{"id":121,"date":"2013-11-30T17:28:15","date_gmt":"2013-11-30T17:28:15","guid":{"rendered":"http:\/\/blogs.elnortedecastilla.es\/hoyempiezatodo\/?p=121"},"modified":"2013-11-30T17:28:15","modified_gmt":"2013-11-30T17:28:15","slug":"adele-o-la-entrada-en-la-vida","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/blogs.elnortedecastilla.es\/hoyempiezatodo\/2013\/11\/30\/adele-o-la-entrada-en-la-vida\/","title":{"rendered":"Ad\u00e8le, o la entrada en la vida"},"content":{"rendered":"<p>En el \u00faltimo plano de \u2018La vida de Ad\u00e8le\u2019 vemos a la protagonista alejarse por una calle dando la espalda a la c\u00e1mara, a nuestros ojos. No sabemos d\u00f3nde va, o tal vez es que no va a ning\u00fan lado determinado donde apetezca acompa\u00f1arla. Camina, se aleja, se pierde hacia un tiempo posterior alargado e insulso que carece de inter\u00e9s para la narraci\u00f3n. Y es que lo importante de la vida de Ad\u00e8le ya ha ocurrido, y en cierta manera se ha agotado. La hoguera ardi\u00f3 hasta consumirse, y las cenizas ni siquiera humean, aunque guarden el calor. Si la mano pasional volviera a sus caricias sobre el rescoldo blanco, se quemar\u00eda, pero sin la llama que trae el gozo. La hoguera ya no se volver\u00e1 a encender.<\/p>\n<p>La pel\u00edcula de Abdellatif Kechiche se ocupa del tr\u00e1nsito de Ad\u00e8le a la vida adulta, de la franja que la lleva del cobijo familiar y colegial a las calles abiertas pobladas de vidas desconocidas. Ad\u00e8le hace el tr\u00e1nsito que todo ser humano enfrenta, so pena de caer en las v\u00edas muertas de la inmadurez o el repliegue insano. El bullicio que alberga su cuerpo es el mismo que altera a sus amigas del colegio y afila sus lenguas hacia el exhibicionismo del sexo, en una espera de pandilla que protege del temor hacia lo desconocido que presienten por dentro y por fuera. En la efervescencia de los diecisiete a\u00f1os la b\u00fasqueda es ciega, azarosa. Las sucesivas refriegas la van decantando hacia la atracci\u00f3n homo, frente a la hetero. Pronto tendr\u00e1 suerte. Emma, la chica que la deslumbra en un cruce callejero con su pose altanera bajo el pelo azul, acude a seducirla en el siguiente encuentro fortuito. Lo que tantas veces no pasa de un tanteo torpe o de una hoguera que arde mal por la le\u00f1a demasiado verde, para Ad\u00e8le y Emma se convierte en una explosi\u00f3n imparable. El cuerpo experimentado de Emma es el refugio perfecto para el ardor juvenil y virginal de Ad\u00e8le, y la entrega es mutua, absoluta, casi sin descanso. Las escenas de sexo, mostradas por una c\u00e1mara sin barreras, se prolongan mucho m\u00e1s all\u00e1 de su caudal narrativo: deben dar cuenta no de una pasi\u00f3n, sino de su temperatura, de su alcance invasivo. La minuciosidad y el detalle son necesarios para recorrer los cuerpos y saber lo que est\u00e1 pasando por ellos, lo que los atraviesa en busca de la fusi\u00f3n ideal perseguida en el amor carnal.<\/p>\n<p><img src=\"https:\/\/encrypted-tbn0.gstatic.com\/images?q=tbn:ANd9GcQPxWsUvk4aPw8RkEKfXWK4LfCT4azSEjN7F7UxZJ70MJgBe1Juqw\" alt=\"\" \/><\/p>\n<p>Ad\u00e8le entra en la vida adulta por su lugar m\u00e1s alto, por la m\u00e1s alta puerta, la de la pasi\u00f3n total. Tambi\u00e9n la de m\u00e1s riesgo, pues desde ella casi todos los caminos son descendentes, cuando no catastr\u00f3ficos. A medida que pasan las semanas y los meses, marcados indirectamente en la pel\u00edcula por detalles externos como un cambio de peinado o la mudanza de la vida paterna, la pureza de los 17 a\u00f1os de Ad\u00e8le se va mezclando con la ganga de otras amistades, nuevos estudios, un horizonte laboral. Las edades siguientes, tan cercanas que casi repiten los mismos d\u00edgitos, carecen de la energ\u00eda virginal del arranque. Las pisadas no inauguran territorios nuevos, la vida se va pareciendo a un palimpsesto sobre una primera escritura deslumbrante de recuerdo inesquivable. Comienzan los celos, la desconfianza, las peque\u00f1as soledades. La ruptura es un eslab\u00f3n m\u00e1s del desarrollo desencantado.<\/p>\n<p>El rostro de Ad\u00e8le ya no alberga los ojos encendidos del comienzo. Tras el llanto de la ruptura poco queda del brillo anterior. Ya todo pas\u00f3. Cualquier relaci\u00f3n que Ad\u00e8le comienza se ve ahogada por su falta de combustible. Y cuando se cita con Emma en un caf\u00e9, a\u00f1os despu\u00e9s de la ruptura, ambas sienten que aquello que las devor\u00f3 mutuamente contin\u00faa agazapado en su interior pero de forma intransitiva, bloqueado por miedos y perezas a romper las seguridades cotidianas frente a una pasi\u00f3n ya vivida y condenada a repetirse. En esa escena, en esa tremenda escenificaci\u00f3n de la derrota, Emma, la que recibi\u00f3, la que menos ha perdido por su caudal previo de experiencias, todav\u00eda es capaz de verbalizar el v\u00ednculo: \u201cSiempre recordar\u00e9 tu infinita ternura\u201d. A Ad\u00e8le solo le queda el llanto, la convulsi\u00f3n, la herida cuya cicatriz es a\u00fan m\u00e1s dolorosa a medida que el tiempo pasa, pues es testigo de la invalidez pasional que la ha dejado su b\u00fasqueda desarmada.<\/p>\n<p><img src=\"https:\/\/encrypted-tbn3.gstatic.com\/images?q=tbn:ANd9GcS6r9x1K_5dFlN4pDMR2kRY7r3xpU2gvRUpKNw2FnNOd5KWeyA8YQ\" alt=\"\" \/><\/p>\n<p>En la escena final, antes de perderse por la calle insulsa de su futuro, Ad\u00e8le acude a la inauguraci\u00f3n de una exposici\u00f3n de Emma en la que, artista siempre, lleva a los cuadros su pasi\u00f3n por Ad\u00e8le, su cuerpo desnudo hecho luz y \u00f3leo, imagen varada de aquel otro de labios, sexo y dulzura que se entreg\u00f3 y consumi\u00f3 para no volver a ser el mismo, irrecuperable. El arte es la \u00fanica memoria transitiva, el cauce para compadecerse y protegerse, para aprender de la vida y pensar en ella, para salir de la asfixia de la insignificancia personal y establecer vasos comunicantes.<\/p>\n<p>La pasi\u00f3n que centra esta pel\u00edcula se refleja quedamente en las que tuvo que atravesar cada espectador para inaugurar la vida adulta y luchar por la madurez. Pero aqu\u00ed est\u00e1 elevada al m\u00e1s alto y vertiginoso grado, el que quema sin restituci\u00f3n. Ciento cuarenta a\u00f1os atr\u00e1s un joven y desconocido poeta, Arthur Rimbaud, cruz\u00f3 esas mismas llamas y dej\u00f3 su memoria en \u2018Una temporada en el infierno\u2019: \u201cAntes, si no recuerdo mal, mi vida era un fest\u00edn en el que se abr\u00edan todos los corazones, en que todos los vinos corr\u00edan\u201d.<\/p>\n<p>(publicado en La sombra del cipr\u00e9s el s\u00e1bado 30 de noviembre)<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>En el \u00faltimo plano de \u2018La vida de Ad\u00e8le\u2019 vemos a la protagonista alejarse por una calle dando la espalda a la c\u00e1mara, a nuestros ojos. No sabemos d\u00f3nde va, o tal vez es que no va a ning\u00fan lado determinado donde apetezca acompa\u00f1arla. 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