{"id":145,"date":"2014-07-02T20:09:31","date_gmt":"2014-07-02T20:09:31","guid":{"rendered":"http:\/\/blogs.elnortedecastilla.es\/hoyempiezatodo\/?p=145"},"modified":"2014-07-02T20:09:31","modified_gmt":"2014-07-02T20:09:31","slug":"una-ventana-a-la-vida-de-1800","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/blogs.elnortedecastilla.es\/hoyempiezatodo\/2014\/07\/02\/una-ventana-a-la-vida-de-1800\/","title":{"rendered":"Una ventana a la vida de 1800"},"content":{"rendered":"<p>Para un lector que no ejerza en la lengua francesa Paul-Louis Courier es un perfecto desconocido; pues el volumen que de \u00e9l se tradujo al castellano en el siglo XIX, o alguno de los panfletos pol\u00edticos que llegaron a la Revista de Occidente en 1936, son inencontrables desde hace bastantes d\u00e9cadas. Sin embargo en el pa\u00eds vecino Courier es un escritor admirado y difundido, al menos desde que su contempor\u00e1neo Stendhal le considerara el hombre m\u00e1s inteligente de su tiempo. Fuera del \u00e1mbito galo es manifiesta la devoci\u00f3n de Leonardo Sciascia. Y seguramente tras esta selecci\u00f3n de cartas que integran \u2018Todo ha cambiado\u2019, su presencia en el \u00e1mbito espa\u00f1ol crecer\u00e1.<\/p>\n<p>Paul-Louis Courier (1772-1825) fue un hombre de su tiempo, un tiempo ciertamente vertiginoso, bien aludido en el t\u00edtulo. Los a\u00f1os posteriores a la Revoluci\u00f3n y al Terror, los de su infancia y adolescencia, se abrieron a la expansi\u00f3n napole\u00f3nica que puso patas arriba el mapa pol\u00edtico e ideol\u00f3gico de la vieja Europa. Al escritor le toc\u00f3 vivir en medio del torbellino, pues desde su juventud y hasta los 37 a\u00f1os fue un militar de carrera de un ej\u00e9rcito embarcado permanentemente en guerras e invasiones. Sin embargo la vocaci\u00f3n profunda de Courier era el estudio de las lenguas y la cultura grecolatina, pero la presi\u00f3n de su padre por llevarle hacia la ingenier\u00eda hizo que siguiera a un profesor suyo al que hab\u00edan admitido en la Escuela de Artiller\u00eda de Ch\u00e2lons, y acabase por enrolarse como aspirante. Una vez que se hubo graduado comenz\u00f3 una sucesi\u00f3n de destinos que le permitieron conocer y amar a Italia hasta considerarla su patria (\u201cLa patria est\u00e1 all\u00ed donde uno se encuentre bien, y si mi felicidad se halla en Roma, est\u00e1 claro que soy romano\u201d). All\u00ed despleg\u00f3 su gusto por el mundo cl\u00e1sico, lamentando la rapi\u00f1a y destrucci\u00f3n que llegaba con la invasi\u00f3n francesa (\u201cD\u00edgales a los que quieran ver Roma que se den prisa; pues d\u00eda a d\u00eda el hierro del soldado y la garra del agente franc\u00e9s marchitan sus bellezas naturales; y la despojan de sus galas\u201d), y trat\u00f3 de franquear cuantas bibliotecas se encontraba. Tan pronto le hallamos en amistad con el abate Marini, experto vaticano en inscripciones funerarias, como encerr\u00e1ndose en la surtida biblioteca del marqu\u00e9s de Tacconi, un noble napolitano que gastaba mucho de su fortuna fraudulenta \u2013fue condenado a galeras por fabricar billetes falsos- en la adquisici\u00f3n de vol\u00famenes que decoraban sus paredes sin que jam\u00e1s abriera ninguno.<\/p>\n<p><img id=\"feature_0\" src=\"\/\/pictures.abebooks.com\/KALAMO\/12658197390.jpg\" alt=\"\" \/><\/p>\n<p>\u2018Todo ha cambiado\u2019, que lleva el sugerente subt\u00edtulo de \u2018Recuerdos italianos hacia 1800\u2019, se nutre de cartas que Courier envi\u00f3 a familiares y amigos entre 1787 y 1814. El lastre que pod\u00eda acumular un ensarte epistolar \u2013reiteraciones, asuntos privados, ret\u00f3ricas varias-, queda totalmente disuelto en la apasionantes inmediatez de las situaciones en que se ve envuelto Courier, y de las que da cuenta sin remilgos ni filtros. La guerra va mostrando poco a poco su horrenda faz (\u201cDebemos de haber matado a unos doce o quince mil napolitanos, los dem\u00e1s corren\u2026\u201d), junto con el saqueo implacable de personas y propiedades (\u201c\u00bfY a\u00fan me pregunta a qu\u00e9 se dedica un comandante en plaza? Si es joven, busca mujeres; si es viejo, amasa dinero. Lo normal es hacer ambas cosas: la guerra no se hace por ninguna otra raz\u00f3n\u201d). Un mundo masculino, feroz y mortal, del que Courier sale indemne de milagro, campa\u00f1a tras campa\u00f1a, mientras cada noche intenta avanzar en su traducci\u00f3n de Jenofonte y en sus lecturas de cl\u00e1sicos que la guerra finalmente se lleva: \u201cHe perdido ocho caballos, mis trajes, mi ropa blanca, mi gab\u00e1n, mis armas y mi dinero. Y solo lamento la p\u00e9rdida de mi Homero; por recuperarlo renunciar\u00eda a la \u00fanica camisa que a\u00fan me queda\u201d. Cuesta imaginar desde nuestra cotidianeidad tan resguardada a un militar desencantado y hambriento volcado en una escritura elaborada sobre un tapiz de antig\u00fcedad que aflora en el perfume de los p\u00e1rrafos y en una torrentera de citas perfectamente localizadas en las notas. Y con la carrera de las armas abandonada se descuelga el mis\u00e1ntropo que da vueltas a la cita de Di\u00f3genes Laercio, \u201cAmigos m\u00edos, ya no hay amigos\u201d.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Un libro de esta amena intensidad solo es posible si cuenta adem\u00e1s con atenci\u00f3n fervorosa en traducci\u00f3n y edici\u00f3n. Paula Olmos no deja ning\u00fan cabo suelto en las cartas que selecciona y vierte al castellano, a las que a\u00f1ade contextos explicativos y notas finales. Y en la edici\u00f3n, con el cuidado habitual que Mauricio Jal\u00f3n despliega en cuatro.ediciones, brilla la reproducci\u00f3n del manuscrito que Courier emborron\u00f3 accidentalmente cuando cotejaba traducciones de \u2018Dafnis y Cloe\u2019 del sofista Longo en una biblioteca de Florencia, borr\u00f3n que estuvo a punto de provocar un serio incidente diplom\u00e1tico. Enhorabuena a todos, con alcance a los lectores que quieran pisar con sus ojos la Italia ensangrentada y hermosa de 1800.<\/p>\n<p>(publicado en La sombra del cipr\u00e9s el 28 de junio de 2014)<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Para un lector que no ejerza en la lengua francesa Paul-Louis Courier es un perfecto desconocido; pues el volumen que de \u00e9l se tradujo al castellano en el siglo XIX, o alguno de los panfletos pol\u00edticos que llegaron a la Revista de Occidente en 1936, son inencontrables desde hace bastantes d\u00e9cadas. 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