{"id":602,"date":"2019-03-16T16:10:39","date_gmt":"2019-03-16T16:10:39","guid":{"rendered":"https:\/\/blogs.elnortedecastilla.es\/hoyempiezatodo\/?p=602"},"modified":"2019-03-16T16:10:39","modified_gmt":"2019-03-16T16:10:39","slug":"mi-familia-japonesa","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/blogs.elnortedecastilla.es\/hoyempiezatodo\/2019\/03\/16\/mi-familia-japonesa\/","title":{"rendered":"Mi familia japonesa"},"content":{"rendered":"<p>El reciente estreno de <em>Roma<\/em>, aunque fuese en el discutible y dom\u00e9stico formato que impuso la despiadada Netflix, dej\u00f3 en las rese\u00f1as de peri\u00f3dicos y revistas numerosos testimonios de evocaci\u00f3n, de reconocimiento. Alfonso Cuar\u00f3n, su director, hab\u00eda construido la pel\u00edcula con sus recuerdos profundos de infancia, con fogonazos de su casa y de su familia, m\u00e1s el personaje clave de la criada que le cuid\u00f3, y a la que qued\u00f3 indisolublemente unido. Tras muchas tardes de introspecci\u00f3n el director supo trenzar un guion en el que la capa visible, la punta del iceberg, es solamente la superficie de un entramado profundo en el que el espectador se instala casi sin saberlo, y en el que resucitan misteriosamente las vivencias personales, en una complicidad entre existencias sin paralelismos n\u00edtidos. Cada cual se emociona con algo de lo que por all\u00ed discurre y las resonancias que le trae: tal vez con las voces de la calle, ese vendedor de miel que pregona por las aceras su mercanc\u00eda; con los perros sueltos, en la casa pero tambi\u00e9n por la ciudad, que van dejando un rastro de carreras y excrementos; o la m\u00fasica popular que vomitan las radios y los murmullos cantarines de la gente; los cines en los que las parejas buscan la oscuridad del beso. Tambi\u00e9n con esa vida de padre ausente en la que las tensiones sobrevuelan el ambiente sin mostrarse con claridad, enrareciendo las presencias, amenazando los afectos. Es una \u00f3ptica la de Cuar\u00f3n que devuelve al espectador a la infancia, a su infancia, por m\u00e1s que no haya vivido en una casa tan amplia y lujosa, por m\u00e1s que no haya tenido criadas ind\u00edgenas portadoras de otra mirada y otro silencio. Una \u00f3ptica, y una est\u00e9tica, pues las im\u00e1genes se ba\u00f1an de esa fotograf\u00eda irresistible en blanco y negro, y de una puesta en escena que multiplica los resortes y las incitaciones desde la negaci\u00f3n de un foco narrativo \u00fanico. <em>Roma<\/em> funciona como una variante art\u00edstica de la anamnesis plat\u00f3nica, ese recuerdo involuntario que no sabemos si procede de nuestra biograf\u00eda, pero que estalla y nos arrebata sin defensa posible.<br \/>\nClaro que a las calles mexicanas viajamos con la facilidad de la cercan\u00eda cultural, del entra\u00f1amiento mutuo. Tambi\u00e9n con el idioma com\u00fan y diverso en sus matices, por m\u00e1s que unos est\u00fapidos y protestados subt\u00edtulos quisieran allanar la riqueza del castellano de ambas orillas (ese <em>estar de encargo<\/em> para apuntar al embarazo, sin ir m\u00e1s lejos). M\u00e1s dif\u00edcil parece el aterrizaje en el Jap\u00f3n contempor\u00e1neo que nos propone Hirokazu Kore-eda en <em>Un asunto de familia<\/em>. Una cultura radicalmente lejana, un idioma masticado en gargantas inimitables, cuerpos que no se rozan ni manos que nunca se estrechan, contenci\u00f3n de gestos y voces\u2026 Y sin embargo yo he vivido en esas calles de Tokio (o de la imprecisa ciudad japonesa donde discurre la acci\u00f3n), he conocido a esa familia, s\u00e9 de los lazos que la sustentan, de la geograf\u00eda dom\u00e9stica que habitan. De nuevo, como en la pel\u00edcula de Cuar\u00f3n, la infancia resurge tras <em>Un asunto de familia<\/em> e invade la mente con visiones, sensaciones, olores, rastros de vivencias que solo esperan la incitaci\u00f3n c\u00f3mplice del gran arte narrativo. Mi infancia recuperada, en par\u00e1frasis de la de Fernando Savater, es la de los a\u00f1os cincuenta o sesenta en una calle de la Cuenca minera asturiana, a la que llegaban familias de todas partes en pos del trabajo abundante de la miner\u00eda y la industria sider\u00fargica. Gentes que se acomodaban como pod\u00edan en el escaso h\u00e1bitat urbano disponible, que convert\u00edan una vivienda de pisos en una poblada colmena de vasos comunicantes. Familias a las que forzosamente bastaba una habitaci\u00f3n con acceso a una cocina, que compart\u00edan con otras el \u00fanico retrete del pasillo. Espacios dom\u00e9sticos que desconoc\u00edan la privacidad, que nunca cerraban la puerta, que estaban en \u00f3smosis continua. Lazos de pareja que se desvanec\u00edan en la cercan\u00eda promiscua, pir\u00e1mides verticales de abuelos, t\u00edos, sobrinos, en confusi\u00f3n dif\u00edcil de deslindar con esas nominaciones precisas y te\u00f3ricas. Cuando hoy llega esa palabra nueva,<em> poliamor<\/em>, pienso que ya estaba inventada sin conocimiento de sus usuarios en esos conglomerados humanos que ensayaban relaciones y afectos que desbordaban todos los c\u00e1nones de las estructuras familiares. Y sin especiales dramatismos ni estridencias, sin desgarros ni tragedias. La vida se ajustaba a sus carencias y necesidades inmediatas, y apenas hab\u00eda espacio ni tiempo m\u00e1s all\u00e1 de un presente fluido en el que ganarse la subsistencia diaria.<br \/>\nHay una palabra asturiana en mi ra\u00edz que ci\u00f1e ese mundo pret\u00e9rito: <em>apetigu\u00f1ao<\/em>. La encuentro de nuevo, reinante, en la vivienda familiar de la pel\u00edcula de Hirokazu Kore-eda. All\u00ed han ido llegando, en migraciones sucesivas y desordenadas, ni\u00f1os, adultos, una anciana que detenta la titularidad de la casa. Y se instalan como pueden en un espacio que tan pronto es un amplio dormitorio de suelos mullidos, como un comedor al estilo japon\u00e9s en el que se sorben en cuclillas, o tumbados, caldos calientes y tallarines con gran satisfacci\u00f3n comunal. Surgen rincones donde los ni\u00f1os juegan con los pocos tesoros que tienen, una linterna, bolas, tebeos, o trasteros a los que van a parar todo tipo de cachivaches. No se sabe de v\u00e1ter o servicio m\u00e1s all\u00e1 de una ducha de manguera en un rinc\u00f3n. La vivienda es adem\u00e1s una isla inexplicada entre edificios de gran altura, una excepci\u00f3n a la que nadie presta atenci\u00f3n, ocupada por una familia, o lo que sea: no est\u00e1n claros los v\u00ednculos de consanguineidad entre unos y otros, aunque de los ni\u00f1os se sabe que llegaron all\u00ed desde otros n\u00facleos familiares. Pero s\u00ed hay algo que une y sella: el afecto, la ayuda, la preocupaci\u00f3n por los dem\u00e1s. La atm\u00f3sfera de ese <em>apetigu\u00f1amiento<\/em> humano est\u00e1 penetrada y ba\u00f1ada por el amor, por la atenci\u00f3n espont\u00e1nea, por la b\u00fasqueda de la risa. Bastan unas croquetas, unos tallarines, o el resplandor lejano de unos fuegos artificiales  para entrelazar a unos con otros. La escena de la playa, en la que estalla la luz y se multiplica la felicidad, es la culminaci\u00f3n de ese afecto. \u201cEs mejor la familia que escoges que aquella en la que naces\u201d, viene a decir Naboyu (la madre, interpretada por Ando Sakura con su sonrisa inolvidable). En su inspirada f\u00e1bula <em>Las cosmic\u00f3micas<\/em>, Italo Calvino describe el instante naciente del universo como un grupo humano recogido en un espacio tan reducido que no es m\u00e1s que un punto. En esa cercan\u00eda absoluta se dan relaciones de afecto, encontronazos, risas y codazos que los protagonistas, cuando el universo se expanda, nunca olvidar\u00e1n. Una concentraci\u00f3n c\u00f3smica que linda con la que muestra la pel\u00edcula japonesa<br \/>\nSi la rememoraci\u00f3n de Cuar\u00f3n se materializaba en una mirada vertical y jer\u00e1rquica sobre la familia, la de Kore-eda se instala sobre un vector horizontal, una allanamiento que no deslinda v\u00ednculos ni lazos. En los interiores de Yasujiro Ozu se instalaba una c\u00e1mara est\u00e1tica a la altura de los ojos, una c\u00e1mara necesariamente baja por la posici\u00f3n reclinada de los japoneses sentados sobre el tatami. Ozu no respetaba el raccord de mirada, esa convenci\u00f3n que orienta espacialmente al espectador en toda la cinematograf\u00eda occidental, y ello produc\u00eda una sensaci\u00f3n de h\u00e1bitat sin direcci\u00f3n ni jerarqu\u00eda, un espacio uniforme y abstracto en el que la dramatizaci\u00f3n se vehiculaba por canales distintos a la confrontaci\u00f3n f\u00edsica o visual. Kore-eda instala esa gesti\u00f3n del espacio del maestro Ozu en la peculiar vivienda de su familia. Crea un \u00e1mbito en el que es dif\u00edcil la orientaci\u00f3n f\u00edsica, pero a cambio intensifica las relaciones, los sentimientos, los afectos, precisamente en una cultura como la japonesa que distancia f\u00edsicamente a sus miembros. Como dice Juanma Ruiz en su cr\u00edtica en <em>Caim\u00e1n Cuadernos de cine<\/em>, \u201cel cineasta deja que sean los encuadres, y no la consanguineidad, los que establezcan los v\u00ednculos familiares\u201d.<br \/>\nLuego, cuando el precario reducto se derrumbe, la polic\u00eda tratar\u00e1 de sembrar la sospecha y el desenga\u00f1o entre sus miembros a fin de diluir los lazos que la vertebraban, aunque el ni\u00f1o seguir\u00e1 musitando \u201cpap\u00e1\u201d ante quien en su d\u00eda ocup\u00f3 ese papel de gu\u00eda y afecto. La vivienda sin embargo no resiste la p\u00e9rdida de sus habitantes, de su presente c\u00e1lido. Una de las chicas vuelve al final a ella, corre las puertas y solo encuentra abandono, fr\u00edo, oscuridad. Es lo que, al otro lado de la pantalla, nos pasa cuando retornamos a los lugares de la infancia y no logramos restituirlos ni por asomo a su plenitud original y definitivamente esfumada. La \u00fanica forma de recuerdo f\u00edsico y sentimental que merece la pena ejercer es la que nos proporciona el arte. Basta con enfrentar <em>Roma<\/em>, y <em>Un asunto de familia<\/em>, para confirmar una vez m\u00e1s esa certeza.<br \/>\n(publicado en El Cuaderno digital el 15 de febrero de 2019)<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>El reciente estreno de Roma, aunque fuese en el discutible y dom\u00e9stico formato que impuso la despiadada Netflix, dej\u00f3 en las rese\u00f1as de peri\u00f3dicos y revistas numerosos testimonios de evocaci\u00f3n, de reconocimiento. 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