{"id":428,"date":"2012-05-12T12:10:58","date_gmt":"2012-05-12T10:10:58","guid":{"rendered":"http:\/\/blogs.elnortedecastilla.es\/enfaserem\/?p=428"},"modified":"2012-05-12T12:10:58","modified_gmt":"2012-05-12T10:10:58","slug":"aullido-semilla-y-telarana","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/blogs.elnortedecastilla.es\/enfaserem\/2012\/05\/12\/aullido-semilla-y-telarana\/","title":{"rendered":"Aullido: semilla y telara\u00f1a"},"content":{"rendered":"<p><a href=\"\/enfaserem\/wp-content\/uploads\/sites\/14\/2012\/05\/Allen_Ginsberg-e1336816987609.jpg\"><img loading=\"lazy\" class=\"alignleft size-full wp-image-429\" title=\"Allen_Ginsberg\" src=\"\/enfaserem\/wp-content\/uploads\/sites\/14\/2012\/05\/Allen_Ginsberg-e1336816987609.jpg\" alt=\"\" width=\"176\" height=\"230\" \/><\/a>Hoy nos resulta inconcebible, pero hubo un tiempo \u2014no tan lejano\u2014 en que un poema pod\u00eda cambiar el mundo. La noche del 7 de octubre de 1955, en San Francisco, fue testigo de una de esas ocasiones. El catalizador que transmut\u00f3 la fuerza po\u00e9tica de las letras en fuerza vital, social, fue la voz del propio autor del texto, quien, cual bardo en \u00e9xtasis, declam\u00f3 su poema como si no hubiera ma\u00f1ana, que es por supuesto la manera de declamar un poema. Todos los asistentes recordar\u00edan para siempre la lectura, pero <em>Aullido<\/em> no solo cambiar\u00eda la vida de aquel pu\u00f1ado de afortunados: su onda expansiva se propagar\u00eda por desordenados apartamentos de alquiler, c\u00e9lulas contraculturales, fanzines, campus universitarios de la Costa Oeste, y finalmente Am\u00e9rica y con ella el mundo. <em>Aullido<\/em>, s\u00ed, terminar\u00eda alcanzando el estatus de himno generacional; su mayor conquista, sin embargo, trascendi\u00f3 sus virtudes estrictamente po\u00e9ticas.<\/p>\n<p>En la Am\u00e9rica pre-<em>Mad Men<\/em> de finales de los cincuenta resultaba inconcebible que ciertas palabras y ciertos temas se asociasen al t\u00e9rmino <<poema>>, y con la publicaci\u00f3n de <em>Aullido<\/em> <strong>Allen Ginsberg<\/strong> fue inevitablemente procesado por obscenidad. Por fortuna un h\u00e9roe an\u00f3nimo de birrete y toga concluy\u00f3 que lo \u00fanico obsceno que ten\u00eda el poema era su prohibici\u00f3n. La libertad que esta afirmaci\u00f3n conlleva \u2014poder decir culo y polla, y co\u00f1o y mierda\u2014 ha tenido en la cultura el efecto perverso de dar cabida a una gran cantidad de impostores cuyo \u00fanico objetivo no es intentar alcanzar alguna verdad art\u00edstica, sino simplemente <<provocar>>, como si el mero hecho de que el p\u00fablico se ofenda ante lo que se le ofrece ya justifique el valor de la obra. Pero la moral del artista radica en decir de coraz\u00f3n lo que siente ha de decir, y los impostores no escuchan al suyo. Esta marea de fango es un mal colateral, un tributo menor que hay que soportar si se quiere disfrutar plenamente del derecho a la libertad de expresi\u00f3n, art\u00edstica. Es adem\u00e1s muy f\u00e1cil separar el impostor del artista: la obra del primero se nos ha olvidado en cuanto hemos cerrado el libro o salido de la galer\u00eda de arte.<\/p>\n<p><a href=\"\/enfaserem\/wp-content\/uploads\/sites\/14\/2012\/05\/howl-page-one-e1336817269826.jpg\"><img loading=\"lazy\" class=\"alignleft size-full wp-image-430\" title=\"howl-page-one\" src=\"\/enfaserem\/wp-content\/uploads\/sites\/14\/2012\/05\/howl-page-one-e1336817269826.jpg\" alt=\"\" width=\"195\" height=\"230\" \/><\/a>Es dif\u00edcil encontrar otro poema que radiograf\u00ede tan claramente los pilares est\u00e9ticos y vitales de su autor como <em>Aullido<\/em> respecto de Ginsberg. <em>Aullido<\/em> es la semilla de la que fructificar\u00e1n <em>Kaddish<\/em>, <em>S\u00e1ndwiches de realidad<\/em>, <em>Caballo de hierro<\/em>, <em>Muerte y fama <\/em>y el resto de su tentacular obra, y en \u00e9l pueden rastrearse desde los nombres de los padres art\u00edsticos de Ginsberg hasta sus convicciones \u2014siempre provisionales, pues toda mente abierta sabe que hasta la convicci\u00f3n que cree m\u00e1s firme puede alterarse o incluso derrumbarse\u2014 pol\u00edtico-filos\u00f3ficas. De la convicci\u00f3n en la libertad de palabra y de la responsabilidad que esta conlleva ya hemos hablado. No menos importante es la creencia en la individualidad y esencial hermandad de los hombres. Ginsberg, desde la c\u00e9lebre l\u00ednea de apertura \u2014<<He visto los mejores cerebros de mi generaci\u00f3n destruidos por la locura>>\u2014 se afilia con los obsesos, los drogadictos, los negros, los enfermos, los pobres, los suicidas, en una palabra los desheredados de la sociedad, y les tiende, mediante la enumeraci\u00f3n\/alusi\u00f3n de sus conductas y casos, una mano metaf\u00f3rica de comprensi\u00f3n y comunicaci\u00f3n. <em>Aullido<\/em> no es, en esencia, sino un canto a la dignidad del hombre; del hombre completo, con todas sus imperfecciones y debilidades y promesas por cumplir que jam\u00e1s se cumplir\u00e1n, las de ese hombre y las de ese y ese y ese y <strong>Carl Solomon<\/strong>, todos y cada uno. Esta fe en la irrevocable unicidad del hombre ser\u00e1 lo que aparte a Ginsberg del comunismo, que \u00e9l ven\u00eda a entender a la manera de un joven <strong>Borges<\/strong>: como una suerte de fraternidad universal; en el momento en que surge el dogma, las diferencias con la serpiente del capital se difuminan, pues en ambos casos el hombre pasa a ser instrumento y no fin.<\/p>\n<p>El m\u00e1s poderoso pilar de estilo que en <em>Aullido<\/em> puede encontrarse es el pulso del texto, una suerte de mon\u00f3logo-r\u00edo, palpitante y espiral. Ya con su primer poema Ginsberg encuentra su voz: la del verso confesional y libre, que \u00e9l esculpe al ritmo de su o\u00eddo po\u00e9tico, y que le otorga al poema una cadencia de mantra, circular, a la vez cerrada y abierta. La m\u00fasica de un texto, su swing, \u2014en prosa o en verso, en horizontal o en vertical\u2014 es lo que en mayor medida le confiere vida, y<em> Aullido<\/em> respira como pueda respirar un animal, como puedan respirar una oraci\u00f3n o una canci\u00f3n. Es de hecho una oraci\u00f3n para ser cantada en alto, como AG hizo en la lectura inaugural. Este o\u00eddo interno de <em>Aullido<\/em> enlaza y hace avanzar la descomunal imaginaci\u00f3n iconogr\u00e1fica de Ginsberg, donde la asociaci\u00f3n libre comparte l\u00ednea con el eslogan popular, donde la yuxtaposici\u00f3n de im\u00e1genes contrarias da como resultado una tercera imagen que nace en la mente del lector y que es la s\u00edntesis \u2014la verdad oculta\u2014 del verso. Escultura en tres partes o incluso drama en tres actos, cada una de aquellas se sostiene por s\u00ed misma y a la vez comple(men)ta al resto, como una pir\u00e1mide de tres secciones que apuntase al cielo por venir, al poema siguiente.<\/p>\n<p>Ninguno de estos pilares y otros que se nos quedan en el tintero puede considerarse aisladamente. Todos est\u00e1n relacionados, imbricados, como lo est\u00e1n los hilos de una telara\u00f1a. Esa telara\u00f1a es el poema. Esa telara\u00f1a es <em>Aullido<\/em>.<\/p>\n<p style=\"text-align: right;\">(<em>La sombra del cipr\u00e9s<\/em>, 12\/5\/2012)<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Hoy nos resulta inconcebible, pero hubo un tiempo \u2014no tan lejano\u2014 en que un poema pod\u00eda cambiar el mundo. La noche del 7 de octubre de 1955, en San Francisco, fue testigo de una de esas ocasiones. 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