{"id":18,"date":"2010-04-01T20:00:34","date_gmt":"2010-04-01T18:00:34","guid":{"rendered":"http:\/\/blogs.elnortedecastilla.es\/enfaserem\/?p=18"},"modified":"2010-04-01T20:00:34","modified_gmt":"2010-04-01T18:00:34","slug":"el-oscuro-cuentacuentos","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/blogs.elnortedecastilla.es\/enfaserem\/2010\/04\/01\/el-oscuro-cuentacuentos\/","title":{"rendered":"El oscuro cuentacuentos"},"content":{"rendered":"<p><strong><img loading=\"lazy\" class=\"alignleft\" src=\"\/\/jackeltuerto.files.wordpress.com\/2010\/08\/tim-burton1.jpg\" alt=\"\" width=\"233\" height=\"400\" \/>Tim Burton<\/strong> parece un personaje de Tim Burton. S\u00f3lo guarda un color en su ropero: el negro, detalle crom\u00e1tico al que hay que a\u00f1adir el pelo el\u00e9ctrico, como de doctor chiflado de una cinta de serie B de los cincuenta, las enormes gafas tintadas, que no logran esconder las permanentes ojeras, y los tics esquizofr\u00e9nicos. Es probable que si se nos sentara al lado en el metro o en el autob\u00fas, m\u00e1s de uno torcer\u00eda el gesto, siquiera mentalmente, aunque acto seguido se reprochase la actitud de reparo inicial. En descargo de los gestos torcidos cabr\u00eda argumentar que la imagen l\u00edvido-g\u00f3tica del director ha sido asociada durante siglos a los territorios m\u00e1s turbios del alma humana, y ese caudal hist\u00f3rico de subconsciente colectivo ha de terminar manifest\u00e1ndose, incluso en quienes se consideran vacunados contra cualquier prejuicio. Y a eso se ha dedicado el director de <em>Bitelch\u00fas<\/em> desde su lejano <em>Vincent<\/em>: a derribar los prejuicios que despierta todo aqu\u00e9l que, como <em>Eduardo Manostijeras<\/em>, ha querido la Naturaleza o el Destino que se saliera del molde preconcebido y general. Para esa operaci\u00f3n de derribo se ha basado en una serie de personajes tan singulares como atractivos, tan ins\u00f3litos como profundos, algunos de los cuales ocupan sin duda un lugar preferente en el imaginario f\u00edlmico de los \u00faltimos treinta a\u00f1os.<\/p>\n<p>Un repaso a la galer\u00eda de personajes burtonianos confirma que, de compartir un nexo, de haber un denominador com\u00fan, \u00e9ste es el de la insularidad; de Batman a Ed Bloom senior, de Eduardo Manostijeras a Ed Wood (mucho Edward suelto en la filmograf\u00eda de Burton), todos los protagonistas de las pel\u00edculas de Burton habitan un entorno que, sin ellos pretenderlo casi nunca, los tolera con incomprensi\u00f3n, con una cauci\u00f3n de guantes de l\u00e1tex que no pocas veces deviene en frontal hostilidad. Y esa insularidad se manifiesta en primer lugar en el aspecto, en una imagen que supone el mayor obst\u00e1culo para establecer una efectiva, sincera comunicaci\u00f3n entre el protagonista y el entorno; obst\u00e1culo a menudo insalvable, llegando a opacar los actos de bondad o altruismo de los protagonistas, que calan menos en los habitantes del entorno que el envoltorio de los hacedores.<\/p>\n<p>Este posicionamiento en favor del raro, que a una mirada superficial le podr\u00eda parecer s\u00f3lo un capricho de friqui, una mera rabieta de ilustrador de Disney rebotado \u2013 como lo fue el propio Burton -, es en realidad el sol sobre el que orbita todo el universo f\u00edlmico del autor de la inminente <em>Alicia en el Pa\u00eds de las Maravillas<\/em>. Tanto su particular\u00edsima est\u00e9tica &#8211; entre la Alemania de <strong>Murnau<\/strong> y la Hammer de <strong>Peter Cushing<\/strong> \u2013 como sus temas recurrentes &#8211; con la muerte, de una forma u otra, como presencia patente\/latente que atraviesa todas sus cintas \u2013 nacen del tratamiento que previamente Burton ha querido imprimir en sus personajes principales; es a partir de \u00e9stos que se le plantean al espectador las preguntas cardinales, obsesivas, que planean por sobre sus filmes: hay algo despu\u00e9s de la muerte, es posible la comunicaci\u00f3n real, qui\u00e9nes somos. Preguntas que trazan la figura de un existencialista, pese a los reparos que este t\u00e9rmino nos pueda causar en alguien que trabaja en Hollywood y se dedica a contar cuentos. \u201cEl infierno son los otros\u201d, concluye <strong>Sartre<\/strong> en <em>A puerta cerrada<\/em>, dando la s\u00edntesis m\u00e1s radical de la corriente de pensamiento que lider\u00f3, y ese sentimiento de desarraigo, ese <em>angst<\/em> generado por la falta de pertenencia a una comunidad, es la materia fundamental con que se construyen los sue\u00f1os o pesadillas de Burton. Que por otro lado son, tambi\u00e9n, un canto de esperanza, pues siempre o casi siempre hay alguien, entre la comunidad que rechaza, capaz de adentrarse m\u00e1s all\u00e1 de la m\u00e1scara\/c\u00e1scara del aspecto del protagonista y alcanzar el coraz\u00f3n de la nuez, el \u00fanico lugar que de veras importa. Burton, as\u00ed, trata a los ni\u00f1os como si fueran adultos y a los adultos como si fueran ni\u00f1os, a los monstruos como hombres y a los hombres como monstruos, para concluir que todos tenemos nuestra propia idiosincrasia, que es la que nos hace en definitiva ser lo que somos. Islas singulares.<\/p>\n<p style=\"text-align: right;\">(<em>La sombra del cipr\u00e9s<\/em>, abril de 2010)<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Tim Burton parece un personaje de Tim Burton. S\u00f3lo guarda un color en su ropero: el negro, detalle crom\u00e1tico al que hay que a\u00f1adir el pelo el\u00e9ctrico, como de doctor chiflado de una cinta de serie B de los cincuenta, las enormes gafas tintadas, que no logran esconder las permanentes ojeras, y los tics esquizofr\u00e9nicos. 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