{"id":17,"date":"2011-02-13T19:50:19","date_gmt":"2011-02-13T18:50:19","guid":{"rendered":"http:\/\/blogs.elnortedecastilla.es\/enfaserem\/?p=17"},"modified":"2011-02-13T19:50:19","modified_gmt":"2011-02-13T18:50:19","slug":"17","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/blogs.elnortedecastilla.es\/enfaserem\/2011\/02\/13\/17\/","title":{"rendered":"Un oasis en blanco y negro"},"content":{"rendered":"<p>En Estados Unidos, los 50 fueron la d\u00e9cada <strong>Norman Rockwell<\/strong>: barrios residenciales de setos uniformes, frigor\u00edficos de acero y pin-ups sonrosadas y pecosas. Es a comienzos de esta d\u00e9cada de p\u00f3ster satinado cuando <strong>Alfred Hitchcock<\/strong> retoma, tras un par\u00e9ntesis brit\u00e1nico de dos pel\u00edculas, su etapa americana. La de los 50 supondr\u00e1 al cabo para el gran <em>Hitch<\/em> su particular d\u00e9cada prodigiosa, aquella en la que firmar\u00e1 muchos de sus m\u00e1s memorables t\u00edtulos, gracias a los cuales pudo al menos introducirse, aun sin que el propio p\u00fablico se apercibiera de ello, un soterrado y ambiguo desasosiego, una sombra de duda entre los productos de entretenimiento de la cultura de masas. Hitchcock concluy\u00f3 los 50 con esa obra intachable que es <em>V\u00e9rtigo <\/em>y esa delicia de la adrenalina y el despiste que es <em>Con la muerte en los talones<\/em>, pero la urgencia por saldar su contrato con Paramount, a quien deb\u00eda todav\u00eda una pel\u00edcula, le llev\u00f3 a pujar por una novela de quiosco de escritura di\u00e1fana y turbia trama, que horroriz\u00f3 a la productora ya antes de ser filmada. Por supuesto, nadie hoy en la <em>major<\/em> de la monta\u00f1a nevada admitir\u00eda este extremo, y sobre la tumba de su madre \u2013 o sobre el cap\u00f3 de su Ferrari \u2013 jurar\u00edan que apoyaron el proyecto desde el principio: y es que con un presupuesto muy inferior a los que sol\u00eda manejar, que no alcanz\u00f3 el mill\u00f3n de d\u00f3lares, el cineasta del puro con papada terminar\u00eda puliendo la que a la postre se convertir\u00eda en su pel\u00edcula m\u00e1s productiva, econ\u00f3mica y art\u00edsticamente: cincuenta a\u00f1os despu\u00e9s de su estreno seguimos discuti\u00e9ndola.<\/p>\n<p><img loading=\"lazy\" class=\"alignleft\" src=\"\/\/blog.joinsmsn.com\/usr\/l\/i\/liberum\/14\/%A4%A143.jpg\" alt=\"\" width=\"250\" height=\"312\" \/>Viene esto a cuento de que, en contra de lo que al espectador despistado o ne\u00f3fito le puedan sugerir sus im\u00e1genes, <em>Psicosis<\/em> es una de las pel\u00edculas tard\u00edas de Hitchcock, de hecho podr\u00eda considerarse que con ella se abre su tercera etapa si no fuera por que, pese a compartir elementos con otras cintas previas y posteriores, dentro de la filmograf\u00eda hitchcockiana <em>Psicosis<\/em> ha de considerarse un oasis en blanco y negro. Y ello m\u00e1s all\u00e1 de su filiaci\u00f3n crom\u00e1tica, aunque \u00e9sta resulte imprescindible en muchos casos para tratar las otras singularidades del filme.<\/p>\n<p>El t\u00edtulo original \u2013 <em>Psycho<\/em>, es decir, \u201cpsic\u00f3pata\u201d \u2013 deja mucho m\u00e1s claro que el traducido d\u00f3nde va a gravitar el meollo del asunto. Se ha dicho que, en <em>Psicosis<\/em>, Hitchcock comet\u00eda la aberraci\u00f3n aristot\u00e9lica de cargarse al protagonista al final del primer acto. No es verdad: Marion Crane (<strong>Janet Leigh<\/strong>) funciona s\u00f3lo como excusa, algo as\u00ed como un macguffin rubio con el que justificar la escena de la ducha; su muerte puede verse como un ejemplo cruel de justicia divina \u2013 de justicia diab\u00f3lica -: ha cometido el pecado del robo y va a parar al infierno, donde es ajusticiada por Sat\u00e1n (que no tiene madre virgen sino una falsa madre). Pero en cualquier caso Marion Crane es s\u00f3lo la mensajera que pasa el testigo del inter\u00e9s al verdadero protagonista del partido, el Sat\u00e1n-psic\u00f3pata Norman Bates (<strong>Anthony Perkins<\/strong>), que ya no lo soltar\u00e1 hasta el final. Prueba de este protagonismo es que el drama personal de Bates \u2013 el trastorno de identidad disociativo que padece \u2013 es el motor, y por tanto tambi\u00e9n el drama, de la pel\u00edcula.<\/p>\n<p>Si en el psic\u00f3pata reside el inter\u00e9s de la pel\u00edcula, el inter\u00e9s del psic\u00f3pata reside en su cabeza. Hitchcock, eligiendo como piedra angular del asunto un espacio tan nebuloso como una cabeza \u2013 y m\u00e1s una cabeza enferma \u2013, apuesta el resto a todo o nada. S\u00f3lo los m\u00e1s grandes \u2013 <strong>Bu\u00f1uel<\/strong>, <strong>Fellini<\/strong>, <strong>Kurosawa<\/strong>, el <strong>Bergman<\/strong> de <em>Fresas Salvajes<\/em> &#8211; han jugado en el campo de los sue\u00f1os, de lo simb\u00f3lico, y salido victorioso. La propia naturaleza de la imagen f\u00edlmica es siempre realista \u2013 muestra una cosa \u2013 y simb\u00f3lica \u2013 nos remite a otra -; por ello resulta peligros\u00edsimo, y sumamente dif\u00edcil, presentar en pantalla un sue\u00f1o o una imagen simb\u00f3lica, pues el sue\u00f1o\/s\u00edmbolo presentado remitir\u00eda a su vez a otro s\u00edmbolo, y se corre el riesgo de dejar en el espectador un residuo vago, confuso, una especie de s\u00edmbolo al cuadrado que no tenga m\u00e1s vinculaci\u00f3n con lo que se quiere decir que un delgad\u00edsimo hilo, tan delgado que resulte imposible percibir. Hitchcock consigue sortear magistralmente este peligro con unas tramas cuidadas hasta el \u00faltimo fleco, al punto de que en muchas ocasiones el espectador se olvida por completo del lado simb\u00f3lico y se queda s\u00f3lo con la peripecia del crimen. Pero ese lado simb\u00f3lico existe, y este maestro del silogismo, este maestro de la causa-efecto, fue adem\u00e1s un apasionado estudioso de las corrientes sinuosas de la mente, y supo como nadie navegar por ellas. <em>Psicosis<\/em> supone, en este sentido, un maremoto cinematogr\u00e1fico.<\/p>\n<p>La cabeza de Bates domina de tal manera el relato que, como defiende m\u00e1s de un psic\u00f3logo, hasta la mansi\u00f3n donde habita es una traslaci\u00f3n de su mapa mental: el piso superior, donde se esconde el cad\u00e1ver de la madre y tienen lugar las falsas conversaciones entre ambos (mon\u00f3logo a dos voces), representar\u00eda el supery\u00f3, la superestructura moral, represiva, castrante de Bates; la entreplanta representar\u00eda al yo: el lugar donde recibe a la gente y muestra su comportamiento racional, donde quiere entablar relaci\u00f3n con la hu\u00e9sped; y el s\u00f3tano representar\u00eda el id, el ello, todas las pulsiones reprimidas (seg\u00fan <strong>Freud<\/strong>, la represi\u00f3n es la neurosis) del paciente, y es por dicho motivo que Bates esconde all\u00ed el cuerpo de la v\u00edctima, cuyo recuerdo tambi\u00e9n desear\u00eda enterrar en su cerebro.<\/p>\n<p>Y es el momento de hablar del color, o sea de su falta. Existe la creencia generalizada de que la fotograf\u00eda blanquinegra del filme se debi\u00f3 a la necesidad de \u201csuavizar\u201d el impacto que la sangre de la escena de la ducha podr\u00eda tener en el respetable. Discrepo. M\u00e1s bien parece la \u00fanica opci\u00f3n posible para una cinta que, por primera vez en la historia, abordaba la mente de un asesino no como si \u00e9sta fuera un contenedor rebosante de desperdicios malignos y no reciclables, sino de una manera compleja, con todas las luces y todas las sombras psicol\u00f3gicas que acabamos de apuntar. El blanco y negro no fue, pues, un mero capricho de autor: basta compararla con la fotocopia colorista que perpetr\u00f3 <strong>Gus Van Sant<\/strong> en el 98 para darse cuenta de que ah\u00ed sobraban pigmentos y faltaba coraz\u00f3n. (Asimismo, no ser\u00eda en absoluto imposible que tambi\u00e9n la rodase en b\/n por tratarse, en definitiva, de la filmaci\u00f3n de una pesadilla, o sea del rev\u00e9s de un sue\u00f1o: y casi siempre so\u00f1amos en b\/n.) Hay otros s\u00edmbolos en <em>Psicosis<\/em> \u2013 el agua como elemento de la muerte (la ducha, el estanque), la taxidermia, etc. -, pero funcionan como mobiliario de la cabeza disociada de Bates, no como n\u00facleo.<\/p>\n<p>Todo lo se\u00f1alado \u2013 el recortado presupuesto, el b\/n, la psicolog\u00eda, la simbolog\u00eda \u2013 nos revela una pel\u00edcula tremendamente audaz, rara, marginal. As\u00ed, la casi con seguridad m\u00e1s popular pel\u00edcula del m\u00e1s popular de los cineastas de la Historia es en el fondo una cinta de serie B. Vemos que Hitchcock fue el mago del suspense y de algunas cosas m\u00e1s.<\/p>\n<p style=\"text-align: right;\">(<em>La sombra del cipr\u00e9s<\/em>, febrero de 2010)<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>En Estados Unidos, los 50 fueron la d\u00e9cada Norman Rockwell: barrios residenciales de setos uniformes, frigor\u00edficos de acero y pin-ups sonrosadas y pecosas. Es a comienzos de esta d\u00e9cada de p\u00f3ster satinado cuando Alfred Hitchcock retoma, tras un par\u00e9ntesis brit\u00e1nico de dos pel\u00edculas, su etapa americana. 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