{"id":21,"date":"2010-10-03T10:23:32","date_gmt":"2010-10-03T08:23:32","guid":{"rendered":"http:\/\/blogs.elnortedecastilla.es\/enfaserem\/?p=21"},"modified":"2010-10-03T10:23:32","modified_gmt":"2010-10-03T08:23:32","slug":"un-anciano-colosal","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/blogs.elnortedecastilla.es\/enfaserem\/2010\/10\/03\/un-anciano-colosal\/","title":{"rendered":"Un anciano colosal"},"content":{"rendered":"<p>En este septiembre fugaz reci\u00e9n concluido ha doblado, tan erguido musicalmente como el d\u00eda en que empez\u00f3, la esquina de los ochenta el por todos conocido como coloso del saxof\u00f3n. <strong>Sonny Rollins<\/strong> celebr\u00f3 la onom\u00e1stica de la \u00fanica manera en que pod\u00eda hacerlo, de la \u00fanica que sabe: soplando las velas metaf\u00f3ricas a trav\u00e9s del tubo de metal de su Selmer tenor. Imagino el evento qued\u00f3 registrado y lo sacar\u00e1n en breve en ced\u00e9 doble o algo as\u00ed, pero le pongan precio al disco, lo lancen sin fe al mar indistinto de las plataformas digitales o permanezca \u00fanicamente en la memoria agradecida de los afortunados presentes, Rollins ten\u00eda que celebrar los ochenta soplando: lleva as\u00ed m\u00e1s de sesenta y cinco, desde que escuchase al fondo de la calle a su vecino <strong>Coleman Hawkins<\/strong> y decidiera \u2013 sintiera y supiera \u2013 que lo suyo eran esas volutas de notas vibrantes y no las blanquinegras del piano.<\/p>\n<p><img loading=\"lazy\" class=\"alignleft\" src=\"\/\/irom.files.wordpress.com\/2011\/04\/sonny-rollins-2.jpg\" alt=\"\" width=\"250\" height=\"250\" \/>Rollins, nacido <strong>Theodor Walter<\/strong>, emiti\u00f3 su primer berrido (sin que haya quedado documento de tan germinal suceso, que a lo mejor daba indicios del caudal sonoro que a\u00f1os m\u00e1s tarde brotar\u00eda de esos pulmoncitos) el 7 de septiembre del a\u00f1o 30. Tras los aludidos comienzos a las ochenta y ocho teclas y la revelaci\u00f3n sonora y vital que le supuso la escucha de Hawkins, a quien adoptar\u00eda de inmediato como su padre musical, se enfiebra con el saxof\u00f3n, se zambulle en la revoluci\u00f3n be-bop circundante y alcanza tal pericia que ya en el a\u00f1o 48 popes sagrados del movimiento como <strong>J.J. Johnson<\/strong> o <strong>Bud Powell<\/strong> lo reclutan para integrar sus grupos. Aquellas gloriosas sesiones, junto a otras no menos gloriosas junto a <strong>Miles Davis<\/strong> o <strong>Monk<\/strong>, le valieron de pasaporte a sus primeras grabaciones como l\u00edder, que lo convirtieron en el saxofonista emblema de la casa Prestige en la d\u00e9cada de los 50, para quienes firma su primera obra incontestable en el a\u00f1o 56, aqu\u00e9lla que le leg\u00f3 el m\u00e1s famoso de sus apodos. <em>Saxophone Colossus<\/em> es magistral desde la minimalista y contundente portada bicolor hasta la \u00faltima nota de <a title=\"Blue 7\" href=\"http:\/\/www.youtube.com\/watch?v=yRwG9cuWeV4\" target=\"_blank\" rel=\"external nofollow\"><em>Blue 7<\/em><\/a>, tema final de un disco que, junto al <em>Way Out West<\/em> y las sesiones en directo grabadas en el Village Vanguard de Nueva York un a\u00f1o m\u00e1s tarde, forma la troika de s\u00edntesis ideal para adentrarse en el universo Rollins. Todo est\u00e1 aqu\u00ed, aparte de ese sonido gigante y un punto \u00e1cido indentificable desde el vamos: el uso de formas musicales arcanas, como el calipso, para insuflar nueva vida a est\u00e1ndares archiconocidos o para crear \u00e9l mismo un est\u00e1ndar; su preferencia por los desarrollos tem\u00e1ticos en los solos, muchas veces partiendo de una breve, simple frase sobre la que \u00e9l ejerce variaciones y variaciones de infinita inventiva, que la expanden como una flor sonora que se abriera sin l\u00edmite; la encantadora man\u00eda de salpicar su discurso con citas de cancioncillas populares o infantiles, o de tono burlesco\u2026 Y ante todo un latido r\u00edtmico sobrehumano, un manejo malabar de s\u00edncopas, silencios, notas a contratiempo, etc., de todas esas herramientas sin las cuales al coraz\u00f3n del jazz se le arrebatar\u00eda su bum caracter\u00edstico. Rollins ha llegado a solear tocando la misma nota durante dos, tres minutos, \u201csimplemente\u201d distribuyendo espacios, silencios, atacando la nota de distintas maneras. Uno lo escucha y no echa en falta nada m\u00e1s. Siendo el sonido de su saxo lo primero que llama la atenci\u00f3n, es esta cualidad de arquitecto del tiempo la esencial aportaci\u00f3n de este anciano colosal.<\/p>\n<p>No quiere esto decir, por supuesto, que Rollins no haya trabajado su sonido, que \u00e9ste sea el mero producto f\u00edsico de unos pulmones bien dotados. La otra caracter\u00edstica que mejor define a Rollins, caracter\u00edstica que no se oye pero sin la cual no se oir\u00eda lo que se oye, es su incansable e insaciable sentido de la autocr\u00edtica, un rigor que calificar\u00edamos de luterano si no fuera porque lo alimenta la alegr\u00eda del canto. Ese sentido lo llev\u00f3 a borrarse voluntariamente de la escena musical durante los periodos del 59 al 61, justo cuando su fama se encontraba en mayor apogeo, y del 69 al 71. En estos lapsos no dej\u00f3 de tocar (bajo un puente, para no molestar a los vecinos, lo que dice mucho en su favor), de investigar, de nutrirse, de cimentar ese yo que le permitiese ir m\u00e1s all\u00e1 del yo cuando se subiera m\u00e1s tarde a un escenario o metiera en un estudio. Del primer lapso sali\u00f3 con <em>The bridge<\/em>, tal vez el disco de Rollins que uno se llevar\u00eda a una isla desierta, y del segundo con <em>Next album<\/em>, que inicia la que acaso fuese la etapa m\u00e1s sosegada de Rollins, si es que tal calificativo puede aplicarse a tan volc\u00e1nico creador. Su curiosidad infatigable no se ha visto mermada desde entonces, ni su rigor, ni su sed de exploraci\u00f3n, que entre otras cosas le llevaron a incluir en las filas de su banda a algunos de los j\u00f3venes m\u00e1s sugerentes, como <strong>Branford Marsalis<\/strong> o <strong>Russell Malone<\/strong>, y a escucharlos como si \u00e9l fuera el alumno.<\/p>\n<p>Cuando lo vi en el Festival de Jazz de Vitoria hace un par de a\u00f1os, nos informaron de que hab\u00eda comenzado la prueba de sonido a las cuatro de la tarde. El pase de su grupo comenzaba a las once de la noche. No hay otra vocaci\u00f3n que la que se cultiva a diario.<\/p>\n<p style=\"text-align: right;\">(<em>La sombra del cipr\u00e9s<\/em>, octubre de 2010)<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>En este septiembre fugaz reci\u00e9n concluido ha doblado, tan erguido musicalmente como el d\u00eda en que empez\u00f3, la esquina de los ochenta el por todos conocido como coloso del saxof\u00f3n. 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