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	<title>ENFASEREMtiempo &#8211; ENFASEREM</title>
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	<description>bloc digital de Eduardo Roldán - actualidad, libros, cine y otros placeres y días</description>
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		<title>Cánones</title>
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		<pubDate>Thu, 02 Jan 2020 12:53:56 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Eduardo Roldán</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Con el fin del calendario llega la explosión de cánones, que no deja rincón del panorama social/cultural sin jerarquizar. Hay aquí un sesgo paradójico. En una sociedad empeñada en establecer igualitarismos injustos (igualitarismos, no igualdad), existe a la vez la angustia por determinar a cuál de todos los elementos que constituyen el denso y grisáceo [&#8230;]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Con el fin del calendario llega la explosión de cánones, que no deja rincón del panorama social/cultural sin jerarquizar. Hay aquí un sesgo paradójico. En una sociedad empeñada en establecer igualitarismos injustos (igualitarismos, no igualdad), existe a la vez la angustia por determinar a cuál de todos los elementos que constituyen el denso y grisáceo magma de la actualidad merece la pena prestar atención (tiempo, si no dinero). Aunque pretenda el hombre rebozar su pensamiento en relativismos compactos, ahogar el mérito bajo el principio de que todo vale y todo es una cuestión de gusto, la pulsión por discernir alguna certeza, siquiera provisional, no deja de latir en su interior. De ahí el canon.</p>
<p>Pero, ay, tampoco el canon ha permanecido impermeable a la realidad del magma. Porque ¿a qué canon atenerse? Incluso ciñéndose a los cánones emitidos por las autoridades (con perdón) más prestigiosas en el asunto, uno se encuentra con resultados disímiles, a veces con solo dos o tres puntos en común. Lo que solo incrementa el desconcierto y la ansiedad, y al cabo la resignación o el rechazo violento. <strong>Epicuro</strong> predicaba que más no siempre es más: el bienestar se optimiza alcanzado cierto punto, e insistir más allá de este solo trae —más cuanto más se insista— la ruina. Pero en una sociedad donde la magnitud de la oferta solo es comparable a la urgencia del consumo, Epicuro suena gagá, si es que todavía se le escucha alguna vez. El problema no es que todo sea una mierda, sino que hay muchas obras de mérito, y aun con el canon depurado (el canon de cánones que nos podamos haber armado), no nos logramos sacudir la angustia —&lt;&lt;¡Siguen siendo demasiadas!&gt;&gt;— ni la sensación de estar perdiéndonos alguna obra esencial que haya escapado al radar de los cánones. Así pues, solo queda abandonarse al azar o a la intuición, o regresar a esos territorios que, aun ya transitados, sabemos no nos fallarán. Lo que se pierde en novedad se gana en salud mental.</p>
<p style="text-align: right;">(<em>El Norte de Castilla</em>, 2/1/2020)</p>
<p>@enfaserem</p>
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		<title>¿Leer?</title>
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		<pubDate>Thu, 05 Apr 2018 09:33:10 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Eduardo Roldán</dc:creator>
		                		<category><![CDATA[Actualidad]]></category>
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		<description><![CDATA[Borges afirmó que se sentía más justificado por los libros que había leído que por los que había escrito. Paco Umbral escribió que lo creativo era leer, no escribir. Infinitos más han predicado las bondades de la lectura; con toda la buena voluntad, pero quizá escasa puntería. Difícil es despertar un interés —no digamos una [&#8230;]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><strong>Borges</strong> afirmó que se sentía más justificado por los libros que había leído que por los que había escrito. <strong>Paco Umbral</strong> escribió que lo creativo era leer, no escribir. Infinitos más han predicado las bondades de la lectura; con toda la buena voluntad, pero quizá escasa puntería. Difícil es despertar un interés —no digamos una pasión— por la vía del utilitarismo, que es la forma amable de la imposición. El hábito de leer puede que engrase las sinapsis cerebrales, que fomente la empatía —al poner al lector en piel ajena ante situaciones desconocidas—, que incentive la imaginación, lo que se quiera, pero todo esto no son sino precipitados secundarios y variables, que además pueden obtenerse por otras vías. Así, ¿por qué dedicar tiempo a una actividad en definitiva prescindible, cuando tiempo es lo que menos tenemos y hay tantas otras que despiertan una excitación mucho más inmediata? Uno se pone un disco y basta una gavilla de compases para sentir si la pieza le llega o no; se pone a mirar un partido y por muy soso que sea, siempre se mantiene cierto nivel de excitación; o se pone un videojuego y al instante es sumergido en la aventura. Todas estas actividades también pueden reportar beneficios, neuronales o de otro tipo, pero nadie se sienta a ver un partido porque pueda mejorar su visión espacial o su capacidad anticipativa.</p>
<p>Este enfoque utilitarista se ha valido a su vez del prestigio tradicional adosado al libro. Pero hoy ese prestigio solo conserva el escasísimo brillo de la inercia histórica.</p>
<p>¿Entonces? Lo único que puede hacerse es recomendar que se pruebe, porque pese a la apariencia de estatismo y falta de emoción, la lectura es divertida. Exige paciencia, desde luego, y es probable que se produzca más de un intento trunco, pero si se da con el libro —y si se busca al final siempre se da—, el iniciado sentirá, aunque no pueda articularlo del todo, que algo dentro de él se ha removido, y de una forma que jamás había experimentado.</p>
<p style="text-align: right;">(<em>El Norte de Castilla</em>, 5/4/2018)</p>
<p style="text-align: left;">@enfaserem</p>
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		<title>Otro día</title>
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		<pubDate>Thu, 04 Jan 2018 10:58:14 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Eduardo Roldán</dc:creator>
		                		<category><![CDATA[Actualidad]]></category>
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		<description><![CDATA[Todo lo que nos puede ocurrir nos ha ocurrido ya. Y lo contrario también es cierto, solo que en un sentido literal, siempre menos rico. En estas fechas en que los días parece se doblen como planos agudos, en que se distingan como puntos y aparte, tendemos tanto a elaborar una lista de propósitos, siquiera [&#8230;]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Todo lo que nos puede ocurrir nos ha ocurrido ya. Y lo contrario también es cierto, solo que en un sentido literal, siempre menos rico. En estas fechas en que los días parece se doblen como planos agudos, en que se distingan como puntos y aparte, tendemos tanto a elaborar una lista de propósitos, siquiera mental, como a hacer recuento de los doce meses precedentes. Descreo de los propósitos como descreo de las fechas &lt;&lt;señaladas&gt;&gt;: la manera más eficaz de no lograr algo es proponérselo con demasiado empeño; no hay que olvidar nunca que un contrato de muchos millones es a fin de cuentas solo un contrato, que un proyecto de investigación en Boston solo un proyecto de investigación, que una sinfonía solo una sinfonía. De igual modo, las fechas señaladas suelen suponer hitos del vacío, compases de tránsito hasta el retorno de las cotidianas, que es cuando ocurren las cosas y puede saltar la sorpresa y la recompensa.</p>
<p>Como el propósito, también en las señaladas asoma el recuento; el recuento es el residuo del propósito anterior y a la vez el germen del presente. Pero hacer recuento suele suponer convocar al desencanto. ¿Cuántas de las promesas que hace un año nos hicimos hemos llegado a cumplir? Y sin embargo insistimos con otra lista —quizá por un mal entendido amor propio—, para más ironía con no pocos elementos pendientes de la lista anterior. ¿Qué nos hace pensar que esta vez sí?</p>
<p>Afirma <strong>Salvador Pániker</strong> que &lt;&lt;Vivir no es imposible&gt;&gt;. Es decir que a veces sí lo es. Lo cual no significa resignación o abandono; supone en cambio un signo, creo, de lucidez humilde. Vivir es dejarse vivir. Navegar sin soltar el timón pero teniendo siempre presente que ante ciertas tempestades no hay timón que valga. Que pueden acaecer en enero o en julio, y prolongarse por un día o por diez años. Por otro lado, cómo abolir de raíz el deseo (el propósito), cómo silenciar la memoria propia (el recuento). Sería como dejar de ser humanos.</p>
<p style="text-align: right;">(<em>El Norte de Castilla</em>, 4/1/2018)</p>
<p style="text-align: left;">@enfaserem</p>
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		<title>Arrugas</title>
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		<pubDate>Thu, 19 Feb 2015 19:29:27 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Eduardo Roldán</dc:creator>
		                		<category><![CDATA[Actualidad]]></category>
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		<description><![CDATA[Cada cual tiene derecho a maltratar su cuerpo como quiera. Puede utilizarlo como lienzo de agujas o cuchillas, puede llenarlo de humo y nicotina con una regularidad de media hora, puede secarlo de hambre hasta los huesos o alimentarlo con inyecciones diarias de opio. Puede, incluso, llegar al extremo de dimitir de él, sin vuelta [&#8230;]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><a href="/enfaserem/wp-content/uploads/sites/14/2015/02/uma-thurman.jpg"><img loading="lazy" class="alignleft size-full wp-image-987" title="uma thurman" src="/enfaserem/wp-content/uploads/sites/14/2015/02/uma-thurman.jpg" alt="" width="200" height="118" /></a>Cada cual tiene derecho a maltratar su cuerpo como quiera. Puede utilizarlo como lienzo de agujas o cuchillas, puede llenarlo de humo y nicotina con una regularidad de media hora, puede secarlo de hambre hasta los huesos o alimentarlo con inyecciones diarias de opio. Puede, incluso, llegar al extremo de dimitir de él, sin vuelta atrás. Es uno de esos tributos que hemos de pagar en aras de una completa, honesta asunción del principio de libertad individual, por mucho que esto la DGT no lo entienda o no lo quiera entender.</p>
<p>Tampoco el personal entiende o quiere entender las cirugías faciales de las estrellas de la pantalla, y la puesta de largo en sociedad de un nuevo rostro se saluda invariablemente con una mezcla de repulsa y desdén, que no pocas veces no es sino la expresión de una envidia que latía, agazapada y rabiosa, desde hace mucho en el interior del emisor. La última diana en recibir los dardos de bilis ha sido <strong>Uma Thurman</strong>. ¿Se ha vuelto loca, con el rostro tan bello y peculiar que tenía? ¿Se debe al mal consejo de un publicista ciego, a la presión de una industria obsesionada no solo con detener sino con revertir la flecha del tiempo? Este suele ser el argumento de los analistas, que se topa con una evidencia que, de tan rotunda, parece escapar al análisis: la de que el pulirse el rostro no ha proporcionado casi nunca papeles de jovencita a la operada. Con buen criterio, los productores siguen prefiriendo a las jovencitas naturales. Cosa distinta es que no haya papeles interesantes para mujeres maduras o viejas, pero esto no es culpa de las arrugas sino de los papeles. <strong>Bergman</strong> o <strong>Haneke</strong> han demostrado que dramáticamente la arruga también puede ser bella, y que las arrugas del alma, esas que el bisturí no puede alisar ni el espejo disfrazar, interesan en pantalla. Es un territorio fílmico que habría que explorar más, que de cuitas urbanas de adolescentes tardíos empezamos a estar un poco hartos.</p>
<p style="text-align: right;">(<em>El Norte de Castilla</em>, 19/2/2015)</p>
<p style="text-align: left;"><a title="@enfaserem" href="https://twitter.com/enfaserem" target="_blank" rel="external nofollow">@enfaserem</a></p>
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		<title>El cuadro</title>
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		<pubDate>Thu, 11 Dec 2014 18:19:46 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Eduardo Roldán</dc:creator>
		                		<category><![CDATA[Actualidad]]></category>
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		<description><![CDATA[Y apenas se colgó el cuadro ya las voces de los resentidos y más bien ociosos se alzaron ansiosas como inquisidores, y ello pese a la advertencia irónica previa del pintor: . Hay que ser muy tonto o muy mezquino para reprocharle a un artista el tiempo invertido en una obra. ¿Es eso todo lo [&#8230;]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><a href="/enfaserem/wp-content/uploads/sites/14/2014/12/retrato-blog.jpg"><img loading="lazy" class="alignleft size-full wp-image-971" title="retrato-blog" src="/enfaserem/wp-content/uploads/sites/14/2014/12/retrato-blog.jpg" alt="" width="180" height="134" /></a>Y apenas se colgó el cuadro ya las voces de los resentidos y más bien ociosos se alzaron ansiosas como inquisidores, y ello pese a la advertencia irónica previa del pintor: <<No vayan a pensar que soy un vago>>. Hay que ser muy tonto o muy mezquino para reprocharle a un artista el tiempo invertido en una obra. ¿Es eso todo lo que se les ocurre al mirar el retrato, toda la lectura de que son capaces? De entrada, cabe oponerles que a quien hay que reprochar en ese sentido no es a <strong>Antonio López</strong> sino a quienes le hicieron el encargo; si lo que buscaban era celeridad, el pintor de Tomelloso no era desde luego la opción más idónea: cualquiera conoce su manera de proceder, que no va a cambiar porque el encargo venga con pátina real, pues cambiarla le imposibilitaría pintar ni un trazo. Por otro lado, ese tiempo invertido no es solo una carencia, sino que debería verse como el mayor ejemplo de la cualidad moral del autor. El artista solo está comprometido con su obra, con su visión, y al único que ha de rendir cuentas es a sí mismo. Muy pocas veces en la historia del arte ha habido, si es que alguna, nadie con entrega más absoluta que Antonio López. <<Minucioso>>, <<detallista>>, <<obsesivo>>, son adjetivos que se le vienen colgando desde que comenzó a tener repercusión pública, y que bajo su apariencia de etiquetas educadas no hacen sino restar valor a su proyecto profesional/vital, a la cualidad moral de una obra incomparable, pues como sin darse cuenta dejan entrever que cualquiera que emplease el tiempo que emplea López podría pintar como él. Más quisieran. La moral del artista se manifiesta, sí, en que es la obra la que domina su voluntad y la que exige que el resultado se aproxime tanto como sea posible a esa visión ideal a que aludíamos. Ocurre que la mayoría abandona antes de alcanzarla, escudándose en que alcanzarla es imposible. Y lo es, pero precisamente por ello el insistir dignifica al autor. Quiere decirse que el cuadro ha sido entregado, pero que, por si alguien todavía no se ha dado cuenta, sigue sin estar terminado.</p>
<p>En una época atravesada de urgencia como en la que vivimos, produce cierto consuelo comprobar que todavía hay personas capaces de pasarse veinte años inclinados sobre un microscopio o erguidos junto a un lienzo. En el caso del artista, no se trata de producir algo con vocación de eternidad, aunque la obra firmada termine pasando a los libros de historia, sino que el acto de ejecución es en sí mismo eterno, pues abole el tiempo. Como un maestro zen o un <strong>Einstein</strong> en zapatillas de cuadros, a Antonio López el trabajo lo instala en un presente perpetuo, lo saca de la flecha de la angustia en la que los demás viajamos con el anhelo por llegar a… ¿dónde, exactamente?</p>
<p style="text-align: right;">(<em>El Norte de Castilla</em>, 11/12/2014)</p>
<p style="text-align: left;"><a title="@enfaserem" href="https://twitter.com/enfaserem" target="_blank" rel="external nofollow">@enfaserem</a></p>
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		<title>Voyager 1</title>
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		<pubDate>Fri, 18 Oct 2013 20:47:47 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Eduardo Roldán</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Hace un  mes ya que la NASA confirmó el ingreso del Voyager 1 en el espacio interestelar, siendo así el primer objeto fabricado por el hombre que dice adiós al sufrido, generoso amparo del sol; ahora debe de andar, pulgada arriba pulgada abajo, a unos 1.888×1010 km. del astro rey. Cifras tan estratosféricas suponen siempre una [&#8230;]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><a href="/enfaserem/wp-content/uploads/sites/14/2013/10/voyager-1-e1382129640526.jpg"><img loading="lazy" class="alignleft size-full wp-image-784" title="voyager 1" src="/enfaserem/wp-content/uploads/sites/14/2013/10/voyager-1-e1382129640526.jpg" alt="" width="180" height="109" /></a>Hace un  mes ya que la NASA confirmó el ingreso del Voyager 1 en el espacio interestelar, siendo así el primer objeto fabricado por el hombre que dice adiós al sufrido, generoso amparo del sol; ahora debe de andar, pulgada arriba pulgada abajo, a unos 1.888×10<sup>10</sup> km. del astro rey. Cifras tan estratosféricas suponen siempre una ducha, no diré fría, pero sin duda fresca, de relativismo. Nos creemos algo, pero al final somos poco más que polvo de estrellas. Y estrellas hay tantas. El Voyager lleva 36 años alejándose de la Tierra, recopilando datos, haciendo cálculos, continuando una labor de mar en la arena hasta que alcance un punto en que la señal no llegue o las pilas se le agoten, lo que suceda antes, mártir que se sacrifica en favor de todos, pobre. Qué no habrá visto el Voyager. Uno mismo ronda su edad y lo más insólito que ha presenciado ha sido el cartón-piedra de Las Vegas. No es lo mismo.</p>
<p>Por si se diera el contacto con algún extraterrestre extraviado, en su interior la nave terrícola transporta un disco de oro con piezas de <strong>Bach</strong>, saludos de bienvenida en 55 idiomas, el sonido del viento, de un beso, fórmulas matemáticas, láminas de anatomía, una foto del Taj Mahal, en fin, una botica cultural/histórica que se quiere representativa de la vida en nuestra bola azul. Pero que solo lo es muy relativamente, no ya por los cambios brutales acaecidos en el último cuarto de siglo sino por el brillo del disco. Es un disco sin cara B. Nada de Auschwitz, nada de hambrunas, nada de rencores: cosas que sin duda también somos. El disco es pues un anzuelo idílico, que si pescase al citado extraterrestre sin duda atraería su atención. Solo que cuando se acercase por aquí a echar un vistazo se toparía, ay, con la realidad. ¿Y para qué se han ido tan lejos estos señores, con lo que les queda todavía por arreglar en su planeta?, acaso se preguntase. Por mi parte lo único que le pido al Voyager es que salude a <a href="https://blogs.elnortedecastilla.es/enfaserem/2013/05/30/sun-ra/" target="_blank"><strong>Sun Ra</strong></a> si se cruza con él.</p>
<p style="text-align: right;">(<em>El Norte de Castilla</em>, 17/10/2013)</p>
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		<title>Jordan</title>
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		<pubDate>Thu, 21 Feb 2013 13:59:10 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Eduardo Roldán</dc:creator>
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		<description><![CDATA[No fue hasta el despuntar del siglo XX que los antiguos habitantes de Olimpia pudieron reencarnarse. Todavía hoy, lo más cerca que tenemos los mortales del montón de vislumbrar la divinidad no se halla en los productos del arte ―con excepción de la música, pero el vislumbre de la música es más polisémico, menos específico― [&#8230;]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><a href="/enfaserem/wp-content/uploads/sites/14/2013/02/jordan.jpg"><img loading="lazy" class="alignleft  wp-image-684" title="Michael Jordan" src="/enfaserem/wp-content/uploads/sites/14/2013/02/jordan.jpg" alt="" width="155" height="155" /></a>No fue hasta el despuntar del siglo XX que los antiguos habitantes de Olimpia pudieron reencarnarse. Todavía hoy, lo más cerca que tenemos los mortales del montón de vislumbrar la divinidad no se halla en los productos del arte ―con excepción de la música, pero el vislumbre de la música es más polisémico, menos específico― sino en la batalla deportiva. Lo más cerca que estaremos nunca de Neptuno es viendo nadar a <strong>Phelps</strong>. Y del abanico de deportistas que aspiraban al título de dios, ninguno lo ha alcanzado con la unanimidad con que <strong>Michael Jordan</strong>, desde que <strong>Larry Bird</strong> lo bautizase como tal. La unanimidad en el caso de Jordan resulta si cabe más extraordinaria por tratarse de un dios en un juego de equipo, donde la jerarquización resulta mucho más flexible que en uno individual, al influir una serie de factores no mensurables que en las pruebas individuales no se dan (al fin y al cabo, el mejor corredor es el que llega primero a la meta). También suele la unanimidad ser aburrida, pero ver jugar a Jordan no aburría a nadie, y hasta los legos en los rudimentos del baloncesto eran capaces de percibir la divinidad en el hombre.</p>
<p>Si es infrecuente una divinidad tan palpable y extendida, más lo es renunciar en el auge del fulgor divino. Jordan lo hizo por una promesa al padre, y ese ínterin en el que cambió la cancha de parqué por el diamante de tierra del béisbol sirvió para recordarnos la humanidad en el dios. Transitoriamente. Solo los más grandes son capaces de retomar la cúspide tras un parón, y el primer regreso al parqué significó la consagración definitiva. El segundo fue un recuerdo más severo que el del primer abandono: fue quizá un acto de soberbia contra la Naturaleza, una apuesta perdida desde el comienzo que sin embargo el dios-hombre se empeñó en hacer, aun sabiendo íntimamente la imposibilidad de ganarla. Hoy Jordan ha cumplido medio siglo y ha engordado. El problema con los dioses es que tampoco escapan al tiempo.</p>
<p style="text-align: right;">(<em>El Norte de Castilla</em>, 21/2/2013)</p>
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		<title>Listas</title>
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		<pubDate>Thu, 20 Dec 2012 19:10:26 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Eduardo Roldán</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Vivimos en un mundo encasillado. El inabarcable magma de datos que la sociedad de la información no deja de generar segundo a segundo ha producido el fenómeno paralelo de la necesidad de clasificarla, etiquetarla, acotarla dentro de unos parámetros manejables que nos permitan discriminar el oro del oropel, entresacar la trufa del magma. De entrada [&#8230;]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><a href="/enfaserem/wp-content/uploads/sites/14/2012/12/lista-e1356030566780.jpg"><img loading="lazy" class="alignleft size-thumbnail wp-image-655" title="lista" src="/enfaserem/wp-content/uploads/sites/14/2012/12/lista.jpg" alt="" width="150" height="150" /></a>Vivimos en un mundo encasillado. El inabarcable magma de datos que la sociedad de la información no deja de generar segundo a segundo ha producido el fenómeno paralelo de la necesidad de clasificarla, etiquetarla, acotarla dentro de unos parámetros manejables que nos permitan discriminar el oro del oropel, entresacar la trufa del magma. De entrada el propósito es lógico y la necesidad natural. La posibilidad de ver todas las series de HBO o de escuchar todo el barroco musical con un solo clic no produce precisamente una sensación de placidez. Más bien lo que produce es una ansiedad angustiosa. ¿Por dónde empezar? Al final no se empieza por ningún sitio, o se si empieza no se disfruta, pues no nos quitamos de la cabeza la cantidad de títulos que nos quedan por ver o por escuchar, el hecho de que podríamos estar viendo o escuchando otro que disfrutaríamos más. De ahí la necesidad de acotar. De ahí las listas.</p>
<p>Pero como hemos dicho, de entrada. Porque en la práctica la función de la lista no hace sino acentuar, si cabe, la angustia. Y ello por su mera profusión, que en el ámbito cultural alcanza, en estos últimos días del año, niveles de auténtica epidemia. Los diez mejores discos de 2012, las diez mejores novelas, las diez películas… Y no solo: los diez mejores discos de rock español de bandas debutantes, los diez mejores de bandas que hayan publicado su segundo disco… Y sobre cada una de estas “materias”, tantas listas como opinantes, que no dejan de agregarse como polillas a la bombilla. Necesitaríamos pues hacer la lista de las listas para poder orientarnos; porque, en contra de la creencia cada vez más generalizada ―producto también de la explosión de internet―, no toda lista vale lo mismo. Por otro lado, aun en el supuesto de que la lista resultase útil, se perdería el placer del descubrimiento. Claro que quién tiene tiempo para investigar por su cuenta, con tal cantidad de discos pendientes.</p>
<p style="text-align: right;">(<em>El Norte de Castilla</em>, 20/12/2012)</p>
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		<title>Viejos</title>
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		<pubDate>Fri, 14 Dec 2012 17:12:33 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Eduardo Roldán</dc:creator>
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		<description><![CDATA[La suerte ha querido que la muerte les llegase la misma semana a la mujer más vieja del mundo ―o acreditadamente más vieja―, Besse Cooper, a los 116 años; al arquitecto Óscar Niemeyer (a los 104), y al pianista Dave Brubeck (un día antes de cumplir los 92). Sabemos ―más o menos― lo que hicieron [&#8230;]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><a href="/enfaserem/wp-content/uploads/sites/14/2012/12/besse-cooper-e1355504835984.jpg"><img loading="lazy" class="alignleft size-full wp-image-652" title="besse cooper" src="/enfaserem/wp-content/uploads/sites/14/2012/12/besse-cooper-e1355504835984.jpg" alt="" width="200" height="125" /></a>La suerte ha querido que la muerte les llegase la misma semana a la mujer más vieja del mundo ―o acreditadamente más vieja―, <strong>Besse Cooper,</strong> a los 116 años; al arquitecto <strong>Óscar Niemeyer</strong> (a los 104), y al pianista <strong>Dave Brubeck</strong> (un día antes de cumplir los 92). Sabemos ―más o menos― lo que hicieron Brubeck y Niemeyer, pero no lo que la venerable miss Cooper, y seguro que alguna cosa hizo, pues nadie puede llegar a esas edades astronómicas lastrado de hastío. Cerrado el ciclo de los hijos y de la profesión, ¿cómo paso sus últimos días ―sus últimos 50 años? Si apenas ha trascendido es porque no interesa, como si el mero hecho de llegar a los 116 fuera un logro que se justificase a sí mismo. <<Qué envidia, quién pudiera>> ha sido la reacción casi unánime al comentar la noticia. Se atiende a la cantidad por la cantidad, al año por el año sin consideraciones de sustancia. Quizá miss Cooper no alcanzó las alturas creativas de Niemeyer o Brubeck, pero seguro que no perdió nunca la curiosidad. Una excelente dotación genética y mucha fuerza de voluntad no bastan para llegar a centenario. Como al espíritu no lo incentives, el cuerpo se agota. Ante la obsesión actual por prolongar la vida indefinidamente cabe preguntar: ¿Qué vida? La farmacéutica que un día consiga sintetizar <<la pastilla de los cien>> obtendrá más beneficios que los señores de Microsoft y Facebook juntos. Entre morir a los treinta y cinco como <strong>Mozart</strong> o a los cien como un espantapájaros todos elegimos al espantapájaros. A Miss Cooper a lo mejor le gustaba cocinar pasteles, leer la Biblia al azar o los periódicos por orden, pintar plácidas acuarelas. Cocinar, leer, pintar: no solo estar. El hombre se empeña en aplazar esa sentencia sin excepciones que es la muerte, sin darse cuenta muchas veces que el aplazamiento pierde el sentido si se convierte en fin y no en medio. Yo a Brubeck no le envidio los más de noventa; le envidio que estuvo tocando hasta el día antes.</p>
<p style="text-align: right;">(<em>El Norte de Castilla</em>, 13/12/2012)</p>
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		<title>Gabo en blanco</title>
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		<pubDate>Thu, 14 Jun 2012 13:35:38 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Eduardo Roldán</dc:creator>
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			<content:encoded><![CDATA[<p><a href="/enfaserem/wp-content/uploads/sites/14/2012/06/gabriel-garcia-marquez-e1339680748630.jpg"><img loading="lazy" class="alignleft size-full wp-image-481" title="gabriel-garcia-marquez" src="/enfaserem/wp-content/uploads/sites/14/2012/06/gabriel-garcia-marquez-e1339680748630.jpg" alt="" width="139" height="200" /></a>Aseguran los escasos afortunados que lo tratan que el maestro ya no los reconoce. Aseguran que repite las mismas, educadas, blancas preguntas una y otra vez, con la misma emoción y curiosidad por saber la respuesta que se le ha dado dos minutos antes, como un pez infantil que te mirase de plano y humilde. Aseguran que no es capaz de citar los títulos de sus novelas, esas a las que ha dedicado su vida y que millones de lectores en todo el mundo llevan más de medio siglo fatigando incansables, siempre a la espera de una sorpresa que saben terminará surgiendo, quizá en ese pasaje que tienen subrayado y han leído mil veces. Es así de triste: la más perfecta prosa en castellano del siglo, la más imitada, la más inimitable, la más querida, es incapaz de recordarse. <strong>García Márquez</strong> ha logrado sortear el ogro del cáncer pero no el desagüe del alzhéimer. Así, el último gran proyecto literario de su vida, la trilogía de sus memorias, quedará trunco, reducido a un solo volumen cuya cita de apertura reza: <<La vida no es la que uno vivió, sino la que uno recuerda y cómo la recuerda para contarla>>. Es decir: que la falta de memoria es la muerte en vida, porque al perder la memoria el hombre pierde su identidad. <strong>Marcel Proust</strong> ha sido con casi toda seguridad el escritor que más hondamente ha buceado en las aguas de la memoria, en sus mecanismos, sus caprichos y sus subterfugios. Demostró con una magdalena y una taza de té que la memoria que cuenta es la memoria involuntaria, pues es esta la que de verdad ha retenido lo que merece la pena retener, y es a la que se refiere García Márquez en la cita comentada. Pero para despertar la memoria involuntaria, incluso para despertar la memoria falsa, la de recuerdos creados, es necesario contar con memoria; Proust quizá lo dio por supuesto porque la suya era excepcional. La de Gabo torna blanca día a día, otra víctima de una plaga que marchita el mundo y que es quizá lo que uno más teme.</p>
<p style="text-align: right;">(<em>El Norte de Castilla</em>, 14/6/2012)</p>
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