{"id":30,"date":"2012-02-11T12:55:21","date_gmt":"2012-02-11T12:55:21","guid":{"rendered":"http:\/\/blogs.elnortedecastilla.es\/hoyempiezatodo\/?p=30"},"modified":"2012-02-11T12:55:21","modified_gmt":"2012-02-11T12:55:21","slug":"la-venecia-de-henry-de-regnier","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/blogs.elnortedecastilla.es\/hoyempiezatodo\/2012\/02\/11\/la-venecia-de-henry-de-regnier\/","title":{"rendered":"La Venecia de Henry de R\u00e9gnier"},"content":{"rendered":"<p align=\"center\">\n<p style=\"text-align: left;\" align=\"center\">Henri de R\u00e9gnier fue un escritor franc\u00e9s que public\u00f3 cuentos, poemas, novelas y art\u00edculos en la franja que cruza del siglo XIX al XX. Acumul\u00f3 lectores y m\u00e9ritos, fue elegido miembro dela Acad\u00e9miefran\u00e7aise, aprovech\u00f3 la vida que tuvo entre 1864 y 1936 hasta que el efecto difuminador del tiempo le encerr\u00f3, como a tantos otros, como a casi todos, en las bibliotecas del pasado. Fue. \u00bfFue? Algo especial penetr\u00f3 y dejo en su obra, un resorte resistente al olvido, una presencia que devolver\u00eda la vida a sus p\u00e1ginas en cuanto unos ojos se ocuparan de sus palabras: Venecia.<a href=\"\/voc-migration\/endpointsite\/wp-content\/uploads\/sites\/131\/2012\/02\/Venezia-Jul-10-259.jpg\"><img loading=\"lazy\" class=\"alignnone size-medium wp-image-33\" title=\"Venezia Jul 10 259\" src=\"https:\/\/blogs.elnortedecastilla.es\/hoyempiezatodo\/files\/2012\/02\/Venezia-Jul-10-259-300x200.jpg\" alt=\"\" width=\"300\" height=\"200\" srcset=\"https:\/\/static-blogs.elnortedecastilla.es\/wp-content\/uploads\/sites\/131\/2012\/02\/Venezia-Jul-10-259-300x200.jpg 300w, https:\/\/static-blogs.elnortedecastilla.es\/wp-content\/uploads\/sites\/131\/2012\/02\/Venezia-Jul-10-259-768x512.jpg 768w, https:\/\/static-blogs.elnortedecastilla.es\/wp-content\/uploads\/sites\/131\/2012\/02\/Venezia-Jul-10-259.jpg 1024w\" sizes=\"(max-width: 300px) 100vw, 300px\" \/><\/a><\/p>\n<p>En \u2018La altana\u2019, editada primorosamente por Cabaret Voltaire hace un par de meses, Henri de R\u00e9gnier confiesa en sus primeras p\u00e1ginas que escribir sobre Venecia coloca al escritor bien cerca del riesgo, y tal vez tambi\u00e9n del rid\u00edculo. La colecci\u00f3n abundant\u00edsima de plumas ilustres que le han precedido (y los que le seguir\u00e1n en los cien a\u00f1os siguientes a su empe\u00f1o, y en los cien que ir\u00e1n despu\u00e9s de esta edici\u00f3n\u2026) hace que su aportaci\u00f3n pueda pasar completamente desapercibida, cuando no amenazada o hundida por comparaciones inevitables. Nada de ello frena al autor, porque lo que \u00e9l quiere ofrecer bajo un impulso irresistible que tambi\u00e9n salpicar\u00e1 el resto de sus obras, es algo que solo \u00e9l atesora: su \u201cvida veneciana\u201d, con la que precisamente subtitula \u2018La altana\u2019: \u201cEl recuerdo tiene sus caprichos, y me someter\u00e9 a sus fantas\u00edas. Las dejar\u00e9 unirse, entrelazarse, separarse, encontrarse con el ejemplo de los canales de la ciudad inextricable. No escribo una historia, ni una novela, ni una gu\u00eda\u201d.<\/p>\n<p>\u00bfQu\u00e9 escribe, pues, R\u00e9gnier? Una biograf\u00eda. Una biograf\u00eda veneciana, la del autor envuelto en la ciudad, penetrado por ella y sumergido en ella en sus visitas espaciadas y regulares en las que permanece buenas temporadas, un mes, dos, sin ning\u00fan objetivo ni suceso importante m\u00e1s que el de estar, el de hacerse con el devenir de los d\u00edas, el de recibir. Una biograf\u00eda cuyo centro es el cruce de la ciudad con el anhelo abierto del escritor.<\/p>\n<p>La obra comienza con el alumbramiento de la relaci\u00f3n, la llegada despistada del autor en una noche oto\u00f1al de1899 ala estaci\u00f3n de tren, su traslado silencioso en una g\u00f3ndola al palacio Dario y el desvelamiento en la noche, que le hace vagar por el palacio hasta que unos pelda\u00f1os que conducen a la parte alta le franquean la salida a la altana, una peque\u00f1a terraza de madera sobre el tejado que todav\u00eda conservan muchas casas en Venecia. All\u00ed recoge, como un ser que se abre a la vida, el silencio de la noche, el murmullo del agua, la penetraci\u00f3n de los olores, \u201cla respiraci\u00f3n de la hechicera dormida y el vivo suspiro de su belleza\u201d. Algo acaba de posarse sobre el escritor en esa terraza privilegiada, una segunda piel en la que vivir\u00e1 una existencia paralela, fuente de gran literatura.<\/p>\n<p>En los sucesivos cap\u00edtulos, cuidadosamente fechados, esa pasi\u00f3n inicial va tomando el ritmo de un cuerpo en desarrollo. Llegan las primeras revelaciones, como el sello de una infancia que marca la sensibilidad virgen. Luego la gripe juvenil, que postra al escritor durante largos d\u00edas en una alta estancia palaciega, en la que atrapa la luz cambiante de los horas, el silencio, las voces de los vendedores \u2013 \u201c\u00a1La bell\u2019uva, la bell\u2019uva\u201d!-, hasta la nueva conquista de la calle que le espera fielmente. Irrumpen despu\u00e9s, en viajes que se suceden a\u00f1o tras a\u00f1o, casi siempre en su querido oto\u00f1o de la ciudad barrida de turistas, las francachelas de la juventud, las tertulias en el caf\u00e9 Florian \u201cdebajo del Chino\u201d, las exploraciones gozosas de palacios y anticuarios, e incluso la breve fundaci\u00f3n de un domicilio propio: con otros compa\u00f1eros de vida y fervor veneciano se instala en el palacio Vendramin ai Carmini (no confundir con el suntuoso Vendramin del Gran Canal, advierte R\u00e9gnier), que alquilan en estado casi ruinoso y en el que la prosa admirable del escritor va vistiendo con sus ropajes hist\u00f3ricos y decorativos, con sus fantasmas, con las humedades y tinieblas que casi devoran a los ef\u00edmeros moradores. Tambi\u00e9n hay tiempo m\u00e1s reposado para ir estrechando lazos con los venecianos ilustres, Canaletto, Longhi, Guardi, Tintoretto, Tiepolo. Llega por fin la madurez, y con ella las enojosas obligaciones que torpedean las pasiones, y hace que el escritor se aleje durante once a\u00f1os de sus oto\u00f1os enla Laguna, sin dejar de a\u00f1orarlos, record\u00e1ndolos en el jard\u00edn de Versalles que se llama precisamente \u2018La peque\u00f1a Venecia\u2019, tambi\u00e9n en la colecci\u00f3n de objetos que pueblan su casa de Par\u00eds.<\/p>\n<p>Por fin, en 1924, emprende R\u00e9gnier la \u00faltima etapa del camino, una vuelta lenta y temerosa, con miedo a sentir \u201cque nosotros ya no somos lo que fuimos\u201d, un nosotros que se extiende desde \u00e9l y sus camaradas a su amada ciudad, golpeada por la guerra, tal vez vieja y hura\u00f1a. Cuando el tren se lanza por el estrecho puente dela Laguna, percibe desde el vag\u00f3n \u201cese olor que ya no se olvida, ese olor en el que revive para m\u00ed todo un pasado, ese olor a la vez herboso, pantanoso y marino, el olor dela Laguna, el olor de Venecia\u201d. Y all\u00ed deja una \u00faltima y emocionada estancia, repetida y a la vez distinta, cargada de recuerdos y sin embargo necesitada de tiempo en marcha para saborear los d\u00edas que ya, definitivamente, van a tener la cortedad y la incertidumbre de la senectud, pero tambi\u00e9n su serenidad y su sabidur\u00eda, obligado a \u201cfijar, como dentro de un espejo, los reflejos de ese pasado cuyas im\u00e1genes vivas sobreviven a la ceniza de los a\u00f1os muertos\u201d.<\/p>\n<p>Quien ha tenido la fortuna de pasar en Venecia algo m\u00e1s que una breve visita tur\u00edstica, sabe de la capacidad de absorci\u00f3n que ejerce sobre el visitante. Venecia no deja sitio nada m\u00e1s que a s\u00ed mismo y ala Lagunaque la rodea, formando un cosmos autosuficiente e inagotable marcado por el exceso de arte e historia que roza la hipertrofia. R\u00e9gnier fue, es, testigo sembrado de esa manera de vivir y de estar en un tiempo de cien a\u00f1os atr\u00e1s que, excluyendo las cifras apabullantes del turismo, permanece casi intocado en la geograf\u00eda y en la atm\u00f3sfera veneciana. Con ello teje \u2018La altana\u2019, y tambi\u00e9n la otra obra editada hace dos a\u00f1os por Cabaret Voltaire con la misma finura y exigencia que esta \u2013y el mismo traductor especializado, Juan Jos\u00e9 Delgado Gelabert-. En \u2018Venecia\u2019 re\u00fane una colecci\u00f3n exquisita de relatos en los que se da forma ficcional a las vivencias de la biograf\u00eda, m\u00e1s una peque\u00f1a colecci\u00f3n de pasajes, dejando un cruce de resonancias y alusiones muy jugoso que hace que estas dos obras no se pierdan en la mara\u00f1a de las dedicadas a la ciudad, y escalen muy justamente los primeros lugares de la lista.<\/p>\n<p>(publicado en &#8220;La sombra del cipr\u00e9s&#8221; el 11 de febrero de 2012)<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Henri de R\u00e9gnier fue un escritor franc\u00e9s que public\u00f3 cuentos, poemas, novelas y art\u00edculos en la franja que cruza del siglo XIX al XX. 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