{"id":694,"date":"2013-03-16T13:31:33","date_gmt":"2013-03-16T12:31:33","guid":{"rendered":"http:\/\/blogs.elnortedecastilla.es\/enfaserem\/?p=694"},"modified":"2013-03-16T13:31:33","modified_gmt":"2013-03-16T12:31:33","slug":"barnes-crepuscular","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/blogs.elnortedecastilla.es\/enfaserem\/2013\/03\/16\/barnes-crepuscular\/","title":{"rendered":"Barnes crepuscular"},"content":{"rendered":"<p><em><a href=\"\/enfaserem\/wp-content\/uploads\/sites\/14\/2013\/03\/julian-barnes.jpeg\"><img loading=\"lazy\" class=\"alignleft  wp-image-695\" title=\"julian barnes\" src=\"\/enfaserem\/wp-content\/uploads\/sites\/14\/2013\/03\/julian-barnes.jpg\" alt=\"\" width=\"150\" height=\"150\" \/><\/a>El sentido de un final<\/em> supone el \u00faltimo estadio de lo que podr\u00edamos calificar etapa crepuscular de <strong>Julian Barnes,<\/strong> etapa que, con el par\u00e9ntesis de <em>Arthur &#038; George<\/em>, se remonta hasta <em>La mesa lim\u00f3n<\/em> y se completa con <em>Nada que temer<\/em> y <em>Pulso<\/em>. Tras haberse aproximado al asunto con el veh\u00edculo en apariencia m\u00e1s elusivo del relato corto \u2014en la primera y tercera obra citadas\u2014 y en apariencia m\u00e1s frontal de las memorias \u2014en la segunda\u2014, ahora Barnes opta por el camino intermedio de la novela en primera persona. Como sugieren los t\u00edtulos, <<el asunto>> a tratar es la muerte.<\/p>\n<p>Muerte que ha sido una constante en la obra de Barnes desde la inicial\u00a0<em>Metroland<\/em>, y que en esta etapa final camina siempre, con los dedos m\u00e1s o menos entrelazados, de la mano de la memoria. En <em>El sentido de un final<\/em> esta uni\u00f3n resulta m\u00e1s apretada que nunca. La novela est\u00e1 narrada en dos partes por un sexagenario moderadamente voluptuoso; en la primera expone brevemente \u2014el conjunto no va m\u00e1s all\u00e1 de las 186 p\u00e1ginas, con muchos espacios y grandes caracteres\u2014 los a\u00f1os de formaci\u00f3n mediante la selecci\u00f3n de una serie de acontecimientos que sientan las b<a href=\"\/enfaserem\/wp-content\/uploads\/sites\/14\/2013\/03\/el-sentido-de-un-final-e1363436800115.jpg\"><img loading=\"lazy\" class=\"alignleft  wp-image-696\" title=\"el sentido de un final\" src=\"\/enfaserem\/wp-content\/uploads\/sites\/14\/2013\/03\/el-sentido-de-un-final.jpg\" alt=\"\" width=\"160\" height=\"244\" \/><\/a>ases para la b\u00fasqueda, m\u00e1s activa f\u00edsicamente, que tendr\u00e1 lugar en la segunda parte. Selecci\u00f3n que por fuerza es gran medida arbitraria, pues la memoria siempre lo es. Hablamos aqu\u00ed de la memoria proustiana, esa que la voluntad puede convocar solo hasta cierto grado, y que revela sus im\u00e1genes m\u00e1s verdaderas \u2014que m\u00e1s tarde nos damos cuenta eran las m\u00e1s verdaderas\u2014 de forma espont\u00e1nea. El origen de la b\u00fasqueda de la segunda parte es el suicidio del m\u00e1s inteligente de sus tres amigos, quien adem\u00e1s mantuvo, con consentimiento del narrador, una relaci\u00f3n con la primera novia de este; el detonante es un diario dejado en legado que la ex no quiere entregarle. As\u00ed, el objetivo inmediato \u2014hacerse con el diario\u2014 supone a su vez otra b\u00fasqueda, la de reordenar, y por tanto entender, el pasado, esos hechos presentados en la primera parte que de a poco van adquiriendo nueva luz, en ocasiones una nueva luz m\u00e1s oscura. No es ocioso el que el propio narrador sea historiador de profesi\u00f3n, y muy consciente adem\u00e1s de que la memoria muchas veces falsea los hechos que acontecieron; no deja de apuntar <<o al menos as\u00ed lo recuerdo>>, <<as\u00ed se me aperece>>, etc. El problema de la veracidad hist\u00f3rica se plantea pues desde el comienzo, y al hacer a su protagonista a la vez historiador y memorialista, y consciente de sus carencias, Barnes parece alinearse con quienes consideramos que la expresi\u00f3n, tan actual, de <<memoria hist\u00f3rica>> es sencillamente una aberraci\u00f3n.<\/p>\n<p>Acaso pueda pensar el lector que va a encontrarse con una lectura depresiva. No hay tal. El rescoldo que deja <em>El sentido de un final<\/em> no resulta sombr\u00edo. Este Barnes crepuscular es un hombre que mantiene la esperanza, que asume que en el tercer acto de la vida la sorpresa es posible \u2014y el descubrimiento, y la vibraci\u00f3n del amor\u2014, que asume que la espera no supone conformismo erosivo y que no tiene por qu\u00e9 desesperar. Igualmente el humor, un r\u00edo que, como la muerte, recorre la obra de Barnes desde el comienzo, no se abandona en <em>El sentido<\/em>\u2026, y la sonrisa (<<\u2014La historia es un bocadillo de cebolla cruda, se\u00f1or. \u2014\u00bfPor qu\u00e9 raz\u00f3n? \u2014Repite, se\u00f1or. Eructa. Lo hemos visto una y otra vez este a\u00f1o.>>) no deja de asomar aqu\u00ed y all\u00e1. El de Barnes es un humor ingl\u00e9s en el mejor sentido: ir\u00f3nico, con un punto de melancol\u00eda, con un punto de acidez, con un punto \u2014tambi\u00e9n\u2014 de compasi\u00f3n por el objeto humorizado.<\/p>\n<p>Para concluir apuntemos que <em>El sentido de un final <\/em>obtuvo en 2011 el m\u00e1s codiciado premio de las letras inglesas, el Booker. No puedo afirmar que la concesi\u00f3n sea justa porque desconozco el resto de novelas finalistas, y si no <<inventar la rueda>>, como dijo <strong>Jay McInerney<\/strong> que Barnes hac\u00eda en cada novela, s\u00ed consigue algo m\u00e1s importante: que resulte memorable.<\/p>\n<p style=\"text-align: right;\">(<em>La sombra del cipr\u00e9s<\/em>, 16\/3\/2013)<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>El sentido de un final supone el \u00faltimo estadio de lo que podr\u00edamos calificar etapa crepuscular de Julian Barnes, etapa que, con el par\u00e9ntesis de Arthur &#038; George, se remonta hasta La mesa lim\u00f3n y se completa con Nada que temer y Pulso. 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