{"id":606,"date":"2019-03-16T16:21:06","date_gmt":"2019-03-16T16:21:06","guid":{"rendered":"https:\/\/blogs.elnortedecastilla.es\/hoyempiezatodo\/?p=606"},"modified":"2019-03-16T16:21:06","modified_gmt":"2019-03-16T16:21:06","slug":"cuatro-disparos-sobre-vivian-maier","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/blogs.elnortedecastilla.es\/hoyempiezatodo\/2019\/03\/16\/cuatro-disparos-sobre-vivian-maier\/","title":{"rendered":"Cuatro disparos sobre Vivian Maier"},"content":{"rendered":"<p><a href=\"https:\/\/static-blogs.elnortedecastilla.es\/wp-content\/uploads\/sites\/131\/2019\/03\/Vivian-Maier.jpg\"><img loading=\"lazy\" src=\"https:\/\/static-blogs.elnortedecastilla.es\/wp-content\/uploads\/sites\/131\/2019\/03\/Vivian-Maier.jpg\" alt=\"vivian-maier\" width=\"275\" height=\"183\" class=\"alignnone size-full wp-image-607\" \/><\/a><\/p>\n<p>El 8 de mayo de 2013 la sala de exposiciones de San Benito presentaba la primera muestra en Espa\u00f1a de Vivian Maier. No era una desconocida. Los medios de comunicaci\u00f3n daban cuenta desde un par de a\u00f1os antes del hallazgo de 100.000 negativos de una fot\u00f3grafa de Chicago que nunca hab\u00eda mostrado una imagen en p\u00fablico. Las fotos de San Benito compon\u00edan un recorrido callejero de gran calidad, en la tradici\u00f3n de Helen Lewitt, Diane Arbus o Robert Frank, pero el inter\u00e9s se desplazaba inevitablemente hacia la autora. \u00bfQui\u00e9n era Vivian Maier, por qu\u00e9 hizo lo que hizo? Seis a\u00f1os despu\u00e9s se expone otra colecci\u00f3n suya en el Patio Herreriano: \u2019El autorretrato y su doble\u2019. En todas las im\u00e1genes se hace presente su cuerpo, expl\u00edcito o proyectado hacia su sombra. \u00bfQui\u00e9n era Vivian Maier?<br \/>\n<strong>Los autorretratos<\/strong><br \/>\nSe calcula que un 30% de sus negativos son autorretratos. Miles y miles, toda una vida busc\u00e1ndose en cualquier superficie reflectante, un espejo, una chapa, un escaparate. Muchos artistas la hab\u00edan precedido en el gesto de mirarse. Rembrandt pint\u00f3 su rostro en un centenar de ocasiones, dejando un registro sutil de su paso por la vida, de su tristeza y progresivo envejecimiento. Un enigma m\u00ednimo comparado con la mole infinita de Vivian Maier, que repite una y otra vez la extra\u00f1a ceremonia: plantada ante su reflejo, dispara la Rolleiflex colgada a la altura de su vientre mientras lanza la mirada hacia un m\u00e1s all\u00e1 impreciso desde unos ojos algo estr\u00e1bicos. En el juego de espejos que resulta ella es imagen de una imagen, y en bastantes casos multiplicada: una bandeja la refleja desde un escaparate mientras el cristal recoge otro contorno que envuelve a aquel como un juego de mu\u00f1ecas rusas. Pero lo que el espectador recibe es bien distinto: una c\u00e1mara que le apunta, empu\u00f1ada por una mujer de rostro enigm\u00e1tico, r\u00edgida, con vestimenta espartana. Estrella de Diego, en su libro \u2018Yo soy otro\u2019, se preguntaba por la vigencia de la idea del \u201cespectador a salvo\u201d. El espejo es el principal enemigo de ese espectador protegido, como demostr\u00f3 Michel Foucault en su c\u00e9lebre an\u00e1lisis de Las Meninas. Ese espejo que invade, interroga, desorienta, y que aqu\u00ed nos devuelve a la fot\u00f3grafa confirm\u00e1ndola en su rareza, rompiendo lo representado con su corpach\u00f3n asexuado. Ni siquiera nos deja tranquilos en su foto rutinaria de ba\u00f1ista: la basura y la soledad la rodean en la playa. Es una desconocida que se esconde tras el objetivo de su c\u00e1mara, despoj\u00e1ndonos de nuestra condici\u00f3n de espectador. \u201c\u00bfVemos, o nos ven?\u201d, preguntaba Foucault.<br \/>\n<strong>El documental<\/strong><br \/>\nEn 2007 un joven historiador de Chicago, John Maloof, compr\u00f3 en una subasta una caja con negativos por algo m\u00e1s de 300 d\u00f3lares. No encontr\u00f3 ninguna referencia de su autora hasta que en 2009 se enter\u00f3 de su fallecimiento. Alguien le alert\u00f3 de la val\u00eda art\u00edstica de las im\u00e1genes y comenz\u00f3 a buscar otros materiales suyos, hasta hacerse con un gran alijo, y no solo de fotograf\u00edas. Un documental que codirigi\u00f3 con Charlie Siskel, \u2018Finding Vivian Maier\u2019, nominado para los Oscar en 2013, da cuenta en un falso flash-back de esa b\u00fasqueda desaforada, en la que adquiere hasta una cajita con dientes. \u00bfDe los ni\u00f1os, de ella? Guardaba todo lo que la rozaba en la vida, al borde del s\u00edndrome de Di\u00f3genes: ropas, peri\u00f3dicos, abalorios, billetes de tren\u2026 y fotograf\u00edas, muchas de ellas latentes en sus negativos. \u201c\u00a1Soy el primero que veo esta fotograf\u00eda!\u201d proclama conmovido John Maloof. Y tambi\u00e9n el primero que pregunta a los padres que la contrataron como institutriz, y que filma las casas que la albergaron en su vida errante, cargada con cajas que encerraba en su habitaci\u00f3n, a la que solo pon\u00eda una exigencia: que tuviese cerradura. John Maloof no logra una llave que abra su intimidad, y de lo poco que se ve por el ojo de la cerradura surge un retrato desagradable de soledad y deterioro progresivo. La salvaci\u00f3n llega desde el arte.<br \/>\n<strong>La literatura<\/strong><br \/>\n\u201cSoy. Eres\u2026 \u00bfQu\u00e9 has sido?\u201d Es el arranque dubitativo de la indagaci\u00f3n sobre la fot\u00f3grafa que traza en \u2018Una vida prestada\u2019 Berta Vias Mahou. Una novela, una ficci\u00f3n. Con los pocos registros firmes que se conocen de Vivian Mayer la escritora estaba obligada a nutrirse en la nube de la imaginaci\u00f3n. Una imaginaci\u00f3n casi transparente, filtrada en todo momento por las fotograf\u00edas desde las que Vivian Maier protege su intimidad. La narraci\u00f3n se despliega en torno a jornadas registradas en el archivo de la fot\u00f3grafa: el retrato del quiosquero dormido, la excursi\u00f3n con los ni\u00f1os a coger fresas\u2026 Y elige un estilo arriesgado: un narrador encimado sobre el \u201ct\u00fa\u201d que es Vivian Maier, al borde de la confesi\u00f3n, la memoria \u00edntima, la voz directa de la protagonista. Un equilibrio dif\u00edcil, meritorio, elegante, por el que se vuelve a escapar la que es \u201cpoco m\u00e1s que una sombra envuelta en las sombras\u201d.<br \/>\n<strong>V. Smith<\/strong><br \/>\nAs\u00ed rellen\u00f3 la casilla \u201cName\u201d en el formulario de la tienda donde dejaba temporalmente sus pertenencias. V. Smith, altern\u00e1ndolo con B. Maier, o D. Meier, o Viv Meyers, o Miss Mayer. Francesa unas veces, americana otras, sin casa propia, prolongada en objetos in\u00fatiles. Sin ning\u00fan lazo familiar, aunque en los \u00faltimos a\u00f1os la enorme tarta de sus ventas animase a primos lejan\u00edsimos a perseguir la propiedad intelectual de su obra. Su cuerpo desgarbado se desvanece ante las mil im\u00e1genes que lo replican. El casillero vac\u00edo de su identidad queda definitivamente sin llenar. \u201cSoy una especie de esp\u00eda\u201d, respondi\u00f3 a uno de los padres que la contrat\u00f3 como ni\u00f1era. La pregunta de qui\u00e9n era Vivian Maier rebota como la mirada que dirigimos a sus fotograf\u00edas y se vuelve hacia nosotros, en confusi\u00f3n de observador y observado. \u00bfTe vemos o nos ves, Vivian Maier?<br \/>\n(publicado en <em>La sombra del cipr\u00e9s <\/em>el s\u00e1bado 9 de marzo de 2019)<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>El 8 de mayo de 2013 la sala de exposiciones de San Benito presentaba la primera muestra en Espa\u00f1a de Vivian Maier. No era una desconocida. 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