{"id":1230,"date":"2017-03-26T13:41:27","date_gmt":"2017-03-26T11:41:27","guid":{"rendered":"http:\/\/blogs.elnortedecastilla.es\/enfaserem\/?p=1230"},"modified":"2017-03-26T13:41:27","modified_gmt":"2017-03-26T11:41:27","slug":"el-humo-eterno","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/blogs.elnortedecastilla.es\/enfaserem\/2017\/03\/26\/el-humo-eterno\/","title":{"rendered":"El humo eterno"},"content":{"rendered":"<p>Ni <strong>Marlon Brando<\/strong>, ni <strong>Cary Grant<\/strong>, ni <strong>Gary Cooper <\/strong>ni <strong>John Wayne<\/strong>: tampoco <strong>Charles Chaplin<\/strong>. Cuando en 1999 el American Film Institute \u2014no precisamente una entidad sospechosa de parcialismo o ignorancia\u2014 catalog\u00f3 a las cincuenta mayores leyendas de la pantalla que ha dado el cine americano, el elegido para ocupar la primera plaza masculina no fue otro que un tipo que sale perdiendo en la comparaci\u00f3n con muchas estrellas en el plano f\u00edsico y con otras tantas en el interpretativo. Esa plaza la sigue manteniendo a d\u00eda de hoy. Esa plaza casi nadie la discute. Seis d\u00e9cadas despu\u00e9s de su muerte, el aura de <strong>Humphrey Bogart<\/strong> no ha dejado de crecer.<\/p>\n<p><a href=\"\/enfaserem\/wp-content\/uploads\/sites\/14\/2017\/03\/bogart-e1490528235551.jpg\"><img loading=\"lazy\" class=\"alignleft size-full wp-image-1231\" title=\"bogart\" src=\"\/enfaserem\/wp-content\/uploads\/sites\/14\/2017\/03\/bogart-e1490528235551.jpg\" alt=\"\" width=\"240\" height=\"303\" srcset=\"https:\/\/static-blogs.elnortedecastilla.es\/wp-content\/uploads\/sites\/14\/2017\/03\/bogart-e1490528235551.jpg 240w, https:\/\/static-blogs.elnortedecastilla.es\/wp-content\/uploads\/sites\/14\/2017\/03\/bogart-e1490528235551-238x300.jpg 238w\" sizes=\"(max-width: 240px) 100vw, 240px\" \/><\/a> \u00bfQui\u00e9n podr\u00eda imaginar que aquel pe\u00f3n rebotado de Broadway y encasillado en roles secundarios de ni\u00f1o pijo y hasta amanerado llegar\u00eda a simbolizar el cine cl\u00e1sico en el imaginario colectivo del p\u00fablico y la cr\u00edtica? Bogart pas\u00f3 de tomar el t\u00e9 en tazas de porcelana sobre las tablas de un escenario a whisky solo en vaso bajo en la pantalla, y con el cambio de bebida lleg\u00f3 el cambio del destino. A veces no hace falta otra cosa que cambiar de bebida para cambiar de destino. El de Bogart, como el de todos, fue en gran medida producto del azar, solo que adem\u00e1s Bogart llev\u00f3 hasta el extremo la simple y ardua recomendaci\u00f3n de <strong>Hemingway<\/strong>: hay que jugar los naipes que nos han entrado. El crack del 29 \u2014azar hist\u00f3rico\u2014 redujo casi a cenizas el n\u00famero de producciones teatrales que se levantaban en Nueva York, y muchos de los actores cuyo nombre sonaba, aun sin ocupar las may\u00fasculas m\u00e1s grandes de los carteles ni pudiendo el p\u00fablico ponerles cara, emprendieron la conquista del Oeste y se largaron a Hollywood, la mayor\u00eda de las veces solo para tener que volverse tras plantar la pica, qued\u00e1ndose en una suerte de limbo de ida y vuelta que m\u00e1s que conseguirles papeles les consegu\u00eda frustraciones y\/o adicciones. Pero Bogart, frustraci\u00f3n y alcohol mediante, no dej\u00f3 de empe\u00f1arse, de jugar los naipes pese a contar con escasos triunfos en la mano, y uno de esos empe\u00f1os le hizo ganar esa primera baza sin la cual una carrera en cine no despega; baza que no basta para mantenerse, y muchos se quedan en ella, pero es que Bogart nunca encaj\u00f3 en t\u00e9rminos como &#8216;muchos&#8217;, &#8216;masa&#8217;, &#8216;mont\u00f3n&#8217; y similares.<\/p>\n<p>Aquella primera baza, versi\u00f3n f\u00edlmica del petardazo en Broadway que \u00e9l hab\u00eda interpretado, fue <em>El bosque petrificado<\/em>, veh\u00edculo a mayor gloria de <strong>Bette Davis<\/strong> y <strong>Leslie Howard<\/strong> \u2014quien se plant\u00f3 ante nada menos que <strong>Jack Warner<\/strong> con el ultim\u00e1tum de que sin Bogey, su pareja teatral, ella no estar\u00eda\u2014, donde Bogart cambia la raqueta de tenis por la pistola de gatillo engrasado. Lo cual le vali\u00f3 elogios y un contrato con Warner \u2014Howard ten\u00eda raz\u00f3n y Bogart lo reconoci\u00f3 toda su vida: no encajar en, no plegarse a la masa no significa indiferencia, ego\u00edsmo o ventajismo\u2014, pero tambi\u00e9n una sujeci\u00f3n esclava a papeles del mismo corte: g\u00e1nsteres de verbo escaso y pu\u00f1o suelto cuya funci\u00f3n principal era la de ser abatidos por <strong>Edward G. Robinson<\/strong> o <strong>James Cagney<\/strong>. Por aquellos a\u00f1os \u2014segunda mitad de los 30\u2014 la jerarqu\u00eda en el sistema de estudios, no solo entre los oficios detr\u00e1s de la c\u00e1mara, presentaba una inmovilidad victoriana, y era ella la que determinaba el orden de los ofrecimientos. Pero Bogart resisti\u00f3 y al final gan\u00f3: <em>El \u00faltimo refugio <\/em>(1941) supuso el t\u00edtulo\/inflexi\u00f3n de su carrera: el primer principal con sustancia y el \u00faltimo g\u00e1nster, y \u2014m\u00e1s importante\u2014 la conexi\u00f3n, profesional pero sobre todo vital, con el hombre que le proporcionar\u00eda algunos de sus papeles m\u00e1s celebrados y con el que compartir\u00eda muchos de sus mejores tragos.<\/p>\n<p><a href=\"\/enfaserem\/wp-content\/uploads\/sites\/14\/2017\/03\/en-un-lugar-solitario1.jpg\"><img loading=\"lazy\" class=\"alignleft size-full wp-image-1233\" title=\"Gloria Grahame and Humphrey Bogart in Nicholas Ray's IN A LONELY\" src=\"\/enfaserem\/wp-content\/uploads\/sites\/14\/2017\/03\/en-un-lugar-solitario1.jpg\" alt=\"\" width=\"240\" height=\"184\" \/><\/a>Gracias a <strong>John Huston<\/strong> Humphrey Bogart encarnar\u00eda ese mismo a\u00f1o a <strong>Sam Spade<\/strong> en <em>El halc\u00f3n malt\u00e9s<\/em>, acabando de asentar los rasgos de su yo f\u00edlmico que al a\u00f1o siguiente <em>Casablanca <\/em>terminar\u00eda de pulir, con la que el personaje Bogart entrar\u00eda en el pante\u00f3n reservado a los mitos, y con la entrada el comienzo de una hermosa amistad con el s\u00e9ptimo arte: <em>Tener y no tener<\/em>, <em>El sue\u00f1o eterno<\/em>, <em>Cayo Largo<\/em>, <em>El tesoro de Sierra Madre<\/em>, <em>En un lugar solitario <\/em>\u2014su mejor interpretaci\u00f3n, y acaso la mejor pel\u00edcula en que intervino\u2014\u2026 y otro pu\u00f1ado de notables hasta <em>La condesa descalza<\/em>, que aunque no el \u00faltimo t\u00edtulo s\u00ed su canto del cisne: la tragedia de la enfermedad se inscrib\u00eda indisimulable ya en su cara, y la fotograf\u00eda en color era a la vez una radiograf\u00eda cruel y la constataci\u00f3n definitiva de un cambio de ciclo.<\/p>\n<p>Y es que Bogart, el Bogart\/Bogart, el Bogart que le llevaba al personaje de <strong>Woody Allen<\/strong> en <em>Sue\u00f1os de un seductor <\/em>a replicar, ante la incomprensi\u00f3n de aquel por la falta de decisi\u00f3n de este para abordar a las mujeres, <<Para ti es f\u00e1cil decirlo, t\u00fa eres Bogart>>, es en blanco y negro. El blanco y negro es al cine cl\u00e1sico lo que Bogart al blanco y negro, y esta es una de las razones que explica la primera plaza en la lista de la AFI.<\/p>\n<p>Pero no la determinante. La determinante es el estilo. Que tiene que ver con, pero no se reduce a, la gabardina cruzada, el borsalino ladeado y el cigarrillo a medias colgando de la comisura o entre los dedos. Que tiene que ver con pero tampoco se reduce a las cejas ca\u00eddas, a la cicatriz labial, ni siquiera con esa voz lastrada de humo y whisky. El estilo es la personalidad. Una personalidad cuyo \u00fanico molde y punto de referencia es ella misma: ac\u00e9ptame como soy o d\u00e9jame, pero no intentes cambiarme porque ser\u00e1 tiempo perdido. El estoicismo cansado, no vencido; los dardos de iron\u00eda, de los que a veces era tambi\u00e9n su propio blanco; la certeza de la soledad esencial del hombre, de los amores truncos y el destino contrariado, de que el bien y el mal son solo dos gamas del gris pero no intercambiables, pues al final, si quieres mirarte en el espejo sin volver la cara, en algo hay que creer. Hablamos de un actor al que le tuvieron que poner calzas para ponerse a la altura de su partenaire femenina en la despedida de <em>Casablanca<\/em>, pero que sin embargo logr\u00f3 enamorar fuera de la pantalla a una mujer veinticinco a\u00f1os m\u00e1s joven \u2014de diecinueve\u2014 no menos imponente, y a varios millones m\u00e1s. De un actor que apenas vocalizaba, cuyo registro de voz ha dado nombre a un s\u00edndrome. De un actor que jam\u00e1s tom\u00f3 otra clase que las que le proporcionaron las tablas o los plat\u00f3s, con una gama de registros parca. Un actor no especialmente guapo, ni con un rostro especialmente singular, ni al que se le pudieran pedir grandes alardes en el plano f\u00edsico. Y sin embargo con este fardo de carencias logr\u00f3 ahormar un icono inmortal, tan imitado como inimitable. Porque si en ocasiones faltaban matices interpretativos, lo que no faltaba nunca era verdad: el actor era ante todo el hombre, y un hombre sin arn\u00e9s. Se considera por lo com\u00fan a <strong>Steve McQueen<\/strong> el ep\u00edtome del \u2018cool\u2019; Bogart fue \u2018cool\u2019 veinte a\u00f1os antes, y sin pretenderlo.<\/p>\n<p><a href=\"\/enfaserem\/wp-content\/uploads\/sites\/14\/2017\/03\/jean-pierre-le\u0301aud-e1490528449150.png\"><img loading=\"lazy\" class=\"alignleft size-full wp-image-1234\" title=\"jean-pierre le\u0301aud\" src=\"\/enfaserem\/wp-content\/uploads\/sites\/14\/2017\/03\/jean-pierre-le\u0301aud-e1490528449150.png\" alt=\"\" width=\"240\" height=\"176\" \/><\/a>Hace unos a\u00f1os una cuadrilla de justicieros sociales formaliz\u00f3 una petici\u00f3n para borrarle digitalmente de la pantalla el cigarrillo a Bogart. \u00bfQu\u00e9 ser\u00eda hoy de \u00e9l? \u00bfTendr\u00eda cabida en el equipo de cuerpos anabolizados y sonrisas profid\u00e9n que constituye el firmamento\/Hollywood? \u00bfHa habido alguien que haya logrado colarse en ese firmamento que pueda considerarse su heredero? Solo veo a uno que presente una idiosincrasia genuina y del mismo corte, aunque posea un caudal interpretativo m\u00e1s hondo: <strong>Robert Downey Jr<\/strong>. Pero el m\u00e1s \u00edntimo heredero de Bogart qued\u00f3 \u2014y queda todav\u00eda\u2014 de este lado del Atl\u00e1ntico; capaz igualmente de hacer de sus limitaciones virtudes con un magnetismo extra\u00f1o e irresistible, de sacarle partido a su fragilidad y a su casi vulgaridad f\u00edsica, de no tener en realidad otro m\u00e9todo interpretativo que el de permanecer fiel a s\u00ed mismo. Este heredero es <strong>Jean-Pierre L\u00e9aud<\/strong>. L\u00e9aud es al cine europeo de los 60\/70 lo que Bogart fue al americano de los 40\/50, con la fortuna de que a L\u00e9aud el c\u00e1ncer lo ha respetado y as\u00ed podido rendir d\u00e9cadas de dignidad yacente y lenta, una llama que se va agotando pero no deja, todav\u00eda, de emitir destellos. A Bogart no lo respet\u00f3 y se lo llev\u00f3 con 57, al comp\u00e1s del siglo. Desde entonces nos tenemos que conformar con los recuerdos reales o inventados y el humo eterno de su imagen.<\/p>\n<p style=\"text-align: right;\">(<em>La sombra del cipr\u00e9s<\/em>, 25\/3\/2017)<\/p>\n<p style=\"text-align: left;\"><a title=\"@enfaserem\" href=\"https:\/\/twitter.com\/enfaserem\" target=\"_blank\" rel=\"external nofollow\">@enfaserem<\/a><\/p>\n<p style=\"text-align: right;\">\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Ni Marlon Brando, ni Cary Grant, ni Gary Cooper ni John Wayne: tampoco Charles Chaplin. 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