{"id":39,"date":"2012-03-24T17:26:05","date_gmt":"2012-03-24T17:26:05","guid":{"rendered":"http:\/\/blogs.elnortedecastilla.es\/hoyempiezatodo\/?p=39"},"modified":"2012-03-24T17:26:05","modified_gmt":"2012-03-24T17:26:05","slug":"hay-mananas-tan-tristes","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/blogs.elnortedecastilla.es\/hoyempiezatodo\/2012\/03\/24\/hay-mananas-tan-tristes\/","title":{"rendered":"Hay ma\u00f1anas tan tristes&#8230;"},"content":{"rendered":"<p>De Henriette Binger quedan pocos rastros de vida, en contraste con la grandeza de su monumento funerario. Nacida en1893, alos veinte a\u00f1os se casa con Louis Barthes, un oficial dela Armadafrancesa que muere enla GranGuerra.Aun as\u00ed tiene ocasi\u00f3n de celebrar el nacimiento de su primer hijo, Roland, en 1915, y de plantar la semilla del segundo, Michel. La joven viuda se traslada a Bayona, donde sus hijos cursan los primeros estudios, y m\u00e1s tarde a Par\u00eds. A diferencia de Michel, Roland permanece para siempre al lado de su madre, no funda otra casa ni familia, ni siquiera en sus estancias en Alejandr\u00eda y Bucarest como lector de franc\u00e9s. Henriette muere el 25 de octubre de 1977. Al d\u00eda siguiente Roland Barthes comienza a escribir notas en cuartillas sueltas, convenientemente fechadas, que no publica en los dos a\u00f1os y medio que sobrevive a su madre (muere tras ser atropellado frente ala Sorbona). En 2009 se publican esas notas con el nombre de \u2018Diario de duelo\u2019.<\/p>\n<p align=\"center\">*\u00a0\u00a0 *\u00a0\u00a0 *\u00a0\u00a0 *<\/p>\n<p>\u201cUn amigo acaba de perder a un ser querido y quiero expresarle mi condolencia. Me pongo a escribirle espont\u00e1neamente una carta. Sin embargo las palabras que se me ocurren no me satisfacen: son \u2018frases\u2019: hago \u2018frases\u2019 con lo m\u00e1s afectivo de mi mismo\u201d. Roland Barthes imagina esta situaci\u00f3n en el Pr\u00f3logo a sus \u2018Ensayos cr\u00edticos\u2019 para examinar el problema de c\u00f3mo trasladar al mensaje la sinceridad del dolor. El lenguaje, el pobre, vulgar y trillado lenguaje, proporciona f\u00f3rmulas que sirven para lo contrario de lo que se intenta transmitir: la condolencia, el sentimiento, el calor. De una carta de p\u00e9same solo se recoge distancia y fr\u00edo. Tras una larga y delicada hilatura, Barthes concluye: \u201cQuien quiera escribir con exactitud debe pues trasladarse a las fronteras del lenguaje, y es as\u00ed como escribir\u00e1 verdaderamente para los dem\u00e1s\u201d.<\/p>\n<p align=\"center\">*\u00a0\u00a0 *\u00a0\u00a0 *\u00a0\u00a0 *<\/p>\n<p>Encerrado en su apartamento parisino, cercado por la \u201cpresencia de la ausencia\u201d de su madre, Roland Barthes comienza a dar vueltas literarias a su dolor. En las notas va desgranando las sensaciones de los d\u00edas: el vac\u00edo en que se sumerge, \u201cel departamento est\u00e1 caliente, mullido, iluminado, limpio. Lo hago as\u00ed, con energ\u00eda, devoci\u00f3n (lo gozo con amargura): a partir de ahora y para siempre soy mi propia madre\u201d. Tambi\u00e9n las dimensiones de la p\u00e9rdida, \u201cDurante meses, fui su madre. Es como si hubiera perdido a mi hija (\u00bfhay dolor mayor?)\u201d.<\/p>\n<p align=\"center\">*\u00a0\u00a0 *\u00a0\u00a0 *\u00a0\u00a0 *<\/p>\n<p>Las golondrinas que llenan el cielo en una tarde de verano recuerdan al ensayista el retorno de lo ido, un retorno que nunca va a alcanzar a su madre en la estrechez de esta \u00fanica vida. \u201c\u00a1Que barbarie no creer en las almas \u2013en la inmortalidad de las almas!, \u00a1qu\u00e9 imb\u00e9cil verdad es el materialismo!\u201d. Pero no se resigna a que se disuelva lo que su madre dej\u00f3 dentro de \u00e9l, \u201cla suavidad, la energ\u00eda, la nobleza, la bondad\u201d. Desde sus primeros escritos semiol\u00f3gicos y estructuralistas, tan acad\u00e9micos, Roland Barthes ha ido poblando sus libros de una ins\u00f3lita y heterodoxa subjetividad. Ahora solo quiere tejer su obra con lo que le constituye y desborda: la aflicci\u00f3n, la p\u00e9rdida y su tierno continente de amor: \u201cVivo sin ninguna preocupaci\u00f3n por la posteridad, sin ning\u00fan deseo de ser le\u00eddo m\u00e1s tarde, ning\u00fan deseo de \u2018monumento\u2019 \u2013pero no puedo soportar que sea as\u00ed para mam\u00e1 (tal vez porque ella no escribi\u00f3 y porque su recuerdo depende completamente de m\u00ed)\u201d.<\/p>\n<p align=\"center\">*\u00a0\u00a0 *\u00a0\u00a0 *\u00a0\u00a0 *<\/p>\n<p>La suerte est\u00e1 echada. Roland Barthes pone su obra futura al servicio del recuerdo de su madre: \u201cMe es necesario (bien lo siento as\u00ed) hacer ese libro alrededor de mam\u00e1. Hacer \u2018reconocer\u2019 a mam\u00e1. Para m\u00ed, el Monumento no es lo durable, lo eterno (mi doctrina es demasiado profundamente la de Todo pasa: las tumbas tambi\u00e9n mueren), es un acto, un activo que hace reconocer\u201d.<\/p>\n<p align=\"center\">*\u00a0\u00a0 *\u00a0\u00a0 *\u00a0\u00a0 *<\/p>\n<p>Y, \u00bfc\u00f3mo extraer a su madre de la intimidad dolorosa? \u00bfD\u00f3nde encontrarla, c\u00f3mo situarla en las p\u00e1ginas de un libro sin neutralizarla con las rutinas del pobre y recorrido lenguaje? \u201cIntegrar mi aflicci\u00f3n a una escritura\u201d, se propone Barthes. Otra vez el problema, por fin verdadero, que \u00e9l hab\u00eda analizado en el campo de la teor\u00eda. Tiene en la boca el sentimiento puro e intransitivo para caminar hacia las \u201cfronteras del lenguaje\u201d, y la senda que va desbrozando es, sorprendentemente, la de la fotograf\u00eda. La raz\u00f3n es sencilla e inmediata: en una vieja foto de la infancia de su madre la descubre con plenitud parad\u00f3jica, pues es un tiempo y un cuerpo que no conoci\u00f3.<\/p>\n<p align=\"center\">*\u00a0\u00a0 *\u00a0\u00a0 *\u00a0\u00a0 *<\/p>\n<p>\u201cFoto del Jard\u00edn de Invierno: busco desesperadamente decir el sentido evidente. (Foto: impotencia de decir lo que es evidente. Nacimiento de la literatura)\u201d. Y s\u00ed, nace la literatura, o el ensayo, o lo que sea ese texto inclasificable que es \u2018La c\u00e1mara l\u00facida\u2019, publicado pocas semanas antes de su muerte. Un texto indirecto, un rizo que sue\u00f1a con guardar entre sus circunloquios lo que queda del afecto materno, sin mostrarlo, sin decirlo. Solo atesorarlo, ce\u00f1irlo con delicadeza y depositarlo dentro de ese Monumento.<\/p>\n<p align=\"center\">*\u00a0\u00a0 *\u00a0\u00a0 *\u00a0\u00a0 *<\/p>\n<p>\u201cUna foto es siempre invisible: no es a ella a quien vemos\u201d. En esa afirmaci\u00f3n tajante y excesiva, lanzada al comienzo de la obra, se anuda su atenci\u00f3n al Referente, \u201cla cosa necesariamente real que ha sido colocada ante el objetivo y sin la cual no habr\u00eda fotograf\u00eda\u201d. La teor\u00eda que sigue a ese punto de partida desemboca en lo que m\u00e1s importa al autor, la tensi\u00f3n entre la presencia y la ausencia abrochada en la c\u00e9lebre f\u00f3rmula sobre la esencia de la fotograf\u00eda: \u201cEsto ha sido\u201d. Un discurso general en el que vibra la herida individual, que \u201ccertificaba para m\u00ed, ut\u00f3picamente, la ciencia imposible del ser \u00fanico\u201d.<\/p>\n<p align=\"center\">*\u00a0\u00a0 *\u00a0\u00a0 *\u00a0\u00a0 *<\/p>\n<p>Tal es el legado, el Monumento. Acaso la obra m\u00e1s influyente que se ha escrito sobre la fotograf\u00eda, tecleada por unas manos que nunca sostuvieron con dedicaci\u00f3n una c\u00e1mara. O sobre lo que era hace treinta a\u00f1os la fotograf\u00eda, antes del vuelco digital que ha tra\u00eddo otra cosa, dif\u00edcil, cuando no imposible, de integrar con el texto de Barthes. Pero \u00e9l no escrib\u00eda para la posteridad. Acaba el ensayo, y cierra el Diario: \u201cHay ma\u00f1anas tan tristes\u2026\u201d.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>De Henriette Binger quedan pocos rastros de vida, en contraste con la grandeza de su monumento funerario. 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