{"id":2399,"date":"2023-10-05T11:59:46","date_gmt":"2023-10-05T09:59:46","guid":{"rendered":"https:\/\/blogs.elnortedecastilla.es\/enfaserem\/?p=2399"},"modified":"2023-10-05T11:59:46","modified_gmt":"2023-10-05T09:59:46","slug":"un-pianista-de-coctel","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/blogs.elnortedecastilla.es\/enfaserem\/2023\/10\/05\/un-pianista-de-coctel\/","title":{"rendered":"Un pianista de c\u00f3ctel"},"content":{"rendered":"<p><a href=\"https:\/\/static-blogs.elnortedecastilla.es\/wp-content\/uploads\/sites\/14\/2023\/10\/ahmad-jamal-e1696498788159.jpg\"><img loading=\"lazy\" class=\"alignleft wp-image-2400 size-full\" src=\"https:\/\/static-blogs.elnortedecastilla.es\/wp-content\/uploads\/sites\/14\/2023\/10\/ahmad-jamal-e1696498788159.jpg\" alt=\"\" width=\"301\" height=\"301\" \/><\/a>Pocos a\u00f1os despu\u00e9s de que <strong>Ahmad Jamal <\/strong>se decidiera a abrazar definitivamente el islam y cambiarse de nombre, el c\u00e9lebre cr\u00edtico <strong>Nat Hentoff<\/strong> iba diciendo por ah\u00ed, a quien quisiera escucharlo, que el de Pittsburgh no era m\u00e1s que &lt;&lt;un pianista de c\u00f3ctel&gt;&gt;. Jamal hab\u00eda irrumpido en la escena jazz\u00edstica con una concepci\u00f3n que escapaba de la entonces instalada hasta suponer una reconvenci\u00f3n indirecta de la misma \u2014aun cuando Jamal no tuviera en absoluto tal intenci\u00f3n\u2014. S\u00ed, formalmente la propuesta a tr\u00edo de Jamal (piano acompa\u00f1ado de guitarra y contrabajo, sin bater\u00eda) no era in\u00e9dita: hab\u00eda tenido el precedente, en los 30 y los 40, del tr\u00edo de <strong>Nat King Cole <\/strong>\u2014curiosamente, Jamal comenz\u00f3 a hacerse un hueco el mismo a\u00f1o, 1951, en que el tr\u00edo de Cole se disolvi\u00f3; as\u00ed que puede verse como una entrega de testigo\u2014; lo que s\u00ed era in\u00e9dito era la manera de enfocar la interpretaci\u00f3n. Jamal y Cole compart\u00edan la sutileza, pero el tr\u00edo del segundo era, a fin de cuentas, una voz directriz m\u00e1s dos acompa\u00f1antes; sin ser meras comparsas, y disponiendo de tiempo para expresarse, no dejaban de estar en segundo plano. Este primer tr\u00edo de Jamal \u2014&lt;&lt;el tr\u00edo de cuerdas&gt;&gt;, con <strong>Ray Crawford <\/strong>a la guitarra e <strong>Israel Crosby <\/strong>al contrabajo\u2014 sonaba m\u00e1s org\u00e1nico si cabe que el de Cole, y ten\u00eda una concepci\u00f3n global, en la que el di\u00e1logo, la interacci\u00f3n entre los tres instrumentos, aun con la presencia primera del piano, era mucho m\u00e1s igualitaria, trascendiendo el esquema cl\u00e1sico de solos sucesivos. Concepci\u00f3n que a partir del 59 <strong>Bill Evans <\/strong>desarrollar\u00eda hasta el extremo; por entonces, sin cambiar en absoluto el enfoque \u2014en realidad ahondando en \u00e9l\u2014, Jamal hab\u00eda sustituido la guitarra de Crawford por la bater\u00eda de <strong>Vernel Fournier<\/strong>. Lo que no hab\u00eda cambiado era la apreciaci\u00f3n de la cr\u00edtica.<\/p>\n<p>\u00bfQu\u00e9 se le achacaba a Jamal? En s\u00edntesis, la falta de filo, la escasa pimienta que hab\u00eda en sus rendiciones, habitualmente de est\u00e1ndares que, en efecto, podr\u00edan sin empacho formar parte del repertorio de un pianista de c\u00f3ctel. Tuvo que ser <strong>Miles Davis <\/strong>\u2014no precisamente la persona m\u00e1s dada al elogio gratuito\u2014 quien saliera en defensa de Jamal con un fervor como no volver\u00eda a demostrar. (Alguien dijo que un genio solo puede ser descubierto por otro genio, y este es un buen ejemplo de la verdad de la frase).<\/p>\n<p><a href=\"https:\/\/static-blogs.elnortedecastilla.es\/wp-content\/uploads\/sites\/14\/2023\/10\/miles-davis.jpg\"><img loading=\"lazy\" class=\"alignleft size-full wp-image-2403\" src=\"https:\/\/static-blogs.elnortedecastilla.es\/wp-content\/uploads\/sites\/14\/2023\/10\/miles-davis-e1696499527166.jpg\" alt=\"\" width=\"301\" height=\"198\" \/><\/a>Tras la vindicaci\u00f3n del trompetista, los cr\u00edticos comenzaron a prestar m\u00e1s atenci\u00f3n, y de a poco a rendirse ante la evidencia (decir en favor de Hentoff que no tuvo ning\u00fan empacho en admitir que estaba errado por completo). La combinaci\u00f3n \u00fanica de los rasgos del pianismo de Jamal les comenz\u00f3 a seducir como un mandala abstracto. El m\u00e1s evidente, y que Miles exprimir\u00eda como nadie, era el manejo del espacio, el uso del silencio como parte integral, generatriz del discurso musical, componente inseparable y enriquecedor de las notas tocadas. En los ant\u00edpodas de un <strong>Oscar Peterson<\/strong>, Jamal expon\u00eda frases oblicuas, de recorrido sucinto, de apariencia inconexa pero que, tomadas en conjunto, pintaban un lienzo de una originalidad fuera de serie, donde encontrar un clich\u00e9 \u2014ese recurso al que tarde o temprano se ve abocado, aun inconscientemente, casi todo improvisador\u2014 resulta tan dif\u00edcil como encontrar hielo en el S\u00e1hara. Este discurso minimalista alcanza toda su fuerza gracias a un manejo magistral de la din\u00e1mica pian\u00edstica: Jamal era capaz de pasar del <em>piano<\/em> al <em>fortissimo<\/em> con una soltura extraordinaria, as\u00ed como de hacer uso con igual seguridad de las 88 teclas; a diferencia de tantos pianistas que se acotan en gran medida al registro medio y medio-agudo del teclado, Jamal exploraba el piano cual orquesta, el completo abanico de sus voces. Este uso de la din\u00e1mica puede darse no \u00fanicamente dentro de un solo, sino tambi\u00e9n dentro del tema; no es infrecuente que tras una intervenci\u00f3n \u2014con su propia gama de recursos\u2014 venga otra que contrasta con ella, pero no como mera oposici\u00f3n o yuxtaposici\u00f3n, sino como complemento \u2014y ello a la vez que conversa con el contrabajo y la bater\u00eda\u2014. Todo lo cual, seg\u00fan se ha se\u00f1alado, d\u00e9 acaso una impresi\u00f3n de discurso deslavazado, pero hay que insistir en que tal es solo la primera: con el o\u00eddo alerta uno se da cuenta de la prodigiosa capacidad espacial de Jamal (hemos hablado de lienzo; habr\u00eda quiz\u00e1 que hablar de esculturas sonoras).<\/p>\n<p>Y este obst\u00e1culo es el rasgo esencial que s\u00ed compart\u00eda Jamal con los pianistas de c\u00f3ctel, que muy pocos les escuchan y est\u00e1n ah\u00ed, en un rinc\u00f3n de la sala, como poco m\u00e1s que muebles sonoros. A lo cual \u2014cabe suponer\u2014 los pianistas se resignan, va con el oficio, pero no por ello deja de afligir, siquiera un poco. Gracias a su arte uno, aunque no lo perciba, se siente m\u00e1s tranquilo y la bebida le sabe mejor. Quiz\u00e1 no fuera mala idea brindar por el legado que nos ha dejado Jamal envueltos en las notas susurradas de estos creadores de consuelo.<\/p>\n<p style=\"text-align: right;\">(<em>La sombra del cipr\u00e9s,<\/em> 30\/9\/2023)<\/p>\n<p>@enfaserem<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Pocos a\u00f1os despu\u00e9s de que Ahmad Jamal se decidiera a abrazar definitivamente el islam y cambiarse de nombre, el c\u00e9lebre cr\u00edtico Nat Hentoff iba diciendo por ah\u00ed, a quien quisiera escucharlo, que el de Pittsburgh no era m\u00e1s que &lt;&lt;un pianista de c\u00f3ctel&gt;&gt;. 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