{"id":210,"date":"2015-03-24T20:11:13","date_gmt":"2015-03-24T20:11:13","guid":{"rendered":"http:\/\/blogs.elnortedecastilla.es\/hoyempiezatodo\/?p=210"},"modified":"2015-03-24T20:11:13","modified_gmt":"2015-03-24T20:11:13","slug":"evocacion-del-samurai-hasekura-tsunenaga","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/blogs.elnortedecastilla.es\/hoyempiezatodo\/2015\/03\/24\/evocacion-del-samurai-hasekura-tsunenaga\/","title":{"rendered":"Evocaci\u00f3n del samur\u00e1i Hasekura Tsunenaga"},"content":{"rendered":"<p>En julio de 2013 el Archivo de Simancas present\u00f3 la exposici\u00f3n \u2018En busca del Sol Naciente\u2019, en la que se daba cuenta de dos expediciones japonesas a la Espa\u00f1a de finales del siglo XVI y principios del XVII. En competencia con los portugueses, los espa\u00f1oles quer\u00edan expandirse hacia Jap\u00f3n y promover el comercio con la ruta que pasaba por Nueva Espa\u00f1a. Los fragmentados reinos de Jap\u00f3n, dominados por se\u00f1ores feudales, se interesaron por esta apertura de car\u00e1cter comercial, pero tambi\u00e9n religioso, y enviaron en 1582 una comitiva presidida por cuatro adolescentes educados con los jesuitas, la conocida como embajada Tensho. Regresaron seis a\u00f1os despu\u00e9s, sin m\u00e1s bot\u00edn que la recepci\u00f3n real de Felipe II y la asistencia a la coronaci\u00f3n del papa Sixto V en Roma. En 1613 se arm\u00f3 una nueva comitiva con cerca de 180 personas, que parti\u00f3 del puerto de Ishinomaki al mando del samur\u00e1i Hasekura Tsunenaga y de nuevo busc\u00f3 los favores reales en Madrid y en Roma a lo largo de cuatro a\u00f1os.<\/p>\n<p>*\u00a0\u00a0\u00a0 *\u00a0\u00a0 *\u00a0\u00a0 *<\/p>\n<p>De aquellos viajes fabulosos que pasaron por Manila, cruzaron a pie desde Acapulco a Veracruz, repostaron en La Habana y remontaron el Guadalquivir hasta Sevilla, quedan numerosas huellas y rastros. El castillo de Simancas exhibi\u00f3 entre el silencio de sus muros cartas en graf\u00eda latina y japonesa, documentos, mapas de la \u00e9poca, grabados, katanas guerreras, armaduras de samur\u00e1i. Se dejaron leer y o\u00edr testigos que vieron c\u00f3mo Felipe II abandonaba su pedestal y se acercaba a palpar la tela de la ropa de sus invitados y el cuero de sus sandalias. O el asombro por los pa\u00f1uelos de papel de seda de China que la gente del samur\u00e1i Hasekura tiraba al suelo tras usarlos, para ser recogidos y disputados por los europeos como mercanc\u00eda valiosa. Es f\u00e1cil encender la imaginaci\u00f3n con estos detalles, y dejarse llevar por la maravilla visual de los grabados que recogen el paso de los viajeros. Un fresco de la \u00e9poca dibuja la larga comitiva que acompa\u00f1\u00f3 la coronaci\u00f3n del papa Sixto V, y en una esquina se advierte el paso de los cuatro j\u00f3venes de la embajada Tensho bajo quitasoles rojos.<\/p>\n<p>*\u00a0\u00a0 *\u00a0\u00a0 *\u00a0\u00a0 *<\/p>\n<p>Teruo Sekiguchi es un fot\u00f3grafo nacido en Tokio, acostumbrado a moverse por el mundo en busca de escenarios. Cuando iban a cumplirse 400 a\u00f1os de la partida de la segunda embajada, la del samur\u00e1i Hasekura, formaliz\u00f3 un extra\u00f1o compromiso: fotografiar su viaje. \u00bfFotografiar el pasado, un pasado de geograf\u00eda incierta y escenarios desaparecidos? \u00bfCapturar aquello de lo que solo quedan huellas difusas o relatos fabulosos? \u00bfRegistrar lo que cambia sin cesar? La fotograf\u00eda es enemiga natural de la mutaci\u00f3n. En sus primeras d\u00e9cadas de existencia, el largo tiempo de exposici\u00f3n que exig\u00edan sus placas dejaba sin registrar los cuerpos veloces de las calles, que se mostraban extra\u00f1amente vac\u00edas, o habitadas por seres fantasmales de contornos imprecisos. En la placa quedaba un presente atenazado, un presente de ausencias.<\/p>\n<p>*\u00a0\u00a0 *\u00a0\u00a0 *\u00a0\u00a0 *<\/p>\n<p>De la ausencia tuvo pruebas Roger Fenton, el primer fot\u00f3grafo de guerra, tras su paso en 1855 por la pen\u00ednsula de Crimea ensangrentada por los enfrentamientos entre los imperios de la \u00e9poca. Cuando acudi\u00f3 al campo de batalla con su pesado equipo solo pudo capturar una hondonada en la que se adivinaban entre pedruscos unas bolas macizas disparadas por los ca\u00f1ones, en un paisaje desolado y desnudo. \u2018El valle de la sombra de la muerte\u2019 fue expuesta en Londres, y admirada por su car\u00e1cter de huella verdadera. El director de una revista de la \u00e9poca escribi\u00f3 sobre \u201cla terrible sugesti\u00f3n\u201d que emerg\u00eda de la desierta imagen.<\/p>\n<p>*\u00a0 \u00a0*\u00a0\u00a0 *\u00a0\u00a0 *<\/p>\n<p>La fotograf\u00eda carga con la ausencia, llega tarde. Aunque mejore y extreme sus poderes con la selecci\u00f3n del \u201cinstante decisivo\u201d que teoriz\u00f3 Cartier-Bresson, o con la t\u00e9cnica digital que multiplica en fracciones inauditas de segundo sus disparos. En cualquier caso la vencer\u00e1 el tiempo, pues siempre representa al pasado. \u201cEsto ha sido\u201d, dec\u00eda Roland Barthes de su esencia, de su alma. Y a pesar de su obstinaci\u00f3n se le escapa mucho m\u00e1s de lo que recoge. El espacio se desparrama y prolonga m\u00e1s all\u00e1 de los bordes del cuadro, y el primer excluido es el propio fot\u00f3grafo con su artilugio (tal vez la obsesi\u00f3n por el \u201cselfie\u201d tenga que ver con esta tachadura reiterada). La ausencia y la lejan\u00eda son compa\u00f1eros inseparables de la huella. Algo de esto tuvo que pasar por la cabeza de Sekiguchi \u00a0cuando decidi\u00f3 recorrer durante dos a\u00f1os el trayecto del samur\u00e1i Hasekura con el prop\u00f3sito, fabuloso e imposible, de fotografiar sus estancias.<\/p>\n<p>*\u00a0\u00a0 *\u00a0\u00a0 *\u00a0\u00a0 *<\/p>\n<p>\u201cHace cuatrocientos a\u00f1os, hubo un samur\u00e1i que visit\u00f3 un continente remoto, Europa, atravesando el Oc\u00e9ano Pac\u00edfico, y fue recibido en audiencia por el Papa. El samur\u00e1i era Hasekura Tsunenaga, vasallo de Date Masamune\u2026\u201d. Con estas palabras de cuento arranca la exposici\u00f3n del Palacio Pimentel. Un cuento que nos lleva a su f\u00f3rmula de \u201c\u00c9rase una vez\u2026\u201d hasta sacarnos del tiempo y de la realidad. En cuatro siglos la faz de la tierra ha mudado, el curso de los r\u00edos ha cambiado, el mar ha arreba\u00f1ado las playas, el viento y el agua han suavizado aristas y depositado lodos. La t\u00e9cnica transformadora del hombre se cruza con la fuerza de la naturaleza: el puerto de Ishinomaki, tan distinto al que vio partir a Hasekura, qued\u00f3 terriblemente da\u00f1ado por el terremoto de hace cuatro a\u00f1os.<\/p>\n<p>*\u00a0\u00a0 *\u00a0\u00a0 *\u00a0\u00a0 *<\/p>\n<p>Dice el diccionario de la Real Academia que evocar es \u201cllamar a los esp\u00edritus y a los muertos, suponi\u00e9ndolos capaces de acudir a conjuros e invocaciones\u201d. A eso se aplica Sekiguchi en la exposici\u00f3n, a evocar teniendo como conjuro la fotograf\u00eda, m\u00e9dium entre el tiempo inalcanzable del samur\u00e1i y su presencia en la exposici\u00f3n. Las im\u00e1genes, pre\u00f1adas de ausencia, se esfuerzan en atesorar aquello que roz\u00f3 necesariamente a la expedici\u00f3n: la luna llena que alumbra los escenarios de partida, y que luego espera menguante en Coria del R\u00edo. Las gaviotas clonadas con las que vieron pasar las embarcaciones. Los mosaicos del Alc\u00e1zar sevillano que tuvieron que llenar sus ojos de admiraci\u00f3n, o tal vez de desconcierto. Y los conjuros se abren con atrevimiento a otros sentidos m\u00e1s all\u00e1 de lo visual: los adoquines de Sevilla que incomodaron las pisadas de los japoneses. El silencio franciscano en los monasterios de Nueva Espa\u00f1a. La sequedad de Iguala. La fragancia del patio de Sevilla donde se refugi\u00f3 Hasekura durante un a\u00f1o. La soledad volc\u00e1nica de la traves\u00eda de los Monegros. Los cantos de la Escolan\u00eda de Montserrat. Hasta la an\u00e9cdota de ese apellido Jap\u00f3n sospechosamente multiplicado en Coria del R\u00edo. Hasekura y su viaje van descolg\u00e1ndose por los pasillos del claustro de Pimentel, sus esp\u00edritus responden a la evocaci\u00f3n de cada espectador paciente a pesar de que las fotograf\u00edas de Sekiguchi no pueden inventar nada ni abandonar la rigidez de su presente. Y sin embargo\u2026<\/p>\n<p>(publicado en La sombra del cipr\u00e9s el 21 de marzo de 2015)<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>En julio de 2013 el Archivo de Simancas present\u00f3 la exposici\u00f3n \u2018En busca del Sol Naciente\u2019, en la que se daba cuenta de dos expediciones japonesas a la Espa\u00f1a de finales del siglo XVI y principios del XVII. 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