{"id":153,"date":"2011-10-28T09:50:12","date_gmt":"2011-10-28T07:50:12","guid":{"rendered":"http:\/\/blogs.elnortedecastilla.es\/enfaserem\/?p=153"},"modified":"2011-10-28T09:50:12","modified_gmt":"2011-10-28T07:50:12","slug":"el-dedo-nos-apunta","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/blogs.elnortedecastilla.es\/enfaserem\/2011\/10\/28\/el-dedo-nos-apunta\/","title":{"rendered":"El dedo nos apunta"},"content":{"rendered":"<p><img loading=\"lazy\" class=\"alignleft\" src=\"\/\/www.elintransigente.com\/fotografias\/fotosnoticias\/2011\/5\/31\/int-57113.jpg\" alt=\"\" width=\"215\" height=\"322\" \/>La democracia es el mejor de los sistemas imperfectos que hasta el momento el hombre ha ensayado para organizar su vida en com\u00fan. La delegaci\u00f3n de una cuota personal de autonom\u00eda para que otro se\u00f1or la gestione tiene desde luego sus peligros y lados oscuros, y a medida que el tiempo pasa el pueblo va sabiendo cada vez menos a qui\u00e9n le ha entregado su cuota en realidad, hasta d\u00f3nde llegan y qui\u00e9nes mueven al se\u00f1or que sale en el cartel electoral, y la sensaci\u00f3n de hast\u00edo aumenta, y la resignaci\u00f3n y el desencanto. La ficci\u00f3n que articula el sistema ha devenido en simulacro. Pero en los albores la ilusi\u00f3n &#8211; pre\u00f1ada de incertidumbre ingenua &#8211; florec\u00eda, o eso al menos aseguran las im\u00e1genes de y las letras sobre los pioneros del voto. Argentina, en el a\u00f1o 83, reci\u00e9n acababa de poner punto final &#8211; o eso se pensaba entonces: ya hemos visto lo que ha durado, lo que a\u00fan dura el ep\u00edlogo &#8211; al yugo militar de <strong>Videla<\/strong> &#038; C\u00eda. (\u00bfy C\u00cdA?), y comenzaba ilusionada a despertar su democracia blanquiceleste. Es en este marco hist\u00f3rico donde se ubica la peripecia de <em>El dedo<\/em>; el marco f\u00edsico, un pueblo o pago aislado como la aldea de Ast\u00e9rix, solo que cercado por la inmensidad de la Pampa y no por romanos con querencia por el vino galo, que con el \u00faltimo nacimiento local ha alcanzado la cifra de 501 habitantes y el derecho a organizarse democr\u00e1ticamente. Todo apunta a que ser\u00e1 el juez de paz el primer elegido, hasta que la muerte a cuchillo del hermano del due\u00f1o de la tienda-para-casi-todo del pueblo aborta la carrera pol\u00edtica del se\u00f1or juez antes de arrancar: vuelven a ser 500. El hermano corta el dedo muerto y lo expone en un frasco de formol en la tienda hasta hacer justicia. El dedo, en el momento del duelo, apunta al cielo y salva a su asesino de una muerte segura, nocturna y comunal. El dedo va haciendo, con nuevos movimientos aut\u00f3nomos, sugerencias que se revelan soluciones a problemas que le plantean o \u201cescucha\u201d. Todo el pueblo acude al dedo. Al dedo lo presentan de candidato. El juez no se ha puesto al surreal proceso pues no desea se declare la muerte del hermano y les proh\u00edban las elecciones. Un dedo candidateado contra un juez de paz por la presidencia de un pueblo perdido. Nos hallamos pues dentro de una ficci\u00f3n &#8211; el film &#8211; sobre otra ficci\u00f3n &#8211; la democracia.<\/p>\n<p>\u00bfUn planteamiento delirante? Puede, y bien est\u00e1 que as\u00ed sea si se termina resolviendo con el pulso y la gracia &#8211; con la medida distancia &#8211; que el debutante en largo <strong>Sergio Teubal <\/strong>demuestra. \u00bfRealismo m\u00e1gico, como con tanta insistencia se ha repetido? Si se quiere, pero algo m\u00e1s importante: ficci\u00f3n veraz. La pel\u00edcula funciona como una pieza aut\u00f3noma, completa: crea su propia realidad y esta el espectador la admite por entero, abandon\u00e1ndose a ella con gozo. No otra cosa se le pide al arte.<\/p>\n<p>Pero <em>El dedo <\/em>no solo apunta las flaquezas de la democracia con iron\u00eda y a trav\u00e9s de la ficci\u00f3n. Es tambi\u00e9n un dedo acusador inconsciente para con la realidad no ficticia del cine espa\u00f1ol, o al menos con cierto cine espa\u00f1ol: ese que confunde la comedia costumbrista con la chabacaner\u00eda y el humor con la obviedad. La industria cinematogr\u00e1fica argentina de la \u00faltima d\u00e9cada no puede decirse haya contado con una infraestructura m\u00e1s boyante que la espa\u00f1ola, ni que sus perspectivas socioecon\u00f3micas fuesen m\u00e1s halag\u00fce\u00f1as (si hubiera sido as\u00ed, muchos de sus int\u00e9rpretes no habr\u00edan emigrado), pero pese a ello han conseguido dar a conocer un ramillete de pel\u00edculas de tem\u00e1tica y tono vario &#8211; no solo comedias: pensemos en <strong>Lisandro Alonso <\/strong>&#8211; m\u00e1s que dignas, con un sabor a la vez peculiar y compartido, inteligente y accesible (la inteligencia es mucho m\u00e1s accesible de lo que algunos programadores\/productores de cine y t.v. se empe\u00f1an en creer, y m\u00e1s barata). <em>El dedo<\/em>, s\u00ed, es el \u00faltimo ejemplo venido del otro lado del Atl\u00e1ntico que nos debiera hacer reflexionar sobre qu\u00e9 queremos y ad\u00f3nde vamos con nuestro cine, si la l\u00ednea iniciada por los <strong>Isaki Lacuesta<\/strong>, <strong>Jon\u00e1s Trueba <\/strong>y alg\u00fan otro va a asentarse y crecer o solo tolerarse como cuota obligada.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>La democracia es el mejor de los sistemas imperfectos que hasta el momento el hombre ha ensayado para organizar su vida en com\u00fan. 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