{"id":42,"date":"2012-04-21T15:02:13","date_gmt":"2012-04-21T15:02:13","guid":{"rendered":"http:\/\/blogs.elnortedecastilla.es\/hoyempiezatodo\/?p=42"},"modified":"2012-04-21T15:02:13","modified_gmt":"2012-04-21T15:02:13","slug":"cronicas-del-triunfo-y-de-la-oscuridad","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/blogs.elnortedecastilla.es\/hoyempiezatodo\/2012\/04\/21\/cronicas-del-triunfo-y-de-la-oscuridad\/","title":{"rendered":"Cr\u00f3nicas del triunfo y de la oscuridad"},"content":{"rendered":"<p>Hay obras que nacen, tal vez sin saberlo, como testimonios reconocibles y profundos de la sociedad en que se gestaron, de la que acaban siendo un espejo indirecto, tal vez m\u00e1s fiable que el frontal y anal\u00edtico. Cuando Robert Louis Stevenson escribi\u00f3 \u2018El extra\u00f1o caso del Dr. Jekyll y Mr. Hyde\u2019 no sospechaba que un siglo despu\u00e9s iba a ser le\u00edda como reflejo exacto de la esquizofrenia victoriana, que por debajo de su respetabilidad absoluta escond\u00eda en los cuartos traseros todo tipo de transgresiones de la moral oficial. Tampoco importa mucho si Fritz Lang sab\u00eda de las lecturas premonitorias del nazismo que se encontraban en su saga sobre el doctor Mabuse, o si Dorothea Lange tuvo conciencia en el momento de disparar su m\u00e1quina ante la madre sobre la que se acurrucan sus hijos de que estaba edificando el icono por excelencia dela GranDepresi\u00f3n.Por encima de todas estas obras pas\u00f3 el tiempo, y en vez de difuminar sus contornos, los fij\u00f3 con m\u00e1s fuerza y los asent\u00f3 sobre una colectividad y una \u00e9poca.<\/p>\n<p>De esta sociedad que nos ha tocado vivir se dice cada vez con m\u00e1s insistencia que es el \u00faltimo eslab\u00f3n de una \u00e9poca, que estamos ante un modelo que se agota sin que sepamos vislumbrar alternativas que de cualquier forma la necesidad gestar\u00e1 e impondr\u00e1. En las fronteras de la posmodernidad y el poscapitalismo, en la ya larga decadencia de una estructura econ\u00f3mica que peri\u00f3dicamente presenta crisis cardiacas hasta que la \u00faltima la destruya, ciertas obras van reflejando las grietas profundas de la sociedad que las alberga, mostrando los efectos que su ideolog\u00eda sustentadora puede provocar, esa ideolog\u00eda que organiza a sus miembros verticalmente en busca del triunfo a trav\u00e9s de su mejor bot\u00edn, el dinero. En esta escala de valores el camino hacia la cumbre supone cada vez m\u00e1s el sacrificio de parcelas personales: el amor, la familia, la amistad, la tierra, el cultivo \u00edntimo. En la otra cara, la inseguridad y la fragilidad de las convicciones engendran miedo al diferente, al otro, y explota en patolog\u00edas con cr\u00edmenes horrorosos como el que aterroriz\u00f3 a Noruega este verano, que en estos d\u00edas ha vuelto a la actualidad con los gestos enloquecidos de su autor frente al jurado y las v\u00edctimas.<\/p>\n<p>Lleva tiempo el cine haciendo hueco a estos discursos sobre el hombre dual contempor\u00e1neo, el que busca o encarna el triunfo pero que paga su esfuerzo con soledad y extra\u00f1amiento que linda con la locura. Hay obras que encuentran el cauce en ra\u00edces antiguas, profundas e irrenunciables, casi atemporales, como es el caso, para entendernos, de David Lynch \u2013\u2018Cabeza borradora\u2019, \u2018Carretera perdida\u2019, \u2018Mulholland Drive\u2019- o de los mejores Von Trier, o las primeras obras de Atom Egoyan, m\u00e1s antropol\u00f3gicas que sociales. Otros, como Gus Van Sant en su trilog\u00eda sobre la adolescencia \u2013\u2018Elephant\u2019, \u2018Paranoid Park\u2019 y \u2018Last Days\u2019- han sabido reflejar indirectamente el desconcierto que trae la ausencia de gu\u00edas rectoras en los a\u00f1os de formaci\u00f3n, con esos j\u00f3venes protagonistas incapaces de valorar sus actos.<\/p>\n<p>Pero tal vez habr\u00eda que retroceder al comienzo de los noventa para encontrar dos narraciones que acertaron en la configuraci\u00f3n testimonial de sus personajes centrales, y se postularon como germinadoras de muchas otras obras. Si queremos atrapar un aut\u00e9ntico hito del malestar de nuestros d\u00edas convendr\u00eda volver la vista hacia \u2018El silencio de los corderos\u2019, de Jonathan Demme, un producto fundacional constantemente revisado en televisi\u00f3n (hace pocos d\u00edas la emiti\u00f3 la primera cadena en hora punta). En ella el \u00fanico ser capaz de dar con las claves para combatir a un asesino en serie que desolla a sus v\u00edctimas es Hannibal Lecter, un h\u00e9roe salv\u00edfico que tras su inteligencia y su delicada pasi\u00f3n por Florencia yla VariacionesGoldbergesconde las fauces de un can\u00edbal que la pel\u00edcula exhibe sin pudor. De su repercusi\u00f3n sale una cadena atroz de cuerpos mutilados y mentes pervertidas pero excelsas, muy explotada comercialmente, que brilla especialmente en la desquiciada \u2018Seven\u2019 de un David Fincher que luego se ha serenado en obras notables; con otro balance art\u00edstico tambi\u00e9n alcanza al Michel Haneke m\u00e1s intolerable, el de su doble (inexplicable reiteraci\u00f3n) \u2018Funny Games\u2019.<\/p>\n<p>La otra obra contempor\u00e1nea de la de Demme, en esta anotaci\u00f3n de la patolog\u00eda que puede esconder el triunfo del vac\u00edo, es \u2018American Psycho\u2019, la novela que Bret Easton Ellis escribi\u00f3 a los veintiocho a\u00f1os, en la que retrata a Patrick Bateman, un broker neoyorquino que reduce su universo a la marca de los objetos que le rodean, o que le visten o alimentan. Todo son nombres, etiquetas y prestigio social, competencia de estilo ce\u00f1ida a la superficie, mientras en el interior el agujero inmenso se va llenando de todas las negruras imaginables del sexo y la mutilaci\u00f3n, que invaden y perturban el relato hasta confundirlo con un delirio. Un caso extremo y repulsivo que sin embargo en su epidermis es perfectamente reconocible.<\/p>\n<p>Yendo a la actualidad, hace poco ha cerrado su ciclo en la gran pantalla una obra que enlaza perfectamente con las anteriores: \u2018Shame\u2019, segunda pel\u00edcula del brit\u00e1nico Steve McQueen tras \u2018Hunger\u2019, in\u00e9dita en nuestro pa\u00eds. Como Patrick Bateman, su protagonista Brandon vive solo en el centro de Manhattan, en un moderno apartamento poblado de objetos exquisitos con unas grandes vistas tras los cristales (la m\u00fasica que distingue su intimidad tambi\u00e9n es las Variaciones Goldberg). Es apol\u00edneo, sabe imponerse con suavidad a un camarero atolondrado o guardar las distancias en una juerga con los compa\u00f1eros de oficina. Su cuerpo pulido, su rostro estudiado, sus ropas bien cortadas son su mejor presentaci\u00f3n, y su \u00fanico resumen. Pero de nuevo ese exterior brillante, ejemplar en cuanto que marca el horizonte de los miembros de una sociedad, arrastra la cruz del sacrificio de cualquier parcela \u00edntima y de toda ligaz\u00f3n al pasado. El presente perpetuo en pos del ascenso deja otra vez un vac\u00edo interior que solo puede ser ocupado por la pulsi\u00f3n y el deseo ciego. Brandon \u00fanicamente es capaz de acercarse al otro a trav\u00e9s del sexo, del sexo estricto y repetido: prostitutas, canales de Internet, y tambi\u00e9n la masturbaci\u00f3n obsesiva en forma de autonegaci\u00f3n. No hay lugar para ninguna ternura, ni piedad, ni por supuesto amor o amistad. Todo ha sucumbido bajo su disciplina laboral, en pos de un mundo modelado por la publicidad y aparentemente envidiable.<\/p>\n<p>Este es el ser que construye \u2018Shame\u2019, y el tiempo dir\u00e1 si esta an\u00e9cdota particular se convierte en una captura excepcional y al tiempo ejemplar. Cuenta con una puesta en escena a la altura de lo representado: planos est\u00e1ticos llenos de tensi\u00f3n, asombrosamente largos; travellings virtuosos que obligan al espectador a unirse a Brandon en sus carreras por la ciudad; y una interpretaci\u00f3n de Michael Fassbender soberbia, entregada. Pel\u00edcula intensa, importante si estas l\u00edneas aciertan en su adjudicaci\u00f3n de testigo de su tiempo, de muestra de una enfermedad social que resquebraja a sus m\u00e1s exitosos miembros. Con ella se puede salvar la advertencia de una estrofa de Talking Heads que \u2018American Psycho\u2019 anotaba en su encabezamiento: \u201cY mientras las cosas se ca\u00edan a pedazos \/ nadie prestaba mucha atenci\u00f3n\u201d.<\/p>\n<p>(publicado en La sombra del Cipr\u00e9s, 21-4-2012)<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Hay obras que nacen, tal vez sin saberlo, como testimonios reconocibles y profundos de la sociedad en que se gestaron, de la que acaban siendo un espejo indirecto, tal vez m\u00e1s fiable que el frontal y anal\u00edtico. 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