{"id":1355,"date":"2017-12-16T12:11:02","date_gmt":"2017-12-16T11:11:02","guid":{"rendered":"http:\/\/blogs.elnortedecastilla.es\/enfaserem\/?p=1355"},"modified":"2017-12-16T12:11:02","modified_gmt":"2017-12-16T11:11:02","slug":"el-otro-tango-de-bertolucci","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/blogs.elnortedecastilla.es\/enfaserem\/2017\/12\/16\/el-otro-tango-de-bertolucci\/","title":{"rendered":"El otro tango de Bertolucci"},"content":{"rendered":"<p><a href=\"https:\/\/static-blogs.elnortedecastilla.es\/wp-content\/uploads\/sites\/14\/2017\/12\/bernardo-bertolucci-e1513422477943.jpg\"><img loading=\"lazy\" class=\"alignleft size-full wp-image-1356\" src=\"https:\/\/static-blogs.elnortedecastilla.es\/wp-content\/uploads\/sites\/14\/2017\/12\/bernardo-bertolucci-e1513422477943.jpg\" alt=\"bernardo-bertolucci\" width=\"320\" height=\"157\" \/><\/a>El sexo ha recorrido la filmograf\u00eda de ficci\u00f3n de <strong>Bernardo Bertolucci<\/strong> desde que debutase, hace cincuenta y cinco a\u00f1os, en el largo con <em>La commare secca<\/em>; acaso solo en <em>Peque\u00f1o Buda<\/em> no se d\u00e9. Sexo que se adscribe a los principios cl\u00e1sicos del freudismo \u2014privilegiando unos u otros seg\u00fan el film\u2014 y que suele adoptar la forma del tri\u00e1ngulo (el tres es el n\u00famero freudiano por excelencia, como el jungiano es el cuatro). As\u00ed, el tri\u00e1ngulo de tintes incestuosos de <em>So\u00f1adores<\/em>, el ed\u00edpico de <em>La Luna<\/em> o el infiel de <em>El cielo protector<\/em>. Pero si hay un t\u00edtulo en el que el sexo desempe\u00f1e una funci\u00f3n motora-narrativa es, por descontado, <em>El \u00faltimo tango en Par\u00eds<\/em>. Donde hay no uno sino tres tri\u00e1ngulos: el tri\u00e1ngulo actual que componen el viudo, la joven y el novio de la joven; un segundo con un v\u00e9rtice fantasma (la esposa muerta, el viudo y la joven), y un tercero con tres fantasmas por v\u00e9rtices (la esposa muerta, el vecino que fue su amante y el viudo), aun cuando dos de los fantasmas sigan vivos. <em>Asediada<\/em> se ubica entre la primera y la segunda variante; los tres personajes viven, pero uno de ellos se halla encarcelado: es pues un fantasma que solo recuperar\u00e1 su condici\u00f3n de v\u00e9rtice pleno con la libertad.<\/p>\n<p>A Bertolucci le bastan cuatro pinceladas al comienzo para, en un ejercicio de cine no verbal digno de <strong>Flaherty<\/strong>, conozcamos las premisas esenciales: el secuestro del hombre, profesor en un pa\u00eds africano innombrado, por una milicia golpista; la obligada migraci\u00f3n de la esposa que, ba\u00f1ada en l\u00e1grimas y or\u00edn, presencia el secuestro; su nueva condici\u00f3n de asistenta en una villa romana, propiedad de un pianista y compositor ingl\u00e9s. Ya tenemos pues los dos v\u00e9rtices agentes; ella, <strong>Shandurai<\/strong> (<strong>Thandie Newton<\/strong>, en la interpretaci\u00f3n m\u00e1s hermosa que haya ofrecido), varada en una cultura que le es ajena y a la que ha de adaptarse sin ni siquiera poder plantearse c\u00f3mo, esclava del reloj y el agotamiento como vive \u2014con el trabajo de asistenta se paga los estudios de medicina\u2014; y en el otro extremo \u00e9l, el se\u00f1or <strong>Kinsky<\/strong> (un <strong>David Thewlis<\/strong> que solo ha estado m\u00e1s memorable en <em>Naked<\/em>). Este se envuelve en el silencio estancado de las cuatro plantas de la villa o en el sonido que brota de su piano, (casi) ajeno en cualquier caso al ir y venir de la mujer, con la que parece jugar, inconsciente, al gato y al rat\u00f3n.<\/p>\n<p><a href=\"https:\/\/static-blogs.elnortedecastilla.es\/wp-content\/uploads\/sites\/14\/2017\/12\/asediada-1-e1513422540720.jpg\"><img loading=\"lazy\" class=\"alignleft size-full wp-image-1357\" src=\"https:\/\/static-blogs.elnortedecastilla.es\/wp-content\/uploads\/sites\/14\/2017\/12\/asediada-1-e1513422540720.jpg\" alt=\"asediada-1\" width=\"320\" height=\"191\" \/><\/a> No hay pues aqu\u00ed rastro del tango volc\u00e1nico, carnal y abisal que desde el arranque arrastra al viudo y a la joven en <em>El \u00faltimo\u2026<\/em>, y cuyo \u00fanico fin, inalcanzable \u2014o solo alcanzable con la muerte\u2014, es el olvido. (La escena capital del m\u00edtico film no es la violaci\u00f3n anal lubricada con mantequilla, ni siquiera el mon\u00f3logo del viudo ante el f\u00e9retro de la esposa muerta; la escena capital es en la que el viudo responde a gritos furiosos la inocente pregunta de la joven de c\u00f3mo se llama: &lt;&lt;\u00a1Sin nombres! \u00a1Sin nombres!&gt;&gt;.) La relaci\u00f3n en <em>Asediada<\/em>, por contra, se va construyendo grano a grano, como los ritmos africanos pop que escucha Shandurai y que se van filtrando a trav\u00e9s de techos y puertas en las piezas de m\u00fasica cl\u00e1sica occidental que obsesivamente practica Mr. Kinsky y que a ella desquician: &lt;&lt;\u00a1Es que no entiendo esa m\u00fasica!&gt;&gt;, en un eco del comentado grito del viudo. Al cabo, Kinsky incorpora alguno de esos exotismos al concierto que est\u00e1 componiendo, para sorpresa de Shandurai: se ha convertido en su musa, pero una musa tangible, corporal, un objeto ideal\/real que le ha despertado el amor. Y es que, in\u00e9ditamente en BB, en <em>Asediada<\/em> el amor brota previo al sexo, es el amor el motor y no la pulsi\u00f3n sexual. Kinsky, ciego como todo enamorado, se descompone al conocer la realidad familiar africana de Shandurai tras confesarle su amor y proponerle matrimonio; esta, incr\u00e9dula y airada, lo somete a una prueba herc\u00falea: saque a mi marido de la c\u00e1rcel y tr\u00e1igalo. &lt;&lt;No existe el amor, solo las pruebas de amor&gt;&gt;, dijo <strong>Cocteau<\/strong>, y la prueba supondr\u00e1 para Kinsky un ejercicio progresivo de renuncia material y de cambio psicol\u00f3gico: a medida que vende sus obras de arte se abre al mundo, escapa de su solipsismo, hasta el punto final de desprenderse del objeto m\u00e1s valioso, su piano; valioso por lo que cuesta en liras y lo que tiene de \u00e9l: con el piano Kinsky entrega su alma en pos de la felicidad de Shandurai, sin tener la certeza de que ser\u00e1 correspondido.<\/p>\n<p><a href=\"https:\/\/static-blogs.elnortedecastilla.es\/wp-content\/uploads\/sites\/14\/2017\/12\/asediada-2-e1513422599651.jpg\"><img loading=\"lazy\" class=\"alignleft size-full wp-image-1358\" src=\"https:\/\/static-blogs.elnortedecastilla.es\/wp-content\/uploads\/sites\/14\/2017\/12\/asediada-2-e1513422599651.jpg\" alt=\"asediada-2\" width=\"320\" height=\"180\" \/><\/a>Las acciones de <strong>Paul<\/strong> (<strong>Marlon Brando<\/strong>) y <strong>Jeanne<\/strong> (<strong>Maria Schneider<\/strong>) en <em>El \u00faltimo\u2026<\/em> se dirigen en cambio solo hacia ellos mismos: el contacto carnal es continuo, el apartamento un \u00fatero de una planta, pero entre ellos se encuentran a millas de distancia; el otro es un instrumento, un veh\u00edculo y no un fin. Entre Shandurai y Kinsky parece haber una membrana infranqueable espesada por la desconfianza de Shandurai \u2014en gran medida cultural, abismo que no separa a Paul y Jeanne\u2014. La superaci\u00f3n de la prueba deshace la membrana, pero abre un nuevo abismo: ahora Shandurai tendr\u00e1 que hacer frente a la interrogaci\u00f3n del pentagrama: \u00bfcon qu\u00e9 amor quedarse? Es la condena de la elecci\u00f3n que, como expuso <strong>Sartre<\/strong>, lleva consigo la libertad.<\/p>\n<p>De contar con la mayor estrella del mundo en el cartel, con el saxo chorreante de <strong>Gato Barbieri<\/strong> y la fotograf\u00eda luctuosamente c\u00e1lida de <strong>Vittorio Storaro<\/strong>, <em>Asediada<\/em> supuso el reencuentro de BB con sus or\u00edgenes, en un cine casi guerrilla: 28 d\u00edas de rodaje, hora y media escasa de metraje, parco presupuesto, localizaciones naturales y un guion como una escultura de <strong>Giacometti<\/strong>: solo los elementos medulares para poder armar el relato. Se trata de un cine \u00f3seo, depurado, un poema breve y cotidiano y de una intensidad conmovedora, muy alejado pues del &lt;&lt;preciosismo&gt;&gt; que con frecuencia se le ha reprochado, injustamente, al cineasta de Parma. Quien por otro lado no renuncia a la sensualidad sinuosa y exquisita de su c\u00e1mara \u2014rizos en picado, tr\u00e1velin laterales, acercamientos como en puntillas de gato\u2014 para filmar un musical muy peculiar: la m\u00fasica tiene peso narrativo, no decorativo solo; y por otro lado es un musical mudo, donde los silencios hacen hablar a las miradas y a los objetos. Hasta la aspiradora dialoga con el piano, y al final, la \u00faltima palabra la tiene el timbre, insistente, de la calle, muy lejos del disparo fetal y fatal que recibe Brando.<\/p>\n<p style=\"text-align: right;\">(<em>La sombra del cipr\u00e9s<\/em>, 16\/12\/2017)<\/p>\n<p style=\"text-align: left;\">@enfaserem<\/p>\n<p style=\"text-align: left;\">\n<p><u>Ficha del film<\/u><\/p>\n<p>T\u00edt: <em>Besieged (Asediada)<\/em><\/p>\n<p>A\u00f1o: 1998<\/p>\n<p>Dir: Bernardo Bertolucci<\/p>\n<p>Int: David Thewlis, Thandie Newton<\/p>\n<p>93 mins., color<\/p>\n<p style=\"text-align: left;\">\n<p style=\"text-align: left;\">\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>El sexo ha recorrido la filmograf\u00eda de ficci\u00f3n de Bernardo Bertolucci desde que debutase, hace cincuenta y cinco a\u00f1os, en el largo con La commare secca; acaso solo en Peque\u00f1o Buda no se d\u00e9. 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