{"id":38,"date":"2012-03-04T11:21:24","date_gmt":"2012-03-04T11:21:24","guid":{"rendered":"http:\/\/blogs.elnortedecastilla.es\/hoyempiezatodo\/?p=38"},"modified":"2012-03-04T11:21:24","modified_gmt":"2012-03-04T11:21:24","slug":"recuerdos-para-el-tiempo-futuro","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/blogs.elnortedecastilla.es\/hoyempiezatodo\/2012\/03\/04\/recuerdos-para-el-tiempo-futuro\/","title":{"rendered":"Recuerdos para el tiempo futuro"},"content":{"rendered":"<p align=\"center\"><strong><br \/>\n<\/strong><\/p>\n<p>Dec\u00eda Evelyn Waugh que solo cuando se ha perdido toda curiosidad por el futuro llega la edad de escribir las memorias o la autobiograf\u00eda. En la reciente ceremonia de los Oscar se ha premiado a dos pel\u00edculas que han dirigido su c\u00e1mara hacia los primeros tiempos del cine. Una, \u2018The artist\u2019, la m\u00e1s galardonada, lo hace con decisi\u00f3n absoluta y monocrom\u00e1tica encarn\u00e1ndose en una cinta muda, y adhiri\u00e9ndose adem\u00e1s a los hechos que m\u00e1s l\u00e1grimas provocaron a esa etapa, la llegada del sonoro que la liquid\u00f3 para siempre, a pesar del empe\u00f1o de Michel Hazanavicius: para siempre. Y la otra, \u2018La invenci\u00f3n de Hugo\u2019, vuelve sobre nombres capitales del nacimiento del cinemat\u00f3grafo, bien que envuelta en una potencia estereosc\u00f3pica de la imagen que, aunque so\u00f1ada desde el siglo XIX, solo muy recientemente ha llegado a las pantallas.<\/p>\n<p>\u00bfEs el cine que alcanza su ancianidad y que, como Hal, el ordenador de \u20182001, una odisea del espacio\u2019, recuerda las canciones de su infancia antes de culminar su agon\u00eda? \u00bfO es, m\u00e1s sencillamente, una recuperaci\u00f3n de las fuerzas labradas en el pasado para encarar el futuro, un futuro abierto a las nuevas tecnolog\u00edas y a su p\u00fablico renovado?<\/p>\n<p>\u201cEl tiempo no ha sido amable con las pel\u00edculas viejas\u201d, dice un personaje de la pel\u00edcula de Martin Scorsese. La parte industrial del cine nunca ha tenido miramientos con la ya explotado y consumido. Que se lo digan al ahora homenajeado Buster Keaton, que desde finales de los veinte se qued\u00f3 m\u00e1s de treinta a\u00f1os como recuerdo borroso y protagonista extra\u00f1o de un poema de Rafael Alberti. Pero en la otra cara de esa desmemoria encontramos que ning\u00fan arte, salvo tal vez la cercana fotograf\u00eda, tiene una documentaci\u00f3n de partida mejor conservada que el cinemat\u00f3grafo: la prehistoria de sus artilugios, el feliz d\u00eda de los Inocentes de 1895, las cintas de Edison con su kinetoscopio, la disputa por el invento de los hermanos Lumi\u00e8re y los hermanos Skladanowski\u2026 Otro asunto es la profundidad a que reposan esos vestigios, y qui\u00e9n se ocupa de mantenerlos con vida y circulaci\u00f3n. El bastardo cinematogr\u00e1fico nunca ha merecido los honores de la planificaci\u00f3n educativa. Quien quiera saber de \u00e9l debe realizar un curso totalmente autodidacta. Y aunque hoy en d\u00eda Internet hace de gran memoria del universo, ya sabemos que es una biblioteca sin bibliotecario, seg\u00fan la temida pesadilla borgiana. As\u00ed que volver sobre alguno de los nombres ilustres de los comienzos adopta tintes de operaci\u00f3n rescate.<\/p>\n<p>La mirada hacia atr\u00e1s de Scorsese se detiene en Georges M\u00e9li\u00e8s, que dej\u00f3 de hacer cine hace cien a\u00f1os, y no por el estallido dela Gran Guerra, como se dice en la pel\u00edcula, sino por la triunfante competencia de nuevas formas de narraci\u00f3n y negocio. Su triunfo fue tan fulminante como su arrinconamiento, pero no le cubri\u00f3 el olvido porque el cine se sigui\u00f3 haciendo con sus descubrimientos y logros. As\u00ed que cuando alguien le reconoci\u00f3 quince a\u00f1os despu\u00e9s del cierre de sus estudios tras el mostrador de la tienda de chucher\u00edas que su mujer ten\u00eda en la estaci\u00f3n de Montparnasse, fue f\u00e1cil envolverlo en homenajes y visitar su cine, lo mismo que ahora hace Scorsese volviendo a localizarlo, cien a\u00f1os despu\u00e9s de su primera desaparici\u00f3n, en el mismo mostrador.<\/p>\n<p>Los homenajes tienen a veces tanto de buena voluntad como de humo pasajero. Por la pel\u00edcula de Scorsese desfilan como citas fulgurante im\u00e1genes y artefactos pioneros, adem\u00e1s de apariciones de Django Reinhardt, Charles Chaplin, James Joyce, Judex o Harold Lloyd. Con esa levedad apenas si da tiempo a percibir la extra\u00f1eza que siempre transmiten las primeras cintas de los Lumi\u00e8re, agitando la desorientaci\u00f3n del espectador sobre el estatuto de realidad de una locomotora (la brillante secuencia del ferrocarril sali\u00e9ndose de la v\u00eda y estrell\u00e1ndose contra la fachada de la estaci\u00f3n ha desempolvado la fotograf\u00eda real del hecho).<\/p>\n<p>El mundo de M\u00e9li\u00e8s es mostrado por la c\u00e1mara que franquea la entrada de su estudio acristalado de Montreuil, donde elabor\u00f3 la mayor\u00eda de sus producciones. De repente el universo plano que domina en sus im\u00e1genes se multiplica con la nueva tridimensionalidad, las peceras que ba\u00f1aban las escenas acu\u00e1ticas con una simple superproducci\u00f3n se separan de actores y decorados y dejan ver el truco rudimentario, como tambi\u00e9n le sucede a la parada de c\u00e1mara, la a\u00f1agaza con la que los cuerpos de los lun\u00e1ticos estallaban\u00a0 en cuanto se les atizaba con un paraguas. Pero detr\u00e1s de estas an\u00e9cdotas, tra\u00eddas con amor, se esconde la asombrosa y perdurable potencia de M\u00e9li\u00e8s, que no es otra que el aterrizaje de la magia y la metamorfosis en su universo, dotado ya para siempre de las leyes f\u00edsicas que antes simulaba el mago con sus trucos en el escenario del teatro Robert Houdin. Ahora las damas desaparecen de verdad, las cabezas se separan de los cuerpos, se multiplican para encaramarse en las corcheas de una partitura silenciosa. La pantalla funda su propia realidad, su tiempo enroscado y su espacio sin gravedad, y el espectador adicto volver\u00e1 una y otra vez a instalarse en ese mundo desafiante.<\/p>\n<p>Esa ambici\u00f3n demi\u00fargica es el gran legado de M\u00e9li\u00e8s, renovado siempre que se contempla una de sus obras, en las que tambi\u00e9n se advierte la causa de su fracaso y posterior ruina, que no es otra que su incapacidad para poner sus prodigiosos recursos al servicio de una narraci\u00f3n que los absorba, objetivo que s\u00ed alcanz\u00f3 el cine americano culminado en Griffith. Viendo ahora a M\u00e9li\u00e8s en 3D, es inevitable trasladar a Scorsese los interrogantes de la primac\u00eda de la narraci\u00f3n sobre sus mimbres, de la mutua articulaci\u00f3n. Y tal vez las reflexiones que suscita M\u00e9li\u00e8s no deban ser ajenas al examen del 3D, tir\u00f3n repentino de taquilla al tiempo que obst\u00e1culo innegable para recursos tan necesarios como la percepci\u00f3n del encuadre, la puesta en escena, la escala del plano o el fuera de campo. Preguntas urgentes para un futuro que llega a lomos de la veloz locomotora que emprendi\u00f3 su viaje en 1895.<\/p>\n<p>(publicado en &#8220;La sombra del cipr\u00e9s&#8221; el 3 de marzo de 2012)<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Dec\u00eda Evelyn Waugh que solo cuando se ha perdido toda curiosidad por el futuro llega la edad de escribir las memorias o la autobiograf\u00eda. En la reciente ceremonia de los Oscar se ha premiado a dos pel\u00edculas que han dirigido su c\u00e1mara hacia los primeros tiempos del cine. 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