelencia, como quería Camus, sino en el tabú más hermético. Así, [&#8230;]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><img loading="lazy" class="alignleft" src="//3.bp.blogspot.com/_VpyEEFR-Hsc/TD8Boh8b7oI/AAAAAAAAARQ/B0Uhr22WsCI/s200/4339.jpg" alt="" width="200" height="133" />En una sociedad cuyo tratamiento de la muerte resulta esquizoide además de hipócrita (no se puede hablar de ella pero sí lucrarse a su costa, estilizándola en videojuegos manga y cine de kétchup), el suicidio se ha convertido no en el problema filosófico por excelencia, como quería <strong>Camus</strong>, sino en el tabú más hermético. Así, tras el suicidio por soga al cuello del escritor <strong>David Foster Wallace</strong> han asomado las periódicas, habituales muestras de impotencia que brotan cuando un fenómeno se niega a encasillarse en esos parámetros asumidos que consideramos inamovibles. Cómo alguien a quien han sonreído el éxito en su profesión y la espuma de la fama, alguien con una mujer a su lado que le quería, alguien con sólo 46 años ha podido&#8230; Porque lo único innegable es que ha podido. Quienes escupen estas preguntas sin destinatario (el único que hubiera podido responderlas es el muerto) parece a veces que se toman una decisión sobre la propia vida de alguien a quien no han conocido como una afrenta personal y deliberada por causarles dolor. Y el fatigar sus escritos en busca de “pistas reveladoras”, conscientes o no, de su futura decisión constituye un ejercicio tan estéril como insincero, es sólo el disfraz con el que se pretende entretener la impotencia ante un hecho que desborda la comprensión, en el sentido de facultad para entender y casi siempre también en el de tolerancia. Dicen buscar una razón, pero sólo hacen como que la buscan: la tienen delante y no quieren verla. Ni <strong>Virginia Woolf</strong> ni <strong>Primo Levi</strong> ni Foster Wallace comparten otra cosa que la de haber dicho basta. La depresión, la angustia, la fatiga, esos caudales irregulares y caprichosos, sencillamente a veces llegan con un volumen que no se puede achicar acudiendo a los habituales cubos de socorro: el amor, el trabajo, el futuro &#8211; el Futuro -, los piolines culturales; y entonces es mejor dejarlo, acudir a la armería o a la farmacia más cercanas y fin.</p>
<p>Esta ceguera voluntaria nada tiene que ver con la humana incomprensión que nace de nuestra incapacidad para meternos en la piel – en la cabeza – del suicida. El suicidio nos sitúa pues de la manera más radical ante lo que con respecto a la eutanasia <strong>Salvador Pániker</strong> ha llamado “derecho a dimitir de la vida”. ¿Por qué no va a tener derecho a dimitir alguien cuyos – acudiendo a la expresión de que se vale nuestro código penal &#8211; “graves padecimientos permanentes” se nos han pasado por alto? ¿O ha de ser la evidencia terminal perceptible por cualquiera para que admitamos el ejercicio de atributos como libre albedrío, autonomía, etc., supuestamente indisociables de la persona? Por supuesto que tal decisión siempre va a resultar en mayor o menor grado incomprensible para quienes quedamos de este lado, y admitirla se vuelve más y más difícil cuanto más estimemos-queramos-amemos al suicida. Pero no debe olvidarse el Perogrullo – y con frecuencia se olvida &#8211; de que, por mucho sufrimiento que pueda causar en quienes por ahora hemos decidido seguir en la rueda de las horas y los días, quien más sufre en un suicidio es el suicida, por la sencilla razón de que es irreversible, y que su sufrimiento hasta llegar al suicidio ha sido tal que le ha hecho optar por un naipe sin vuelta atrás.</p>
<p style="text-align: right;">(<em>El Norte de Castilla</em>, septiembre de 2008)</p>
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