{"id":105,"date":"2013-10-13T09:22:08","date_gmt":"2013-10-13T09:22:08","guid":{"rendered":"http:\/\/blogs.elnortedecastilla.es\/hoyempiezatodo\/?p=105"},"modified":"2013-10-13T09:22:08","modified_gmt":"2013-10-13T09:22:08","slug":"confia-el-resto-a-los-dioses","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/blogs.elnortedecastilla.es\/hoyempiezatodo\/2013\/10\/13\/confia-el-resto-a-los-dioses\/","title":{"rendered":"Conf\u00eda el resto a los dioses"},"content":{"rendered":"<p>En estos \u00faltimos meses los escaparates de las librer\u00edas han hecho hueco de nuevo a nombres ilustres del trotamundeo literario, aunque sus vidas hace a\u00f1os que se cerraron. Llegaron primero en \u2018Bajo el sol\u2019 las cartas de Bruce Chatwin, un autor que no pierde actualidad a pesar de que el a\u00f1o pr\u00f3ximo se cumplir\u00e1n veinticinco de su muerte. Al comienzo de verano se public\u00f3 la extensa biograf\u00eda de Patrick Leigh Fermor, escrita por Artemis Cooper, en la misma editorial que hab\u00eda reeditado poco antes, en un solo tomo, las dos cr\u00f3nicas de su viaje a pie por Europa. Por fin, en estas semanas se presenta una recopilaci\u00f3n de cr\u00f3nicas viajeras de Paul Bowles, \u2018Desaf\u00edo a la identidad. Viajes 1950-1993\u2019. Como complemento casual y sorprendente para los que se han adentrado en la biograf\u00eda de Patrick Leigh Fermor (Paddy para sus amigos, para todos), el reciente estreno de \u2018Antes del anochecer\u2019 lleva a Jesse, el personaje interpretado por Ethan Hawke de esa pareja infatigablemente enamorada que persigue con ah\u00ednco el director Richard Linklater, a la casa griega que Paddy edific\u00f3 en Kardamyli, con el gui\u00f1o a\u00f1adido de colocar al personaje como uno de los escritores que se benefician de estancias en la m\u00edtica villa a trav\u00e9s de la fundaci\u00f3n que constituy\u00f3 antes de morir. L\u00e1stima que el sur del Peloponeso, que la pel\u00edcula retrata blando y salteado de turistas que cenan a la orilla del mar, poco tenga que ver con el lugar casi inaccesible en el que cuarenta a\u00f1os antes solo se o\u00eda el rumor del mar y el zumbido de las cigarras, \u201cun mundo de una extraordinaria y m\u00e1gica belleza\u201d, en palabras del escritor.<\/p>\n<p><img src=\"https:\/\/encrypted-tbn3.gstatic.com\/images?q=tbn:ANd9GcSbY7ZgSofObpF3LO3TuwqB-28ODcT0KgbJhs856cRTjRfGCPXPJw\" alt=\"\" \/><\/p>\n<p>Los viajes, y los viajeros que los transitan y ensartan en palabras. En \u2018El cielo protector\u2019 Paul Bowles trazaba sin remisi\u00f3n la l\u00ednea infranqueable que separa al viajero del turista. Cuando este parte de su casa, viene a decir, sabe a d\u00f3nde va y sobre todo cu\u00e1ndo volver\u00e1, mientras que el viajero, sometido a la energ\u00eda interna de su errar, no puede predecir las estaciones de su periplo, ni tampoco cu\u00e1ndo y d\u00f3nde terminar\u00e1. El camino ir\u00e1 decidiendo. Pero los movimientos de estos trotamundos tal vez ni siquiera admitan el leve cors\u00e9 de viajero. Bruce Chatwin anduvo a salto de mata muchos de los cuarenta y nueve a\u00f1os de su existencia, sin residencia oficial aunque con la vida m\u00e1s estable de su mujer, Elizabeth, como referencia s\u00f3lida: \u201cUn impulso irrefrenable me lleva a vagabundear y otro id\u00e9ntico me lleva a volver, el instinto de volver al hogar como un ave migratoria\u201d, escribe a su editor. Paul Bowles deambul\u00f3 de un lugar a otro durante bastantes a\u00f1os, solo limitado por la necesidad de buscar ingresos con su actividad de compositor, para finalmente establecerse (o algo parecido) en T\u00e1nger: \u201cYo no eleg\u00ed vivir en T\u00e1nger de forma permanente: fue una casualidad. Ten\u00eda la intenci\u00f3n de que mi visita fuera breve; despu\u00e9s me ir\u00eda a otro sitio y seguir\u00eda de un lado a otro indefinidamente. Me hice perezoso y demor\u00e9 la partida\u201d, dice en su autobiograf\u00eda \u2018Memorias de un n\u00f3mada\u2019. Y en cuanto a Paddy, tras un intento de ingresar en el Ej\u00e9rcito, decide en una noche lluviosa que abandonar Inglaterra y ponerse a caminar resolver\u00eda todos sus problemas. En 1933, con 18 a\u00f1os, toma un barco en Londres que le deja en Holanda, para lanzarse a una tozuda ruta a pie que deb\u00eda culminar en Constantinopla, en la otra punta de Europa y puerta de Oriente, un lugar tan lejano que dilata el viaje hasta metamorfosearlo en una forma de vida. Paddy no volver\u00e1 a casa, pero es que tampoco dejaba ninguna casa a sus espaldas, salvo un pa\u00eds del que, vagamente, siempre se sinti\u00f3 parte.<\/p>\n<p><img src=\"https:\/\/encrypted-tbn1.gstatic.com\/images?q=tbn:ANd9GcRbxB0PLI12AgQZhZgppaRZwfGN40zT_4D566_jNPbqvZcTTWgC1Q\" alt=\"\" \/><\/p>\n<p>\u00bfPodemos llamarles viajeros? Una de las ideas que atrajo a Bruce Chatwin hacia la escritura fue el estudio del nomadismo. \u2018The Nomadic Alternative\u2019 era el t\u00edtulo de su proyecto, aunque tras veinte a\u00f1os de persecuci\u00f3n y esfuerzo acab\u00f3 publicando \u2018Los trazos de la canci\u00f3n\u2019, una sugerente interpretaci\u00f3n de los abor\u00edgenes australianos y sus desplazamientos por la geograf\u00eda del continente austral. Tras tantos a\u00f1os en pos del nomadismo, y en cierta manera de tratar de encarnarlo, Chatwin lleg\u00f3 a la conclusi\u00f3n de que los tipos como \u00e9l ni siquiera pod\u00edan asociarse en ese concepto: \u201cEl deambular n\u00f3mada obedece a un prop\u00f3sito, y suele circunscribirse a un territorio o a una extensi\u00f3n que se ven como propios. Los trotamundos van donde los lleve el viento\u201d. As\u00ed que mejor encerrar a Chatwin, a Bowles, a Paddy, en ese nulo cors\u00e9 de seres errantes, o como sugiri\u00f3 Desmond Morris a este \u00faltimo, en el perpetuo movimiento humano.<\/p>\n<p><img src=\"https:\/\/encrypted-tbn2.gstatic.com\/images?q=tbn:ANd9GcSEVnn7huAc5J-3tZ8wrL9oSHtHrkEtrX1i9rUVUJi8oRfI8cD76g\" alt=\"\" \/><\/p>\n<p>Algunos estudiosos, tras observar la abundancia de escritores viajeros brit\u00e1nicos, han insistido en la importancia de la insularidad para explicar esa fuerza centr\u00edfuga, tambi\u00e9n detectable en la cercana Irlanda; marcharse dando un portazo, marcharse hacia el sur real o so\u00f1ado, desde Lord Byron a John Keats, desde James Joyce hasta Gerald Brenan. Curiosamente, Paul Bowles tambi\u00e9n se sent\u00eda encerrado en Estados Unidos: \u201cCada d\u00eda vivido a este lado del Atl\u00e1ntico era un d\u00eda m\u00e1s fuera de la c\u00e1rcel. Es indudable que si hubiera tenido fondos para ello habr\u00eda seguido indefinidamente lejos de Estados Unidos\u201d.<\/p>\n<p>Para ese camino sin fin se requieren desde luego capacidades no muy comunes: buena resistencia a las enfermedades, nulo aprecio por la rutina, por la intimidad, por cualquier noci\u00f3n de marco laboral y familiar, y una paciencia infinita ante las incomodidades. Porque adem\u00e1s el equipaje, que no distaba mucho de la suma de sus pertenencias, no era precisamente ligero. En 1940 Paul Bowles y su mujer Jane Auer (todos se casaron, aunque con un uso muy flexible del emparejamiento) viajaron por Francia \u201cmuy cargados, con ba\u00fales enormes y dieciocho maletas grandes\u201d. Y cuando en 1955 la crisis de Chipre obliga a Paddy a enviar sus libros de Atenas a Inglaterra, algunas de las cajas llevan los 27 tomos dela Great GreekEncyclopaedia, que luego se extraviaron en Belgrado. Al final de cada traslado en barco o en tren (el avi\u00f3n no permit\u00eda esas mudanzas. Bowles los odiaba) esperaba una cama azarosa de hotel o de estancia amiga, y despu\u00e9s la b\u00fasqueda de una casa en alquiler donde instalarse (un verbo excesivo) para contemplar, esperar, escribir, por unas semanas, o meses, o tal vez solo unas jornadas. Y vuelta al camino.<\/p>\n<p>Cierta vez cay\u00f3 en manos de Paddy un libro de estudios sobre Grecia de Andr\u00e9 Jean Festugi\u00e8re, \u2018Personal Religion Among the Greeks\u2019, en el que se dibujaba una postura vital que le sobrecogi\u00f3 por la exactitud con que le ce\u00f1\u00eda: la persona inquieta y desasosegada, incapaz de hallar paz en su interior, se ve condenada a buscar refugio fuera de s\u00ed mismo, en medio de las multitudes y los cambios incesantes. Eso es lo que ven\u00eda practicando \u00e9l desde la juventud, dispers\u00e1ndose hacia fuera en una aventura tras otra. Para ello, adem\u00e1s de la probada resistencia y la energ\u00eda sin fin, es conveniente poseer lo que en Chatwin y Paddy se daba sin ninguna duda: capacidad de seducci\u00f3n, innata, casi inconsciente, que les abre cualquier puerta y empalma invitaci\u00f3n tras invitaci\u00f3n. Bastantes a\u00f1os despu\u00e9s de los viajes de Chatwin por Afganist\u00e1n o por Australia su bi\u00f3grafo Nicholas Shakespeare recogi\u00f3 testimonios frescos del paso fugaz de aquel \u201c\u00e1ngel rubio\u201d. Y all\u00ed donde Paddy descolgaba la mochila pronto se formaba un animado intercambio de historias y canciones bien regadas por el alcohol. Es llamativo, un ingl\u00e9s animando los pueblos de Creta, o de Grecia, un tipo del que su bi\u00f3grafa Artemis Cooper, cuando en una entrevista Jacinto Ant\u00f3n le pidi\u00f3 que resumiese su personalidad, se le humedecieron los ojos y no encontr\u00f3 m\u00e1s respuesta que levantarse y bailar.<\/p>\n<p>Esa vida hacia fuera, renovada sin cesar, dej\u00f3 afortunadamente un hueco de invierno para que creciera la reflexi\u00f3n, la remembranza y finalmente la escritura. Estos seres de vida errante acabaron entregando obras en las que la experiencia vital logra el salto milagroso de tejer la gran literatura. Tal vez en Paddy es donde mejor se agarra este cruce entre existencia y escritura, con forja lenta. Su viaje a pie por Europa comenz\u00f3 a ponerlo sobre el papel 30 a\u00f1os despu\u00e9s de realizarlo y hasta 1977, ya con 45 de demora, no vio la luz el primer tomo, \u2018El tiempo de los regalos\u2019. El siguiente, \u2018Entre los bosques y el agua\u2019, en 1986. El cierre del viaje en Constantinopla culminar\u00e1 la tercera entrega, en la que estuvo trabajando hasta pocos d\u00edas antes de su muerte en 2011, y que se espera que vea la luz en este oto\u00f1o.<\/p>\n<p><img src=\"https:\/\/encrypted-tbn1.gstatic.com\/images?q=tbn:ANd9GcSN1DFKTOZ6CN7b7hGhDucsvUVYKkOw9u7etfyvcETKupkmO-1g4w\" alt=\"\" \/><\/p>\n<p>Hay en la vida de Paddy un hecho muy famoso que mereci\u00f3 incluso una pel\u00edcula interpretada por Dick Bogarde: el secuestro de un general alem\u00e1n en Creta durante la segunda guerra mundial y su traslado fuera de la isla. En la accidentada huida por las monta\u00f1as, una noche Paddy y el general se sorprendieron mutuamente recitando en el lat\u00edn original una oda de Horacio. Tal vez un fragmento de esta oda ci\u00f1a con exactitud la vida agitada de estos seres errantes: \u201cAtempera el fr\u00edo, oh Taliarco\/ echando abundantes le\u00f1os al fuego\/ y saca, sin escatimarlo, el vino a\u00f1ejo de la bota Sabina.\/ Conf\u00eda el resto a los dioses.\/ Deja de indagar qu\u00e9 ocurrir\u00e1 ma\u00f1ana,\/ y cada d\u00eda que la suerte te conceda\/ consid\u00e9ralo un regalo\u201d.<\/p>\n<p>(publicado en La Sombra del Cipr\u00e9s el 12 de octubre de 2013)<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>En estos \u00faltimos meses los escaparates de las librer\u00edas han hecho hueco de nuevo a nombres ilustres del trotamundeo literario, aunque sus vidas hace a\u00f1os que se cerraron. 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