{"id":214,"date":"2015-05-14T12:26:03","date_gmt":"2015-05-14T12:26:03","guid":{"rendered":"http:\/\/blogs.elnortedecastilla.es\/hoyempiezatodo\/?p=214"},"modified":"2015-05-14T12:26:03","modified_gmt":"2015-05-14T12:26:03","slug":"a-veces-un-relampago-blanco","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/blogs.elnortedecastilla.es\/hoyempiezatodo\/2015\/05\/14\/a-veces-un-relampago-blanco\/","title":{"rendered":"A veces, un rel\u00e1mpago blanco"},"content":{"rendered":"<p>La obra de Bernard No\u00ebl (Sainte-Genevi\u00e8ve-sur-Argence, 1930) se ha difundido a cuentagotas en nuestro pa\u00eds. Centrada sobre todo en la poes\u00eda, pero extendida tambi\u00e9n a la narrativa, al ensayo y a la interpretaci\u00f3n pict\u00f3rica, cuenta entre sus traductores y editores m\u00e1s empe\u00f1ados a Miguel Casado y Olvido Garc\u00eda Vald\u00e9s, que ya en 1991 publicaron en Valladolid su segundo libro de poes\u00eda, \u2018La cara del silencio\u2019, con traducci\u00f3n de Roberto San Geroteo. En los \u00faltimos a\u00f1os han vertido al espa\u00f1ol \u2018El resto del viaje, y otros poemas\u2019, y ahora Miguel Casado ha traducido \u2018Diario de la mirada\u2019 para Libros de la resistencia, otra trinchera po\u00e9tica. En el medio, algunas recopilaciones sudamericanas de dif\u00edcil acceso, y una aproximaci\u00f3n de Jos\u00e9 \u00c1ngel Valente, \u2018La sombra del doble\u2019.<\/p>\n<p><a href=\"\/voc-migration\/endpointsite\/wp-content\/uploads\/sites\/131\/2015\/05\/diario-de-la-mirada.jpg\"><img loading=\"lazy\" class=\"alignnone size-full wp-image-215\" title=\"diario de la mirada\" src=\"\/voc-migration\/endpointsite\/wp-content\/uploads\/sites\/131\/2015\/05\/diario-de-la-mirada.jpg\" alt=\"\" width=\"160\" height=\"254\" \/><\/a><\/p>\n<p>En \u2018Diario de una mirada\u2019 Bernard No\u00ebl re\u00fane un conjunto de anotaciones de estructura cercana al aforismo datadas entre 1970 y 1983, l\u00ednea a l\u00ednea, a\u00f1o a a\u00f1o. El t\u00edtulo parece apuntar al paisaje cambiante extendido ante los ojos, im\u00e1genes que podr\u00edan capturarse en dibujos o fotograf\u00edas. Pero ninguna imagen se desliza por las p\u00e1ginas del libro. \u00bfHar\u00e1 entonces el poeta pintura y registro de lo visible con las palabras de su lengua? Nueva negativa. Hay que tomarse el t\u00edtulo con literalidad: el sujeto de observaci\u00f3n es la propia mirada, el trabajo de los ojos, y sin ning\u00fan complemento directo, indirecto o circunstancial. Lo que se mira, ese rinc\u00f3n particular del mundo, no interesa al escritor. Es la mirada enfatizada y congelada el centro absoluto de sus anotaciones, depuradas como reflexiones abiertas, tentativas, a veces dubitativas: \u201cLa vista parece inseparable de lo que le da ocasi\u00f3n: siempre miramos a alguien o algo. Mirar solo nuestra propia vista, \u00bfes sensato?\u201d.<\/p>\n<p>Sensato o insensato, No\u00ebl prolonga su aventura con terca insistencia. Para la exploraci\u00f3n cuenta con su cercan\u00eda a la palabra po\u00e9tica, portadora de exactitud y concisi\u00f3n; y con ella fuerza al lenguaje, m\u00e1s all\u00e1 de sus l\u00edmites comunicativos, para recorrer ese trayecto misterioso que fluye desde los objetos del mundo hacia las im\u00e1genes que se forman en nuestros ojos a las puertas del espacio interior del pensamiento. De los riesgos de ese trayecto nos avisa No\u00ebl en su \u00faltima anotaci\u00f3n: \u201cNo existe ninguna palabra para expresar la semejanza entre la vista, que est\u00e1 en lo visible, y la visi\u00f3n mental, que est\u00e1 en lo invisible\u201d.<\/p>\n<p>Las ayudas y complicidades las busca No\u00ebl en quienes han dejado registro de los caminos y trabajos de la mirada: ante todo en los pintores, pero tambi\u00e9n en los fot\u00f3grafos, de los que dice que ejercen \u201cuna mirada sobre la mirada\u201d. No le interesa la pintura como el simple ejercicio de la semejanza o desemejanza entre el mundo y su representaci\u00f3n ic\u00f3nica. Su reflexi\u00f3n va mucho m\u00e1s all\u00e1: \u201cLa pintura es un objeto mental que me obliga a verlo con su propia mirada, es decir liber\u00e1ndolo de sus referentes para verlo seg\u00fan la visi\u00f3n del pintor. Mi pensamiento entra entonces en lo que en \u00e9l fue pensado. Tarea infinita, porque este objeto no es ni un acta, ni la clave de una verdad a la que pueda darme acceso. No, no es m\u00e1s que \u00e9l mismo: la huella de un pensamiento que me hace pensar\u201d. Los pintores van salpicando los p\u00e1rrafos: Vermeer \u2013\u201cun rel\u00e1mpago blanco lo atraviesa todo\u201d-, Matisse, Magritte, Ingres, junto con artistas franceses de la \u00e9poca, menos conocidos. En otros casos el recurso gen\u00e9rico a la tarea del pintor enciende en la cabeza del lector ejemplos al margen del libro. As\u00ed, en el apunte \u201cciertas cosas pintadas iluminan a quien las mira; otras no hacen m\u00e1s que recordarle sus nombres. Las primeras est\u00e1n liberadas de s\u00ed mismas; las segundas est\u00e1n encadenadas a su identidad\u201d, \u00bfno apuntar\u00e1 la mente del lector con esos objetos \u201cliberados de s\u00ed mismo\u201d hacia las botellas y vasijas desnudas de Giorgio Morandi?<\/p>\n<p><a href=\"\/voc-migration\/endpointsite\/wp-content\/uploads\/sites\/131\/2015\/05\/Giorgio-Morandi.jpg\"><img loading=\"lazy\" class=\"alignnone size-full wp-image-216\" title=\"Giorgio Morandi\" src=\"\/voc-migration\/endpointsite\/wp-content\/uploads\/sites\/131\/2015\/05\/Giorgio-Morandi.jpg\" alt=\"\" width=\"241\" height=\"209\" \/><\/a><\/p>\n<p>Ante esa pureza e inmaterialidad del objeto en el que centra la atenci\u00f3n, el diario disuelve la temporalidad, no se agarra a la \u00e9poca en que fue escrito. Si acaso, alguna diatriba que lanza sobre la sociedad de consumo, apropiada a su fecha de 1981: \u201cEn el universo del consumo, las cosas, las verdaderas cosas, no son m\u00e1s que im\u00e1genes (\u2026) Al final, solo consumiremos naturalezas muertas\u201d. Tambi\u00e9n el estilo desnudo y sint\u00e9tico del autor se hace eco de otros escritores franceses contempor\u00e1neos que seguramente le acompa\u00f1aron e iluminaron en su formaci\u00f3n: la compresi\u00f3n r\u00edtmica de Roland Barthes, las estrategias de Gilles Deleuze, la porf\u00eda profunda de Jacques Derrida. Pero el combate decisivo se libra en un trabajo que linda con lo po\u00e9tico en su exploraci\u00f3n de los l\u00edmites de la raz\u00f3n y de lo decible, para lo cual No\u00ebl utiliza todo tipo de recursos. Incluso hasta un guion cinematogr\u00e1fico, \u2018Una vez los dioses\u2019, una pel\u00edcula que \u201cdramatiza el espacio de la mirada a fin de hacerlo perceptible\u201d. No parece que se rodara.<\/p>\n<p>Al final todo queda en manos del lector, al que ya Miguel Casado previene de que este diario es \u201cajeno a la an\u00e9cdota\u201d. Un lector paciente y dilatado, que repase y atraviese las p\u00e1ginas sin vocaci\u00f3n de clausura ni de conquista, en busca de perlas como esta: \u201cLos espejos nos fascinan porque alivian a las cosas de su materia y nos las proponen tal como pasan por nuestros ojos\u201d.<\/p>\n<p>(publicado en La sombra del cipr\u00e9s el 9 de mayo de 2015)<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>La obra de Bernard No\u00ebl (Sainte-Genevi\u00e8ve-sur-Argence, 1930) se ha difundido a cuentagotas en nuestro pa\u00eds. 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