Cinhomo.
Veintidós ediciones lleva ya Cinhomo. Un festival consolidado, con público seguro en cada primavera en un ambiente abierto y receptivo. Para abrir la edición de este año se escogió una película española, “La amiga de mi amiga”, de Zaida Carmona, una directora cercana a la línea del festival.
Desde el título ya se nos anuncia la devoción por Éric Rohmer, que dirigió hace treinta y cinco años “El amigo de mi amiga”. Se insiste una y otra vez en ese amor cinéfilo, tal vez para buscar el amparo o la inspiración en él. Algo chafó esa intención. Aprovechando un supuesto ciclo del cineasta francés desfilan referencias a “Las noches de luna llena”, “La buena boda”, e incluso la pareja central se atreve con su único beso en el último plano de “El rayo verde”, sí, aquel en el que por fin se le avistaba en el crepúsculo marino. Pero desgraciadamente el rayo del cine profundo, el que hizo célebre a Rohmer, nunca llega a “La amiga de mi amiga”, que se diluye en una sucesión de escenas domésticas sin tensión salpicadas de penas, besos, miradas, diálogos prescindibles y más besos. Hay sitio también para otros homenajes: Barbara Hammer, Brigitte Vasallo, un cameo de esta y otro de Christina Rosenvinge…, e incluso para que nos resuman en los últimos minutos la trama que acabamos de ver.
En el arranque de la sección a concurso topamos con una historia romántica, un adjetivo muy de moda. O una narración contaminada de buenismo, tanto da. “Trois nuits par semaine” se acopla con prontitud y naturalidad a un carril trilladísimo por el que circula un incendio amoroso que solo puede acabar bien. Chico-conoce-Drag Queen es la variante de este estreno francés, el primer largo que dirige Florent Gouëlou. Baptiste, fotógrafo en ratos libres, es el chico al que una noche, sin saber por qué, le explota el deseo por una relación bien distinta a la que mantiene con su novia de siempre, una sanitaria algo seca que trabaja en un equipo de prevención de VIH. El azar hace que pase frente a la cámara de Baptiste una troupe desenfadada, y valga la redundancia, de Drag Queen. Su cabecilla, Cookie Kunty, se lleva sin remedio al joven fotógrafo. El escollo que la nueva pareja debe salvar es la doble naturaleza de Cookie, que acabada la farsa, se despoja de su disfraz y pasar a ser Quentin, otro chico más. ¿A quién ama Baptiste de los dos? La pregunta, y no digamos la respuesta, se demora lo necesario para cubrir el metraje, pero cualquier espectador con mínima experiencia ya anticipa la salvación final, aunque sea en el último minuto. Una película bien realizada, con una fotografía cuidada y una interpretación a tono con el desafuero de los personajes. Cualidades que no siempre impiden el bostezo.
(publicado en El Norte de Castilla el 23 de marzo de 2023)