{"id":1376,"date":"2018-01-28T11:13:04","date_gmt":"2018-01-28T10:13:04","guid":{"rendered":"http:\/\/blogs.elnortedecastilla.es\/enfaserem\/?p=1376"},"modified":"2018-01-28T11:13:04","modified_gmt":"2018-01-28T10:13:04","slug":"escuelas-de-vida","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/blogs.elnortedecastilla.es\/enfaserem\/2018\/01\/28\/escuelas-de-vida\/","title":{"rendered":"Escuelas de vida"},"content":{"rendered":"<p><a href=\"https:\/\/static-blogs.elnortedecastilla.es\/wp-content\/uploads\/sites\/14\/2018\/01\/takeshi-kitano-e1517133935390.jpg\"><img loading=\"lazy\" class=\"alignleft size-full wp-image-1377\" src=\"https:\/\/static-blogs.elnortedecastilla.es\/wp-content\/uploads\/sites\/14\/2018\/01\/takeshi-kitano-e1517133935390.jpg\" alt=\"takeshi-kitano\" width=\"320\" height=\"160\" \/><\/a>Llega un momento en la carrera de ciertos cineastas \u2014con el factor com\u00fan de que escriben los guiones que dirigen\u2014 en que sus impulsos creativos se fellinizan y acometen su versi\u00f3n de, bien <em>Amarcord<\/em>, bien de <em>8 y \u00bd<\/em>, bien \u2014as\u00ed <strong>Woody Allen<\/strong>, con <em>D\u00edas de radio <\/em>y <em>Stardust Memories<\/em>\u2014 de ambos. A algunos les gana el impulso un poco antes \u2014<strong>Charlie Kaufman<\/strong>, acaso temiendo que no iba a tener otra oportunidad de colocarse tras la c\u00e1mara, debut\u00f3 con la m\u00e1s deslumbrante e idiosincr\u00e1tica versi\u00f3n de <em>8 y \u00bd<\/em> filmada hasta hoy,<em> Synecdoche, New York<\/em>\u2014, a otros un poco despu\u00e9s \u2014el crepuscular <strong>Kurosawa<\/strong> de <em>Sue\u00f1os<\/em>, que bebe de ambas fuentes\u2014; lo m\u00e1s com\u00fan es que ocurra cuando la silueta de la muerte se recorta contra el futuro inmediato del realizador; es el caso de <strong>Nanni Moretti<\/strong> y <em>Caro Diario <\/em>\u2014que es <em>Amarcord <\/em>en presente\u2014 o el de la cinta de <strong>Takeshi Kitano<\/strong> que nos ocupa. Al cineasta japon\u00e9s no se le recort\u00f3 en forma de c\u00e1ncer sino de accidente \u2014&lt;&lt;intento inconsciente de suicidio&gt;&gt;\u2014 de moto, que aparte de dejarle grav\u00edsimas secuelas f\u00edsicas lo sacudi\u00f3 de la espiral autodestructiva en que se encontraba y lo llev\u00f3, por un lado, a internarse en el territorio de la pintura, y, por otro, a hacer la m\u00e1s naturalista, y al tiempo ins\u00f3lita \u2014incluida ese otro suicidio (art\u00edstico) que es <em>Getting Any?<\/em> \u2014 pel\u00edcula de su filmograf\u00eda.<\/p>\n<p><em>Kids Return<\/em> se articula como un largo flashback que rememora ese periodo de incertidumbre a mediados-finales de la adolescencia en que brota un \u2018angst\u2019 vital que hace que el adolescente se plantee romper con la realidad que siente impuesta y salirse \u2014\u00bfcon qu\u00e9 destino?: lo desconoce\u2014 del sendero programado para \u00e9l. Solo los m\u00e1s osados o inconscientes se atreven al final, y con frecuencia terminan regresando al sendero prefijado, pero aunque reculen o insistan sin llegar a ese lugar que intu\u00edan, al menos habr\u00e1n arrancado a la vida experiencias que de otro modo no hubieran, y podr\u00e1n decir que el fracaso que han ganado se lo han ganado ellos solos.<\/p>\n<p><a href=\"https:\/\/static-blogs.elnortedecastilla.es\/wp-content\/uploads\/sites\/14\/2018\/01\/kids-return-1-e1517134241918.jpeg\"><img loading=\"lazy\" class=\"alignleft size-full wp-image-1378\" src=\"https:\/\/static-blogs.elnortedecastilla.es\/wp-content\/uploads\/sites\/14\/2018\/01\/kids-return-1-e1517134241918.jpeg\" alt=\"kids-return-1\" width=\"320\" height=\"180\" \/><\/a>Kitano arma este cl\u00e1sico relato de maduraci\u00f3n no como una sucesi\u00f3n de estampas m\u00e1s o menos hiladas sino como una narrativa con arco dram\u00e1tico \u2014si bien tiene la delicadeza de no puntuar las distintas fases con hitos abruptos, seg\u00fan exigen los c\u00e1nones occidentales de escritura de guion\u2014, y sin identificarse con ninguno de los personajes: \u00e9l \u2014sus recuerdos\u2014 no es ninguno de los dos protagonistas, ni <strong>Masaru<\/strong> (<strong>Ken Kaneko<\/strong>) ni <strong>Shinji<\/strong> (<strong>Masanobu <\/strong><strong>And<\/strong><strong>\u00f4<\/strong>); tampoco el correveidile del yakuza, ni el joven t\u00edmido y enamorado del caf\u00e9 ni ninguna de las mitades del par de j\u00f3venes c\u00f3micos, ni aun otro(s): es todos ellos, una suerte de yo colectivo cuyas partes resultan, sin embargo, perfectamente aut\u00f3nomas. A trav\u00e9s de este recurso, Kitano ofrece al espectador un relato de doble faz, a la vez fiel \u2014con el margen que hay que concederle a todo recuerdo: por mucha fidelidad que se le quiera rendir, la memoria nunca es un calco del pasado\u2014 y deformado: cuando en una escena coinciden m\u00e1s de un &lt;&lt;Kitano&gt;&gt;, lo que vemos no pudo acontecer de la manera en que se muestra; Kitano pudo actuar o ser testigo de lo que vemos, pero solo de una forma, solo desde el punto de vista de uno de los personajes. Y al mismo tiempo, lo que se nos muestra s\u00ed le ocurri\u00f3, s\u00ed fue testigo o actor. Por esta v\u00eda sint\u00e9tica consigue levantar un universo suficiente, completo, m\u00e1s coherente desde el plano narrativo y m\u00e1s verdadero con el coraz\u00f3n del recuerdo, que es en definitiva lo que le interesa (como era lo que, por una v\u00eda m\u00e1s barroca y on\u00edrica, interesaba a Fellini).<\/p>\n<p><a href=\"https:\/\/static-blogs.elnortedecastilla.es\/wp-content\/uploads\/sites\/14\/2018\/01\/kids-return-2-e1517134355965.jpg\"><img loading=\"lazy\" class=\"alignleft size-full wp-image-1379\" src=\"https:\/\/static-blogs.elnortedecastilla.es\/wp-content\/uploads\/sites\/14\/2018\/01\/kids-return-2-e1517134355965.jpg\" alt=\"kids-return-2\" width=\"320\" height=\"204\" \/><\/a>Rojos y sobre todo azules, atravesados aqu\u00ed y all\u00e1 por grises pastel, dominan la paleta crom\u00e1tica del film, en especial en las localizaciones exteriores, y contribuyen, junto con el di\u00e1logo cotidiano \u2014se trata de una de las pel\u00edculas m\u00e1s dialogadas de Kitano, sin serlo especialmente\u2014, al naturalismo mencionado, y le otorga adem\u00e1s una p\u00e1tina de melancol\u00eda que sugiere la lentitud con que los cambios acontecen, que el hombre, aun con empe\u00f1o, solo puede acelerar hasta cierto punto. Esta conciencia, esta suerte de fatalismo japon\u00e9s, se aprecia en el film tanto en los comentarios de los profesores en la mesa del claustro como en los nocturnos de los yakuza en la del drugstore. Y se aprecia tambi\u00e9n en la asunci\u00f3n de la jerarqu\u00eda como principio rector de las relaciones grupales. Los dos protagonistas forjan su car\u00e1cter en tres escuelas de vida fundamentales: la del instituto, inamovible y repetitiva como una pelota contra un muro; la del gimnasio de boxeo donde comienzan juntos a entrenar, que recompensa el sacrificio incluso aunque en ocasiones te niegue la victoria; y la escuela de los yakuza, cuya recompensa es mucho m\u00e1s vertiginosa y jugosa, y peligrosa por ello. Pero en cualquier \u00e1mbito la jerarqu\u00eda rige el funcionamiento, y a uno solo le queda acatarla o escapar. De los dos amigos es Masaru el que tira de la pareja; Shinji se deja llevar \u2014primero fuera de la escuela, luego dentro del gimnasio\u2014, y cuando el ring los separa y Masaru se interna en el submundo de los yakuza, presenciamos el desarrollo paralelo de ambos senderos y una ense\u00f1anza central del filme: los c\u00f3digos y las reglas, que el maestro, sea el entrenador, sea el kumicho del clan, conocen y que han tenido que observar en el pasado (esa observaci\u00f3n rigorosa es, de hecho, la que los ha colocado donde est\u00e1n), resultan cruelmente justas, de una certeza gravitatoria: si no se respetan, te har\u00e1n caer. Y ambos caen por sus debilidades personales \u2014Shinji por no saber decir no, Masaru por decir s\u00ed sin reflexi\u00f3n\u2014, y entonces es la expulsi\u00f3n, la casilla de salida y volver a empezar en otro \u00e1mbito (un trabajo que es el espejo gregario del instituto) mientras la vida, esa ba\u00f1era que cada d\u00eda se desagua, no deja de pasar.<\/p>\n<p>Con todo este fatalismo, que la extraordinaria banda sonora del versatil\u00edsimo <strong>Joe Hisaishi<\/strong> enriquece sin aplastar, <em>Kids Return <\/em>es un film que advoca por la esperanza y la posibilidad de cambio. Es en la \u00faltima frase y el \u00faltimo plano, que remite en bicicleta a la carrera de <strong>Jean-Pierre L\u00e9aud<\/strong>\/<strong>Antoine Doinel<\/strong> en <em>Los 400 golpes<\/em>, donde se reafirma que ambos, pese a los golpes recibidos, van a seguir buscando, van a seguir intent\u00e1ndolo, que no todo est\u00e1 escrito de antemano. Lo cual, dicho por el quiz\u00e1 m\u00e1s fatalista de los cineastas, multiplica su poder conmovedor.<\/p>\n<p style=\"text-align: right;\">(<em>La sombra del cipr\u00e9s<\/em>, 27\/1\/2018)<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><u>Ficha del film<\/u><\/p>\n<p>T\u00edtulo: <em>Kizzu rit\u00e2n<\/em> (<em>Kids Return<\/em>)<\/p>\n<p>A\u00f1o 1996, 103 mins, drama, color<\/p>\n<p>Dir.: Takeshi Kitano<\/p>\n<p>Int.: Ken Kaneko; Masanobu And\u00f4; Leo Morimoto<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Llega un momento en la carrera de ciertos cineastas \u2014con el factor com\u00fan de que escriben los guiones que dirigen\u2014 en que sus impulsos creativos se fellinizan y acometen su versi\u00f3n de, bien Amarcord, bien de 8 y \u00bd, bien \u2014as\u00ed Woody Allen, con D\u00edas de radio y Stardust Memories\u2014 de ambos. 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