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	<title>ENFASEREMvida &#8211; ENFASEREM</title>
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	<description>bloc digital de Eduardo Roldán - actualidad, libros, cine y otros placeres y días</description>
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		<title>Otro día</title>
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		<pubDate>Thu, 04 Jan 2018 10:58:14 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Eduardo Roldán</dc:creator>
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			<content:encoded><![CDATA[<p>Todo lo que nos puede ocurrir nos ha ocurrido ya. Y lo contrario también es cierto, solo que en un sentido literal, siempre menos rico. En estas fechas en que los días parece se doblen como planos agudos, en que se distingan como puntos y aparte, tendemos tanto a elaborar una lista de propósitos, siquiera mental, como a hacer recuento de los doce meses precedentes. Descreo de los propósitos como descreo de las fechas &lt;&lt;señaladas&gt;&gt;: la manera más eficaz de no lograr algo es proponérselo con demasiado empeño; no hay que olvidar nunca que un contrato de muchos millones es a fin de cuentas solo un contrato, que un proyecto de investigación en Boston solo un proyecto de investigación, que una sinfonía solo una sinfonía. De igual modo, las fechas señaladas suelen suponer hitos del vacío, compases de tránsito hasta el retorno de las cotidianas, que es cuando ocurren las cosas y puede saltar la sorpresa y la recompensa.</p>
<p>Como el propósito, también en las señaladas asoma el recuento; el recuento es el residuo del propósito anterior y a la vez el germen del presente. Pero hacer recuento suele suponer convocar al desencanto. ¿Cuántas de las promesas que hace un año nos hicimos hemos llegado a cumplir? Y sin embargo insistimos con otra lista —quizá por un mal entendido amor propio—, para más ironía con no pocos elementos pendientes de la lista anterior. ¿Qué nos hace pensar que esta vez sí?</p>
<p>Afirma <strong>Salvador Pániker</strong> que &lt;&lt;Vivir no es imposible&gt;&gt;. Es decir que a veces sí lo es. Lo cual no significa resignación o abandono; supone en cambio un signo, creo, de lucidez humilde. Vivir es dejarse vivir. Navegar sin soltar el timón pero teniendo siempre presente que ante ciertas tempestades no hay timón que valga. Que pueden acaecer en enero o en julio, y prolongarse por un día o por diez años. Por otro lado, cómo abolir de raíz el deseo (el propósito), cómo silenciar la memoria propia (el recuento). Sería como dejar de ser humanos.</p>
<p style="text-align: right;">(<em>El Norte de Castilla</em>, 4/1/2018)</p>
<p style="text-align: left;">@enfaserem</p>
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		<title>Salvador Pániker</title>
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		<pubDate>Thu, 02 Feb 2017 14:57:22 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Eduardo Roldán</dc:creator>
		                		<category><![CDATA[Actualidad]]></category>
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		<description><![CDATA[Cuenta Salvador Pániker en uno de sus diarios, creo que a propósito de Francisco Ayala, que cuando nos enteramos de que alguien cumple cien años nos gana una especie de sacudida, como si dijésemos, ¡qué tenacidad! Ahora él cumple noventa menos un mes, y los cumple como quien cumple veinticinco, o noventa y un día. [&#8230;]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Cuenta <strong>Salvador Pániker</strong> en uno de sus diarios, creo que a propósito de <strong>Francisco Ayala</strong>, que cuando nos enteramos de que alguien cumple cien años nos gana una especie de sacudida, como si dijésemos, ¡qué tenacidad! Ahora él cumple noventa menos un mes, y los cumple como quien cumple veinticinco, o noventa y un día. Es que la tenacidad hay que dejarla estar, hay que ser tenaz sin intentarlo. Esta es una de las cosas que Pániker, contradictorio él mismo, no ha dejado de predicar: que hay que conciliar los extremos, Oriente y Occidente, lo retro y lo progre, la tradición y la tecnología, el flirt y la gravedad, la piel y lo trascendente, <strong>Johann Sebastian Bach</strong> y la trompeta de <strong>Chet Baker</strong>. Lo cual quiere decir que solo son contrarios en la superficie, y que cada cual ha de configurarse su propio menú, su dietario vital que le ayude a seguir tirando, acaso hasta los noventa. Si quiere, porque tampoco la vida es un valor absoluto, y el derecho a dimitir de ella es consustancial al derecho a ejercerla, pues tal posibilidad, tal elección dignifica —humaniza— al individuo: es el núcleo irreductible de su autonomía.</p>
<p>Aparte de unos  volúmenes de entrevistas impagables —no entrevistas sino conversaciones: no imponer los límites mentales del entrevistador al entrevistado sino estarse en el instante, en la escucha—, SP nos ha ido dejando una serie de libros de memorias —en el sentido más amplio o caprichoso de memoria: anecdótica y evocativa y reflexiva— que son los más útiles manuales de autoayuda que uno haya encontrado jamás, con algunas máximas inagotables que se repiten como pájaros migratorios y recurrentes. Jugar los naipes (tomada de Hemingway pero que SP ha hecho suya), hacerse una religión a la carta (y quien dice religión dice menú intelectual), el relativismo como salud mental, la necesidad de cogerle el gusto a lo difícil. Filosofía, pues, en el genuino sentido del arte de aprender a vivir. Que se trata de ir pasando la maroma.</p>
<p style="text-align: right;">(<em>El Norte de Castilla</em>, 2/2/2017)</p>
<p style="text-align: left;"><a title="@enfaserem" href="https://twitter.com/enfaserem" target="_blank" rel="external nofollow">@enfaserem</a></p>
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		<title>Woody Allen</title>
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		<pubDate>Thu, 03 Dec 2015 14:58:12 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Eduardo Roldán</dc:creator>
		                		<category><![CDATA[Actualidad]]></category>
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		<description><![CDATA[Cumple ochenta y ahí sigue, con la tenacidad descreída de quien sabe que no tiene otro sitio a donde ir. Además de la película en curso, prepara una serie para internet y no deja que la sordera le prive de soplar cada día el clarinete, ni los achaques ocasionales de hacer ejercicio, ni de disfrutar [&#8230;]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><a href="/enfaserem/wp-content/uploads/sites/14/2015/12/woody-allen-e1449154626983.jpg"><img loading="lazy" class="alignleft size-full wp-image-1098" title="woody allen" src="/enfaserem/wp-content/uploads/sites/14/2015/12/woody-allen-e1449154626983.jpg" alt="" width="220" height="165" /></a>Cumple ochenta y ahí sigue, con la tenacidad descreída de quien sabe que no tiene otro sitio a donde ir. Además de la película en curso, prepara una serie para internet y no deja que la sordera le prive de soplar cada día el clarinete, ni los achaques ocasionales de hacer ejercicio, ni de disfrutar del baloncesto en la TV. No menos revelador que la mil veces referida capacidad de trabajo de <strong>Allen</strong> es el rigor con que respeta sus aficiones: y es que trabajo y aficiones se alimentan y sostienen mutuamente, al punto de que la frontera entre ambos, si se saben concertar, se termina diluyendo. Ese es el estadio que hay que alcanzar.</p>
<p>No hay por tanto en Allen una compulsión creadora agónica, angustiosa, sino que la creación es el ejercicio de vivir: Allen vive creando, y si no fuera filmando películas sería escribiendo cuentos o chistes en revistas —donde por otro lado sigue—. El arte, el trabajo, el ocio digno de ese nombre tienen la cualidad de que nos olvidemos de la muerte mientras estamos inmersos en ellos —no solo como agentes/creadores sino como receptores, pues la recepción exige también una actividad, un poner algo—, y así escribir y rodar es el medio que tiene Allen para el olvido, y es a la vez un fin en sí. Como dijo <strong>Oscar Wilde</strong>, si vale la pena hacer algo, también vale la pena hacerlo mal, y Allen siempre ha preferido hacer una mala película que no hacerla. No es que le dé igual el resultado, sino que el resultado es en gran medida el precipitado de un proceso que escapa a su voluntad; lo esencial es zambullirse, luego ya se verá si la cosa funciona.</p>
<p>Identificando sin angustia trabajo y vida, WA ha hecho un género de sí mismo, un personaje tan imitado como inimitable: ahora le roban a él. Porque además de género Allen es una franquicia que sale rentable, un manantial del que muchos beben sin, cabe sospechar, pedir siempre permiso cuando es debido.</p>
<p>Lo único que queda por decirle al manantial es que siga brotando. Y gracias.</p>
<p style="text-align: right;">(<em>El Norte de Castilla</em>, 3/12/2015)</p>
<p style="text-align: left;"><a title="@enfaserem" href="https://twitter.com/enfaserem" target="_blank" rel="external nofollow">@enfaserem</a></p>
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		<title>Viejos</title>
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		<pubDate>Fri, 14 Dec 2012 17:12:33 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Eduardo Roldán</dc:creator>
		                		<category><![CDATA[Actualidad]]></category>
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		<description><![CDATA[La suerte ha querido que la muerte les llegase la misma semana a la mujer más vieja del mundo ―o acreditadamente más vieja―, Besse Cooper, a los 116 años; al arquitecto Óscar Niemeyer (a los 104), y al pianista Dave Brubeck (un día antes de cumplir los 92). Sabemos ―más o menos― lo que hicieron [&#8230;]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><a href="/enfaserem/wp-content/uploads/sites/14/2012/12/besse-cooper-e1355504835984.jpg"><img loading="lazy" class="alignleft size-full wp-image-652" title="besse cooper" src="/enfaserem/wp-content/uploads/sites/14/2012/12/besse-cooper-e1355504835984.jpg" alt="" width="200" height="125" /></a>La suerte ha querido que la muerte les llegase la misma semana a la mujer más vieja del mundo ―o acreditadamente más vieja―, <strong>Besse Cooper,</strong> a los 116 años; al arquitecto <strong>Óscar Niemeyer</strong> (a los 104), y al pianista <strong>Dave Brubeck</strong> (un día antes de cumplir los 92). Sabemos ―más o menos― lo que hicieron Brubeck y Niemeyer, pero no lo que la venerable miss Cooper, y seguro que alguna cosa hizo, pues nadie puede llegar a esas edades astronómicas lastrado de hastío. Cerrado el ciclo de los hijos y de la profesión, ¿cómo paso sus últimos días ―sus últimos 50 años? Si apenas ha trascendido es porque no interesa, como si el mero hecho de llegar a los 116 fuera un logro que se justificase a sí mismo. <<Qué envidia, quién pudiera>> ha sido la reacción casi unánime al comentar la noticia. Se atiende a la cantidad por la cantidad, al año por el año sin consideraciones de sustancia. Quizá miss Cooper no alcanzó las alturas creativas de Niemeyer o Brubeck, pero seguro que no perdió nunca la curiosidad. Una excelente dotación genética y mucha fuerza de voluntad no bastan para llegar a centenario. Como al espíritu no lo incentives, el cuerpo se agota. Ante la obsesión actual por prolongar la vida indefinidamente cabe preguntar: ¿Qué vida? La farmacéutica que un día consiga sintetizar <<la pastilla de los cien>> obtendrá más beneficios que los señores de Microsoft y Facebook juntos. Entre morir a los treinta y cinco como <strong>Mozart</strong> o a los cien como un espantapájaros todos elegimos al espantapájaros. A Miss Cooper a lo mejor le gustaba cocinar pasteles, leer la Biblia al azar o los periódicos por orden, pintar plácidas acuarelas. Cocinar, leer, pintar: no solo estar. El hombre se empeña en aplazar esa sentencia sin excepciones que es la muerte, sin darse cuenta muchas veces que el aplazamiento pierde el sentido si se convierte en fin y no en medio. Yo a Brubeck no le envidio los más de noventa; le envidio que estuvo tocando hasta el día antes.</p>
<p style="text-align: right;">(<em>El Norte de Castilla</em>, 13/12/2012)</p>
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		<title>Stop suicidios</title>
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		<pubDate>Thu, 06 Dec 2012 11:25:10 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Eduardo Roldán</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Solíamos pensar que el suicidio era un asunto de nórdicos ociosos porque la falta de sol los condenaba a quedarse encerrados entre las cuatro paredes y el techo de sus casas. Ahora nos damos cuenta de que por lo menos los nórdicos tienen o tenían casas en las que suicidarse, y que el no tenerla, [&#8230;]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><a href="/enfaserem/wp-content/uploads/sites/14/2012/12/stop-e1354792975751.png"><img loading="lazy" class="alignleft size-thumbnail wp-image-650" title="stop" src="/enfaserem/wp-content/uploads/sites/14/2012/12/stop.png" alt="" width="150" height="150" /></a>Solíamos pensar que el suicidio era un asunto de nórdicos ociosos porque la falta de sol los condenaba a quedarse encerrados entre las cuatro paredes y el techo de sus casas. Ahora nos damos cuenta de que por lo menos los nórdicos tienen o tenían casas en las que suicidarse, y que el no tenerla, el verse privado de pronto de ella, es causa más acuciante y expeditiva que la ociosidad. ¿Nos damos cuenta? El aterrador crecimiento exponencial de los suicios derivados de deshaucios ha sido hasta el momento tratado casi siempre ―abrumado quizá por las mil y una historias de dolor y sufrimiento diarias de los que todavía siguen vivos― más como un daño colateral, casi anecdótico, de la crisis, que como lo que realmente es: el síntoma de una enfermedad social que, debido a su presencia continua, amenaza con asumirse de manera rutinaria, como otro dato negro de los muchos datos negros con que nos topamos cada día. La rutina supone la ruina siempre, y entonces no habría vuelta atrás.</p>
<p>Tampoco ayuda el tratamiento informativo oscurantista que se le concede aún al suicidio. Si la muerte se muestra hoy sin pudor alguno ―en alta definición y a la hora del postre―, el suicidio sigue proscrito como el hijo bastardo de un Papa en la historia oficial del catolicismo. Para <strong>Camus</strong> el suicidio constituía el problema filosófico por excelencia. Camus tenía razón; más aun: si el objetivo de la filosofía es enseñar a vivir bien, el que un hombre se prive voluntariamente de la potencia de bienestar ha de ser considerado un fracaso de la filosofía más que un fracaso del hombre. Fracaso, desahucio, suicidio. Las tres palabras tienen un eco similar, más allá de su carga semántica estricta. Y una vinculación indudable. La raíz de la plaga, hoy, no tiene un vago origen psicológico sino algo tangible, físico, ante lo que no caben filofías abstractas ni velos discretos. Alcanzar cierto estado de equilibrio feliz no es fácil. Hacerlo sin techo y suelo es imposible.</p>
<p style="text-align: right;">(<em>El Norte de Castilla,</em> 6/12/2012)</p>
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		<title>Telerrealidad</title>
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		<pubDate>Thu, 27 Sep 2012 15:11:48 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Eduardo Roldán</dc:creator>
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			<content:encoded><![CDATA[<p><a href="/enfaserem/wp-content/uploads/sites/14/2012/09/tv-off-air-e1348758609123.png"><img loading="lazy" class="alignleft size-full wp-image-594" title="tv-off-air" src="/enfaserem/wp-content/uploads/sites/14/2012/09/tv-off-air-e1348758609123.png" alt="" width="190" height="180" /></a>Novias que explican los motivos por los que eligieron sus vestidos blancos. Esposas que relatan los insomnios a los que el estentóreo volumen de los ronquidos de sus respectivos las abocan. Jóvenes que se sientan en un sofá a mascar la nada hora tras hora tras hora tras hora. Adolescentes reprochando a sus madres las intolerables afrentas que les infligen, como tener que recoger su cuarto una vez por semana o no dejar que el novio se quede a dormir los findes. Obsesos y sus obsesiones: la forma de las heces perrunas en el parque, el color naranja, la actriz <strong>Tilda Swinton</strong>, el porno en Internet; cómo las persiguen, cómo no pueden evitar perserguirlas: si no lo hicieran, morirían. Una rueda que no para de girar porque no hay quien deje de mirarla, la vida y sus miserias en 625 líneas, sus miserias pero nunca su misterio, nunca eso que la hace apreciable, preciosa. Ahora Perú ha marcado un nuevo hito: una mujer que no había cumplido los veinte ha sido asesinada después de confesar en un plató en vivo que se ganaba el sueldo como <em>stripper</em>; su familia no lo sabía, su pareja tampoco y, al parecer, no pudo soportarlo. El programa rompe sábado sí y sábado también el termómetro de las audiencias; su mecánica es simple: uno gana dinero según confiese secretos —previamente testados por un polígrafo— que sus familiares y amigos, en plató, desconozcan; más secretos, y más escabrosos, suponen más dinero; el concursante se puede plantar cuando quiera. Esta mujer se plantó antes del final del programa, pero la alcanzó el final irreversible.</p>
<p>¿Es que la miseria ajena reconforta, es que nos hace sentir superiores? ¿Por eso se siguen los <em>realities</em>? Hemos cambiado el heroísmo por la roña, la excepción por una grisura que, según se extiende, inevitablemente degenera. Ya ha degenerado hasta la muerte de una inocente. ¿Cúanta “realidad” necesitamos para darnos cuenta de que ha llegado el momento de apagar la televisión?</p>
<p style="text-align: right;">(<em>El Norte de Castilla</em>, 27/09/2012)</p>
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		<title>Poema de la semana</title>
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		<pubDate>Sun, 29 Apr 2012 12:19:37 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Eduardo Roldán</dc:creator>
		                		<category><![CDATA[Cubos con hojas]]></category>
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		<description><![CDATA[&#160; Domingo &#160; No más que este pequeño esfuerzo por vivir, por respirar igual como respiran esas otras parejas más allá, dejadas bajo los suaves pinos en pendiente, &#160; y que parecen empañar el aire tan quietas como el humo de la ciudad, al fondo, entre tanto que pasan exhalándose carretera hacia abajo los raudos [&#8230;]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><a href="/enfaserem/wp-content/uploads/sites/14/2012/04/gil-de-biedma-e1334493106581.jpg"><img loading="lazy" class="aligncenter size-full wp-image-397" title="gil de biedma" src="/enfaserem/wp-content/uploads/sites/14/2012/04/gil-de-biedma-e1334493106581.jpg" alt="" width="200" height="329" srcset="https://static-blogs.elnortedecastilla.es/wp-content/uploads/sites/14/2012/04/gil-de-biedma-e1334493106581.jpg 200w, https://static-blogs.elnortedecastilla.es/wp-content/uploads/sites/14/2012/04/gil-de-biedma-e1334493106581-182x300.jpg 182w" sizes="(max-width: 200px) 100vw, 200px" /></a></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Domingo</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>No más que este pequeño esfuerzo por vivir,</p>
<p>por respirar igual como respiran</p>
<p>esas otras parejas más allá, dejadas</p>
<p>bajo los suaves pinos en pendiente,</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>y que parecen empañar el aire</p>
<p>tan quietas como el humo de la ciudad, al fondo,</p>
<p>entre tanto que pasan exhalándose</p>
<p>carretera hacia abajo los raudos autobuses.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p style="text-align: right;"><strong>Jaime Gil de Biedma</strong></p>
<p style="text-align: right;"><em>Las personas del verbo</em></p>
<p style="text-align: right;">Galaxia Gutenberg &#8211; Círculo de Lectores</p>
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		<title>La tragedia de la soledad</title>
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		<pubDate>Sat, 31 Mar 2012 17:25:00 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Eduardo Roldán</dc:creator>
		                		<category><![CDATA[Actualidad]]></category>
		<category><![CDATA[Desde la pantalla]]></category>
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		<description><![CDATA[, escribió Scott Fitzgerald, setencia cuya verdad se revela más nítida cuanto más grande es la vida examinada, y que resume el conflicto dramático esencial que se narra en El Padrino, no otro que la tragedia personal de Michael Corleone: la tragedia de la soledad. Actualización shakespeareana, metáfora de América y su sueño, las múltiples [&#8230;]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><<Toda vida es un proceso de demolición>>, escribió <strong>Scott Fitzgerald</strong>, setencia cuya verdad se revela más nítida cuanto más grande es la vida examinada, y que resume el conflicto dramático esencial que se narra en <em>El Padrino</em>, no otro que la tragedia personal de Michael Corleone: la tragedia de la soledad. Actualización shakespeareana, metáfora de América y su sueño, las múltiples lecturas que pueden hacerse de <em>El Padrino</em> —y que hay que hacerlas porque están ahí— quedan a la postre relegadas por la percepción de la historia en cuanto que drama familiar, tupida telaraña de relaciones fraternas y filiales que tiene en el personaje encarnado por <strong>Al Pacino</strong> su Estrella Polar indiscutible, aun antes de ocupar el trono del clan.</p>
<p><a href="/enfaserem/wp-content/uploads/sites/14/2012/03/original-e1333214535337.jpg"><img loading="lazy" class="alignleft size-full wp-image-380" title="original" src="/enfaserem/wp-content/uploads/sites/14/2012/03/original-e1333214535337.jpg" alt="" width="185" height="250" /></a>Tragedia de soledad que no carece de ironía, pues al comienzo de su arco vital —arco dramático del personaje—, Michael Corleone se halla solo en gran medida, satélite a punto de abandonar el universo cerrado y autónomo que constituye la familia; así, todo el sufrimiento, todo ese proceso de demolición que es su vida solo le vale para alcanzar un estado que ya poseía al comienzo. En efecto: Michael, el menor de los cuatro hermanos Corleone, es un brillante estudiante y un marine condecorado en la II Guerra Mundial, para quien el destino que su padre ha diseñado tiene la forma de un escaño en el Senado o quizá algo más. Un horizonte fuera de la familia, una posición legal —Michael extiende este horizonte personal que su padre quería para él al resto del clan, y el inicialmente pequeño pero definitivo paso de convertir el plomo del nombre de los Corleone en oro social le obsesionará desde que adquiere la condición de Don—; sin embargo la vida, esa ruleta manejada por un bufón histérico, pronto le demuestra que existen fuerzas de las que uno no puede escapar, y lo coloca en el centro de la telaraña familiar, al mando de un imperio en el que los mayores horrores, los dolores más insoportables le alcanzarán por las relaciones con sus seres más cercanos, esos que más le importan, esos por los que está donde está y se obliga a seguir, sus hermanos y sus hijos.</p>
<p>Dos son los factores que determinan estas relaciones: la edad y el sexo. El universo Corleone es un universo vertical, patriarcal y hereditario, un universo bíblico, monárquico, y un miembro solo se puede imponer a estos condicionantes adquiridos con un ejercicio férreo de voluntad, un ejercicio de disidencia que le haga romper con la familia o al menos trastoque los roles inicialmente asignados. Don Vito tiene cuatro hijos legítimos —Santino/Sonny; Fredo; Michael, y Constanzia/Connie— y uno adoptado —Tom Hagen—. Connie, por el hecho de ser mujer y además la más joven, no puede aspirar a otra cosa que a ojo derecho del padre y por extensión de los hermanos; se le permiten caprichos ocasionales siempre que no ponga en peligro los tres o cuatro principios intocables sobre los que se erige el universo familiar y retome su rol de sumiso florero en el momento en que se le exija. En caso de no hacerlo, el castigo para ella es igual que el que sus hermanos varones sufrirían: el destierro <em>dentro</em> de la propia familia, el tipo de destierro más doloroso pues uno no consigue ni los privilegios de la libertad ni los de la pertenencia. Connie no acata los principios, en parte por ignorancia, y sufre el castigo doble de la muerte interpuesta; inconsciente, provoca la muerte de su hermano Santino, heredero natural por primogenitura y por carácter, y la consiguiente de su esposo Carlo a manos —limpias— de Michael. De hecho, en gran medida Michael se convierte en padrino por su acción: una llamada de teléfono no solo puede cambiar tu vida sino las de todos los que te rodean. Cuando Michael se ofrece para asesinar a Sollozzo y al capitán McCluskey, ejecutando la acción que el vigilado Sonny debería, asume el papel de su hermano mayor pero solo temporalmente, todos siguen considerando a Sonny el próximo padrino; con la muerte de este, unida al timorato carácter de Fredo, el benjamín abandonará su destino y adoptará el papel de <em>Capo di Famiglia </em>de forma permanente. Connie es así en gran medida la responsable de la plaga de Tebas, y solo mucho más tarde se dará cuenta de ello, pedirá perdón y se ofrecerá para lo que Michael necesite, mayormente hacerle compañía en la vejez.</p>
<p><a href="/enfaserem/wp-content/uploads/sites/14/2012/03/michael-fredo-e1333214675654.jpg"><img loading="lazy" class="alignleft size-full wp-image-381" title="michael fredo" src="/enfaserem/wp-content/uploads/sites/14/2012/03/michael-fredo-e1333214675654.jpg" alt="" width="226" height="250" /></a>La tragedia de soledad de Michael alcanza, por supuesto, el clímax en su relación con Fredo. Además de timorato el carácter de Fredo es resentido: siendo como es el siguiente en la línea sucesoria tras Santino, no acepta que la determinación demostrada por Michael —inversamente proporcional a su pusilanimidad: Fredo es incapaz de hacer otra cosa que quedarse llorando sentado en un bordillo junto al cuerpo caliente y recién baleado de su padre, siquiera de dar un aviso telefónico; es incapaz de hacer callar a su mujer borracha— eche por tierra esta certeza esencial, este principio indiscutible del funcionamiento de la familia. La justificación dada por Michael —<<Era la voluntad de papá>>— no le vale a Fredo: proporcionará información al jefe de un clan rival que lleva a la casi muerte de Michael, su mujer y sus hijos. Que aquel no sospechara de esta consecuencia no le exime de la pena merecida —la muerte— a ojos de Michael. Sin embargo la muerte de Fredo pesará en el ánimo de Michael el resto de su vida; enterrando a su hermano ha enterrado también la confianza crédula que su mujer, Kay, tenía en él y en sus aspiraciones de <<normalidad>>. Kay abandona a Michael, llevándose con ella a sus hijos Anthony y Mary, cuando resulta evidente que, por muchas puertas que interponga entre ambos, Michael no podrá nunca mantenerlos al margen del espanto que es su día a día. Al cabo, tras años de custodia materna, Anthony conoce de la muerte de su tío y se niega a seguir la senda —abogacía— deseada por su padre en favor de una carrera como cantante de ópera; Michael no obstante se resigna a la rebeldía del hijo y la llega a aceptar después con entusiasmo —<<El nombre de los Corleone será recordado por una voz>>—, justo antes de deshacerse el último lazo de sangre que esperaba pudiera proporcionarle consuelo en sus últimos años, al sacrificar su hija la vida por él, muerta en sus brazos como en una escultura renacentista y doliente. La tragedia se ha consumado. Michael, como cuando al comienzo de la saga, vuelve a estar solo. Con una salvedad que supone el último clavo en el ataúd de la tragedia: apenas tiene ya tiempo, y solo morirá.</p>
<p>Así contado, y pese al resumen forzoso, a quien no la haya visto —si hay alguien que tiene la suerte de no haberla visto aún— acaso la saga le parezca un culebrón. Lo es, pero que no se engañe: <em>El Padrino</em> demuestra que es posible crear la más profunda y purificadora tragedia con los mimbres del melodrama.</p>
<p style="text-align: right;">(<em>La sombra del ciprés</em>, 31/3/2012)</p>
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		<title>Fallas</title>
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		<pubDate>Thu, 22 Mar 2012 10:30:28 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Eduardo Roldán</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Uno no se cansa nunca de mirar el fuego, como no se cansa nunca de mirar el mar. Fuego y mar no son —o no son solo— metáforas del tiempo sino encarnaciones de él, y porque el hombre está hecho de tiempo también, no se cansa de mirarlos; aun  más: no puede resistirse a mirarlos [&#8230;]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><a href="/enfaserem/wp-content/uploads/sites/14/2012/03/fuego.jpg"><img loading="lazy" class="alignleft size-full wp-image-365" title="fuego" src="/enfaserem/wp-content/uploads/sites/14/2012/03/fuego.jpg" alt="" width="214" height="160" /></a>Uno no se cansa nunca de mirar el fuego, como no se cansa nunca de mirar el mar. Fuego y mar no son —o no son solo— metáforas del tiempo sino encarnaciones de él, y porque el hombre está hecho de tiempo también, no se cansa de mirarlos; aun  más: no puede resistirse a mirarlos cuando por cualquier motivo entran en su campo de visión. Encarnaciones del tiempo, es decir presente continuo, vivo, presente siendo, tiempo siendo. Pero el fuego posee una suerte de motor interno sostenido, independiente, que unido a la fascinación del peligro latente que supone y que percibimos también de continuo, seamos o no conscientes de ello —el fuego, sabemos, tarde o temprano podría acabar con cualquier cosa—, lo hace incluso más atractivo que el mar, que es menos inmediato y más difícil de abarcar.</p>
<p>En Valencia, tierra de mar, rinden cada año tributo al fuego como elemento, como acto y como símbolo doble del tiempo y la justicia. Una mirada superficial o impaciente sin duda estimaría la celebración como un ejercicio absurdo, gratuito cuando no un poco masoquista. El trabajo de un año arruinado por un capricho estético, por un cuadro neroniano y fugitivo que se fundirá y confundirá a la larga en el recuerdo con los de los años aledaños. <strong>Pessoa</strong> escribió que el hombre es del tamaño de lo que ve, y quien vea en las fallas solo una orgía de llamas es que tiene el espíritu encogido. El saber que la conclusión de una tarea encomendada será la destrucción de lo creado y aun así no renunciar a ella de antemano o a mitad de camino demuestra una altura moral que es esa grandeza a la que se refiere el poeta portugués. Pero la destrucción no es conclusión sino punto y seguido; igual que el fuego se impulsa a sí mismo, los ninots abrasados impulsan la creación de los del siguiente año, su cremación nos recuerda la esencial fugacidad de nuestra vida y sus restos, nuestro origen y final: somos ceniza.</p>
<p style="text-align: right;">(<em>El Norte de Castilla</em>, 22/3/2012)</p>
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