{"id":320,"date":"2016-12-10T10:35:11","date_gmt":"2016-12-10T10:35:11","guid":{"rendered":"http:\/\/blogs.elnortedecastilla.es\/hoyempiezatodo\/?p=320"},"modified":"2016-12-10T10:35:11","modified_gmt":"2016-12-10T10:35:11","slug":"los-libros-del-rey-sapor","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/blogs.elnortedecastilla.es\/hoyempiezatodo\/2016\/12\/10\/los-libros-del-rey-sapor\/","title":{"rendered":"Los libros del rey Sapor"},"content":{"rendered":"<p>Gore Vidal dedic\u00f3 una larga novela a reconstruir el tiempo del emperador romano Juliano el Ap\u00f3stata. Su eje narrativo se apoya en unos supuestos diarios del emperador guardados por un preceptor suyo, Prisco del Epiro, testigo de su muerte en la campa\u00f1a contra el ej\u00e9rcito persa del rey Sapor, en el a\u00f1o 363. La posterior muerte de este rey persa, en el a\u00f1o 380, la conoce Prisco por una carta de Libanio, profesor de ret\u00f3rica griega: \u201cEl Gran Rey de Persia, Sapor, finalmente ha muerto. Hab\u00eda pasado los ochenta a\u00f1os y rein\u00f3 la mayor parte de su vida. Es una extra\u00f1a coincidencia que el rey que mat\u00f3 a nuestro querido Juliano muriese precisamente cuando nosotros estamos por reivindicar su memoria. Una vez se me dijo que Sapor hab\u00eda le\u00eddo mi \u2018Vida de Dem\u00f3stenes\u2019, y que la admiraba. Qu\u00e9 maravillosos son los libros, cruzan mundos y siglos, derrotan la ignorancia y, finalmente, incluso al tiempo cruel\u201d. Libros que saltan por encima del campo de batalla, que derrotan a la ignorancia y al tiempo. \u00bfCabe mayor elogio, mayor pasi\u00f3n?<\/p>\n<p><a href=\"\/voc-migration\/endpointsite\/wp-content\/uploads\/sites\/131\/2016\/12\/juliano.jpg\"><img loading=\"lazy\" class=\"alignnone size-full wp-image-321\" title=\"juliano\" src=\"\/voc-migration\/endpointsite\/wp-content\/uploads\/sites\/131\/2016\/12\/juliano.jpg\" alt=\"\" width=\"120\" height=\"199\" \/><\/a><\/p>\n<p>\u2018Juliano el Ap\u00f3stata\u2019 es uno de esos libros que derrotan al tiempo. Desde su publicaci\u00f3n en 1964 no ha dejado de reeditarse y permanece fresco y vivo en las librer\u00edas. Claro que la estanter\u00eda que ocupa est\u00e1 en continua pugna comercial y editorial. La disputan esos libros de tapas duras con portadas que imitan las inscripciones romanas en piedra, organizados en sagas de entregas sucesivas. En las promociones de grandes superficies f\u00edsicas o digitales es f\u00e1cil encontrar al brit\u00e1nico Simon Scarrow, que cuenta con trece libros de su serie \u2018\u00c1guila\u2019. O a la australiana Colleen McCullough, que tras su \u00e9xito de \u2018El p\u00e1jaro espino\u2019 ha encadenado siete vol\u00famenes de la serie \u2018Masters of Roma\u2019. El detective Gordiano el Sabueso ya ha investigado quince casos firmados por Steven Saylor. Y sin traspasar fronteras tenemos al valenciano Santiago Posteguillo, con trilog\u00edas dedicadas a Escipi\u00f3n el Africano y a Trajano. De esta acaba de salir la \u00faltima entrega, \u2018La legi\u00f3n perdida\u2019.<\/p>\n<p>Todav\u00eda tendr\u00e1n que pasar varias cribas estas obras de actualidad para merecer la atenci\u00f3n del rey Sapor. \u00bfY si volvemos la vista atr\u00e1s, a los or\u00edgenes del g\u00e9nero? En el siglo XIX triunfaron varias novelas sobre la \u00e9poca cl\u00e1sica romana cuyo entrelazamiento fue decantando un canon propio: \u2018Los \u00faltimos d\u00edas de Pompeya\u2019, de Edward Bulwer-Lytton, 1834; \u2018Fabiola\u2019, del cardenal Nicholas Wiseman, 1854; \u2018Ben-Hur\u2019, de Lewis Wallace, 1880; \u2018Quo Vadis\u2019, del polaco Henryk Sienkiewicz, 1896\u2026 Su popularidad se multiplic\u00f3 con la atenci\u00f3n que les prest\u00f3 el naciente cinemat\u00f3grafo. En 1925 Fred Niblo dirigi\u00f3 un \u2018Ben-Hur\u2019 mudo de m\u00e1s de dos horas de duraci\u00f3n, con la tr\u00edada de productores m\u00e1s famosa de la historia: Louis B. Mayer, Samuel Goldwyn e Irving Thalberg, jud\u00edos al servicio de una narraci\u00f3n cristiana. Con su dinero se rod\u00f3 la batalla naval en el mar de Livorno, y una carrera de cuadrigas observada por 42 c\u00e1maras. Como ayudante de direcci\u00f3n figuraba William Wyler, que en 1959, ascendido a director de prestigio, realiz\u00f3 una nueva y triunfante versi\u00f3n. Antes se hab\u00edan sucedido \u00e9xitos que no desde\u00f1aban la calidad bajo las firmas de Cecil B. de Mille, Nicholas Ray, Mankiewicz o Stanley Kubrick. Pero con \u2018La ca\u00edda del Imperio Romano\u2019 el g\u00e9nero reflej\u00f3 especularmente su propia decadencia, alargada en las secuelas italianas del p\u00e9plum, o en s\u00e1tiras brit\u00e1nicas del tipo de \u2018La vida de Brian\u2019 de los Monty Python. La \u00faltima versi\u00f3n de \u2018Ben-Hur\u2019, meses atr\u00e1s, ha pasado sin pena ni gloria a pesar de su espectacular aliento digital.<\/p>\n<p>\u00bfY, entonces, los libros del rey Sapor? M\u00e1s que las versiones cinematogr\u00e1ficas que los realcen, habr\u00eda que contar para su elecci\u00f3n con la vida renovada de sus ediciones; y con la confianza de los lectores que se transmiten unos a otros su existencia y contenido, casi como aquellos hombres biblioteca que memorizaban las palabras en la versi\u00f3n de Fran\u00e7ois Truffaut de \u2018Fahrenheit 451\u2019. \u2018Juliano el Ap\u00f3stata\u2019 ha pasado esos filtros, indudablemente. \u2018Yo, Claudio\u2019, publicado por Robert Graves en 1934, ser\u00eda otro t\u00edtulo inesquivable en este g\u00e9nero que mezcla reconstrucci\u00f3n e imaginaci\u00f3n del mundo cl\u00e1sico romano. Es lo que anota Gore Vidal en el pr\u00f3logo de su obra: \u201cSi bien he escrito una novela, y no una obra hist\u00f3rica, intent\u00e9 respetar los hechos modificando solo ocasionalmente algunas cosas\u201d. A ese quicio de fidelidad al pasado y creatividad narrativa dedica Robert Graves un cap\u00edtulo entero, con el di\u00e1logo entre Polio, historiador pegado a los hechos, y Livio, escritor m\u00e1s atento a la fuerza literaria de lo que describe. Este \u00faltimo centra as\u00ed la disputa: \u201c\u00bfY si al servir a la causa de la verdad admitimos que nuestros reverenciados antepasados fueron cobardes, mentirosos y traidores? \u00bfQu\u00e9 sucede entonces?\u201d<\/p>\n<p><a href=\"\/voc-migration\/endpointsite\/wp-content\/uploads\/sites\/131\/2016\/12\/yo-claudio.jpg\"><img loading=\"lazy\" class=\"alignnone size-full wp-image-323\" title=\"yo, claudio\" src=\"\/voc-migration\/endpointsite\/wp-content\/uploads\/sites\/131\/2016\/12\/yo-claudio.jpg\" alt=\"\" width=\"180\" height=\"280\" \/><\/a><\/p>\n<p>Marguerite Yourcenar, autora de otro de esos libros indestructibles, \u2018Memorias de Adriano\u2019, de 1950, anota en sus diarios paralelos a la elaboraci\u00f3n de la novela: \u201cUn pie sobre la erudici\u00f3n, otro sobre la magia, o m\u00e1s exactamente y sin met\u00e1fora, sobre esa \u2018magia simp\u00e1tica\u2019 que consiste en transportarse mentalmente al interior de otro\u201d. Ese es el gran reto literario que une subterr\u00e1neamente a estas novelas: introducirse en el interior de ese personaje en el que converge la sociedad romana y el poder que la controla: Juliano, Claudio, Adriano. Su soledad la condensa Marguerite Yourcenar en un fragmento de una carta de Flaubert: \u201cCuando los dioses ya no exist\u00edan y Cristo no hab\u00eda aparecido a\u00fan, hubo un momento \u00fanico, desde Cicer\u00f3n hasta Marco Aurelio, en que solo estuvo el hombre\u201d.<\/p>\n<p><a href=\"\/voc-migration\/endpointsite\/wp-content\/uploads\/sites\/131\/2016\/12\/memorias-de-adriano1.jpg\"><img loading=\"lazy\" class=\"alignnone size-full wp-image-324\" title=\"memorias de adriano\" src=\"\/voc-migration\/endpointsite\/wp-content\/uploads\/sites\/131\/2016\/12\/memorias-de-adriano1.jpg\" alt=\"\" width=\"179\" height=\"282\" \/><\/a><\/p>\n<p>A\u00f1adir\u00eda un cuarto nombre a esta lista de mandatarios del tiempo solitario: C\u00e9sar Augusto. Y un cuarto libro para la literatura que los imagina: \u2018El hijo de C\u00e9sar\u2019, de John Williams, que con esta obra gan\u00f3 el National Book Award en 1973. C\u00e9sar es dibujado en la novela desde distintos flancos por personajes cercanos: amigos, rivales, familiares, historiadores, hasta llegar a las \u00faltimas p\u00e1ginas \u2013sim\u00e9tricas a las primeras de \u2018Memorias de Adriano\u2019 con la serena soledad que anticipa la muerte-, en las que C\u00e9sar Augusto revela aquello que le permiti\u00f3 conservar el poder sin desgastarse en grandes enfrentamientos: \u201cNunca me pareci\u00f3 prudente que los dem\u00e1s conocieran lo que mi coraz\u00f3n guarda\u201d. Y sobre el desaf\u00edo de penetrar en ese espacio reservado se erige la imaginaci\u00f3n de los autores de estos libros amados por un rey persa.<\/p>\n<p><a href=\"\/voc-migration\/endpointsite\/wp-content\/uploads\/sites\/131\/2016\/12\/el-hijo-de-cesar.jpg\"><img loading=\"lazy\" class=\"alignnone size-full wp-image-325\" title=\"el hijo de cesar\" src=\"\/voc-migration\/endpointsite\/wp-content\/uploads\/sites\/131\/2016\/12\/el-hijo-de-cesar.jpg\" alt=\"\" width=\"181\" height=\"278\" \/><\/a><\/p>\n<p>(publicado en <em>La sombra del cipr\u00e9s,<\/em> el s\u00e1bado 10 de diciembre de 2016)<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Gore Vidal dedic\u00f3 una larga novela a reconstruir el tiempo del emperador romano Juliano el Ap\u00f3stata. Su eje narrativo se apoya en unos supuestos diarios del emperador guardados por un preceptor suyo, Prisco del Epiro, testigo de su muerte en la campa\u00f1a contra el ej\u00e9rcito persa del rey Sapor, en el a\u00f1o 363. 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