{"id":1482,"date":"2018-06-09T19:02:07","date_gmt":"2018-06-09T17:02:07","guid":{"rendered":"http:\/\/blogs.elnortedecastilla.es\/enfaserem\/?p=1482"},"modified":"2018-06-09T19:02:07","modified_gmt":"2018-06-09T17:02:07","slug":"el-sacerdote-desviado","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/blogs.elnortedecastilla.es\/enfaserem\/2018\/06\/09\/el-sacerdote-desviado\/","title":{"rendered":"El sacerdote desviado"},"content":{"rendered":"<p><a href=\"https:\/\/static-blogs.elnortedecastilla.es\/wp-content\/uploads\/sites\/14\/2018\/06\/scorsese-e1528563536320.jpg\"><img loading=\"lazy\" class=\"alignleft size-full wp-image-1484\" src=\"https:\/\/static-blogs.elnortedecastilla.es\/wp-content\/uploads\/sites\/14\/2018\/06\/scorsese-e1528563536320.jpg\" alt=\"scorsese\" width=\"320\" height=\"233\" \/><\/a>El cineasta <strong>Joe Dante<\/strong> afirma que hay dos tipos de cin\u00e9filos: los que est\u00e1n obsesionados por el cine y los que est\u00e1n obsesionados por las pel\u00edculas que los obsesionan. <strong>Martin Scorsese<\/strong> pertenece sin duda a la primera categor\u00eda: un consumidor omn\u00edvoro, que no distingue entre g\u00e9neros, geograf\u00eda o tiempo en que se realiz\u00f3 el film, o tipo de producci\u00f3n; es el espectador ideal, alguien con un conocimiento oce\u00e1nico del s\u00e9ptimo arte (no solo de su historia), con la curiosidad del primerizo y con la honestidad del buen cr\u00edtico, ese que se sienta ante la pantalla y lo primero que hace es un ejercicio de autodrenaje para que lo que conoce no le condicione lo que va a ver. Scorsese no entiende el cine como una prolongaci\u00f3n de la vida, una manera (imperfectible) de explicarla, o no solo; para \u00e9l el cine es en primer lugar una realidad aut\u00f3noma, que se justifica a s\u00ed misma sin necesidad de muletas utilitarias. El cine puede proporcionar muchas utilidades: ense\u00f1ar a mirar, a escuchar, a tener paciencia, fomentar la empat\u00eda (al ponerse en los zapatos de los personajes), subsanar ignorancias o despertar la curiosidad hist\u00f3rica, lo que se quiera, pero sobre todo es un suministrador de disfrute: en distintos planos. Una de sus idiosincrasias m\u00e1s marcadas, y que lo hacen m\u00e1s precioso, es el abanico de placeres que le ofrece al espectador, capaz de degustar uno o varios sin que otros aspectos del film que le resultan anodinos o incluso reprobables interfieran en la degustaci\u00f3n de los que aprecia \u2014es m\u00e1s, la pueden acentuar\u2014. (Abanico con una contrapartida inseparable: pocas cosas producen mayor sensaci\u00f3n de frustraci\u00f3n y tiempo perdido que una pel\u00edcula en la que no se encuentra nada rescatable.)<\/p>\n<p>El cine, pues, como v\u00eda pero sobre todo como fin, como absoluto, y como absoluto decidi\u00f3 Scorsese entregarse a \u00e9l. No fue una decisi\u00f3n f\u00e1cil. Otra realidad de fronteras porosas con mayor peso existencial que la carne palpable y la luz visible, la religi\u00f3n, hab\u00eda colonizado su cabeza desde muy temprana edad, al punto de que el atribulado y asm\u00e1tico adolescente que fue Scorsese lleg\u00f3 a ingresar en un seminario para ordenarse como sacerdote. Lo expulsaron, pero no lograron expulsarle las tribulaciones. Toda la vida del director de Queens ha sido una exploraci\u00f3n, en algunos periodos ag\u00f3nica, de las inquietudes y dudas morales que la educaci\u00f3n cat\u00f3lica hicieron nacer en su psique, y que a d\u00eda de hoy siguen, seg\u00fan propia admisi\u00f3n, asedi\u00e1ndolo.<\/p>\n<p>Para bien de su merecida legi\u00f3n de fan\u00e1ticos, pues a trav\u00e9s del cine \u2014v\u00eda y fin\u2014 el reciente Premio Princesa de Asturias de las Artes ha explorado y purgado, siquiera en parte, esas tribulaciones, y con \u00e9l el espectador, que aun sin compartirlas ha podido en todo caso disfrutar de una filmograf\u00eda tan larga como varia y sustanciosa. Igual que el sacerdote se transciende en la misi\u00f3n eclesial, Scorsese se trasciende en la misi\u00f3n \u2014realizaci\u00f3n, contemplaci\u00f3n, promoci\u00f3n\u2014 cinematogr\u00e1fica.<\/p>\n<p><a href=\"https:\/\/static-blogs.elnortedecastilla.es\/wp-content\/uploads\/sites\/14\/2018\/06\/malas-calles-e1528563614858.jpg\"><img loading=\"lazy\" class=\"alignleft size-full wp-image-1485\" src=\"https:\/\/static-blogs.elnortedecastilla.es\/wp-content\/uploads\/sites\/14\/2018\/06\/malas-calles-e1528563614858.jpg\" alt=\"malas-calles\" width=\"320\" height=\"160\" \/><\/a>Aunque en una obra tan vasta ser\u00eda imposible \u2014y menos en alguien tan curioso\u2014 la exploraci\u00f3n de un asunto \u00fanico, por enorme que sea, Scorsese le debe al religioso, tratado de forma m\u00e1s o menos oblicua, algunos de sus m\u00e1s logrados t\u00edtulos; y en concreto, al tema de la expiaci\u00f3n\/redenci\u00f3n. Ya en el primer largo que puede considerarse enteramente personal, <em>Malas calles <\/em>(1973), el personaje central, <strong>Charlie<\/strong> (<strong>Harvey Keitel<\/strong>), se ve desgarrado ante la imposibilidad de reconciliar su fe cat\u00f3lica con su sexualidad incierta, el deber de soldado para con su t\u00edo con los valores de la compasi\u00f3n y el afecto para con quienes el t\u00edo explota; Charlie es el m\u00e1rtir que hace suyos los pecados ajenos, de los que cree puede liberar a quienes lo circundan si \u00e9l act\u00faa como corresponde, es decir como <strong>Dios<\/strong> quiere; ocurre que Dios no siempre es claro, y que por mucha voluntad que le ponga uno los pecados ajenos se le escurren, siguen su propio camino y terminan colisionando.<\/p>\n<p>Ser\u00e1 en la que todav\u00eda hoy es su cinta m\u00e1s turbadora \u2014y posiblemente m\u00e1s perfecta\u2014, <em>Taxi Driver <\/em>(1976), donde MS afronte, de una manera menos directa, pero no menos eficaz, el periplo pasi\u00f3n\/muerte\/resurrecci\u00f3n: en la figura de <strong>Travis Bickle<\/strong> (<strong>Robert De Niro<\/strong>), exmarine insomne y conductor de taxi circunstancial asqueado con el infierno de depravaci\u00f3n y degradaci\u00f3n en que se ha convertido el mundo; hombre confundido pero con las ideas muy claras sobre qu\u00e9 es el bien y qu\u00e9 el mal, Travis decide enderezar la realidad alucinatoria que lo rodea, el Mal con may\u00fascula; se percibe como una suerte de enviado, certeza a la que llega por sedimentaci\u00f3n, por los sucesivos encuentros que, como <strong>Jesucristo<\/strong> durante la Pasi\u00f3n, tiene con los clientes nocturnos de su taxi. Travis ha de salvar la pureza que todav\u00eda hay en el mundo \u2014simbolizada en la ni\u00f1a prostituta y en la mujer de piel blanqu\u00edsima con quienes se obsesiona\u2014, ejecutando las acciones que resulten necesarias, aun a costa de su propia vida. Y llega la acci\u00f3n y la org\u00eda de sangre, y llega la muerte y la resurrecci\u00f3n (catarsis del personaje): pasa de ser visto como un psic\u00f3pata a ser tratado como un h\u00e9roe, y \u00e9l mismo ha cambiado la percepci\u00f3n que tiene de s\u00ed.<\/p>\n<p><a href=\"https:\/\/static-blogs.elnortedecastilla.es\/wp-content\/uploads\/sites\/14\/2018\/06\/toro-salvaje-e1528563666125.jpg\"><img loading=\"lazy\" class=\"alignleft size-full wp-image-1486\" src=\"https:\/\/static-blogs.elnortedecastilla.es\/wp-content\/uploads\/sites\/14\/2018\/06\/toro-salvaje-e1528563666125.jpg\" alt=\"toro-salvaje\" width=\"320\" height=\"147\" \/><\/a>El cotejo de ambos filmes permite aislar el otro gran rasgo del Scorsese realizador, la posesi\u00f3n de un saco de recursos estil\u00edsticos sin fondo que le permite ensayar en pantalla, con fluidez de malabarista bien entrenado, los m\u00e1s diversos impulsos pero sin perder nunca la singularidad de su voz. Si <em>Malas calles <\/em>emplea sobre todo una paleta de tintes naturalistas, azules y grises y ocres, <em>Taxi Driver <\/em>una de colores saturados, rojos lujuriosos y amarillos nocturnos y brillantes; si en la primera el paisaje sonoro se colma de <em>hits<\/em> de <em>jukebox<\/em> rockeros e italianos, en la segunda se abre al orquestal y hitchcockiano <strong>Bernard Herrmann<\/strong>; si las peripecias de Charlie son seguidas por una c\u00e1mara nerviosa y un montaje que no duda en yuxtaponer, tan irreverente como <strong>Godard<\/strong>, primer\u00edsimos planos con panor\u00e1micas interiores de 180 grados, las de Travis por unos encuadres estrictos, cl\u00ednicos, serenos; hasta el libreto del guion \u2014improvisado en gran parte en <em>Malas calles<\/em>, calvinistamente riguroso en <em>Taxi Driver<\/em>\u2014 difiere. Otras parejas se pueden enlazar como ejemplos de la variedad estil\u00edstica de MS; valgan tres: <em>Uno de los nuestros<\/em>\/<em>La edad de la incocencia<\/em>; <em>Toro Salvaje<\/em>\/<em>El rey de la comedia<\/em>; <em>La invenci\u00f3n de Hugo<\/em>\/<em>New York, New York<\/em>. Y eso que estamos omitiendo su faceta de documentalista, que dar\u00eda casi para otro tanto.<\/p>\n<p>Todo esto no quiere decir otra cosa que Scorsese encarna, quiz\u00e1 como ning\u00fan otro director vivo, la figura del cineasta-autor que acu\u00f1ara <em>Cahiers du Cin\u00e9ma<\/em> alguien que hace suyo el material que recibe \u2014Scorsese rara vez participa en el guion de sus pel\u00edculas\u2014 a trav\u00e9s de la puesta en escena, sin que el aparato l\u00e9xico y gramatical elegido ahogue \u2014insistimos\u2014 el tono inconfundible de su voz.<\/p>\n<p>Alguien que habita un territorio de esta manera bien puede decirse que ha encontrado el para\u00edso en la Tierra. Bienaventurado \u00e9l, aunque sin duda el para\u00edso le haya hecho sufrir en m\u00e1s de una ocasi\u00f3n, desde que con cuatro a\u00f1os lo hollase por primera vez al ver <em>Duelo al sol<\/em>. En cualquier caso, es un sufrimiento al que no le cabe sino resignarse, como se resigna el sacerdote a los desfallecimientos puntuales de la fe. El Princesa de Asturias acierta pues al reconocer una carrera que, como los sermones del buen pastor, por su valor ha inspirado a algunos de los cineastas en activo m\u00e1s notables, que sin ning\u00fan pudor reconocen el saqueo continuo que han hecho del saco estil\u00edstico de Scorsese, y regalado momentos memorables a quienes se sientan en las butacas. A diferencia del Oscar a Mejor Director en 2007, el Princesa de Asturias llega en el momento justo, como reconocimiento a una carrera desbordante y no como propina obligada y tard\u00eda. Reconocimiento que, en una vocaci\u00f3n as\u00ed, en absoluto significa un punto y final.<\/p>\n<p style=\"text-align: right;\">(<em>La sombra del cipr\u00e9s<\/em>, 9\/6\/2018)<\/p>\n<p style=\"text-align: left;\">@enfaserem<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>El cineasta Joe Dante afirma que hay dos tipos de cin\u00e9filos: los que est\u00e1n obsesionados por el cine y los que est\u00e1n obsesionados por las pel\u00edculas que los obsesionan. 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