{"id":49,"date":"2012-07-07T16:38:52","date_gmt":"2012-07-07T16:38:52","guid":{"rendered":"http:\/\/blogs.elnortedecastilla.es\/hoyempiezatodo\/?p=49"},"modified":"2012-07-07T16:38:52","modified_gmt":"2012-07-07T16:38:52","slug":"cuadernos-de-lo-otro","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/blogs.elnortedecastilla.es\/hoyempiezatodo\/2012\/07\/07\/cuadernos-de-lo-otro\/","title":{"rendered":"Cuadernos de lo otro"},"content":{"rendered":"<p>Nunca he encontrado un buen acomodo para las revistas en los estantes de la biblioteca. Su tama\u00f1o las impide amigarse con los libros que les llegan por la cintura y que dejan un vac\u00edo enorme por encima de sus cabezas, aut\u00e9ntico pecado de ordenaci\u00f3n en las paredes de estos pisos siempre exiguos. P\u00f3nganse donde se pongan, las revistas estorban, ya sea apiladas en montones de dif\u00edcil exploraci\u00f3n, ya sujetas a una verticalidad que su esqueleto no resiste; acaban por deformarse, escurrirse, torcerse y caerse. Qu\u00e9 tentaci\u00f3n de papelera cercana, nunca culminada por ese prurito generacional que no permite tirar p\u00e1ginas encuadernadas o dejar comida en el plato.<\/p>\n<p>Pero acabo de rescatar (qu\u00e9 dignidad recupera ahora este verbo) los vol\u00famenes de \u2018Un \u00e1ngel m\u00e1s\u2019, y en el tr\u00e1nsito no he recogido ninguno de estos viejos rencores. All\u00ed estaban bien derechos en sus tapas duras de cuaderno vetusto, arm\u00f3nicos en el intercambio de colores de sus lomos, dignos como el primer d\u00eda, discretos en su austero dise\u00f1o. Elevados por encima de su tiempo veinticinco a\u00f1os atr\u00e1s, compartiendo la eternidad y un d\u00eda de sus compa\u00f1eros de estante.<\/p>\n<p>Eternos, y sin rehusar a lo que est\u00e1n obligados a ser: un estrato geol\u00f3gico del profundo suelo literario, un corte horizontal en la memoria de escritura de esta ciudad. Pues \u2018Un \u00e1ngel m\u00e1s\u2019 nace en Valladolid, aqu\u00ed vive y se alimenta, y en Valladolid muere, tambi\u00e9n de una enfermedad con gran arraigo local. Solo tres a\u00f1os de existencia, que arrancan con la entusiasta proclama de su primera entrega, un pr\u00f3logo en\u00e9rgico, ben\u00e9ficamente excesivo, promisorio de desvelos y afanes, entregado a la entrega. Lo suscribe un grupo cuyas individualidades apenas si se han perfilado, que todav\u00eda se necesitan como una red que les proteja de la ca\u00edda de las alturas que tantean. En uno de los n\u00fameros en que se anota la trayectoria de los participantes, frente al grueso curr\u00edculo de invitados ilustres algunos solo llegan a su primer t\u00edtulo; de otro se anota escuetamente: \u201cEs pintor\u201d. Oponen al escaso y ligero equipaje el tiempo ardiente por llegar, y a \u00e9l prometen aplicarse, dicen, con la tenacidad de los buzos que bajan al fondo del mar en busca de esponjas.<\/p>\n<p>Dios, y qu\u00e9 esponjas nos suben desde el mundo silencioso de la creaci\u00f3n: Simone Weil, Paul Celan, Ren\u00e9 Magritte, Emily Dickinson, Andrei Tarkovski\u2026, aires nuevo que entran por las ventanas de una ciudad todav\u00eda insuficientemente ventilada. Pero las ventanas no solo reciben el exterior sino que tambi\u00e9n se abren a \u00e9l, y el grupo del que solo citar\u00e9 a sus directores, Gustavo Mart\u00edn Garzo, Carlos Ortega y Miguel Su\u00e1rez, ofrece al alim\u00f3n sus frutos y creaciones, apoyados en maestros que ya llevaban fertilizando el suelo muchos a\u00f1os: Jos\u00e9 Jim\u00e9nez Lozano, Francisco Pino, Mar\u00eda Zambrano, Agust\u00edn Garc\u00eda Calvo.<\/p>\n<p>En ese juego de intercambios se instalan las p\u00e1ginas de la revista, en la que tambi\u00e9n se cuela el reflejo de la cotidianeidad, como esas veladas literarias que se celebraban enla Casa Revilla, \u2018Un golpe de dados\u2019, y que albergaron por ejemplo a Jaime Gil de Biedma en el final de su carrera y de su vida, o a Leopoldo Mar\u00eda Panero en la flor de su locura, qu\u00e9 pavorosa sesi\u00f3n. Y qu\u00e9 decir de la leve publicidad que asoma por alg\u00fan ejemplar: el n\u00famero 40 de \u2018Veneno\u2019, \u2018Los Infolios\u2019, \u2018Libros de la peonza\u2019\u2026 nombres sembrados hasta ayer mismo.<\/p>\n<p>Una vida corta que ahora se resuelve en un balance que enorgullece, en la que hubo tiempo y finura para ir decantando una \u00f3ptica de mirada oblicua sobre los grandes focos culturales, ajena al relumbr\u00f3n y al academicismo, y exploradora de v\u00edas de tr\u00e1nsito nuevas. Qu\u00e9 mejor ejemplo que esa presencia indirecta de Pascal y Wittgenstein a trav\u00e9s del testimonio de sus hermanas Gilberte y Hermine. O ese n\u00famero que prefiero sobre los dem\u00e1s, dedicado \u00edntegramente a fragmentos de diarios personales, confrontados en los \u201cdel lado de all\u00e1\u201d y los m\u00e1s cercanos \u201cdel lado de ac\u00e1\u201d. Este delicioso picoteo de una intimidad a otra se inicia con una curiosa nota de Mar\u00eda Zambrano en la que cuenta, con su tono de pureza y modestia, el rechazo que suscitaba entre la gente notable la apertura de sus diarios y cuadernos de trabajo: \u201cCambiaban al instante su supuesto inter\u00e9s por la m\u00e1s real de las decepciones. No, no era eso. Se desilusionaban ante unos cuadernos que, en efecto, no eran ni ten\u00edan eso, sino lo otro\u201d. Pues vida larga y bien erguida en los estantes a esa otredad, que honra a sus promotores, a la ciudad que tuvo la suerte de acogerla y a los lectores que podemos seguir frecuent\u00e1ndola.<\/p>\n<p>(publicado en <em>La sombra del cipr\u00e9s<\/em>\u00a0el 7 de julio de 2012)<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Nunca he encontrado un buen acomodo para las revistas en los estantes de la biblioteca. 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