{"id":1260,"date":"2017-06-17T14:03:51","date_gmt":"2017-06-17T12:03:51","guid":{"rendered":"http:\/\/blogs.elnortedecastilla.es\/enfaserem\/?p=1260"},"modified":"2017-06-17T14:09:40","modified_gmt":"2017-06-17T12:09:40","slug":"a-la-escucha","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/blogs.elnortedecastilla.es\/enfaserem\/2017\/06\/17\/a-la-escucha\/","title":{"rendered":"A la escucha"},"content":{"rendered":"<p>No es frecuente que una obra de trascendencia radical, en no pocos sentidos visionaria, quede oscurecida por otra obra aun mayor. Mucho menos, que las dos vengan firmadas \u2014en los tres campos creativos m\u00e1s determinantes para el resultado final de una pel\u00edcula: guion, direcci\u00f3n y producci\u00f3n\u2014 por la misma persona. Es lo que sin embargo le ocurri\u00f3 a la cinta que hoy comentamos, que de haber sido realizada por alguien distinto, o en un tiempo anterior o posterior, siquiera uno o dos a\u00f1os, sin duda no cabr\u00eda en esta secci\u00f3n, pues desde su estreno habr\u00eda recibido un reconocimiento masivo. No es el caso. <em>La conversaci\u00f3n<\/em> tuvo la mala fortuna de estrenarse el mismo a\u00f1o y de concurrir a la misma edici\u00f3n de los Oscars que <em>El Padrino II<\/em>, y as\u00ed verse condenada a ese limbo neblinoso en el que solo reparamos cuando el azar nos pesca algo de \u00e9l. Como dec\u00eda la canci\u00f3n, \u00bfqui\u00e9n se acuerda del capit\u00e1n <strong>Scott<\/strong>?<\/p>\n<p><a href=\"https:\/\/static-blogs.elnortedecastilla.es\/wp-content\/uploads\/sites\/14\/2017\/06\/la-conversaci\u00f3n.jpg\"><img loading=\"lazy\" class=\"size-medium wp-image-1263 alignleft\" src=\"https:\/\/static-blogs.elnortedecastilla.es\/wp-content\/uploads\/sites\/14\/2017\/06\/la-conversaci\u00f3n-300x169.jpg\" alt=\"la-conversacion\" width=\"300\" height=\"169\" srcset=\"https:\/\/static-blogs.elnortedecastilla.es\/wp-content\/uploads\/sites\/14\/2017\/06\/la-conversaci\u00f3n-300x169.jpg 300w, https:\/\/static-blogs.elnortedecastilla.es\/wp-content\/uploads\/sites\/14\/2017\/06\/la-conversaci\u00f3n.jpg 440w\" sizes=\"(max-width: 300px) 100vw, 300px\" \/><\/a>Y es un destino que no merece. Nos hallamos ante una de las m\u00e1s grandes muestras de lo que el lenguaje cinematogr\u00e1fico es capaz de ofrecer, de c\u00f3mo exprimir los elementos genuinos que hacen del cine el arte que es: ante todo, un arte de s\u00edntesis y de tono. <em>La conversaci\u00f3n<\/em> a\u00fana y destila esos elementos \u2014organizaci\u00f3n espacial a trav\u00e9s del encuadre; organizaci\u00f3n temporal a trav\u00e9s del montaje (visual y sonoro; este \u00faltimo merecer\u00eda por s\u00ed solo un art\u00edculo); interpretaci\u00f3n; fotograf\u00eda; etc.\u2014 con un equilibrio, una originalidad y un magnetismo tan intensos como los que pueden encontrarse en <em>El tercer hombre<\/em>. Ya desde el plano cenital de arranque nos atrapa: \u00bfqu\u00e9 son esas interferencias? \u00bfDe qu\u00e9 habla esa pareja paseante en la que el ojo de la c\u00e1mara termina por centrarse? Grabar a la pareja es el objetivo para el que <strong>Harry Caul<\/strong> (<strong>Gene Hackman<\/strong>, en la m\u00e1s contenida y a la vez m\u00e1s rica y emotiva de todas sus encarnaciones), experto en vigilancia y seguimiento, ha sido contratado por &lt;&lt;El Director&gt;&gt;, esposo de la mujer de la pareja grabada. Los saltimbanquis, los m\u00fasicos callejeros, los ni\u00f1os como gritos de alegr\u00eda hacen casi imposible rescatar la conversaci\u00f3n, pero Harry, el profesional m\u00e1s reputado de la Costa Oeste, lo consigue con el uso simult\u00e1neo de tres grabadoras, cuyos registros luego empalma.<\/p>\n<p>Conviene detenerse en Harry, pues los temas fundamentales de que trata <em>La conversaci\u00f3n<\/em> \u2014el capital, la falla existente entre apariencia y realidad\u2014 se concentran en \u00e9l, y porque la cinta es tambi\u00e9n un estudio de c\u00e1racter profund\u00edsimo. Harry es un hombre que trata de escudarse del entorno que lo rodea tanto como puede. Igual que el arquitecto no puede pasear sin que su retina se pose autom\u00e1tica en los edificios que encuentra a su paso, Harry, cuya ocupaci\u00f3n es penetrar en la intimidad ajena, tiene un sexto sentido para detectar, all\u00e1 donde va, todos los posibles agentes que podr\u00edan penetrar en la suya, y as\u00ed act\u00faa en consecuencia, pero en consecuencia deformada. El sexto sentido ha devenido paranoico, y a Harry le resulta imposible establecer un contacto personal fuera de las convenciones m\u00e1s escrupulosas o rutinarias: ni siquiera a su novia es capaz de confiarle detalles \u00edntimos; la puerta de entrada de su apartamento cuenta con un candado triple y a todo el mundo asegura que no tiene tel\u00e9fono. El \u00fanico relajo que su paranoia se permite es tocar el saxo tenor \u2014por otro lado, el m\u00e1s solitario de los instrumentos en jazz\u2014.<\/p>\n<p style=\"text-align: left;\"><a href=\"https:\/\/static-blogs.elnortedecastilla.es\/wp-content\/uploads\/sites\/14\/2017\/06\/coppola.jpg\"><img loading=\"lazy\" class=\"size-medium wp-image-1264 alignleft\" src=\"https:\/\/static-blogs.elnortedecastilla.es\/wp-content\/uploads\/sites\/14\/2017\/06\/coppola-237x300.jpg\" alt=\"coppola\" width=\"237\" height=\"300\" srcset=\"https:\/\/static-blogs.elnortedecastilla.es\/wp-content\/uploads\/sites\/14\/2017\/06\/coppola-237x300.jpg 237w, https:\/\/static-blogs.elnortedecastilla.es\/wp-content\/uploads\/sites\/14\/2017\/06\/coppola.jpg 440w\" sizes=\"(max-width: 237px) 100vw, 237px\" \/><\/a>En cualquier caso, estas precauciones no lo pueden proteger por completo. (A lo largo de todo el metraje <strong>Coppola<\/strong> utiliza la met\u00e1fora visual de la separaci\u00f3n\/transparencia: Harry aparece detr\u00e1s de escaparates, de ventanas, de cortinas trasl\u00facidas, y viste siempre, llueva o no, un impermeable de pl\u00e1stico transparente que le da un pat\u00e9tico aspecto de cond\u00f3n humano; incluso el propio apellido \u2014Caul\u2014 alude a la membrana que envuelve la cabeza del beb\u00e9 en el periodo de gestaci\u00f3n. Con ello se sugiere la voluntad del personaje de mantenerse a distancia, as\u00ed como la intemperie real a la que est\u00e1 expuesto.) Harry se define como &lt;&lt;un profesional&gt;&gt;, esto es, un ejecutor: alguien contrata sus servicios y \u00e9l graba al objetivo y entrega las cintas lo antes y lo m\u00e1s limpias posible. Lo que haga el contratante \u2014Gobierno, corporaci\u00f3n, grupo de presi\u00f3n, particular\u2014 con el material grabado no le concierne; en este \u00faltimo encargo ten\u00eda orden de grabar a la pareja y de entregarle las cintas a El Director en mano, y solo a \u00e9l. Cuando va a hacerlo, el ayudante\/secretario (<strong>Harrison Ford<\/strong>) lo detiene e insiste que se las d\u00e9 a \u00e9l, El Director est\u00e1 reunido, m\u00e1s tarde se las har\u00e1 llegar. Harry, profesional sin fisuras, se niega y marcha con las cintas, top\u00e1ndose al salir con la pareja que ha grabado: al instante la paranoia se dispara. En su estudio vuelve a escuchar la grabaci\u00f3n y, tras refinar el sonido una y otra vez, consigue extraer de entre el ruido el siguiente, perturbador susurro: &lt;&lt;\u00c9l nos matar\u00eda si tuviera ocasi\u00f3n&gt;&gt;. Y como un g\u00e9iser del inconsciente la culpa, un agente frente al que no caben alarmas ni candados eficaces, lo anega, merced al recuerdo de dos turbias muertes que tuvieron lugar cuando trabajaba en el Este a ra\u00edz de un material que \u00e9l hab\u00eda tomado. Con el levantamiento del afecto enterrado se produce la reversi\u00f3n del protagonista. Harry quiere mantenerse al margen: no puede; la carga moral se impone y le lleva a romper con sus costumbres y a sumergirse en un entramado que quisiera no conocer, pero no tanto para resolver el misterio como para demostrarse a s\u00ed mismo que en efecto es inocente y carece de culpa, que su vida no es una completa, pulida farsa.<\/p>\n<p>Adem\u00e1s de la fina l\u00ednea que separa realidad y apariencia, por los otros temas tratados \u2014la impunidad del Poder, la paranoia, el uso deformado de la tecnolog\u00eda, la violaci\u00f3n de la privacidad\u2014 se quiso ver en <em>La conversaci\u00f3n<\/em> una denuncia indirecta, metaf\u00f3rica, del esc\u00e1ndalo de las escuchas del Watergate. Pero el Watergate estall\u00f3 en el 72\/73, y Coppola ten\u00eda apuntalado el proyecto desde el a\u00f1o 66 (ir\u00f3nicamente, fue el \u00e9xito de <em>El Padrino<\/em> el que le permiti\u00f3 llevarlo a cabo). Fue de hecho el visionado de <em>Blow-Up<\/em> (<strong>Michelangelo Antonioni<\/strong>, 1966) el que le condujo a cerrarlo. <em>La conversaci\u00f3n<\/em>, as\u00ed, confirma una vez m\u00e1s la paradoja de <strong>Oscar Wilde<\/strong>: es la realidad la que imita al arte, y no al rev\u00e9s.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><u>Ficha del film<\/u><\/p>\n<p>T\u00edt: <em>La conversaci\u00f3n <\/em>(<em>The Conversation<\/em>)<\/p>\n<p>A\u00f1o: 1974<\/p>\n<p>Dir: Francis Ford Coppola<\/p>\n<p>Int: Gene Hackman, John Cazale, Cindy Williams, Harrison Ford<\/p>\n<p>113 mins., color<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p style=\"text-align: right;\">(<em>La sombra del cipr\u00e9s<\/em>, 17\/6\/2017)<\/p>\n<p style=\"text-align: left;\">@enfaserem<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>No es frecuente que una obra de trascendencia radical, en no pocos sentidos visionaria, quede oscurecida por otra obra aun mayor. 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