{"id":102,"date":"2013-06-16T15:29:32","date_gmt":"2013-06-16T15:29:32","guid":{"rendered":"http:\/\/blogs.elnortedecastilla.es\/hoyempiezatodo\/?p=102"},"modified":"2013-06-16T15:29:32","modified_gmt":"2013-06-16T15:29:32","slug":"la-captura-caligrafica","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/blogs.elnortedecastilla.es\/hoyempiezatodo\/2013\/06\/16\/la-captura-caligrafica\/","title":{"rendered":"La captura caligr\u00e1fica"},"content":{"rendered":"<p>Hace unos meses se reunieron en \u2018Bajo el sol\u2019 una buena colecci\u00f3n de cartas que Bruce Chatwin hab\u00eda ido mandando desde los lugares m\u00e1s insospechados: Abomey, en Benin, Ronda en M\u00e1laga, la australiana Bondi, Jodhpur, enla India\u2026Cartas dirigidas a su mujer, a sus editores, a amigos y conocidos, contando las peripecias de sus viajes inacabables y el interior de sus sentimientos. Cartas siempre manuscritas con su elegante Montblanc o con un trozo de l\u00e1piz prestado, cuidadas con amor por sus receptores y a\u00f1os despu\u00e9s clasificadas y editadas por Nicholas Shakespeare, a quien debemos para siempre una soberbia biograf\u00eda del viajero. Su muerte en 1989 le impidi\u00f3 el acceso a los medios actuales de comunicaci\u00f3n, pero no por ello deja de saltar la interrogaci\u00f3n de si estas cartas existir\u00edan si Chatwin hubiera podido usar el correo digital, sin papel, sin estilogr\u00e1fica, sin la parsimonia del cuentagotas entre una carta y otra.<\/p>\n<p><img src=\"\/\/lalineadelhorizonte.com\/blog\/wp-content\/uploads\/2013\/04\/Bruce-Chatwin-en-el-Marlborough-College-1955.jpg\" alt=\"\" \/><\/p>\n<p>La escritura es el trazo m\u00e1s permanente de la infancia, t\u00e9cnica aprendida y que no solo no nos abandona, sino que nos particulariza e identifica. Una de las razones de la supervivencia de las cartas, las de Chatwin y las de cualquier otro individuo, es la presencia de esa caligraf\u00eda que solo pertenece a quien escribe. Es su voz y su pensamiento hecho materia, es la combinaci\u00f3n del rastro corporal que guarda la fotograf\u00eda con la voluntad de comunicaci\u00f3n que apuntan las palabras capturadas. Hace unos a\u00f1os Esther Tusquets public\u00f3 un recordable art\u00edculo, \u2018Heidegger y el correo electr\u00f3nico\u2019, en el que ayudada por la armaz\u00f3n te\u00f3rica del fil\u00f3sofo evocaba las cartas manuscritas que guardaba, y que cada vez escaseaban m\u00e1s: las pobladas de dibujos de Rafael Alberti; las de tinta verde de Pablo Neruda, fechadas en trasatl\u00e1nticos (\u00a1qu\u00e9 ser\u00e1 buscar un buz\u00f3n en alta mar!); las de letra casi indescifrable de Miguel Delibes. Algunas estaban escritas a m\u00e1quina, y aunque desaparec\u00eda el rasgo personal quedaba al menos la impresi\u00f3n irregular, la elecci\u00f3n del papel, la firma, la seguridad de que al otro lado unas manos se emplearon para elaborar el env\u00edo. Un aroma t\u00e1ctil.<\/p>\n<p><img src=\"\/\/media.proceso.com.mx\/media\/2013\/04\/CARTAS-NERUDAS3-f-440x270.jpg\" alt=\"\" \/><\/p>\n<p>Nada de eso guardan los correos electr\u00f3nicos, no digamos ya los vertiginosos mensajes de m\u00f3vil y otras hierbas y soportes. O tal vez quede lo \u00fanico importante, el texto, la escritura veloz sin tiempo de espera, torrencial, vol\u00e1til, inmaterial. Escritura inmaterial, nuevo y devorador ox\u00edmoron. Y flexible, y sobre todo reversible. No hay palabra definitiva en la pantalla, siempre queda la marcha atr\u00e1s que en estas l\u00edneas que escribo (lo confieso, armado de pluma estilogr\u00e1fica) solo se puede hacer con el tach\u00f3n rechazable para la carta manuscrita, sometida a higiene antigua y portadora de gravidez, de pensamiento sentenciado. La ret\u00f3rica de las comunicaciones de anta\u00f1o era hija de la prudencia impuesta por el cuidado. Esa irreversibilidad y unicidad del resultado final trae el recuerdo paralelo de la fotograf\u00eda predigital, guardada en cajas y \u00e1lbumes, enmarcada para resaltar al ser amado, al viaje inolvidable, la vida perdida y pasada. Imagen definitiva, frente a la digital trastocable, et\u00e9rea, m\u00faltiple, sin descanso ni final.<\/p>\n<p>\u00bfDesaparecer\u00e1 la escritura manuscrita? En realidad la respuesta la da la pr\u00e1ctica diaria de muchas personas que se sirven exclusivamente del teclado. Pero, \u00bfdejar\u00e1n en un futuro los ni\u00f1os de portar en sus manos el instrumento con el que configurar un trazo indeciso que poco a poco va cristalizando en la letra personal? \u00bfDesaparecer\u00e1 la firma? Frente a ella y su imposibilidad digital usamos en muchas ocasiones claves que nada nuestro contienen salvo su secreto.<\/p>\n<p>Con la caligraf\u00eda no solo se traza un texto \u00fanico e individual, pose\u00eddo por la mano o expropiado si procede de una fuente ajena. Tambi\u00e9n se porf\u00eda por el bautismo y la personalizaci\u00f3n de lo hecho en serie. El lanzamiento de un libro debe ser mediado en lo posible por la presencia del autor que ofrece su dedicatoria a cada potencial comprador. Tras la r\u00fabrica el objeto seriado vuelve a ser \u00fanico y ce\u00f1ido a su propietario, que solo lo perder\u00e1 cuando sus herederos dejen de valorarlo y lo pongan en almoneda ignorante. No s\u00e9 que estrategias de marketing se preparan para sustituir ese poderoso im\u00e1n comercial ante el ascenso imparable del libro digital. En este tambi\u00e9n se pude subrayar y hacer a\u00f1adidos, pero sin alcanzar el tacto de la caligraf\u00eda individual. Declaraba Umberto Eco en su reciente visita a Burgos: \u201cSe puede leer \u2018Guerra y paz\u2019 en e-book, obviamente, pero si lo has le\u00eddo hace diez a\u00f1os y lo retomas, el libro objeto te mostrar\u00e1 los signos del tiempo y de la lectura previa. Releerlo en un e-book es como leerlo por primera vez\u201d.<\/p>\n<p>Cuando se adquiere un libro de segunda mano, cabe y se espera la aparici\u00f3n entre l\u00edneas del anterior lector: una estampita olvidada, una nota al margen, el ex libris impreso en el comienzo, un billete de tren que pone fecha y lugar a la lectura. Hace unos a\u00f1os compr\u00e9 una vieja edici\u00f3n de \u2018Pe\u00f1as arriba\u2019, el mamotreto de Jos\u00e9 Mar\u00eda de Pereda que solo hab\u00eda podido aguantar en la invencible juventud. En la p\u00e1gina del comienzo el propietario hab\u00eda ido anotando con detalle las sucesivas lecturas, cinco en total, entre 1924 y 1942. El volumen quedaba ba\u00f1ado de fidelidad, tal vez de casa y \u00e9poca de pocos libros que dotaba de nuevo sentido a la demorada prosa de Pereda.<\/p>\n<p>Pero el rastro puede llegar a ser dram\u00e1tico, como el que cuenta el hispanista Thomas Mermall en sus memorias, \u2018Semillas de gracia\u2019. Amigo de Jos\u00e9 Jim\u00e9nez Lozano, relata como este en una visita a una librer\u00eda de viejo se interes\u00f3 por una edici\u00f3n de \u2018El critic\u00f3n\u2019, de Baltasar Graci\u00e1n, que acab\u00f3 comprando. En el hojeo posterior hall\u00f3 en la parte interior de la cubierta una lista de once nombres sin nada que ver con el libro. Picado por la curiosidad, indag\u00f3 sobre ellos y termin\u00f3 por descubrir que correspond\u00edan a gente de izquierdas ejecutados durante la guerra civil. La mano que elabor\u00f3 esa lista y las oscuras intenciones del agrupamiento se cruzaban sobre la lectura de un libro que naci\u00f3 limpio hasta que la historia pas\u00f3 por su camino y deposit\u00f3 en \u00e9l un rastro estremecedor. La huella caligr\u00e1fica confrontaba una vez m\u00e1s un texto et\u00e9reo con las rugosidades y desventuras de quien lo tuvo en sus manos.<\/p>\n<p>(Publicado en La sombra del cipr\u00e9s el 15 de junio de 2013)<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Hace unos meses se reunieron en \u2018Bajo el sol\u2019 una buena colecci\u00f3n de cartas que Bruce Chatwin hab\u00eda ido mandando desde los lugares m\u00e1s insospechados: Abomey, en Benin, Ronda en M\u00e1laga, la australiana Bondi, Jodhpur, enla India\u2026Cartas dirigidas a su mujer, a sus editores, a amigos y conocidos, contando las peripecias de sus viajes inacabables [&hellip;]<\/p>\n","protected":false},"author":10645,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":[],"categories":[1],"tags":[],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/blogs.elnortedecastilla.es\/hoyempiezatodo\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/102"}],"collection":[{"href":"https:\/\/blogs.elnortedecastilla.es\/hoyempiezatodo\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/blogs.elnortedecastilla.es\/hoyempiezatodo\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/blogs.elnortedecastilla.es\/hoyempiezatodo\/wp-json\/wp\/v2\/users\/10645"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/blogs.elnortedecastilla.es\/hoyempiezatodo\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=102"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/blogs.elnortedecastilla.es\/hoyempiezatodo\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/102\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/blogs.elnortedecastilla.es\/hoyempiezatodo\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=102"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/blogs.elnortedecastilla.es\/hoyempiezatodo\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=102"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/blogs.elnortedecastilla.es\/hoyempiezatodo\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=102"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}