{"id":208,"date":"2015-02-21T09:57:56","date_gmt":"2015-02-21T09:57:56","guid":{"rendered":"http:\/\/blogs.elnortedecastilla.es\/hoyempiezatodo\/?p=208"},"modified":"2015-02-21T09:57:56","modified_gmt":"2015-02-21T09:57:56","slug":"boca-de-mercurio-6","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/blogs.elnortedecastilla.es\/hoyempiezatodo\/2015\/02\/21\/boca-de-mercurio-6\/","title":{"rendered":"Boca de mercurio"},"content":{"rendered":"<p>El 13 de diciembre de 1963 Bob Dylan recog\u00eda en un hotel de Nueva York el premio Tom Paine, otorgado por el Comit\u00e9 de Emergencia para las Libertades Civiles. Suced\u00eda en el premio a Bertrand Russell. Era la culminaci\u00f3n de un buen a\u00f1o, un a\u00f1o especial. En la primavera hab\u00eda sacado su segundo LP, \u2018The Freewhelin\u2019 Bob Dylan\u2019, del que su \u2018Blowin\u2019 in the wind\u2019 se hab\u00eda encaramado en las listas de \u00e9xito, luego multiplicado en la versi\u00f3n de Peter, Paul and Mary. La revista Time le dedicaba un amplio reportaje, y cuando en agosto millones de norteamericanos confluyeron en la marcha sobe Washington y oyeron a Martin Luther King comenzar su discurso con \u201cI have a dream\u201d, Bob Dylan esperaba el momento de saltar al escenario en compa\u00f1\u00eda de Joan B\u00e1ez. Era la voz, el juglar de esa multitud. S\u00ed, era para estar satisfecho.<\/p>\n<p>Sin embargo, la noche del premio las cosas no fueron como se esperaba. El cantante se encontr\u00f3 inc\u00f3modo en el distinguido ambiente, y tras un intento de abandonar la sala improvis\u00f3 un discurso hosco \u2013\u201cYo solo deseo que todos los que hoy est\u00e1is aqu\u00ed sentados no estuvierais aqu\u00ed\u201d- que arruin\u00f3 la velada. No era un cabreo ocasional, sino la manifestaci\u00f3n p\u00fablica de una incomodidad que se agrandaba en su interior por un equ\u00edvoco del que \u00e9l era el primer culpable. La generaci\u00f3n que abandonaba por fin las tinieblas de la posguerra ve\u00eda reflejada su revuelta en sus canciones, que anunciaban la gran lluvia y los mensajes escritos en el viento. Pero en el interior del cantante la percepci\u00f3n era bien distinta, como refleja en \u2018Cr\u00f3nicas\u2019, su autobiograf\u00eda: \u201cTodo lo que hab\u00eda hecho era cantar canciones que expresaban sin ambages una realidad nueva e imparable. Ten\u00eda muy poco en com\u00fan con la generaci\u00f3n a la que se supon\u00eda que daba voz, y la conoc\u00eda a\u00fan menos. (\u2026) Me acribillaban a preguntas, y yo no dejaba de repetir que no era el portavoz de nada ni de nadie, solo un m\u00fasico\u201d.<\/p>\n<p>La producci\u00f3n art\u00edstica del cantante ten\u00eda que ver, ciertamente, con la ebullici\u00f3n ideol\u00f3gica que encontr\u00f3 a su llegada a los caf\u00e9s de Greenwich Village. Pero su antena musical ten\u00eda otras prioridades, figuras que le deslumbraron por su obra, por sus grabaciones. La influencia de Woody Guthrie es la m\u00e1s difundida, pero en su autobiograf\u00eda coloca en el mismo escal\u00f3n las canciones que Kurt Weill compuso para las letras de Bertolt Brecht. Y por encima de todo el encuentro con los blues de Robert Johnson: \u201cTranscrib\u00ed las letras de Johnson en trozos de papel para examinarlas m\u00e1s atentamente junto con sus estructuras, la construcci\u00f3n de sus frases a la antigua y las asociaciones libes, las alegor\u00edas v\u00edvidas, verdades como pu\u00f1os envueltas en la c\u00e1scara dura de la abstracci\u00f3n sin sentido\u201d. Por si fuera poco, su novia, Suze Rotolo, le pas\u00f3 la obra de Arthur Rimbaud. Y por los alrededores comenzaban a sonar muy alto las guitarras el\u00e9ctricas de The Beatles, The Rolling Stones\u2026 Estaba en un aut\u00e9ntico \u201cCrossroad\u201d, como dice el t\u00edtulo m\u00e1s c\u00e9lebre de Robert Jonhson.<\/p>\n<p>A lo largo de 1964 las fuerzas dispares siguieron tirando de Dylan. En el disco \u2018The Times They Are A-Changing\u2019 el himno que lo nomina vuelve a enlazar palabras de agitaci\u00f3n: \u201cVenid escritores y cr\u00edticos\/ que profetiz\u00e1is con vuestras plumas\/ y mantened los ojos abiertos.\/ La oportunidad no volver\u00e1 a presentarse.\/ Y no habl\u00e9is demasiado pronto\/ porque la rueda contin\u00faa girando\u201d. Por el contrario, abundan los versos de desaz\u00f3n como los que cierran \u2018With Godo on Our Side\u2019 (\u201cLa confusi\u00f3n que siento\/ no hay lengua que la exprese.\/ Las palabas me abruman\/ y se precipitan al suelo\u201d). La f\u00f3rmula musical permanec\u00eda invariable, voz sobre guitarra ac\u00fastica con fraseos de arm\u00f3nica. Clich\u00e9 de juglar que se mantuvo, a pesar del t\u00edtulo, en su siguiente disco, \u2018Another Side of Bob Dylan\u2019, grabado en un solo d\u00eda.<\/p>\n<p>Hace ahora 50 a\u00f1os, el 15 de enero de 1965, Bob Dylan se encerr\u00f3 en un estudio de grabaci\u00f3n de Nueva York. Por primera vez le acompa\u00f1aban otros m\u00fasicos que transportaban guitarras el\u00e9ctricas, bajo, bater\u00eda. En su cabeza y en su garganta bull\u00eda un paquete de nuevas canciones y una clara decisi\u00f3n de cambiar el paso. En tres d\u00edas el disco \u2018Bringing It All Back Home\u2019 estaba listo. Basta con dejar que suene la primera canci\u00f3n, \u2018Subterranean Homesick Blues\u2019 para que el o\u00eddo se abrase: el rasgueo de guitarra que la inicia se ve enterrado bajo un furioso riff el\u00e9ctrico cercado por el bajo y la trepidante bater\u00eda. Cabalgando sobre esa atm\u00f3sfera entra la voz recitativa de Dylan en una especie de rap suelto que concibe las palabas como sonidos, las frases como acordes, las rimas como ritmos. Y remata una arm\u00f3nica ardiente como una nueva voz. El texto explota en una escritura de ecos surrealistas que otorgan verdad a la \u201cc\u00e1scara dura de la abstracci\u00f3n sin sentido\u201d de Robert Johnson: \u201cMaggie come fleet foot\/ Face full on black soot\/ Talkin\u2019 that the heat\/ Plants in the bed but\/\u201d. Palabras que no se dejan traducir ni tampoco disecar en un papel. En la primera secuencia del documental de la \u00e9poca \u2018Don\u2019t Look Back\u2019 aparece Dylan con un fajo de carteles, que comienza a mostrar cuando el sonido lanza \u2018Subterranean Homesick Blues\u2019. Son palabras de los versos de la canci\u00f3n, palabras disecadas en su escritura frente a la vida insustituible que les otorga el sonido de la aguda garganta del cantante, que con gesto desde\u00f1oso va tirando al suelo un cartel tras otro. Todo es m\u00fasica sin freno en este tema y en otros que le siguen: \u2018Maggie\u2019s Farm\u2019, \u2018On the Road Again\u2019 en la onda de Kerouac, \u2018Outlaw Blues\u2019. En la segunda cara se vuelve al mon\u00f3logo de guitarra ac\u00fastica, aunque sea para ocuparse de himnos del tama\u00f1o de \u2018Mr. Tambourine Man\u2019. Pero el paso sobre el abismo est\u00e1 dado, los puentes quebrados: no mires atr\u00e1s. Don\u2019t Look back. Sus actuaciones empiezan a poblarse de cables y amplificadores, la mirada anfetam\u00ednica se esconde tras unas gafas oscuras, y la cima del esc\u00e1ndalo llega cuando en el festival de Newport ataca un \u2018Maggie\u00b4s Farm\u2019 el\u00e9ctrico. La leyenda repite una y otra vez que Pete Seeger busc\u00f3 un hacha con el que cortar los cables.<\/p>\n<p>Don\u2019t Look Back. Un Dylan hiperactivo se vuelve a encerrar con sus m\u00fasicos meses despu\u00e9s, en el verano de 1965. Lleva veinte folios escritos para la letra de una canci\u00f3n que luego comprime en las estrofas de \u2018Like a Rolling Stone\u2019. El guitarrista Al Kooper prueba con un fondo de \u00f3rgano y encumbra la canci\u00f3n que va a ser considerada como la m\u00e1s influyente de la historia del rock. Las palabas siguen vivas como culebras en \u2018Tombstone Blues\u2019, o bajo el estridente sonido de ambulancia que se cuela en \u2018Highway 61 Revisited\u2019, la canci\u00f3n que titula el disco, un disco duro, s\u00f3lido, fulgurante.<\/p>\n<p>Y queda energ\u00eda para el broche final. Entre gira y gira, Bob Dylan tantea con los m\u00fasicos de The Hawks un pu\u00f1ado de nuevas canciones. No le satisface el resultado, y se traslada a\u00a0 Nashville en busca de otros m\u00fasicos, y de un nuevo sonido. En un par de encuentros, en febrero y marzo, llega lo que ansiaba, un sonido \u201ctenue, desenfrenado, mercurial\u201d. Lo o\u00edmos en la algarab\u00eda de \u2018Rainy Day Women # 12 &#038; 35\u2019, con el cantante proclamando \u201ctodo el mundo va a acabar zumbado\u201d; en el oscuro canto de amor de \u2018Just Like a Woman\u2019; en el tema final que ocupa toda una cara. El trabajo no cabe en un \u00e1lbum normal, y se toma la ins\u00f3lita decisi\u00f3n de duplicarlo en dos vinilos. \u2018Blonde on Blonde\u2019 ser\u00e1 su enigm\u00e1tico t\u00edtulo.<\/p>\n<p>Han sido catorce meses intensos: su trilog\u00eda mercurial. Luego, tras la agotadora gira por Inglaterra, Bob Dylan sufri\u00f3 un accidente de moto que le dej\u00f3 durante una buena temporada en casa. Tal vez era lo que necesitaba. Cuando reaparezca con \u2018John Wesley Harding\u2019, ese nombre que dispara la melod\u00eda en la lengua, su esp\u00edritu inquieto de artista le empujar\u00e1 de nuevo a la carretera de Kerouac y a los Crossroad de Robert Jonhson.<\/p>\n<p>(publicado el 14 de febrero de 2015 en La sombra del cipr\u00e9s)<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>El 13 de diciembre de 1963 Bob Dylan recog\u00eda en un hotel de Nueva York el premio Tom Paine, otorgado por el Comit\u00e9 de Emergencia para las Libertades Civiles. Suced\u00eda en el premio a Bertrand Russell. Era la culminaci\u00f3n de un buen a\u00f1o, un a\u00f1o especial. 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