{"id":132,"date":"2014-03-04T15:18:55","date_gmt":"2014-03-04T15:18:55","guid":{"rendered":"http:\/\/blogs.elnortedecastilla.es\/hoyempiezatodo\/?p=132"},"modified":"2014-03-04T15:18:55","modified_gmt":"2014-03-04T15:18:55","slug":"la-vida-contigua","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/blogs.elnortedecastilla.es\/hoyempiezatodo\/2014\/03\/04\/la-vida-contigua\/","title":{"rendered":"La vida contigua"},"content":{"rendered":"<p>Es Arcadio Pardo un poeta al que gusta indagar en ra\u00edces, o\u00edr resonancias de tiempos y lugares lejanos o incluso remotos que luego conjuga en sus versos. Uno de sus libros, \u2018Efectos de la contig\u00fcidad de las cosas\u2019, se cierra con la fecha de 1505, en que nac\u00edan en Brujas sus posibles ancestros B\u00e1rbara y Catalina Pardo. \u201cSeres todav\u00eda contiguos\u201d los proclama, y tras ellos inicia el poema: \u201cSiempre se es contiguo de algo: \/ del aire, de la lluvia, de alg\u00fan roce \/ perpetrado, del fr\u00edo, de los campos\u201d. Escojo este t\u00e9rmino de contig\u00fcidad para acceder o sustituir de manera m\u00e1s precisa al de memoria, que parece requerir un rastro de experiencia que en muchos casos es problem\u00e1tico o dudoso. Muchas veces nos sentimos concernidos por relatos que traen \u00e9pocas pasadas que no vivimos; si acaso recogimos su eco en la voz de nuestros mayores, pero ya es experiencia de segunda mano, tan de ficci\u00f3n o realidad deformada como las obras que recorremos.<\/p>\n<p>En el trayecto por la vida antigua busco el paralelo en el cine y llego a una trilog\u00eda cinematogr\u00e1fica que por alguna casualidad se trenz\u00f3 en a\u00f1os sucesivos: en 1976 Bernardo Bertolucci estren\u00f3 \u2018Novecento\u2019. Al a\u00f1o siguiente los hermanos Taviani recogieron la Palma de Oro de Cannes con \u2018Padre padrone\u2019. Y el mismo premio se otorg\u00f3 en 1978 a Ermanno Olmi por \u2018El \u00e1rbol de los zuecos\u2019. En las tres resplandece la vida antigua de los trabajos agr\u00edcolas, aunque con signo muy distinto. La obra de Bertolucci busca el discurso pol\u00edtico de la emancipaci\u00f3n de los campesinos, y llega hasta las inmediaciones del compromiso hist\u00f3rico agitado por el Partido Comunista en los setenta. El tema de \u2018Padre padrone\u2019 tiene un car\u00e1cter m\u00e1s \u00edntimo, pegado a los or\u00edgenes del ling\u00fcista Gavino Ledda, que tuvo que huir de la disciplina paterna para hacerse a s\u00ed mismo. Al cabo la historia es universal, reconocible en ese arranque con el padre que va a buscar a su hijo a la escuela para obligarle a abandonar unos estudios que nada producen y menguan la mano de obra familiar.<\/p>\n<p><img src=\"https:\/\/encrypted-tbn2.gstatic.com\/images?q=tbn:ANd9GcTZ58l5vIihoQT4EHsTu4d01_SCO-kY2VoB1AE4w664R0VOCSemLQ\" alt=\"\" \/><\/p>\n<p>Pero donde la contig\u00fcidad se torna misteriosa, pues la memoria reconoce conflictos que no atraves\u00f3, es en \u2018El \u00e1rbol de los zuecos\u2019. La pel\u00edcula de Olmi reconstruye la vida en una granja de B\u00e9rgamo, en Italia, cuando acaba el siglo XIX, y a diferencia de las anteriores no busca una evoluci\u00f3n, ni la proyecci\u00f3n de sus protagonistas hacia un futuro distinto. No, la pel\u00edcula se estanca en la vida rural de una hacienda propiedad de una burgues\u00eda de aroma feudal, asentada en la experiencia milenaria del campesino de la que ya no queda ning\u00fan rastro, ni laboral ni social. Y, sin embargo, es f\u00e1cil dejarse embargar por las peque\u00f1as narraciones que se van trenzando sin ning\u00fan ropaje de nostalgia o de sentimentalismo. Casi todo resulta cercano y propio: la algarab\u00eda permanente de los ni\u00f1os, ajenos a horario escolar alguno. La ropa remendada de los hombres en el trabajo. El roce de los charcos y el barro en las pisadas dificultosas. Las estancias desnudas, reducidas a las grandes mesas de la comida familiar o las camas donde el fr\u00edo rebota. Los cuentos nocturnos en la cocina, entre escalofr\u00edos por los muertos que resucitan. Ya ha pasado m\u00e1s de un siglo por esa Italia fenecida, y sin embargo parece f\u00e1cil encender la llama de su recuerdo en nuestra mente, que se resiste a reconocer que nunca tuvo que ver con la vida campesina.<\/p>\n<p><img src=\"https:\/\/encrypted-tbn0.gstatic.com\/images?q=tbn:ANd9GcSPj4__M8jJwOkmQilKFS_CzdjdkR8VShD2CrCQW7dB7yYpYjR1\" alt=\"\" \/><\/p>\n<p>La especie humana lleva en su singularidad el alejamiento constante de la naturaleza con sus logros t\u00e9cnicos y su organizaci\u00f3n social. En ese largu\u00edsimo camino que nos deja rodeados de asfalto queda demasiado atr\u00e1s el arado romano y la dependencia exclusiva del clima que soportan esos habitantes de la llanura bergamesca, y no obstante la contig\u00fcidad se establece desde las primeras im\u00e1genes del filme. No se sirve para ello de se\u00f1uelos sentimentales o paradis\u00edacos, sino m\u00e1s bien de la dureza contraria, casi insoportable en la escena final de la familia expulsada de la granja. Pero es que hay corrientes que sacuden una herencia inefable, como la de ese abuelo que persigue los primeros tomates de la temporada para lucirse en el mercado con su nieta. O el ni\u00f1o que camina a diario varios kil\u00f3metros a la escuela hasta que sus zuecos se parten, lo que acarrear\u00e1 la desgracia a su familia cuando su padre corte furtivamente un \u00e1rbol para reponer el calzado. Aqu\u00ed la memoria se expande en el recuerdo com\u00fan de la ruptura que supone la entrada en la escuela, pero tambi\u00e9n se remansa en el ni\u00f1o de \u2018\u00a1Qu\u00e9 verde era mi valle!\u2019, que vuelve del primer d\u00eda de colegio con las heridas que le han infligido los veteranos, flagelo que merecer\u00e1 una inolvidable venganza. Aqu\u00ed y all\u00e1 saltan resortes imprevistos. Ninguna boda en la actualidad tiene que ver con la que se vive en la granja de B\u00e9rgamo, pero qu\u00e9 f\u00e1cil es conectar con su tono ritual de sumisi\u00f3n, de respeto, de silencio, acabado en el viaje fluvial que llena el cuerpo de frescor y cielo. Otro c\u00f3mplice de vida antigua salta a los ojos: las fotograf\u00edas de Piedad Isla en Cervera de Pisuerga, con los novios que salen de casa con la misma seriedad que los de Olmi.<\/p>\n<p><img src=\"https:\/\/encrypted-tbn0.gstatic.com\/images?q=tbn:ANd9GcRLDrBqWFtZ5xxHJ8DuX2Sdk4AeK2pfdt4Dgb00eFf0GoHHc7k32w\" alt=\"\" \/><\/p>\n<p>Tal vez haya una corriente subterr\u00e1nea que nos permite engancharnos a las vidas lejanas. Ser\u00e1 la misteriosa contig\u00fcidad de Arcadio Pardo la que abre esas resonancias, que ahora me llevan ala Cerde\u00f1a de \u2018Padre padrone\u2019, a la peque\u00f1a ciudad de Nuoro en el centro de la isla, donde naci\u00f3 el jurista Salvatore Satta y en la que se desarrolla la \u00fanica novela que escribi\u00f3, \u2018El d\u00eda del juicio\u2019. Acabo con este tesoro rescatado en su final: \u201cUna vez tambi\u00e9n yo fui ni\u00f1o, y me asalta el recuerdo de cuando segu\u00eda el revoloteo de los copos con la nariz aplastada contra la ventana. Todos estaban entonces en la habitaci\u00f3n caldeada por la chimenea, y \u00e9ramos felices porque no nos conoc\u00edamos. Para conocerse hay que desarrollar la propia vida hasta el fondo, hasta el momento en que se entra en la fosa. Y tambi\u00e9n entonces hace falta que exista alguien que te recoja, te resucite, te cuente a ti mismo y a los dem\u00e1s como en un juicio final\u201d.<\/p>\n<p>(publicado en La sombra del cipr\u00e9s el s\u00e1bado 1 de marzo de 2014)<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Es Arcadio Pardo un poeta al que gusta indagar en ra\u00edces, o\u00edr resonancias de tiempos y lugares lejanos o incluso remotos que luego conjuga en sus versos. 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