{"id":1276,"date":"2017-09-23T12:57:59","date_gmt":"2017-09-23T10:57:59","guid":{"rendered":"http:\/\/blogs.elnortedecastilla.es\/enfaserem\/?p=1276"},"modified":"2017-09-23T12:59:20","modified_gmt":"2017-09-23T10:59:20","slug":"identidad-modelada","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/blogs.elnortedecastilla.es\/enfaserem\/2017\/09\/23\/identidad-modelada\/","title":{"rendered":"Identidad modelada"},"content":{"rendered":"<p><a href=\"https:\/\/static-blogs.elnortedecastilla.es\/wp-content\/uploads\/sites\/14\/2017\/09\/locke-encallado-e1506026666170.png\"><img loading=\"lazy\" class=\"size-medium wp-image-1277 alignleft\" src=\"https:\/\/static-blogs.elnortedecastilla.es\/wp-content\/uploads\/sites\/14\/2017\/09\/locke-encallado-300x162.png\" alt=\"locke-encallado\" width=\"300\" height=\"162\" \/><\/a>Encallado en esa desorientaci\u00f3n de arena que es el desierto se encuentra <strong>David<\/strong> <strong>Locke<\/strong> (<strong>Jack Nicholson<\/strong>), el reportero de televisi\u00f3n a que se refiere el t\u00edtulo, al arrancar el film. Es un hombre en el l\u00edmite, y la obstinaci\u00f3n de su todoterreno por no moverse de las dunas lo termina por quebrar: &lt;&lt;\u00a1No me importa!&gt;&gt;, grita al vac\u00edo, palabras que por otro lado es probable no sienta. Este arranque y el regreso a pie de Locke al hotel donde se hospeda es una muestra impecable de cine (casi) mudo. Al llegar al hotel, Locke descubre que <strong>Robertson<\/strong>, su vecino de habitaci\u00f3n y con el que comparte m\u00e1s de un parecido, ha fallecido de improviso, y en un arranque pulsional decide cambiar las fotograf\u00edas de los pasaportes y trasladar el cuerpo de Robertson a su cuarto, fingiendo as\u00ed su propia muerte. \u00bfPor qu\u00e9 lo hace? El espectador, como Locke, \u00fanicamente sabe lo que la voz de Robertson le hab\u00eda comunicado: que tener solo tiene un coraz\u00f3n d\u00e9bil: ninguna atadura, ni amigos ni familia: se dedica a viajar. (Informaci\u00f3n suministrada por un ingenios\u00edsimo <em>flashback:<\/em> la c\u00e1mara registra a Locke trabajando en los pasaportes mientras escucha la voz de Robertson grabada de una entrevista previa, comienza a deslizarse como fusionada por las palabras hasta el techo y, sin corte, desciende de nuevo hasta mostrar a los dos hombres en el balc\u00f3n hablando, continuando en el pasado la grabaci\u00f3n que ha callado en el presente.)<\/p>\n<p><a href=\"https:\/\/static-blogs.elnortedecastilla.es\/wp-content\/uploads\/sites\/14\/2017\/09\/michelangelo-antonioni-e1506026855341.jpg\"><img loading=\"lazy\" class=\"size-medium wp-image-1279 alignleft\" src=\"https:\/\/static-blogs.elnortedecastilla.es\/wp-content\/uploads\/sites\/14\/2017\/09\/michelangelo-antonioni-300x167.jpg\" alt=\"michelangelo-antonioni\" width=\"300\" height=\"167\" \/><\/a>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 Desde este momento se expone el tema esencial del film: qu\u00e9 configura la identidad. \u00bfQu\u00e9 hace que seamos como somos? \u00bfHasta qu\u00e9 punto puede el yo moldearse a voluntad? O, dicho de otro modo, \u00bfc\u00f3mo no ser uno mismo? Tal que una manada sin apenas desertores, la cr\u00edtica ha catalogado desde siempre la narraci\u00f3n de <strong>Antonioni<\/strong> como &lt;&lt;una sucesi\u00f3n de tiempos muertos&gt;&gt;. Esos tiempos no est\u00e1n muertos en absoluto: sencillamente ocurren otras cosas que los manuales de guion dejar\u00edan fuera por no ser lo bastante &lt;&lt;dram\u00e1ticas&gt;&gt;, pero que tienen en el fondo mayor peso en la forja de la psicolog\u00eda del personaje \u2014y por tanto del drama\u2014 que las habituales persecuciones estruendosas o los aun m\u00e1s habituales parlamentos expositivos sobre las motivaciones del personaje. Son tiempos donde el avance es conc\u00e9ntrico, un tiempo de estratos adem\u00e1s de \u2014no a pesar de\u2014 un tiempo lineal. Y <em>El reportero<\/em>\u00a0es la mejor prueba del poder de este enfoque narrativo, tan ajeno a los c\u00f3digos al uso. Literalmente Locke, con el cambio de identidad, comienza a habitar un tiempo muerto, un tiempo que no le es propio; Locke (Robertson ahora) pretende (re)nacer a mitad de la vida, comenzar <em>tabula rasa<\/em> sin otro prop\u00f3sito que el de ir viviendo, descubriendo. Pero el ser humano no puede abdicar de su pasado, pues est\u00e1 hecho de tiempo; tal empe\u00f1o no es sino una fantas\u00eda irrealizable. Locke, como el adolescente que huye de casa, quiere escapar de las figuras paternas que simbolizan su trabajo y su matrimonio (<strong>Martin<\/strong>, el productor de la cadena, y <strong>Rachel<\/strong>, su mujer), a las que atribuye en gran medida el desencanto existencial que lo corroe, la ag\u00f3nica sensaci\u00f3n de impotencia que el fracaso de la entrevista con un dictador africano, motivo de su presencia en el continente negro, ha desbordado. Pero por supuesto esas figuras no se quedar\u00e1n inertes, querr\u00e1n extraditar el cuerpo y la valija, querr\u00e1n saber c\u00f3mo ocurri\u00f3. Es m\u00e1s: no solo no puede abdicar de su pasado sino que se carga con el de Robertson, cuya afirmaci\u00f3n de que carece de v\u00ednculos es solo eso: la afirmaci\u00f3n de un desconocido, que tan pronto como Locke recoge e inspecciona las pertenencias del muerto descubre se trata de la mentira de un traficante de armas, con una agenda repleta de nombres, lugares y citas que atender; como al adolescente, puede que a Locke le espere bajo el nombre de Robertson un destino m\u00e1s cruel que aquel del que huye.<\/p>\n<p><a href=\"https:\/\/static-blogs.elnortedecastilla.es\/wp-content\/uploads\/sites\/14\/2017\/09\/locke-y-la-chica-e1506026794800.jpg\"><img loading=\"lazy\" class=\"size-medium wp-image-1278 alignleft\" src=\"https:\/\/static-blogs.elnortedecastilla.es\/wp-content\/uploads\/sites\/14\/2017\/09\/locke-y-la-chica-300x152.jpg\" alt=\"locke-y-la-chica\" width=\"300\" height=\"152\" \/><\/a>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 Obligado a cumplir estos encargos, comienza as\u00ed una b\u00fasqueda\/hu\u00edda que lo llevar\u00e1 a Londres \u2014donde \u00bfcoincide? por primera vez con <strong>La Chica<\/strong> (<strong>Maria Schneider<\/strong>), futura compa\u00f1era de viaje y corporeizaci\u00f3n de lo que ahora le parece el ideal femenino\u2014, a M\u00fanich, a Barcelona, a Almer\u00eda\u2026 Encargos cuyo peligro no solo lo mueven en un plano geogr\u00e1fico sino an\u00edmico: da muestras, por primera vez, de vitalidad, felicidad incluso, al menos hasta que se entera de que Martin y Rachel, al recibir la valija y descubrir la celada, andan detr\u00e1s de \u00e9l.<\/p>\n<p>El otro tema esencial es el de la objetividad. Si las cuentas de la memoria no me fallan, solo hay un plano subjetivo desde el punto de vista de Locke, al cerrar el maletero con La Chica dentro; el resto del metraje mantiene rigorosamente un punto de vista objetivo, documental, como el que asume el propio Locke en su trabajo, que Martin valora por el distanciamiento, por la no interferencia con el material, esa falla infranqueable que precisamente a Locke desazona. Con <em>El reportero<\/em>, Antonioni apura y depura esa idiosincrasia presente en toda su obra que es la captaci\u00f3n fenomenol\u00f3gica, la observaci\u00f3n pura del gesto y las inflexiones, el encuadre que dirige pero no impone, a lo que contribuye el que est\u00e9 filmado por entero en localizaciones (desde el desierto de Argelia hasta el Palau G\u00fcel), sin transformaciones crom\u00e1ticas o f\u00edsicas del paisaje que pretendan subrayar una idea o un estado de \u00e1nimo, como s\u00ed hab\u00eda hecho antes en <em>El desierto rojo<\/em>\u00a0o <em>Blow-Up<\/em>. Pero la objetividad es una quimera tal como la de borrar el pasado, y es lo que queda detr\u00e1s o fuera de la imagen lo que en cine muchas veces m\u00e1s importa. Antonioni sabe esto y lo aplica con un criterio al alcance de muy pocos cineastas, si es que alguno. El mayor ejemplo \u2014y todo <em>El reportero<\/em>\u00a0supone una clase magistral del uso del fuera de campo\u2014 es el pen\u00faltimo plano de la \u00faltima escena, un heroico plano secuencia que se tard\u00f3 once d\u00edas en rodar y que es una muestra de cine como medio de s\u00edntesis no inferior a la cabalgata wagneriana de <em>Apocalypse Now<\/em>.<\/p>\n<p><em>Thriller<\/em> existencial, <em>road movie<\/em>, historia de amor, <em>cin\u00e9ma-verit\u00e9<\/em> y de denuncia \u2014la ejecuci\u00f3n que aparece en el documental que graba Locke ocurri\u00f3 en verdad\u2014, juego de sombras y espejos dobles\u2026 <em>El reportero<\/em>\u00a0es un film con una riqueza hond\u00edsima, que merece y demanda m\u00e1s de una (re)visi\u00f3n. Cada vez son menos.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><u>Ficha del film<\/u><\/p>\n<p>T\u00edt:\u00a0<em>Professione: reporter<\/em>\u00a0(<em>El reportero<\/em>)<\/p>\n<p>A\u00f1o: 1975<\/p>\n<p>Dir: Michelangelo Antonioni<\/p>\n<p>Int: Jack Nicholson, Maria Schneider, Ian Hendry, Jenny Runacre<\/p>\n<p>119 mins., color<\/p>\n<p style=\"text-align: right;\">(<em>La sombra del cipr\u00e9s<\/em>, 23\/9\/2017)<\/p>\n<p>@enfaserem<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><u>\u00a0<\/u><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Encallado en esa desorientaci\u00f3n de arena que es el desierto se encuentra David Locke (Jack Nicholson), el reportero de televisi\u00f3n a que se refiere el t\u00edtulo, al arrancar el film. 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